로그인Mercan Arcaksun se casó con Ali Lanús sabiendo que él no la amaba, que su unión era por honor, por haber pasado la noche juntos, sin embargo, ella pensó que si se convertía en la esposa débora, amorosa y fiel, él la llegaría amar, no obstante, años después descubre que solo era una sustituta, que Ali Lanús la usó para olvidar a la mujer de su tío.
더 보기POV de: Mercan Arkasun
Dormía plácidamente en la pequeña cama de mi habitación cuando el sonido estridente del teléfono me sobresaltó. Abrí los ojos de golpe. No era una llamada cualquiera: era el tono asignado a mi jefe, ese hombre que, con una sola mirada, lograba hacer tambalear mi corazón. —Sí... ¿dígame, señor? Del otro lado de la línea no hubo respuesta; solo el eco distante de música, risas y conversaciones lejanas. De repente, la llamada se cortó, dejándome atrapada en una mezcla de intriga y preocupación. Le devolví la llamada de inmediato. Esta vez sí contestaron, pero no era la voz de mi jefe, sino la de alguien más. —¿Hola? ¿Alguien me escucha? —¿Quién eres? ¿Por qué tienes el celular de mi jefe? —El señor Lanús se ha quedado dormido en la barra. ¿Podría venir por él? —Por supuesto, deme la dirección. Me vestí de inmediato y salí casi corriendo por el pasillo hasta llegar al ascensor. Mientras lo esperaba, la demora se me hizo una eternidad; un segundo más de espera y habría bajado corriendo las escaleras desde el piso treinta en el que me encontraba. Llegué al bar, el cual estaba un tanto vacío, pues eran pocas las personas que quedaban. Me acerqué a la barra a preguntar por él. —Es el que está ahí —señaló el barman a un hombre tirado en los sillones negros. Solté un suspiro al verlo ahí. Enseguida me acerqué y lo remecí apenas. Abrió un poco los ojos y murmuró unas palabras que no entendí. —Señor, he venido por usted. —Bien... llévame a mi departamento. Lo conocía muy bien y sabía que en ese estado no iría a casa de sus padres. Aunque tenía veinticinco años, aún le importaba mucho lo que dijera su familia, más que todo sus padres. El barman me ayudó a levantarlo porque era sumamente pesado; aunque él intentó ponerse de pie por sí solo, la borrachera lo venció. Cruzó el brazo por detrás de mi cuello y, como pude, lo llevé hasta el auto. Al llegar a su edificio, volví a levantarlo como pude y, entre tambaleos, llegamos al ascensor que llevaba directo a su departamento. Pasé la tarjeta para que las puertas se abrieran y lo guié hasta la cama. Su imponente cuerpo de aproximadamente un metro noventa cayó sobre el colchón, rebotando apenas. Lo observé unos segundos con el corazón acelerado, no solo por el cansancio de traerlo —ya que yo era muy pequeña para él—, sino porque ese sentimiento que siempre me recorría el pecho se había desatado por completo. Se quejó mientras intentaba empujar los zapatos con los pies, murmurando palabras en voz baja. Lo ayudé a quitarse los zapatos y le acomodé la cabeza para que pudiera descansar mejor. Lo contemple de cerca, sentí el pecho latirle con fuerza. Era muy atractivo, con un físico impresionante y las facciones de un dios griego. Ali Lanús era la perfección hecha hombre. Tragué grueso al ver su pecho descubierto por lo desajustado de su camisa. En un impulso atrevido, toqué su pecho, rozando apenas la piel. Un sobresalto me sacudió cuando su gran mano atrapó la mía. Sentí el corazón latirme en los oídos. —Señor... —fue lo único que pude articular, porque inmediatamente me jaló hacia su cuerpo, dejándome sobre él. —Te he esperado por mucho tiempo... —dijo, murmurando un nombre en voz muy baja que jamás había escuchado. Cubrió mis labios con un beso ferviente. Sin darme tiempo a nada, me dejó debajo de él para seguido arrancarme la blusa. Con sus grandes manos la rompió como si fuese un trapo podrido, e hundió su cabeza en mi cuello para mordisquearme la piel, arrancándome un jadeo. —Nera... —repitió ese nombre. ¿Quién era Nera? ¿Me estaba confundiendo con alguien? No pude seguir pensando en ello, porque cada caricia y cada beso que me daba me sumergía más en la pasión. Me dejé llevar. No quería —me rehusaba a aprovecharme de su vulnerabilidad, pues estaba ebrio—, pero la pasión y el deseo que despertaban sus caricias lograron doblegarme por completo. Su lengua lamió mi pezón y sus dientes apretaron suavemente, produciéndome un jadeo fuerte. Me retorcí mientras su boca bajaba raspando mis costillas, mientras sus dedos grandes apretaban mis muslos. Me arqueé cuando sus dientes rasparon mi cuello y le raspé los hombros al sentirlo hundirse en mí. El dolor fue leve, pero logró que las pupilas se me nublaran. Empujó más profundo hasta entrar, y ante la unión de nuestros sexos, el vaivén de nuestros cuerpos comenzó hasta que se derramó dentro de mí y me hizo venir en cuestión de segundos, alcanzando el placer. Al amanecer, me encontraba envuelta entre sus brazos. Mis ojos se agrandaron por el pánico, porque sabía perfectamente que esto no iba a terminar en nada bueno. Quise escapar, quise