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Capítulo 5

Penulis: Ogwu kosiso
last update Tanggal publikasi: 2026-10-13 01:43:18

Kelsey salió de su habitación después de cambiarse de vestido.

La suave tela rozaba delicadamente su piel mientras sostenía con cuidado un lado del vestido, temiendo pisarlo accidentalmente.

Por un momento, permaneció en silencio frente a su puerta. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había arreglado de aquella manera.

El vestido no era demasiado caro. Ni llamativo. Pero la hacía sentirse humana de nuevo.

Sus dedos tocaron inconscientemente la suave tela antes de levantar lentamente la cabeza.

Entonces se quedó paralizada.

Al final del pasillo estaba Ramon.

Estaba de espaldas a ella, con el teléfono pegado a la oreja. Una mano descansaba despreocupadamente dentro de su bolsillo mientras hablaba tranquilamente por teléfono.

Kelsey dejó de respirar por un segundo.

Incluso de espaldas… se veía apuesto, frío e inalcanzable.

El traje negro se ajustaba perfectamente a su alta figura, haciendo que su presencia, ya de por sí imponente, resultara aún más intimidante.

Sin importar cuántas veces lo viera… desde lejos, a su lado o incluso cuando lo observaba en secreto mientras él no miraba… Ramon Holloway siempre parecía un hombre que pertenecía a un lugar muy por encima de todos los demás.

Y aunque fuera su esposa, Kelsey nunca podría llegar hasta él.

Sus ojos permanecieron fijos en él.

Entonces, de repente, como si hubiera sentido que alguien lo observaba, Ramon se volvió lentamente.

Sus miradas se encontraron al instante.

El corazón de Kelsey dio un violento vuelco. Sus mejillas se sonrojaron al verse sorprendida mirándolo fijamente.

Inmediatamente bajó la cabeza, presa del pánico.

El pasillo quedó de repente insoportablemente silencioso.

Pudo sentir sus ojos posándose en ella durante un breve momento.

Luego, sin decir nada, Ramon apartó tranquilamente la mirada y comenzó a caminar hacia las escaleras.

Solo después de que desapareció en la planta baja, Kelsey finalmente volvió a respirar con normalidad.

Su acelerado corazón comenzó a calmarse lentamente.

Pero justo entonces…

Unos pequeños pasos apresurados resonaron por el pasillo.

Kelsey levantó rápidamente la mirada.

—¡Kendrick!

Sus ojos se abrieron de preocupación al ver a su pequeño corriendo descuidadamente por el pasillo.

—¡Kendrick, deja de correr! —lo llamó ansiosamente mientras se apresuraba hacia él—. ¡Podrías caerte!

Finalmente lo alcanzó y lo agarró suavemente del pequeño brazo antes de que tropezara.

Pero en cuanto Kendrick se dio cuenta de que era ella quien lo estaba tocando, su expresión cambió al instante.

—¡Suéltame! —gritó mientras intentaba soltarse de ella.

El corazón de Kelsey se encogió.

—Kendrick…

—¡Eres una mujer mala! —gritó enfadado—. ¡Me hiciste daño!

El dolor cruzó inmediatamente el rostro de Kelsey.

—Lo siento —dijo rápidamente, con la voz temblorosa—. De verdad no quise hacerte daño. Nunca te haría daño a propósito.

Pero Kendrick se negó a escucharla.

—¡Estás mintiendo! —gritó obstinadamente.

—Kendrick…

—¡No me gustas! —espetó mientras luchaba con más fuerza para liberarse de su mano—. ¡La tía Wanda es más bonita que tú!

Los hombros de Kelsey se pusieron rígidos. Aquellas palabras infantiles se clavaron directamente en su pecho.

Kendrick continuó enfadado.

—¡Papá debería casarse con la tía Wanda en su lugar!

Kelsey sintió que los ojos le ardían al instante. La garganta se le oprimió dolorosamente.

Se agachó lentamente frente a él, a pesar de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.

—Kendrick… —susurró con voz temblorosa—. Soy tu madre.

—¡No te quiero como mamá!

Aquellas palabras destrozaron algo dentro de ella.

—Te quiero muchísimo —continuó Kelsey débilmente—. Todo lo que hago…

—¡Déjame en paz! —gritó Kendrick mientras se tapaba los oídos—. ¡No quiero hablar contigo!

Las manos de Kelsey temblaron violentamente.

Sabía que él seguía enfadado por lo ocurrido en la heladería.

Pero escuchar a su propio hijo rechazarla tan abiertamente seguía rompiéndole el corazón cada vez.

No podía culparlo. Los Holloway nunca le habían permitido acercarse a ella. Decían que era poco inteligente y que solo ejercería una mala influencia sobre él.

—Kelsey.

Una voz aguda la llamó de manera irrespetuosa.

Kelsey se volvió ligeramente.

En cuanto Kendrick vio que estaba distraída, apartó inmediatamente su mano de un empujón y salió corriendo por el pasillo.

