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Autor: HET
last update Fecha de publicación: 2025-02-11 02:24:34

Casi veinte minutos después ya no se oye tanto jaleo. He oído que han subido a Killian a su habitación y salgo a hurtadillas, no sé cuál es su cuarto pero no es difícil encontrarlo, es el único del que sale luz bajo la puerta. No llamo, no me importa, solo abro la puerta.

Está sentado en el borde de su cama, encorvado y goteando sangre por todas partes.

—¿Qué coño haces? —me brama. Vale... Está muy cabreado, o dolorido, o una mezcla perfecta de ambas que me da algo de miedo.

—He escuchado lo que ha pasado. ¿No ha venido el médico aún?

—Dana, lárgate.

Se aprieta un trapo contra el hombro y sisea.

No sé mucho de curar heridas, disparos, pero no puede quedarse así mucho más tiempo. He visto que en el baño de mi habitación hay un botiquín, pensando que quizás aquí también haya uno me meto en el baño y ¡bingo! Lo suelto a su lado en la cama y lo siento mirarme mientras intento ayudar.

—¿Han sido ellos?

—Su puta seguridad —brama.

—Ha ido mal, ¿no?

Estoy a punto de tener una arcada cuando veo el agujero que traspasa su camiseta y su piel.

—¿A tí qué te parece? Ya saben que te tengo.

—Ah. ¿Puedes quitarte la camiseta? —No, no puede—. Voy a cortarla, ¿vale?

Aunque no sé lo que dice, yo cojo unas tijeras pequeñas y estiro de la tela para poder cortarla. Cuando por fin se la puedo quitar la tela se ha quedado pegada a la herida.

—Joder —gruñe.

Su mano se dirige a mi pierna y me envuelve el muslo con sus dedos tatuados, apretándome. Que me toque hace que me despierte del frenesí. Tiene demasiada fuerza pero no me hace daño.

—¿Van a venir a por mi? —le pregunto.

—Seguramente.

Tiro de la camiseta rápido y echa el cuello hacia atrás, todos sus tatuajes parecen arder de dolor. Vuelco curas en unas gasas y como puedo intento limpiarle la herida, la sangre seca, la piel quemada.

—Saben que me fui.

—Creen que te he secuestrado

—Bueno, es verdad. Estoy secuestrada.

—No lo estás, te dejo hacer cosas.

—Sí, salir de la habitación es muy de no estar secuestrada.

Ahora cuando me aprieta no es de dolor, es de advertencia.

—Es de estar protegida, no me jodas porque podría ser mucho peor.

—¿Y por qué no es así? —dudo.

Me inclino más cerca de la herida, el agujero es asqueroso y algo brilla. El corazón se me para. Yo no puedo...

—Porque no soy un hijo de puta.

Levanto la cabeza solo un poco. Yo no puedo seguir.

—Killian —susurro. ¿Y ahora qué hago?

El color oscuro de sus ojos destella con fuerza. La última vez que tuve su cara tan de cerca estaba deseando que me besara. Su aliento me golpea la cara, siento que me trago su esencia.

Y de repente la puerta se abre, tan fuerte que rebota contra la pared y el médico me empuja.

—No la toques así —brama Killian con una fuerza que me deja patidifusa.

El médico también se queda pasmado y me mira disculpándose en voz baja. Killian no deja de mirarme, me tiemblan las rodillas y no puedo controlar lo tonta que me siento.

—Tiene... —susurro y señalo la herida.

—Ya. La bala está dentro —dice el médico.

Hace que Killian se tumbe en la cama, estoy temblando y su voz gruesa y cargada de dolor me llama.

—Dana. Ven aquí —me ordena

Rodeo la cama entera y él golpea el colchón, me pongo de rodillas a su lado casi metiendo las narices en lo que hace el doctor. Killian me echa la mano encima de nuevo, a las piernas, apretándome con fuerza cuando el doctor hurga para sacarle la bala. Aprieta con fuerza y sus dedos se hunden con fuerza en mi piel a través de mis pantalones del pijama. Yo también me quejo cuando llega a doler

—Aprieta aquí —me ordena el doctor.

No pienso en lo que es poner las manos en el cuerpo de Killian, solo las pongo alrededor de la herida y aprieto como me ordenan.

—Joder —se queja el chico que tengo debajo.

Pasa lo que siento que es una eternidad hasta que el doctor termina su trabajo y le deja vendado el hombro y unas pastillas sobre la mesilla. Cuando se marcha yo no sé bien qué hacer, sigo sentada de rodillas en la cama.

