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Capítulo 6

Author: Ogwu kosiso
last update publish date: 2026-10-14 01:07:16

A la mañana siguiente…

Kelsey abrió lentamente los ojos. Un dolor agudo le atravesó la cabeza, obligándola a cerrarlos de inmediato. Frunció el ceño y dejó escapar un suave gemido. Todo se sentía pesado… su cuerpo, sus pensamientos… incluso su respiración.

Todavía estaba confundida cuando la puerta se abrió de repente.

¡BAM!

—¡Kelsey!

Doris entró a grandes pasos, con el rostro lleno de ira y una voz tan aguda y fuerte que resonó por toda la habitación.

—¿Así que todavía sigues acostada después de la vergüenza que causaste anoche?

Kelsey se quedó inmóvil por un momento antes de abrir lentamente los ojos. Permaneció en la cama, demasiado débil para levantarse.

Doris no se detuvo.

—¡Rodando por las escaleras delante de todo el mundo! ¿Tienes idea de lo vergonzoso que fue eso? —Sus ojos estaban llenos de desprecio.

Kelsey no dijo nada. Sus dedos se cerraron con fuerza a ambos lados de su cuerpo.

—No la culpes, mamá. Sabes que siempre ha sido torpe. No se cayó a propósito —intervino Wanda en voz baja, colocando una mano sobre el brazo de Doris en un intento por calmarla.

Luego se volvió hacia Kelsey y le dedicó una dulce sonrisa.

—¿Cómo te sientes? Deberías tener más cuidado.

—Eres demasiado amable, Wanda —dijo Doris, cuya voz se suavizó de repente mientras la elogiaba.

Después volvió a mirar a Kelsey, que seguía acostada en la cama.

—Y mírate —continuó, alzando nuevamente la voz—. Ya es de mañana y todavía sigues en la cama, como la inútil que eres.

Sus palabras eran crueles, frías y familiares para Kelsey, pero ella no reaccionó. Todavía estaba intentando comprender las imágenes y los recuerdos que volvían a su mente.

—Wanda tiene que ir a trabajar y tú ni siquiera le has preparado el desayuno —continuó Doris en voz alta—. Sabes que solo come la comida que tú preparas.

Kelsey levantó ligeramente la mirada al escuchar aquellas palabras. Pensó que había oído mal.

¿Por qué tenía que preparar comida para Wanda?

Entonces lo recordó. Solía hacerlo.

Kelsey recordó que Wanda se había mudado a vivir con ella y Ramon cuatro años atrás, alegando que la casa estaba más cerca de la empresa que la suya. Desde entonces, Kelsey se había convertido en su cocinera. Wanda había dicho que le encantaba su comida, y Doris se había asegurado de que siguiera cocinando para ella.

Los labios de Kelsey se curvaron ligeramente, casi de forma imperceptible, al recordar aquello.

Pero Wanda lo notó.

Sus cejas se fruncieron de inmediato.

—¿No quieres cocinar para mí, Kelsey? —preguntó Wanda suavemente, con una voz llena de dolor. Hizo una pausa antes de añadir—: Está bien si no quieres. Entiendo que todavía estés débil por la caída, pero… de verdad me gusta tu comida.

Bajó la cabeza y comenzó a juguetear tristemente con los dedos.

Kelsey soltó una silenciosa mueca de desdén.

—¡Levántate ahora mismo y ve a preparar la comida para Wanda! —ordenó Doris.

—Está bien, mamá. No la obligues —dijo Wanda rápidamente, intentando detener a Doris.

—¿De qué sirve si no puede cocinar ni limpiar la casa? —espetó Doris, con el pecho subiendo y bajando de rabia.

Wanda exhaló y se frotó la frente, como si toda aquella tensión estuviera empezando a afectarla.

—Cálmate, mamá —dijo suavemente.

Luego se volvió hacia Kelsey con una expresión lastimera.

—Aunque no quieras cocinar para mí, deberías pensar en el pequeño Kendrick. No puede ir a la escuela sin comer.

El corazón de Kelsey comenzó a latir con fuerza contra su pecho.

Kendrick.

Tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. Kendrick realmente tenía que ir a la escuela.

Se le había olvidado.

Sin pensarlo más, se incorporó de la cama con las pocas fuerzas que le quedaban. La única razón por la que se movió fue Kendrick.

Caminó débilmente hacia el baño para asearse.

—Mírala nada más —la oyó decir Doris con desprecio—. Siempre está buscando dar lástima. Qué patética.

