FAZER LOGIN—¡Largo de aquí! ¡Vete!
Los gritos y las sacudidas estremecieron el cuerpo de Regina. Un cuerpo que seguía estando muy débil debido a que no habían pasado ni cuarenta y ocho horas desde que había despertado de un coma de más de cinco años. Pero aquí estaba ella, con el deseo de levantarse y agarrar a su exmarido a puñetazos. ¿Cómo se atrevía a decirle que se había casado con ella solo por su dinero? ¡Maldito! ¡Mil veces maldito! —¡Lo pagarás, te lo juro! —se estremeció nuevamente y de repente el sonido de sus gritos no era lo único que llenaba el silencio de aquella habitación de hospital, sino que ahora, adicionalmente, un pitido sordo provenía de una de las máquinas. —Regina, ¡cálmate! Intentó decirle Nicolás, puesto que la mujer no escuchaba razones. Estaba demasiado inmersa en su ira, en su rencor, que no se percató de que estaba causándose daño a sí misma. —¿Qué está sucediendo aquí? El médico entró oportunamente y entonces miró la escena con horror. La paciente se sacudía en la cama presa de un ataque de ira, quitándose el catéter con fuerza, mientras la sangre brotaba en las sábanas. —Regina, detente. Se acercó justo a tiempo para impedir que se levantara y que, muy probablemente, fuera a dar al suelo. Su paciente no estaba lista aún para volver a caminar, pero era más que evidente que tenía muy buenos motivos para intentar hacerlo y esos motivos, se atrevería a jurar, que se trataban del hombre que se encontraba de pie en medio de la habitación, el mismo hombre que durante el primer año de su hospitalización no había hecho otra cosa que mirarla despectivamente. Y si, en condiciones normales, un médico no debería meterse en asuntos personales, pero había ciertas injusticias en la vida que no se podían pasar por alto. Y este era uno de esos casos. —Márchese —le dijo directamente, sorprendiéndose con lo fría y firme que había surgido su voz. Nicolás Davies lo miró a la cara, y ambos se sostuvieron la mirada en ese breve instante en el que la tensión parecía ser la única existente en esa habitación. Y entonces, cuando Ismael pensó que tendría que sacarlo a patadas, el exesposo de su paciente dio media vuelta y se marchó. —Ya está todo bien. Se ha ido —susurró a Regina tratando de tranquilizarla, al tiempo en que activaba todos los protocolos correspondientes y se aseguraba de su recuperación. La presión arterial de Regina fue restableciéndose lentamente luego de haber sido suministrado el medicamento adecuado. Cuando el peligro finalmente pasó, Ismael se sentó al lado de la cama de la mujer que había atendido durante todos esos años, al lado de la misma mujer que no conocía de nada, lo único que sabía de ella era lo que le dictaba su historial médico. Sin embargo, no era ciego, sabía que sus familiares más cercanos le habían causado mucho daño y, por eso, justo ahora, aunque era un completo extraño, quería brindarle un poco de consuelo. —Puedo ayudarte para que recuperes todo lo que te han quitado —le dijo a su paciente, aunque la misma parecía muy perdida en un lugar recóndito de su mente, pero él sabía que lo estaba escuchando o esperaba que lo estuviera haciendo—. Quizás podamos hacer que se empiece una investigación policiaca. Y si se descubre que el accidente fue provocado o que hubo un mal manejo de tu dinero, mientras estabas en una condición vulnerable, quizás… Ismael no tenía idea de lo que estaba diciendo, simplemente eran palabras al azar, palabras que salían desde el fondo de su alma en forma de corazonada. Algo le decía que había gato encerrado, únicamente tenían que descubrir en qué. Y sí, cualquiera le diría que ese no era su asunto, pero se sentía inexplicablemente comprometido con su paciente. —No todo está perdido —concluyó su discurso, atreviéndose a sostenerle la mano en un ligero apretón que buscaba reconfortarla—. Regina, —la llamó una vez más, aunque ya estaba perdiendo la esperanza de que reaccionara—, mírame. ¿Me estás escuchando? Puede que en este momento todo parezca perdido, pero… —Lo pagarán. De repente, la voz de la mujer se alzó con vigor, su tono era firme y decidido, y lo hizo estremecer en el acto. Ismael tragó saliva, al tiempo en que Regina se giraba y lo miraba directamente a la cara. Sus ojos de un azul intenso, en ese instante relampagueaban, eran como una tormenta que estaba a punto de desatarse y, por un breve instante, sintió lástima de todos aquellos a los que iba dirigida su ira. Aunque no, sonrió para sus adentros; sin duda, todos aquellos a los que Regina haría pagar se lo merecían. Y él esperaba también poder presenciar el final de cada uno de ellos…Hola, queridos lectores. Quisiera invitarlos a dar un vistazo en mi perfil. He publicado una nueva historia que se titula: Atrapando al CEO: ¡Tengo a tus trillizas! Sipnosis: Valeria Muñoz no tenía idea de cómo fue que cayó en las redes de aquel hombre apuesto, mujeriego y, profundamente machista. "Aborta", había sido la brillante solución que le había dado al enterarse de su embarazo. Estaba esperando trillizas de Enzo Dubois, lo cual terminó forzando un matrimonio, haciendo que el hombre la odiara como si fuera su peor enemiga. Ese matrimonio resultó ser una pesadilla plagada de humillaciones, infidelidades y desprecios. Soporto todo por el amor de sus hijas, pero cuando nacieron y vio sus caritas por primera vez, supo que las pequeñas merecían un mejor ejemplo de madre. Así que tomó sus cosas y escapó buscando reconstruir su vida lejos de Enzo. Tres años después, un inesperado encuentro los llevó a estar nuevamente frente a frente, pero lo que no sabía Enzo Dubois
—Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Liam, que los cumplas feliz. Que los vuelvas a cumplir, que los sigas cumpliendo, hasta el año tres mil —cantaron. Los aplausos no tardaron en resonar en la casa, mientras el pequeño de tan solo cuatro años era abrazado por sus padres. —Vamos, Liam. Sopla las velitas —le acercaron el pastel. Era una deliciosa torta de chocolate preparada por su madre, quien a pesar de no ser la mejor repostera, había puesto todo su empeño en hacerle algo especial. Ismael le untó la nariz al niño con chocolate, mientras este le manchaba la mejilla con la crema. —¡Basta ya! ¡Si siguen así, no quedará pastel para comer! —En lugar de un hijo, Sofía sentía que tenía dos. —Ya oíste a tu madre —le dijo Ismael a Liam, quien lo miró con los ojos entrecerrados, visiblemente ofendido porque había sido él quien empezó con todo. —Y tú también, Ismael, ya me escuchaste —lo apuntó Sofía con la espátula de la cocina. —¡Sí, señora! —se paró firme
Los meses habían pasado trayendo consigo nuevos comienzos. La vida de Sofía ya no se sentía como un campo minado. Aunque seguía sin ser perfecta, pero ahora contaba con la presencia de los que realmente quería y le importaban. Se había alejado de William, de sus padres y de todos aquellos que no le sumaban. Junto a Ismael había creado una nueva rutina, una que consistía en llevar al pequeño Liam a la cama. Así que todas las noches estaban allí, juntos, para verlo dormir. —Dulces sueños, campeón —susurró él, antes de besar la frente del niño. Cuando cerraron la puerta, se fueron a su recámara. Hicieron el amor sin prisa. Con besos húmedos y lentos, con una conexión tan intensa que casi dolía, porque el momento de alejarse siempre era doloroso. Después de que terminaron, se recostó en el pecho de Ismael, con una pierna sobre la suya, escuchando el ritmo de su corazón. —¿Sabes? —dijo él, con voz ronca pero tranquila—. Estoy harto de esta situación. —¿Qué situación? —Levantó la cabe
—¿Qué demonios les pasa? Ismael le arrebató el teléfono a uno de los enfermeros y entonces observó la imagen de William besándose con otro hombre. —Han cambiado a la ex directora por nada menos que un hombre —se burló alguien en medio de una carcajada.—¿Y eso a ti en qué te incumbe? —le preguntó con rabia, lanzándole el teléfono—. ¿Acaso les pagan por estar perdiendo el tiempo en los pasillos o es que quieren que los reporte?—No, Dr. Hill. Por supuesto que no. Pero… ¿No le alegra? —le preguntó como si debiera de alegrarse por alguna extraña razón.—¿Por qué habría de alegrarme?—No es un secreto para nadie lo que pasó entre ustedes —siguió la persona—. Y tampoco es un secreto que te ocultó a tu hijo. ¿No te parece que esta es una buena cuota de karma?—No, no me parece —gruñó exasperado por las idioteces que estaban diciendo—. Y si no quieren perder sus empleos, lo mejor será que regresen a sus labores. El grupo se dispersó rápidamente debido a la amenaza e Ismael aprovechó para e
Sofía entró sola en la sala del juzgado, sin abogado. No lo necesitaba. No para esto, que no era más que una simple firma que acabaría con una historia de más de once años. Una historia de mentira, por cierto.William ya estaba allí, sentado con su abogado. Se puso de pie al verla, como siempre lo hacía, como si aún fingiera que era el caballero perfecto. Sin embargo, no había nada más falso.—Sofía —murmuró—. Gracias por venir puntual.Ella se sentó frente a él sin contestar. No sentía ganas de hablarle. Sentía que era un completo extraño que, justo ahora, anhelaba tener a kilómetros de distancia.El abogado comenzó a hablar, pero no lo escuchaba. Solamente podía pensar en esos once años desperdiciados en una farsa. Tantas cenas, tantas fotos con sonrisas llenas de mentiras.—He pedido que se te otorgue el apartamento de la playa, el coche y parte del fondo común —dijo William, rompiendo el silencio y tratando de encontrar su mirada—. Sé que no es mucho, pero… quiero que tengas una c
La cocina se llenó del aroma cálido del puré de papas con zanahorias y calabacín, acompañado de pequeñas albóndigas de pavo cocidas al vapor, sin sal ni condimentos fuertes, especialmente pensadas para Liam. Sofía observaba a Ismael en silencio. Era increíble la agilidad con la que servía los platos. Parecía que no solamente era bueno con el bisturí, sino también con algo tan mundano como esto.—Para ti, pequeñín —colocó un platito especial para el niño, con pequeñas porciones bien separadas. Luego colocó frente a Sofía su propio plato, más sustancioso. —Gracias.—¿Puedo dárselo yo? —Claro.La mujer le entregó con delicadeza al pequeño Liam, quien miró a su padre con unos ojitos curiosos. Ismael se sentó con él en las piernas y comenzó a darle pequeños bocados, con una ternura que ni él mismo sabía que podía tener. Liam aceptaba la comida sin quejarse, entretenido con los botones de su camisa.Sofía, quien seguía sensible por todos los acontecimientos de los últimos días, se llev