—¡Kendrick! —lo llamó Kelsey ansiosamente.

Pero él ya se había marchado.

El pecho de Kelsey latía con fuerza mientras lo miraba alejarse. Sus crueles palabras todavía resonaban en voz alta dentro de su cabeza.

—Te he estado llamando —se quejó groseramente Grace, el ama de llaves—. ¿No me has oído?

Kelsey se levantó rápidamente.

—Yo solo estaba…

Pero Grace no la dejó terminar.

Sus ojos recorrieron lentamente el vestido de Kelsey antes de que su expresión se volviera extraña.

—Oh —dijo Grace con tono burlón—. Así que por eso de repente no podías oírme.

Kelsey no dijo nada. Entendía lo que quería decir.

Grace cruzó los brazos.

—¿Te has vestido para asistir a la fiesta? —preguntó, aunque podía verlo con sus propios ojos.

Kelsey vaciló ligeramente antes de asentir. Pensaba que era correcto que asistiera a la fiesta como nuera de la familia. Al principio había creído que no asistiría, pero luego le habían dado el vestido.

—Parece que has olvidado cuál es tu lugar —dijo Grace, señalando la habitación de Kelsey—. Ve a quitarte ese vestido y dirígete a la cocina. Hoy atenderás a los invitados.

—Pero… yo… quiero participar en la celebración —consiguió decir Kelsey en voz baja. Todavía mantenía la cabeza agachada. Nunca había tenido el valor de mirar a la gente a los ojos.

—¿Qué has dicho? —preguntó Grace, con un tono que desafiaba a Kelsey a repetirlo mientras se acercaba como si fuera a golpearla.

Kelsey abrió y cerró la boca. Quería insistir, pero el miedo se lo impidió. Sabía que Doris había enviado a Grace y que no podía llevarle la contraria. Ni siquiera se habría atrevido a hacerlo aunque no fuera así.

—¿Qué tontería está pasando aquí? —preguntó una voz llena de disgusto mientras se acercaba a ellas.

Los hombros de Kelsey se pusieron rígidos al instante al reconocer la voz.

—Quiere asistir a su fiesta, señora —respondió Grace, haciendo una pequeña reverencia respetuosa.

Doris levantó las cejas y luego soltó una risa fría.

—¿Te atreves a pensar que puedes aparecer en mi fiesta? —preguntó Doris como si fuera algo ridículo.

Kelsey asintió ligeramente y murmuró en voz baja:

—Soy la esposa de Ramon.

Por muy débil que fuera su confianza en sí misma, sabía que Ramon era su esposo. Al mismo tiempo, estaba confundida. ¿Acaso no le habían dejado el vestido para que pudiera asistir a la fiesta?

—No eres digna de mi hijo —espetó Doris con absoluto desagrado—. Si tu padre no hubiera manipulado a Collins, jamás habrías puesto un pie en esta familia.

Los ojos de Kelsey temblaron ante tanta dureza. No era la primera vez que Doris decía cosas así. Había sido de esa manera desde el primer día en que se convirtió en la esposa de Ramon.

—Wanda es la mujer que quiero para mi hijo —continuó Doris sin detenerse.

El corazón de Kelsey dio un doloroso vuelco al escuchar el nombre de Wanda. Nunca dejaban de recordarle que ella no era la elegida. Wanda siempre estaba presente en cada comparación.

—Más te vale comportarte, o haré que te echen a la calle, donde perteneces —advirtió Doris con severidad.

Los ojos de Kelsey se abrieron de miedo.

—Por favor, no me eche… Iré a la cocina ahora mismo —dijo Kelsey rápidamente, con pánico en la voz.

Su padre le había dicho que la calle era peligrosa antes de que se casara con Ramon. Le había dicho que aquí era donde estaba a salvo. Así que tenía que hacer todo lo posible para quedarse.

Se dio la vuelta rápidamente para dirigirse a las escaleras.

—Ya estás arreglada, Kelsey —dijo de repente la voz de Wanda.

Kelsey ni siquiera sabía cuándo había aparecido Wanda.

No se detuvo. Solo quería llegar a la cocina antes de que Doris se enfadara aún más.

Pero justo cuando estaba a punto de pasar corriendo junto a Wanda, tropezó de repente.

Su pie se enganchó en el borde del escalón.

Perdió el equilibrio.

—¡Kelsey! —gritó alguien.

Pero ya era demasiado tarde.

Cayó.

Su cuerpo rodó escaleras abajo en una dolorosa sucesión de movimientos antes de aterrizar pesadamente en el suelo. Su cabeza golpeó el suelo con un fuerte impacto.

Un dolor agudo recorrió todo su cuerpo.

Hizo una mueca de dolor.

—Siempre sabes cuándo avergonzarnos —dijo alguien fríamente.

—¡Kelsey!

Oyó voces a su alrededor, pero sonaban muy lejanas.

Su visión se volvió borrosa. Su cuerpo perdió las fuerzas.

Y lentamente… todo se oscureció.

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