MasukYa han pasado dos semanas desde que llegué a casa, me gustaría decir que todo ha mejorado, pero no es así, me siento en punto muerto con mis padres.
A lo que he podido ver en todo este tiempo es que mi madre es una persona completamente superficial, y mi padre es tan reservado que tendría que amenazarlo con un tenedor para que suelte más de 10 palabras consecutivas. Es domingo, estamos en la iglesia, como me lo dijeron todos los domingos, miércoles y viernes venimos a las misas, le conté a mi madre mis hábitos de rezo en el convento, así que venimos como 3 veces a la iglesia al día a rezar, a partir de la siguiente semana me tocará venir sola y sinceramente estoy algo emocionada de tener tiempo a solas. La misa se termina y como siempre se arman los grupitos a la salida que se ponen a platicar. — ¡Nora! ¡Hola! - una mujer que en ninguna de las veces anteriores había visto se acerca a mi madre que está colgada del brazo de mi padre, cuando mira a la mujer de cabello negro y largo suelta a mi padre y se acerca a ella para abrazarla. — Hola, Marifer, ya regresaron de sus vacaciones... que rápido. - la mujer se encoge de hombros y sonríe. — Michael se enfermó, tuvimos que regresar antes. — Nosotros hemos planeado ir un montón de veces, pero por algún motivo nunca podemos, esperamos poder ir por lo menos un mes... Mi madre comienza a balbucear y se va a escuchar mal, pero sinceramente me cae tan mal cuando hace eso, si una persona dice que se va a ir de vacaciones a tal lado ella piensa ir pronto, si alguien encontró unas cortinas bellísimas en oferta ella también las miro, pero encontró unas mejor, si alguien piensa remodelar su casa, que sorpresa ¡ella también piensa hacerlo! Suspiro pesadamente, siempre es lo mismo, escucharla jugando a "mi casa es más grande que la tuya" Por mi pesado suspiro la mujer con la que conversa mi madre me voltea a ver, parece algo incómoda de que esté aquí en la conversación cuando claramente soy una desconocida para ella, mi madre se da cuenta de la dirección de su mirada, así que me toma del brazo para acercarme a ella. — Oh, Marifer ella es mi hija Dania. - le tiendo la mano para saludarla, ella hace lo mismo y nos damos un ligero apretón, las cejas de la mujer casi llegan al nacimiento de su pelo. — ¿Una hija? ¿¡Pero cómo?! ¿La adoptaste? — No. - mi madre se echa a reír divertida. — Desde muy pequeña la mandamos a un convento, creíamos que la educación ahí sería mucho mejor además de inculcarle el camino del señor desde muy chica. Aprieto la mandíbula, miro a mi madre de una manera fugaz, la mujer se da cuenta de mi actitud, así que comienza a preguntarle a mi madre sobre otras cosas, me separo de ella en cuanto suelta mi brazo y me alejó de donde están. No quiero escucharla, no quiero ser testigo de sus mentiras, todos sabemos que la razón por la que terminará en ese convento fue muy distinta a la que ella dijo a esa mujer. — Hola, Dania, ¿Por qué no estás con tus padres? - una voz femenina me llama, un grupo de integrantes de la iglesia están justo en la entrada, no me había percatado que me detuve algo cerca de ellos. — No vez que está con Marifer... hasta yo huyera de esa mujer, ha de estar presumiendo otro de sus nuevos viajes. Otra mujer habla, yo solo sonrió un poco incómoda, la abadesa Gloria tenía razón, fuera del convento todo es tan diferente lo que me sorprende más que nada, es la gente, dentro de ese templo se saludan con amabilidad y compañerismo, pero saliendo por esas puertas se crean grupos para hablar de unos contra otros. Un auto muy elegante se estaciona al otro lado de la calle, frente a un edificio un tanto interesante, es todo negro con dos puertas con el marco rojo alrededor, el hombre pasa lo que parece ser una tarjeta y entra en el interior del misterioso edificio, subo la mirada y noto muchos vidrios completamente polarizados. — ¿Qué es ese lugar? - pregunto con curiosidad, ya que a pesar de venir tantas veces a la iglesia no le había puesto atención a ese edificio, cuando nos marchamos no tomamos esta salida, todas las cabezas