INICIAR SESIÓNBuen día, Gracias por el apoyo que les están dando a Espejo Roto . Déjame un comentario para saber de dónde me están leyendo. Gracias 🫂 Alicia Books 🩷
Cuando llegaron frente a Eva, María soltó inmediatamente el brazo de su hermano y abrazó a su madre. Lucas se sumó un segundo después a ese abrazo. Eva los apretó contra ella. —Están preciosos. —Mamá... —protestó Lucas. —Los dos están brillantes. María rio contra su hombro. Eva se separó apenas para poder verlos. —Son un orgullo para mí. Los dos. No se imaginan cuánto. Los ojos de María se humedecieron. —No llores porque me vas a hacer llorar y tardaron una hora con mi maquillaje. —Entonces no llores princesa. —Vos empezaste, mami. Lucas negó con la cabeza. —Ni cinco minutos llevamos acá . Eva rio y acarició la mejilla de cada uno. María volvió a abrazarla. —Mamá, la verdad es que no me hace falta nada más en esta vida. Eva la observó. —¿Qué decís? María recorrió el salón con los ojos. Agustín. Nahuel y Emma. Sus abuelos. Sus amigos. Todas las personas que habían permanecido junto a ellos. Después volvió a mirar a su madre. —Tenerlos a ustedes. Eso era lo que
El salón no era enorme ni estaba cubierto de decoraciones exageradas. Era exactamente como María lo había querido. Sencillo. Delicado. Con pequeñas luces cálidas rodeando las mesas, flores blancas y algunos detalles plateados que ella misma había elegido semanas antes junto a Eva y Emma. No necesitaba más. Habían pasado meses organizando aquel cumpleaños y, aunque oficialmente era la fiesta de quince de María, nadie había permitido que Lucas quedara apartado. Él también cumplía quince. Por supuesto, había dejado muy claro desde el principio que no quería vestir como pingüino, ni vals ni ninguna de las cosas que, según sus propias palabras, podían poner en peligro su dignidad. Sus amigos ocupaban buena parte de una de las mesas y no habían parado de bromear con él desde que llegaron. Nahuel estaba con su familia. Mara también había asistido y la relación entre ambos ya era lo suficientemente firme como para que nadie tuviera dudas de lo importantes que eran el uno para el otro
María y Lucas no habían vuelto a hablar con Hernán. En todos aquellos años no hubo una llamada para ellos, ni una carta, ni siquiera un mensaje que les permitiera saber si, en algún momento, había pensado en sus hijos. Los años pasaron y la vida siguió avanzando alrededor de aquella ausencia. Los mellizos crecieron, aprendieron a convivir con preguntas sin respuesta y dejaron de preguntar con tanta frecuencia por el hombre que seguía siendo su padre, aunque apenas formara parte de sus vidas. La noticia llegó una mañana de invierno. Eva estaba terminando de preparar café cuando sonó su teléfono. Atendió sin imaginar que, unos minutos después, una parte de su pasado iba a cerrarse para siempre. Hernán Del Valle había muerto en una pelea dentro de la cárcel. Esta vez había terminado de la peor manera. Según le explicaron, él había provocado a uno de los internos con quien mantenía conflictos desde hacía tiempo. La pelea se salió de control y la golpiza había sido demasiado grave.
Parte 2 Poco antes del mediodía llegó Vanessa. No había terminado todavía de cumplir su condena. Le faltaba aproximadamente un año para recuperar la libertad definitiva, pero su conducta durante los últimos años le había permitido acceder a una salida transitoria. Debía regresar antes de la noche. Agustín fue quien la recibió. Durante un instante se quedaron mirándose. Los años también habían cambiado a Vanessa. Ya no quedaba nada de aquella mujer que parecía necesitar demostrar constantemente que podía conseguir más que los demás. Había aprendido, quizá de la manera más dura, que algunas cosas no podían comprarse ni recuperarse simplemente porque uno se arrepintiera. —Hola —dijo ella. —Hola, Vanessa. Él abrió un poco más la puerta. —Pasá. Ella entró con cierta inseguridad. —Gracias por dejarme venir. —Es el cumpleaños de tu hijo. Vanessa asintió. No había mucho más que decir. Eva apareció desde el interior y se acercó. —Hola. —Hola, Eva. Se saludaron con naturali
Parte 1 Cuando llegó el cumpleaños número dieciocho de Nahuel, muchas cosas habían cambiado. Él, principalmente. Ya no era aquel adolescente que había tenido que comprender demasiado pronto que los adultos podían equivocarse y que, a veces, las consecuencias de esas equivocaciones terminaban cayendo sobre los hijos. A sus dieciocho años era un joven tranquilo, bastante seguro de sí mismo y con una madurez que Agustín admiraba, aunque de vez en cuando siguiera encontrando en él al chico que necesitaba escuchar que todo iba a estar bien. Nahuel no quiso fiesta. Cuando empezaron a preguntarle qué quería hacer para celebrar, fue bastante claro. —Un asado en el campo. Agustín lo miró. —¿Eso es todo? —Sí. —Cumplís dieciocho una sola vez. —También cumplí diecisiete una sola vez y aquí estoy. Eva soltó una carcajada. —Tiene un buen punto. Agustín la señaló. —No lo apoyes. Nahuel sonrió. —Quiero estar con ustedes, con los abuelos y con la gente que quiero. Nada más. El campo h
La fiesta comenzó esa noche. Emma había decidido que no quería cortejo ni una entrada demasiado formal. —No pienso entrar con quince personas caminando detrás de mí —había dicho cuando organizaron la fiesta. Y nadie consiguió convencerla de lo contrario. Cuando llegó el momento, las puertas del salón se abrieron y Emma entro con Nahuel. Él había crecido muchísimo y se tomaba aquella responsabilidad con una solemnidad que duró exactamente hasta que Emma le susurró algo. Nahuel respondió y ambos empezaron a reír antes siquiera de llegar al centro del salón. Eva los observó desde un costado. —Mirálos que grandes que están. —No me lo recuerdes. María estaba junto a ellos, preciosa y tan emocionada como si la fiesta fuera suya. A sus trece años, ella y Lucas ya habían entrado de lleno en esa edad extraña en la que por momentos parecían niños y, cinco minutos después, discutían con argumentos que dejaban a Eva preguntándose cuándo habían crecido tanto. Cuando Emma llegó







