FAZER LOGINLISSANDRA GARDNER – 10 años despuésEl sonido de risas infantiles llenaba el jardín como una sinfonía perfecta. La luz del atardecer se filtraba entre los árboles y coloreaba los cabellos de mis hijos que corrían descalzos por el césped, con la ropa arrugada y los rostros manchados de chocolate.Elías y Agatha, con sus Diez años recién cumplidos, lideraban la estampida. Sus voces se alzaban por sobre todas las demás mientras jugaban a ser superhéroes con Enzo —el pequeño de Olivia y Ethan, de seis años—, Gia —la hija de Camila y William, también de seis—, y Alexa —la pequeña de Oliver y Tiff, con sus siete años y una personalidad que podía fácilmente poner en orden a todo un batallón.—¡Por aquí, rápido! ¡El dragón vendrá del norte! —gritaba Agatha, agitando una ramita como si fuera una espada mágica.—¡Yo seré el escudo! ¡Protejan al reino! —Enzo rugía con sus cachetes inflados, tan parecido a Olivia que no podía evitar reírme.A unos pasos de ellos, Erick estaba recostado en el césp
ASHTON GARDNEREra un martes cualquiera en la oficina Gardner Corp. El reloj marcaba las 10:47 a. m. y ya había resuelto dos reuniones, firmado contratos y enviado a William a negociar con una nueva filial al otro lado de la ciudad. Desde que nacieron los mellizos, solo iba tres veces por semana a la empresa. El resto del tiempo trabajaba desde casa, con Liss recostada a mi lado y los bebés sobre mi pecho. El silencio que reinaba en la oficina era tranquilo, como si el mundo hubiera entrado en pausa por unas horas.Ese día estaba en mi despacho, leyendo el informe mensual, cuando Ashley asomó la cabeza.—Señor Gardner, el señor Blackstone está aquí. —Hazlo pasar —respondí sin pensarlo demasiado. No escuchaba ese apellido desde hacía años. Y aun así, algo en mi pecho se agitó. Cuando la puerta se abrió, no pude evitar sonreír. Hacía mucho que no veía a mi amigo—Adriano Blackstone… —me levanté—. Lo último que supe de ti fue que estabas en coma.—Y lo estuve. Pero gracias a una cirugí
LISSANDRA La habitación olía a jazmín suave, con ese aroma que Ashton sabía que me tranquilizaba. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas beige, bañando la cama con un resplandor cálido y tenue. Yo estaba recostada, aún débil, pero con el corazón lleno. Tenía a Elías en un brazo y a Agatha en el otro. Dormían plácidamente, y yo no podía dejar de mirarlos como si fuesen el milagro más hermoso que había visto en mi vida.—Mis bebés… —susurré, besando sus cabecitas con el alma colgando de un hilo de ternura.Habían pasado apenas unas horas desde el parto, pero sentía que el tiempo se detenía cuando los tenía así, acurrucados contra mi pecho. Ashton me había dejado para organizar a todos afuera. Según él, la sala de espera parecía un cumpleaños real.Y entonces, escuché la puerta abrirse.—¿Puedo entrar? —dijo una vocecita conocida, ansiosa y nerviosa.Era Erick.—Claro que sí, mi amor —respondí con una sonrisa suave—. Ven a conocer a tus hermanos.Entró despacio, con paso pe
ASHTON GARDNERTomaba su mano con fuerza, pero también con una delicadeza reverente. Mi Liss. Mi valiente, mi todo.Estaba en plena labor de parto y ni el temblor en sus piernas ni el sudor en su frente la hacían detenerse. No la había visto tan fuerte ni siquiera cuando luchó por su vida.—Respira, amor… —susurré, apoyando mi frente contra la suya mientras otra contracción la sacudía—. Ya casi. Lo estás haciendo increíble.Ella apretó los dientes, gruñó entre sus labios, pero no soltó mi mano. La sostuve como si al soltarla el mundo se desmoronara. Sequé su frente mojada por el esfuerzo que hacía al traer a nuestros bebés al mundo.—Ashton… —jadeó con la voz entrecortada—. ¡Vienen, Ash, vienen!—Lo sé, princesa… Lo sé. Ya llegan nuestros bebés.Afuera, en la sala de espera, estaban todos. Ethan, Olivia, William, Camila, Oliver, Tiff... incluso Erick, que la última vez que lo ví tenía sus manos unidas como si creyera que rezar ayudara. Tres meses habían pasado desde aquel día oscuro, d
Eydan estaba atado al poste, el cuerpo magullado y la respiración entrecortada. Las marcas de los golpes recientes todavía ardían en su piel, pero eso no era lo que más le aterraba. Miraba alrededor, buscando una salida que no existía.William y Oliver lo habían golpeado hasta dejarlo casi irreconocible, pero nadie había dicho que la venganza terminaba ahí.El silencio pesado fue roto por el sonido de unos pasos firmes y controlados. Ethan apareció en la penumbra, como si fuera a observar una obra que llevaba años esperando ver. No había rastro del chico bromista que alguna vez conocieron. Su mirada era un pozo negro, profundo, frío.—Hola, hermanito —musitó Eydan con una sonrisa torcida, burlona—. ¿Qué harás? ¿Otra paliza? ¿Vas a ensuciarte las manos conmigo?Ethan sonrió, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.—No, no me ensuciaré las manos contigo —dijo con voz baja, casi un susurro venenoso mientras encendía un cigarrillo—. Pero sí te haré rogar por tu muerte. Te haré pagar una a u
ASHTON GARDNERLas horas en la clínica se habían vuelto una eternidad insoportable.No soltaba la mano de Liss ni un segundo, como si ella fuera el ancla que me mantenía firme en medio de esta tormenta. Mis dedos entrelazaban los suyos con delicadeza, mientras mis labios no dejaban de rozar su frente, rogándole en silencio que regresara a mí.—Por favor, vuelve... —susurré, con la voz quebrada—. Te necesito. Necesito que despiertes.El monitor marcaba sus signos vitales estables, pero eso no me bastaba. Yo necesitaba verla abrir los ojos, escuchar su voz, saber que aún estaba ahí, conmigo... con nosotros.Cada latido de su corazón era como el retumbar de un tambor en mi pecho, un recordatorio constante de que seguía luchando, de que nuestros bebés aún tenían una oportunidad.No podía dejarme caer. No ahora. No cuando ella me necesitaba más que nunca.De repente, sentí un leve movimiento en su mano.Un estremecimiento diminuto… pero real.Mi corazón dio un vuelco. Abrí los ojos con ans







