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Capítulo 55

Autor: Everglory
last update Fecha de publicación: 2026-03-24 11:27:25

Martin permanecía inmóvil frente a los monitores del cuarto de seguridad. Las grabaciones de las cámaras mostraban con total nitidez el momento en que Elena subía al taxi. Su expresión era serena, casi gélida, a pesar de saber que aquella situación podía volverse en su contra en cualquier momento.

​De pronto, el móvil en el bolsillo de su chaqueta vibró. El nombre de Diego iluminó la pantalla. Martin tomó aire brevemente antes de deslizar el dedo para responder.

​—Dígame, señor Diego —dijo con
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  • Eres Mía   Capítulo 144

    ​La noche terminó por envolver la mansión Montenegro en un profundo silencio. Diego acompañó a Elena hasta la puerta de su habitación. Antes de marcharse, le acarició el cabello con suavidad.​—Descansa. Necesitas dormir.​Elena respondió con un leve asentimiento. Estaba agotada. Entre todo lo que había sucedido durante los últimos días y las incontables noches sin poder descansar, sentía que su cuerpo había llegado al límite.​Cuando la puerta se cerró, caminó despacio hasta el cuarto de baño. El agua caliente resbaló sobre su piel, aliviando poco a poco la tensión acumulada. Permaneció unos minutos bajo la ducha, intentando despejar la mente, aunque sabía que ningún baño podría borrar el vacío que había dejado la partida de Arturo.​Al salir, se envolvió en un grueso albornoz blanco. Fue entonces cuando recordó que no había llevado ropa para cambiarse. Soltó un pequeño suspiro.​En ese momento llamaron suavemente a la puerta. Elena la abrió apenas unos centímetros. Al otro lado esta

  • Eres Mía   Capítulo 143

    ​El vestido negro de Elena parecía pesar más que nunca. Las rosas rojas y blancas que cubrían el cementerio de la familia Montenegro se mecían bajo el viento frío de la tarde. Una gran cruz de madera se alzaba sobre la tierra donde Arturo descansaba para siempre. Uno a uno, los asistentes fueron abandonando el cementerio. Pronto solo quedaron dos personas: Elena y Diego.​Fueron los últimos en alejarse de la tumba. El cielo gris parecía tan silencioso como el lugar que dejaban atrás. Al llegar a la zona de aparcamiento, Diego se adelantó sin decir una palabra y abrió la puerta del coche para Elena. Ella subió despacio. Se sentía completamente vacía. Diego rodeó el vehículo, ocupó el asiento del conductor y arrancó.​Durante el trayecto apenas hablaron. El silencio que compartían no era incómodo. Era un dolor demasiado profundo para expresarlo con palabras. De vez en cuando, Diego soltaba una mano del volante para buscar la de Elena y estrecharla con fuerza. Era un gesto sencillo, pero

  • Eres Mía   Capítulo 142

    Elena seguía inmóvil junto a la cama, aferrando los dedos de Arturo, cada vez más fríos. No era capaz de soltarlos.Una enfermera se acercó despacio y rompió el silencio con una voz apenas audible.—Señorita Elena...Sin apartar la mirada del rostro de su padre, Elena asintió levemente.—Solo... un minuto más.Diego, de pie justo detrás de ella, no dijo nada. Simplemente apoyó una mano sobre su hombro, acompañándola en silencio.Después de varias respiraciones profundas, Elena aflojó por fin los dedos. Antes de retirarse, acarició con suavidad el dorso de la mano de Arturo por última vez.—Descansa en paz, papá —susurró.Los dos caminaron por el pasillo vacío del hospital. Al final del corredor los esperaba Ignacio Robles, con el rostro sombrío.—El señor Arturo dejó instrucciones muy precisas para este momento —dijo en cuanto estuvieron frente a él.Elena y Diego intercambiaron una breve mirada antes de fijarse en el sobre grueso que Ignacio sostenía entre las manos.—Me pidió que se

  • Eres Mía   Capítulo 141

    ​El coche de Diego frenó en seco frente a la entrada del hospital. Antes de que apagase el motor, Elena ya había empujado la puerta para salir. Echaron a andar a paso rápido por el vestíbulo hacia la unidad de cuidados intensivos.​La enfermera de recepción se puso de pie en cuanto los vio llegar.—¿Señorita Elena?Elena asintió de golpe.—Mi padre... ¿cómo está?La enfermera tomó aire despacio antes de responder:—El señor Arturo no ha dejado de preguntar por usted y por el señor Diego.A Elena se le aceleró el pulso aún más.—¿Cómo se encuentra ahora?—Le queda muy poco tiempo —dijo la enfermera sin rodeos.​El comentario la paralizó en el acto. A su lado, Diego le agarró los dedos y los apretó con fuerza.​La enfermera abrió la puerta de la UCI.—Pasen, por favor.​Dentro, la sala estaba aislada en un silencio que solo rompía el pitido regular del monitor cardíaco. Arturo yacía en la cama, pálido, con una respiración pesada bajo la máscara de oxígeno. Al oír el roce de la puerta, m

  • Eres Mía   Capítulo 140

    Nadie dijo una sola palabra después de que Ignacio Robles pronunciara su nombre.​El abogado de mediana edad se mantuvo erguido en el centro de la sala. Su mirada era fría; recorrió uno a uno los rostros de los miembros del consejo antes de fijarse en Alonso Vega.​—Por instrucciones por escrito del señor Arturo Montenegro, este documento debe ser leído antes de que el consejo tome cualquier decisión mientras él esté indispuesto.​Alonso se puso de pie. Su silla arrastró con fuerza contra el suelo.​—Objeción.​Su voz grave cortó el silencio.​—Esta es una reunión oficial del consejo de administración. El orden del día ya está aprobado. No hay motivo para retrasar el proceso solo por un pedazo de papel.​Varios consejeros al lado derecho de la mesa asentieron rápidamente.​Ignacio no se inmutó. Sin prisa alguna, abrió la carpeta delgada que llevaba en la mano y sacó un documento.​—Esto no es un simple papel.​Deslizó una copia frente a la secretaria de la empresa.​—Este documento fu

  • Eres Mía   Capítulo 139

    El silencio se prolongó unos segundos tras las palabras de Diego.​Alonso Vega lo miró fijamente. Sin embargo, esta vez fue Alonso el primero en desviarla. El anciano inhaló despacio y volvió a dibujar su sonrisa diplomática.​—Muy bien —dijo con calma—. Ya que el señor Diego ha decidido asistir, no perdamos el tiempo. Damos inicio a la reunión.​Uno a uno, los miembros del consejo regresaron a sus asientos.​Elena dudó un instante antes de sentarse, contemplando la larga mesa que dominaba la sala. Se sentía completamente fuera de lugar. Había pasado años en un hospital salvando vidas; ahora estaba rodeada de personas que se disputaban el poder.​Diego le tocó suavemente la parte baja de la espalda. Fue un gesto breve, casi imperceptible, pero suficiente para hacerla reaccionar.​Se sentó justo a su lado.​Varias personas en la sala intercambiaron miradas.​El secretario de la empresa abrió la carpeta negra que tenía enfrente.​—Queda oficialmente inaugurada la Junta Extraordinaria de

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