—Subiré un vaso de agua para las pastillas —murmuro y me bajo de la cama.

—Un vaso de whisky mejor.

No sé dónde hay de eso, y no se lo hubiera subido de todas formas. Cuando llego a la planta baja, Ben y otros chicos de la banda parecen estar reunidos en el salón y me miran cuando prácticamente me escondo de ellos en la cocina.

—No deberías caminar por ahí tan a la ligera ahora —escucho que me dice uno

—Yo... Solo he bajado a por agua para Killian.

Todos se miran y aprovecho para volver a subir. Se ha sentado en el borde de la cama y ahora con más calma puedo ver que tiene manchado de sangre hasta las deportivas. Mira el vaso de agua a dasgana, realmente prefería el alcohol. Se traga todas las pastillas de golpe y casi me da por meterle la mano en la boca y hacer que las escupa como un niño pequeño. ¿Debería irme ya? Estoy a punto de darme la vuelta y volver a mi cuarto designado cuando Killian vuelve a tocarme.

—¿Te he echo daño? —me pregunta.

Su mano me acaricia el muslo sobre la tela de mi pantalón del pijama, toda entera me estremezco.

—Estaba más pendiende a si te desangrabas —admito—. Cuando estés mejor... ¿podemos hablar de lo que ha pasado?

Su mano deja una última caricia en mi pierna.

—Ve a tu cuarto.

Decido hacerle caso.

---

Duante los dos días siguientes todo está estrictamente reglado. Se han dado cuenta de que los papeles son reales, lo que digo es verdad porque he escuchado que ahora mis padres quieren negociar. Deben preferir pagar todo lo que deben a quedarse sin nada y con la reputación por los suelos. Además, ahora sé que otras bandas saben de mi existencia. Aquí ya estoy bien, tengo a Andrea, jugamos al billar, nos pintamos las uñas y cotilleamos un poco de algunas cosas; y están los chicos de la banda, los que me respetan y me saludan cada vez que los encuentro. Por primera vez me siento parte de algo importante. 

Me he atrevido a sentarme a ver la televisión porque estoy con Andrea. Yo casi nunca veía lo que quería y ella me enseña sus películas favoritas. Nos hacemos una lista de reproducción para verlas alguna vez.

Escucho pasos acercarse, miro sobre el respaldo del sofá y se me corta la respiración. Va muy... Como siempre, atractivo. Todo de negro con su chaqueta de cuero y el pelo despeinado.

—Tenéis que subir —dice con su voz grave y dictatorial.

Andrea resopla y se levanta.

—Ben y yo tenemos un televisor en la habitación, vamos allí a ver algo —me dice.

—Andrea —le advierte él—. Cuidado.

—Que sí. No soy imbécil, ¿sabes?

—Sube, tengo que hablar con Dana a solas.

El corazón se me acelera y Andrea me suelta la mano para dejarnos solos. Estamos a una distancia prudente y mi sudadera tapa mi piel de gallina.

—Sé que van a venir mis padres —digo.

—¿Tú lo sabes todo?

Por como lo pregunta me hace sonreír un poco.

—Tengo un buen oído y es de lo que se lleva hablando todo el día. Los has citado en el sótano y quieres que me esconda.

—Joder —silva—. Pues no tengo que decirte nada —tras una pausa, añade—: Te está gustando estar aquí —asume.

Yo no diría que "gustar" es palabra, pero estoy mejor que en la mansión.

—Estoy mejor que allí. Andrea me alivia mucho esto de estar secuestrada.

Veo un atisbo de sonrisa en él. Es el hombre más guapo que he visto en mi vida. Se hace a un lado y señala las escaleras con la cabeza.

—No puede verte nadie, se supone que no estás aquí y espero no tener que tomar otras medidas para asegurarme de que no aprovechas esto para huir.

Cazo al aire la pulla que me lanza, pero de aquí no puedo huir. Él tiene mi dinero, los documentos que pueden salvarme el culo si pasa algo; y le he prometido a Andrea que veremos películas románticas toda la noche.

—Le he prometido a Andrea que veremos películas románticas toda la noche —digo—. Tú intenta que no te disparen, otra vez.

Aquí no puede pasar nada, es su territorio, su casa, su banda y su club. Aquí manda Killian y él tiene el poder absoluto.

Subo a encontrarme con Andrea en su habitación. Por lo que sé, ella y Ben son de los pocos que viven aquí de forma fija y su habitación está muy decorada con todo tipo de cosas y fotos de los dos. Ver películas me mantiene ocupada.