levantarme y huir dejando atrás cualquier rastro de nuestro encuentro, pero él abrió los ojos justo cuando me estaba incorporando. Mis labios temblaron al ver su mirada desconcertada. Solo pude balbucear: —No... no fue nada. La mirada de Ali Lanús se tornó oscura cuando miró debajo de las sábanas y notó el rastro de nuestra intimidad. No pude seguir ahí. No pude siquiera sostenerle la mirada. Agarré mis prendas, corrí al baño de la sala a vestirme y, cuando estuve lista, salí solo para encontrarlo sentado en la sala. —¿Te vas? —cuestionó—. ¿Así, sin más? No sabía qué responder. No sabía qué decir. —Señor... yo... no debí. Su mirada fría me congeló la lengua. Quería decir muchas cosas, excusarme, pero no había excusa posible. Si bien él fue quien comenzó, yo era la que estaba en mis cinco sentidos y no hice nada para detenerlo. El tintineo del ascensor abriéndose las puertas nos sacó de esa mirada larga y silenciosa. —Vete —rugió.Nera decidió abandonar la mansión Rossetti, escabulléndose con sigilo antes de que Ali o Evania notaran su presencia. No tenía el valor para enfrentarse al rechazo y a la mirada cargada de desprecio que sabía que Ali le dedicaría.Lo conocía demasiado bien. Sabía cuán cruel, calculador y demoledor podía llegar a ser con sus palabras y su implacable influencia cuando la ira lo dominaba.Se dirigió de inmediato a la casa de su madre adoptiva. Ingresó hecha una furia, tirándose de los cabellos en un gesto de desesperación y dominada por una ansiedad punzante que le hacía sentir que el mundo entero se le derrumbaba bajo los pies.—¿Qué ocurre? Pensé que, después de la manera en que te fuiste, no regresarías en varios días —le recriminó Elionor, extrañada por su vuelta tan apresurada.Cada vez que Nera se enojaba o las cosas no salían como planeaba, solía desaparecer de la residencia durante semanas.—Ali estaba en la casa de mis suegros. Estaba hablando con mi suegra... —masculló Nera mie
Nera llamó a su amiga la periodista; antes de que esta pudiera agradecerle, le gruñó:—¿Por qué demonios publicaste esas fotografías? Mejor dicho, ¿cómo las conseguiste?Estaba furiosa porque ella no le había entregado dichas imágenes. De haberse mostrado de esa manera, podrían ocasionar un conflicto grave con los padres de su esposo y con el propio Ermel, en caso de que este despertara en ese momento.Su única intención era hacerle creer a la prensa —e incluso a Mercan— que Ali seguía enamorado de ella y que su esposa era tan solo un reemplazo.—¿Por qué no me informaste de esto antes de publicarlo?—Disculpa si no te avisé sobre esas fotos. Fue por la misma razón: sabía que te ibas a negar a que salieran a la luz, y yo las necesitaba.—¿Sabes el problema en el que me metiste con esto? Todos van a tacharme de infiel...—Perdón, pero fuiste tú quien me buscó para darme la noticia. Yo solo hago mi trabajo.—Tu trabajo era informar que Ali estaba casado y que la mujer se parecía a mí. L
Dana estaba muy feliz de verlos reconciliados. Había pasado todos esos días preocupada. Aunque Emilia le había contado que Ali y Mercan estaban juntos en Yucan, no sabía si se habían arreglado, hasta que los vio ingresar tomados de la mano. —Ustedes hacen una hermosa pareja. Le encantaba verlos juntos. Le hacían recordar su tiempo de juventud junto a Aike. —Nunca se separen. Ali miró a Mercan y, con toda seguridad, dijo: —Nunca voy a separarme de mi esposa, madre. Esas palabras hicieron que Mercan lo mirara, y su corazón se desbocara aún más en latido. —Mercan Arcaksun será mi esposa eternamente. Nació para ser mía, en esta vida y en cualquier otra. Dana no podía estar más que satisfecha con esa noticia. En cuanto a Ivana, le desagradaba que su hermano hubiera elegido a aquella asistente de quinta para esposa. Ignoró a la pareja y continuó revisando su celular, buscando alguna noticia importante de los famosos en su país o fuera de este. —Veo que al fin la hici
Ali la tomó entre sus brazos con una delicadeza y una fuerza firme, cargándola en el aire exactamente como a una novia en su primera noche de bodas. La envolvió contra su pecho con una posesión absoluta que dejó a Mercan sin aliento, obligándola a aferrarse a la solapa de su saco para no caer. La fragancia de Ali, la envolvió por completo. Mercan sintió que las mejillas le ardían por la timidez al verse transportada de esa forma a plena vista, sintiendo el calor del torso de su esposo atravesando las telas de sus ropas y el latido acelerado de su corazón retumbando contra su propia mano.—Ali... esto parece un sueño —musitó ella con la voz ahogada por la emoción, entrelazando sus dedos alrededor de la nuca de Ali mientras conteniendo la respiración ante la intensidad de la mirada oscura que él le dedicaba.Ya en la penumbra del dormitorio, iluminado únicamente por la luz dorada que se filtraba desde el ventanal, la recostó sobre la superficie suave de la cama con cuidado, como si tem












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