se giran para verme. — ¿No sabes? Es un nido de pecado... donde los hombres van a comprar compañía y las mujeres venden sus caricias. - oh, un prostíbulo. ¿¡frente a la iglesia?! — No mires tanto para allá, si buscas el pecado, te encontrará. Arrugó la frente y miro raro a la chica, ya ni yo que vengo de vivir casi buena parte de mi vida en un convento me expresó de esa manera, la ignoro y sigo observando al curioso lugar, es misterioso tanto como enigmático, el color negro es tan profundo que parece tragarse los rayos del sol. De pronto la puerta se abre y de ella salen un par de hombres con traje, incluso a la distancia se miran imponentes y podría decir que, hasta peligrosos, se mantienen en la acera uno de ellos con un rostro de seriedad total mientras mira su celular y el otro todo sonrisas, él levanta la mirada en dirección a la iglesia, nuestras miradas se encuentran y siento un tirón en el pecho después de un escalofrío que me recorre el cuerpo. — Dania... Rompo el contacto visual con el hombre, parpadeo un par de veces y le pongo atención al hombre que esta tras de mí, mantiene sus manos en los bolsillos de su traje color café oscuro, Jerry. — ¿Si? - le respondo con frialdad, él saca una de sus manos del pantalón y se rasca la nuca, sus ojos color miel se posan en los míos y yo aparto la mirada de inmediato. — Yo lamento lo de... hace años, estaba fuera de mí, ese no era yo y... - levanto una mano para que se detenga. — No me interesa remover el pasado Jerry, te perdonó, pero eso no quiere decir que voy a olvidarlo, no me interesa tener una amistad estrecha contigo, así que esperó que respetes eso. - noto como él asiente lentamente. — De acuerdo... yo lo entiendo, ahora soy un hombre de bien, he confesado mi pecado hace tiempo y el padre me aconsejó disculparme cuando tuviera oportunidad, así que aquí estoy. Levanto la mirada y veo a mi padre y madre a la distancia buscándome con desespero con la mirada. — Mis padres me buscan, hasta luego Jerry. No me espero a que me responda, paso a un lado de él y me acerco a mis padres quienes al verme se les tranquiliza el semblante, los tres caminamos de regreso a casa.Estoy en la cocina, mirando por la ventana como mi padre y Alessandro hablan frente al auto, no puedo evitar sonreír, me hace feliz ver lo bien que se llevan. — Nadie te lo va a robar Dania, ven a ayudarme a poner la mesa. Mi sonrisa se hace más grande por el comentario de mi madre, me voy corriendo al comedor para ayudarle, al llegar llevo una gran sonrisa que me es imposible borrar, mamá se da cuenta, no dice nada, solo sonríe también.La puerta se abre y aparecen Alessandro y mi padre, papá hace unas semanas que dejó las muletas, ahora está en una pieza.— Llegan justo a tiempo, vamos a sentarnos a comer.Mi madre alza la voz y comienza a señalar los asientos de casa quien, Alessandro va a mi lado, una vez todos reunidos en la mesa comenzamos a platicar de cosas simples y cotidianas, pero llega un momento en que la cosa comienza a tornarse seria, la actitud de todos cambia y me obligo en no arrugar la frente. — Yo tengo algo que decirte Dania… La voz de Alessandro llena el espa
Levanto ambas cejas al ver la pulsera de nuevo, ella comienza abrochármela. — Esto te pertenece... Alessandro me la dio acompañada de las palabras que le dijiste, tenías razón, después de la tormenta venía el arcoíris, al verla recordaba esas palabras y me daban fortaleza.Una vez colocándome la pulsera retrocede unos pasos y une sus manos al frente sonriente, la vuelvo a ver sonriente también. — ¡Rojita! Has visto mi... Stefan, aparece por el pasillo del que desapareció Alessandro, al verlo me quedo rígida, la calidez de sus ojos qué observan a su mujer desaparece al posarse en mí. — Amor, Alessandro trajo a su novia a la casa... - Renata le dice emocionada a Stefan en lo que él se acerca, me contengo para no retroceder. — Ya veo... ¿Dónde está él? Él se para al lado de su mujer, rodea su cintura y ella se recarga en su pecho mientras cierra los ojos unos segundos, conozco esa sensación... es bellísima, pero dejo de verla y me concentro en los ojos azules oscuros que me observa