—¿Te gusta Killian? —pregunta de repente.

No sé como se siente eso, pero Killian me cae bien, sin duda, creo que no va a hacerme daño, que no va a cumplir su amenaza de devolverme con ellos. Una parte de mi agradece en parte el estar aquí porque no pensé bien mi huída y estoy teniendo tiempo de hacerme a la de idea de que ya no vivo bajo el ala de oro pesado de esa casa y esa familia. Ahora estoy en un estado de semi-secuestro pero soy más libre que en la mansión.

—¿Crees que me intercambiará a cambio del dinero si nada de esto funciona?

Andrea suspira. No me da buena señal.

—No lo creo.

Pero no me convence.

Pasadas un par de horas más, cuando casi me estoy quedando dormida, un jaleo en la planta baja me alerta Andrea y yo nos miramos pasmadas hasta que la puerta se abre y la luz del pasillo nos alumbra. Es un chico de la banda, uno de los nuevos.

—Um... Dana, el presidente da permiso para que bajes —musita algo nervioso—. Más bien es una orden.

<< M****a >> No ha funcionado. Me va a vender por su dinero.

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Último capítulo

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    DANACuando por fin nos asentamos y hemos cogido de nuevo el ritmo a las noches en vela y a tener un bebé en casa, Killian se atreve a organizar una reunión en el club para que todos conozcan a nuestra pequeña Alina.Sofía corretea con otros niños por ahí y arrastra de la mano a Josh que no puede seguirle el ritmo y se queda dormido en el regazo de Andrea durante la comida. Si corretea por ahí por lo menos llegará cansada a casa y dormirá del tirón. Y Killian necesitaba beber con sus amigos y quitarse de encima la carga de la paternidad durante un rato.—¿Está invitada? —me pregunta Andrea en un susurro y sigo la dirección a la que mira.Frunzo el ceño. No, no está invitada pero yo le dije a Levi que no tenía problema en verla por aquí. Es la primera vez que Jess está cerca de mi familia, nunca ha visto a mis hijas y ahora Sofía casi se choca con sus piernas. Son incapaces de reconocerse.—No me importa —digo. No lo hace, no pienso en Jess como mi hermana. Ya solo es una persona más,

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    DANALa llamada nos despierta. Killian se sienta en calzoncillos en la cama y creo ver como cruza los dedos. Yo lo sé en cuando veo el movimiento de sus músculos y como aprieta el puño en celebración, así que cuando cuelga el teléfono me echo sobre su espalda y me cuelgo de él como un mono.—Estás de cuatro semanas.—¡Qué bien! —exclamo.Me gira en su cuerpo y termino sentada en su regazo.Es domingo y parece que se le ha olvidado el lío que tiene fuera de casa. De echo no parece el jefe de ninguna banda ni un hombre que intimide. Está feliz dentro de casa y con nosotras.Mientras yo tomo el sol en una tumbona, él enseña a Sofía a nadar y se le sale el corazón por la boca cuando la ve correr por el borde. A mi también.—¡Sofía! —grito—. Que no corras por ahí, te puedes caer.—Hazle caso a tu madre —le reprende Killian.Se planta al borde y flexiona las rodillas.—¡Papá cógeme! —exclama y se tira. Su padre la coge al vuelo—. ¡Mamá ven al agua!Me levanto de la tumbona y me tiro de cabe

  • Eres mi salvación   25

    DANAUn par de años después, cuando Sofía ha cumplido cinco años y no deja de usar a Josh (hijo de dos años de Andrea y Ben) como un muñeco de trapo al que puede mangonear para jugar con sus muñecas, me entero.—¿Estás segura? ¿Al cien por cien?—Me siento igual que cuando me quedé embarazada la primera vez y el test dio positivo. ¿Se lo debería decir o voy primero al médico?Con el embarazo de Sofía fue todo muy diferente porque no tenía a Killian para mi durante los primeros meses. Ahora, si resulta que lo estoy, me gustaría que me acompañaría desde el inicio.Desde ahora, sobre todo porque lo hemos estado buscando desde hace... bueno, desde hace un mes o dos que volvimos a hablar de tener otro bebé.—Díselo. Últimamente está de lo más irritante con la banda y por el club, a ver si eso le pone de mejor humor.Ya lo sé, y a veces trae ese mal humor a casa y terminamos discutiendo. Sé que hay problemas ahí fuera, que han perdido dinero y otras cosas y que mi padre se ha enfrentado a é

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