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Esto promete.

last update Fecha de publicación: 2025-06-28 09:52:13

El ascensor se abrió en el piso veinte con un leve resoplido hidráulico, como un suspiro contenido por el propio edificio.‎‍‍‍‍‍‎

Aún no eran las diez de la mañana, pero Isabella Moretti Deveraux caminó como si llegara tarde a su propia coronación. Su paso era firme, silencioso y seguro, con la espalda erguida y el mentón en alto, transmitiendo una autoridad que no requería anuncio.

Esa forma de avanzar, sin titubeos ni vacilaciones, provocaba una inquietud sutil entre los hombres que creían d
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Último capítulo

  • Esposa Despreciada.   Epílogo.

    El mar se extendía ante Isabella en un vaivén sereno que parecía acompasarse con los latidos de su corazón.Isabella respiró hondo, llenando sus pulmones de sal y viento, mientras la brisa tibia acariciaba su piel como si la vida misma la envolviera en un abrazo.A lo lejos, distinguía las risas de su hija.Victoria corría descalza por la orilla, con el cabello dorado flotando como una llamarada encendida, sus pies pequeños salpicando espuma en cada zancada.Gabriel fingía no alcanzarla, dándole ventaja con una sonrisa cómplice, solo para atraparla al final entre carcajadas y abrazos.La escena se quedó suspendida en el tiempo como un cuadro viviente, y por primera vez Isabella no necesitó cerrar los ojos para recordar su pasado.Había aprendido a dejarlo ir.Ya no era aquella mujer que imploraba migajas de amor, ni la que lloraba aniversarios frente a una puerta cerrada.Tampoco la que murió una noche bajo las ruedas de un auto y el filo de una traición.No.Ahora era la mujer que ha

  • Esposa Despreciada.   Victoria.

    El hospital era un hervidero de voces, pasos apresurados y órdenes cortantes que resonaban en los pasillos como tambores de guerra.Las luces blancas se multiplicaban en las paredes frías, mientras los médicos y enfermeras rodeaban a Isabella, que comenzaba a quejarse con jadeos entrecortados, sintiendo cómo cada contracción la acercaba más al límite.Estaba a nueve de dilatación y el momento había llegado, ese instante que había imaginado con temor y esperanza al mismo tiempo.Gabriel no se apartó de ella ni un solo instante.La tenía tomada de la mano con desesperación silenciosa, como si en ese contacto estuviera su vida entera.El traje impecable de CEO había quedado en el olvido; su corbata torcida, la frente perlada de sudor y el temblor en sus labios lo mostraban en su verdad más desnuda, un hombre con los nervios en su máximo punto, temblando de amor, de miedo y de un fervoroso deseo de no fallarle.—Gabriel… —Isabella gimió entre jadeos y una pequeña sonrisa, con la frente cu

  • Esposa Despreciada.   Tres años después.

    Han pasado tres años desde el día en que Isabella murió y volvió a la vida.Tres años desde que un disparo en la noche, un operativo y una firma de divorcio partieron en dos la línea del tiempo.Tres años de cicatrizar heridas, de reconstruirse a sí misma, de volver a escribir su apellido en la historia, y de aprovechar la segunda oportunidad que la vida le concedió.En cuanto a Alessia Bertone, estaba cumpliendo una condena de cuarenta y cinco años de prisión por los delitos probados en su contra, y su apelación fue rechazada con contundencia.Desde la cárcel, su figura se fue desdibujando, apagándose en el recuerdo, mientras Isabella, en contraste, se erigía como un símbolo de resistencia y de transformación.La misma sociedad que había presenciado su humillación ahora reconocía en ella a una mujer capaz de reinventarse desde las ruinas.Deveraux Corp. se desligó definitivamente del grupo Moretti. Ahora era una empresa saneada, sólida y en plena expansión, manejada por Cloe y por Is

  • Esposa Despreciada.   Efecto mariposa.

    Gabriel se acercó a Isabella y le ofreció discretamente su brazo, conteniendo en su interior el arrebato de un deseo que lo empujaba a estrecharla y besarla allí mismo.Se obligó a mantener la calma, porque sabía que aún no era el momento de exponer lo que los unía frente a todos.Isabella apoyó su mano en su brazo con un gesto natural y, juntos, comenzaron a atravesar el pasillo hacia la salida.Cada paso era una liberación para ella, que respiraba profundamente, sintiendo cómo el peso de los años se desprendía de sus hombros como escamas que se deshacían en el aire.En su mente se repetía una y otra vez la certeza de que al fin se estaba despojando de un pasado que ya no le pertenecía.Al llegar a las puertas, estas se abrieron de par en par, y una oleada ensordecedora de gritos, cámaras y flashes los envolvió con violencia.La multitud clamaba su nombre, los periodistas lanzaban preguntas implacables y los micrófonos se extendían hacia ella como lanzas ansiosas de arrancar declarac

  • Esposa Despreciada.   El final de nuestra historia.

    En la entrada de la notaría, una multitud se aglomeraba como un río humano agitado y ruidoso, moviéndose con la ansiedad de quien presiente que está a punto de presenciar un acontecimiento irrepetible.Periodistas, fotógrafos y curiosos se empujaban unos a otros, alzando cámaras y celulares en busca de la mejor toma.Los flashes estallaban como relámpagos, iluminando rostros expectantes y pancartas con titulares amarillistas que hablaban del escándalo Moretti-Deveraux.Dentro de la lujosa camioneta negra estacionada frente al edificio, Isabella respiró profundamente, tratando de apaciguar la tormenta que rugía en su pecho.Sentía cómo la emoción y los nervios se entrelazaban como olas desbordadas, pero en sus ojos permanecía encendida una llama firme.El traje marfil impecable que vestía, ceñido en la cintura y de líneas elegantes, realzaba la fuerza de su silueta y la delicadeza de su porte. Cada detalle había sido elegido con precisión, no para agradar a la prensa, sino para enviar

  • Esposa Despreciada.   Debo hacer lo correcto.

    Gabriel, que había permanecido en silencio, tensó la mandíbula con sus ojos fijos en Sebastián, analizando cada movimiento, cada palabra, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. ‎‍‍‍‍‍‎ No confiaba del todo en Sebastián, por más que se arrodillara y que suplicara perdón, no bajaba la guardia. ‎‍‍‍‍‍‎ Podía esperar cualquier cosa de él. ‎‍‍‍‍‍‎ Sebastián sacó un sobre de su saco con manos temblorosas y lo colocó sobre la mesita junto a la cama. ‎‍‍‍‍‍‎ —Aquí está todo lo necesario para el divorcio. Mañana lo firmaré y tú… podrás ser libre, Isa. Libre de mi nombre, de mis errores y de este infierno que te rodeó, de toda esta pesadilla que permití por mi orgullo y por mi ego. ‎‍‍‍‍‍‎ Isabella parpadeó y sus labios temblaron, estaba sorprendida por la contundencia de esas palabras que había deseado escuchar desde lo más profundo de su corazón y que por fin, se hacían realidad. ‎‍‍‍‍‍‎ —¿Estás seguro? —preguntó con un hilo de voz, temiendo que todo aquello fuera solo un espej

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