Dania 1 semana después. — Recuerda... no después de las 12. Mi padre señala con el dedo índice hacia Alessandro quien solo asiente enérgicamente, me acerco a papá para darle un beso de despedida, teniendo cuidado de no golpear su muleta, mamá está al lado de él sujetándolo. — Nos vemos un rato. - les digo a ambos con una sonrisa. — Cuídala bien Gustavo. Mi madre le dice a Alessandro antes de cerrar la puerta, miro a mi oficialmente novio de ojos plateados como tensa la mandíbula, no entiendo por qué mamá lo llama por otros nombres, pero supongo que es porque descubrió que a Alessandro le molesta, y de ahí no ha parado.— Lo siento, mamá es algo... difícil Me cuelgo del brazo de Alessandro y me pongo de puntillas para darle un beso en la mejilla, él suspira y avanzamos a su auto qué espera en la acera frente a la casa. — No sé si difícil sea la frase que combine mejor con mi futura suegra...— ¿Cómo la describirías tú?.- Alessandro me abre la puerta del auto y entro, se recarga
alessandro. — ¡Dania! ¡DANIA!La mujer entra como un torbellino a la casa, se va directamente a la planta alta, yo comienzo a revisar el piso de abajo, espero que cuando ella llegue abajo traiga buenas noticias, que diga que la encontró arriba dormida o algo así, pero por la manera en la que llora mientras comienza a buscar aquí abajo donde yo ya revise me queda claro que no.— No... no, Dania... él se la llevó. - la mujer levanta un cojín y se fija como si Dania pudiera estar cerca. — ¿Tiene el número de ese sujeto? Tengo un amigo que puede rastrearlo.Ella siente y me dicta el número, después se deja caer en el sillón mientras se muerde las uñas de nuevo, mando el número a Alexis, para mi suerte mira el mensaje de inmediato, le pido rastrear el número y en menos de 2 minutos me manda la ubicación, me acerco a la madre de Dania. — ¿Se le hace conocido ese lugar?.- ella mira la pantalla, la angustia desaparece y la molestia llega de nuevo; es tan parecida a Dania que da miedo. — S
Dania. Sigo en shock, sentada en el sillón mirando la puerta por la que acaba de salir mi madre, algo anda mal, Alessandro no puede hacer algo así, estoy segura, necesito respuestas... tengo que hablar con él. Me levanto para ir por el teléfono que está en la cocina, pero me detengo de golpe al mirar a Jerry, está escribiendo algo en su celular, sentado al final de la barra, en donde justamente se encuentra el teléfono, cuando nota mi presencia levanta el rostro y me observa sin expresión alguna. — ¿Tú estuviste ahí? ¿Qué fue lo que pasó? Si Alessandro agredió a mi padre ¿Por qué no hiciste nada?Jerry suelta un suspiro y deja su teléfono al frente, su mirada cambia por una de fastidio. — Yo llegué a recoger a tu padre al lugar que él me dijo, cuando llegué lo encontré tirado y malherido susurrando el nombre de ese maldito con el que sales ahora... Aún enojado, estira la mano para tomar su celular, pero en ese momento comienzo a dar pasos hacia atrás, algo no estaba bien, lo sabí
Llegamos al hospital y como Stefan lo dijo había algunos oficiales en el lugar, pero pasamos sin problema, ya que ellos no tenían la menor idea de quién soy yo, Stefan sugirió aclarar las cosas primero con la familia de Dania, de ahí él se iría a la comisaría para hablar con el jefe de policía para hablar con él, ya le había enviado el video que demostraba mi inocencia.Pedimos información para encontrar al padre de Dania, cuando nos dijeron en qué piso estaba nos apresuramos a tomar el elevador, no puedo creer lo que está pasando, hace una hora estaba hablando tranquilamente con el papá de Dania y ahora el hombre está grave en una habitación de hospital.Cuando las puertas del elevador se abren nos encontramos con el pasillo algo vacío, logró identificar su madre sentada en una de las sillas de espera, con el rostro mirando al suelo y un paño en su nariz, pero no miró a Dania por ningún lado, la mujer levanta el rostro al escuchar nuestros pasos y cuando sus ojos se posaron en mí est







