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C8 TERMINOS Y CONDICIONES

Author: Ginya Les
last update publish date: 2026-06-07 03:45:45

POV Dante

—Bien —asentí—. Hablemos de los términos.

Hice una pausa deliberada, dejando que mi mirada recorriera su postura rígida antes de fijarla en sus ojos.

—Primero: el apellido. Desde el momento en que firmes ese papel, llevarás el Moretti. Eso significa que cualquier ofensa hacia ti es una ofensa hacia mí, y la pagaré con sangre. Pero la moneda tiene dos caras. Tu lealtad no es negociable. Lo que veas aquí dentro, lo que escuches, los nombres que mencionen mis hombres… se mueren contigo. Si hablas con alguien de afuera, si intentas enviar un mensaje a tu tío o a cualquiera de sus socios, consideraré que has roto el trato. Y las consecuencias no te van a gustar.

Valentina ni pestañeó. —No tengo a nadie afuera a quien le importe lo suficiente como para enviarle un mensaje ¿si recuerdas que fue ese mismo tío que mencionas el que me vendió a ti? —respondió, y hubo un deje de fría verdad en su tono—. Considera el secreto guardado. ¿Qué más?

—Tu papel afuera —continué—. No eres un adorno, Valentina. Ramos y las otras familias van a observarte con lupa, buscando una grieta en nuestra unión para saber si eres un rehén o una debilidad. En las cenas de la Camorra, en las galas, caminarás a mi lado con la cabeza alta. Vas a sonreír cuando yo sonría, vas a ignorar las provocaciones y actuarás como si este matrimonio fuera lo mejor que te ha pasado en la vida. Te daré el dinero, las joyas y los vestidos necesarios para que parezcas la reina de esta casa. Solo espero que cumplas con el papel.

—Puedo fingir —dijo ella, con una madurez amarga—. He estado fingiendo que todo está bien toda mi vida. No será difícil.

—Tercero: tus movimientos. Tienes libertad total en el ala oeste de la mansión, los jardines principales y el área de la piscina. Sin embargo, el ala este, mi despacho y el sótano están estrictamente prohibidos a menos que yo te llame. Si necesitas salir de la propiedad, lo harás en uno de mis vehículos y con dos de mis hombres escoltándote. No es una sugerencia, es por tu seguridad. Ramos querrá venir a por ti, y sabe que te tengo, además tengo enemigos al acecho, todo el tiempo.

Una chispa de rebeldía cruzó sus ojos. Supuse que odiaba la idea de las cadenas, incluso si eran de oro. 

—¿Una jaula con guardaespaldas? —cuestionó. 

—Una jaula que te mantiene respirando —la corregí con frialdad—. Si das un paso fuera de este perímetro sin mi autorización, revoco la protección. Es así de simple.

Ella asimiló el golpe, tensando los hombros. Se puso de pie, quedando casi a mí misma altura con la espalda recta, aunque le sacaba veinte centímetros.

—Entonces necesito saber algo —dijo—. Si no voy a pagar con lo que crees que tengo que pagar, ¿con qué pago? Porque aquí nada es gratis. Eso lo aprendí antes de aprender a leer.

No me lo esperaba. No la pregunta, si no la forma en que la hizo, directo, al punto, sin rodeos, sin manipulación.

La miré. Tenía razón. En mi mundo nada era gratis, y ella lo sabía, aunque no conociera las reglas específicas. Había crecido en el lado equivocado de alguien que también cobraba todo. Una idea llegó sin que la buscara. La dejé llegar, la revisé, era una idea práctica. Tenía sentido. Y había algo en ella que no quise examinar demasiado de cerca.

—Tienes razón —dije—. Nada es gratis.

Se preparó. Lo vi en su cuerpo entero, esa forma de apretar la mandíbula antes de recibir algo que no va a gustarle.

—Vas a bailar —dije.

Silencio.

—¿Bailar? —repitió.

—Para mí. Aquí, en la mansión. Cuando yo lo pida. Ese será tu pago por la deuda de tu tío y por la protección que te brindo. No habrá contacto físico que tú no quieras, pero tu privacidad en esa habitación me pertenece.

Su cara no cambió. Pero algo en sus ojos sí. Una mezcla de desconcierto y una chispa de oscuro entendimiento.

—Eso es lo que quieres —dijo, despacio, como si estuviera revisando cada palabra antes de soltarla—. ¿Qué te baile?

—Sí —para mi era una idea estupenda pero no iba a decírselo. 

—A ver… te refieres a ¿Bailes exóticos?

—Sí.

Me miró durante lo que pareció mucho tiempo.

Después dijo, con una voz completamente plana: —Eres un hombre muy raro, Dante Moretti.

No respondí. Porque tenía razón, y las verdades que no necesitan respuesta no la reciben.

Se fue sin decir si aceptaba o no. Yo solo me quedé mirando la puerta cuando esta se cerró, pensé en su figura, era atlética, pero delgada, demasiado delgada. 

Me quedé pensando en que formas la hacía pagar su tío y eso me revolvió el estómago. No quería pensar en si le había hecho hacer cosas aun más abominables que presentarla ante tantos hombres con miradas lascivas. 

Marcos entró cinco minutos después, me miró la cara y tuvo el buen juicio de no preguntar nada.

Le dije que llamara al arquitecto. Que iba a necesitar un cuarto en el ala este.

Con un tubo, con espejos de piso a techo. Con el tipo de iluminación que hace que todo parezca más real y más íntimo al mismo tiempo, con luces led, un solo sofá semicircular, elegante y tonos rojos y negros. Quiero propuestas dentro de tres días. 

Marcos escribió todo sin decir una palabra.

Hasta que llegó a la puerta.

—¿Jefe?

—¿Qué?

—Nada —dijo—. Nada.

Pero el muy cabrón se estaba aguantando una sonrisa.

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Comments (2)
goodnovel comment avatar
Adamis Mckeson
hasta yo me hubiera reído de semejante pedido
goodnovel comment avatar
Adamis Mckeson
si una jaula de lujo
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