FAZER LOGINGracias por seguir aquí.📚 Espejo Roto 🪞💔
Capítulo Extra 2— Lo que empieza… y lo que arde Renata se emocionó hasta las lágrimas cuando vio a la novia avanzar, y bajó la mirada de inmediato para que nadie lo notara. No era debilidad. Era demasiado. Porque si veía esa imagen un segundo más… se iba a poner a llorar y no estaba segura que su maquillaje fuera a prueba de agua como le dijeron. Se acomodó mejor a su ahijado Lucien en brazos, sintiendo el peso tibio del bebé contra su pecho, ese calor pequeño y constante que la anclaba a algo real mientras todo alrededor parecía desbordarse de emoción. El pequeño respiraba tranquilo, ajeno a todo, mientras la iglesia contenía el aire en ese instante en el que, finalmente, Mía Castell caminaba del brazo de su padre hacia el hombre que había elegido. Y entonces pasó. Franco se acercó sin anunciarse, como siempre, y su mano se posó en la cintura de Renata con una naturalidad que no pidió permiso. —Te queda hermoso el bebé en tus brazos —le dijo al oído. Renata levantó la
CAPÍTULO — El día que eligieron quedarse El aire estaba cargado de algo que no se podía nombrar con facilidad. No era solo emoción ni felicidad. Era la certeza. La certeza de que todo lo que habían pasado —lo bueno, lo malo, lo que dolió y lo que casi los rompe— los había traído exactamente a ese momento. La iglesia estaba en silencio cuando comenzaron a llegar los primeros invitados, un silencio expectante, profundo, como si hasta las paredes mismas supieran que iban a presenciar algo más que una ceremonia, algo que venía a cerrar una historia y a abrir otra completamente distinta. Adelante, en el altar, ya estaban ellos como los padrinos de la novia, una decisión que Mía había tomado mucho antes, en un día aparentemente simple que terminó marcándolo todo. Recordó con claridad ese instante: el cielo cubriéndose de nubes, la lluvia insinuándose, y su abuelo Fabián esperándola en el portón, firme, sin importar el peso de los años. —Abuelo, ya entrábamos… apenas está chis
EPÍLOGO — El sonido de lo real El primer día en la disquera no tuvo nada de glamoroso. No hubo flashes, ni periodistas, ni sonrisas armadas para una foto. Hubo cajas. Cables. El olor a pintura nueva flotando en el aire. Pero, sobre todo, hubo una sensación que a Cristian le apretó el pecho apenas cruzó la puerta: eso sí era suyo, y por primera vez no le pesaba demostrarlo ni defenderlo. No era suyo por los papeles firmados, ni por el dinero invertido, ni por los contactos. Era suyo porque había llegado hasta ahí sin perderse a sí mismo en el camino, sin traicionarse, sin dejar a nadie atrás esta vez. Y porque Franco Morán estaba allí. De pie junto a la consola, con los auriculares colgando del cuello y una tableta llena de gráficos de frecuencia, mirando ese estudio como quien reconoce territorio compartido, como quien vuelve a un lugar que siempre sintió propio aunque no lo tuviera. Franco no había aparecido por casualidad. Había recorrido países, probado sonidos, buscado
Capítulo —226 La sorpresa que nadie vio venir Uruguay los recibió con ese aire tibio y melancólico que solo el verano rioplatense sabe dar. No era solo el cambio de temperatura al bajar del avión; era el peso del regreso. El olor a casa, a jazmines lejanos y a esos recuerdos que alguna vez dolieron como una herida abierta y que ahora, por fin, habían cicatrizado. Mía caminaba por el pasillo del aeropuerto con una seguridad nueva. En su bolso cargaba el título de su especialidad en glaucoma y patologías oculares complejas; dos años de estudio intenso en Canadá la habían transformado. Ya no era solo la joven promesa; volvía como una profesional de élite, con la mirada afilada y el pulso firme, casi un reflejo de su madre, la eminencia Sofía Rojas. A su lado, Luz Ortega Castell ya no era la bebé que se llevaron en brazos. Con un año y medio, la pequeña era un torbellino de rulos y energía. Caminaba —o mejor dicho, trotaba— con una determinación heredada, señalando todo con curiosida
CAPÍTULO 225 — La vida que eligieron El primer mes no fue fácil. No por dudas. Por adaptación. Mía volvió a estudiar con una determinación que no necesitaba palabras. Sus días empezaban temprano, entre libros, prácticas y horas que parecían no alcanzar nunca. Volver a ese ritmo después de todo lo vivido no era sencillo, pero había algo distinto en ella: ya no corría detrás de un objetivo para llenar un vacío… ahora lo hacía desde un lugar completo. Sabía por qué estaba ahí. Y eso lo cambiaba todo. Cristian, en cambio, estaba enfrentando otro tipo de desafío. El clima. El frío canadiense no tenía comparación con nada que hubiera sentido antes. Se le metía en los huesos, le robaba el aire en las primeras horas del día, y aun así… había algo que lo sostenía. El calor. No el de la calefacción. El de su casa. El de ellas. Porque aunque afuera todo fuera blanco, helado, inmenso… dentro de ese pequeño apartamento había vida. Se habían mudado al departamento debaj
Capítulo 224— Llegada al nuevo comienzo El aire de Canadá tenía otro peso. No se parecía en nada al de Uruguay; era un frío que calaba los huesos pero despejaba la mente. Cuando las puertas del aeropuerto se abrieron y Mía avanzó con Luz en brazos, sintió que no solo estaba cambiando de país… estaba cruzando una línea invisible entre lo que había sido su vida y lo que estaba por empezar. Cristian caminaba a su lado, con los hombros erguidos y la barbilla en alto, mostrando el orgullo de ir de la mano de su prometida. Ya no quedaban espacios para la duda; sus dedos se entrelazaban con una firmeza que decía más que cualquier promesa. Luz se removió entre los brazos de su madre, inquieta por el cambio de temperatura. Cristian reaccionó por instinto, acercándose para envolver a la pequeña con la manta térmica que Mía ya había previsto. Sus manos, grandes y seguras, rozaron con delicadeza la mejilla de la bebé para asegurarse de que no le diera el viento. Ese gesto lo fue todo. Ya no