Pero Kelsey entró en el baño y cerró la puerta con llave.

Una vez dentro, se quedó inmóvil frente al espejo, mirando su reflejo con asombro. Apenas reconocía a la persona que le devolvía la mirada.

—¿Cómo he llegado a estar así…? —susurró, mientras sus dedos rozaban el vendaje médico de su frente.

Pero eso no era lo que la había dejado tan sorprendida. Sabía que la herida era consecuencia de la caída.

La mujer que veía reflejada frente a ella no se parecía en nada a una mujer de veintiséis años.

Parecía tener casi cuarenta. Incluso las mujeres de esa edad se veían mejor que ella. Parecía alguien que hubiera sufrido una enfermedad terrible durante mucho tiempo.

Su piel estaba oscura y áspera, lo que dejaba claro que llevaba mucho tiempo sin cuidarse como debía.

—¿Cómo…?

No pudo terminar la pregunta porque ya conocía la respuesta.

Se había convertido en aquella mujer por la carga que los Holloway le habían impuesto.

—¿Qué sigues haciendo ahí dentro? —se escuchó la voz de Doris desde el otro lado de la puerta.

El pecho de Kelsey se contrajo dolorosamente. Cerró los ojos y respiró profundamente. No era momento de pensar en todo aquello. Kendrick necesitaba comer.

Unos minutos después, terminó de arreglarse.

—No sé qué pecado cometí para merecer una nuera como ella —oyó que Doris se quejaba lastimeramente con Wanda mientras salía y comenzaba a caminar hacia la cocina.

Redujo el paso al escuchar lo que dijo después.

—Ojalá simplemente desapareciera de nuestras vidas —continuó Doris.

—Mamá… —la llamó Wanda suavemente, como si aquellas palabras le desagradaran.

—Realmente tengo que hacer algo. No puede seguir siendo la esposa de Ramon —dijo Doris con firmeza—. Ese lugar te pertenece a ti. Siempre ha sido tuyo.

Las cejas de Kelsey se alzaron ligeramente con burla al notar que, esta vez, Wanda no hizo ningún intento por corregir a Doris.

Así que… todavía quería ser la esposa de Ramon.

—Buenos días, señor —saludó alguien respetuosamente.

Kelsey giró ligeramente la cabeza y vio a Ramon bajando las escaleras como un rey.

Sus miradas se encontraron. Luego, él apartó la vista como si ella no existiera. Como si fuera una completa desconocida.

No le preguntó cómo se encontraba. No le importaba que se hubiera caído y lastimado.

Aquello por sí solo le decía todo a Kelsey. A él no le importaba si vivía o moría.

>>>>>>> Regreso al presente <<<<<<<

—¿Por qué no te vas?

Kelsey parpadeó al darse cuenta de que sus pensamientos se habían desviado hacia los acontecimientos recientes que habían hecho que recuperara la memoria. Volvió a mirar a Ramon y vio la fría impaciencia en sus ojos.

Quería que se fuera.

—He dicho que quiero el divorcio —dijo con voz firme.

Ya había tenido suficiente.

Estaba harta de aquel infierno al que llamaban matrimonio.

Ni siquiera había sido su elección. Su padre la había obligado a casarse para protegerla, pero nunca estuvo protegida. Lo único que había hecho era sufrir. Y ahora que había recuperado sus recuerdos, ya no tenía motivos para quedarse.

Ramon, por su parte, frunció profundamente el ceño. La observó durante un momento antes de ponerse de pie y caminar hacia ella. Se detuvo a unos pasos de distancia.

—¿Quieres el divorcio? —preguntó con frialdad, como si aquella petición fuera un crimen.

—Sí —respondió Kelsey sin vacilar.

La Kelsey de antes habría retrocedido ante su tono y habría salido corriendo de la habitación. Pero esta vez se mantuvo firme, sin miedo.

Vio cómo su rostro se ensombrecía por un breve instante antes de que entrecerrara ligeramente los ojos, como si intentara ver a través de ella. Sabía que probablemente lo había tomado por sorpresa aquel repentino cambio en su actitud y su petición.

Pero entonces sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa y abrió la boca, como si fuera a decir algo, cuando su teléfono comenzó a sonar.

Lo tomó de la mesa, contestó la llamada y salió de la habitación sin darle ninguna respuesta.

Kelsey lo observó marcharse y se humedeció la comisura de los labios con la lengua. No importaba si le daba una respuesta ahora o más tarde. Lo único que sabía era que se divorciarían.

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