Share

Capítulo 7

Author: Melissa
last update publish date: 2026-01-09 15:44:40

Territorio marcado

El trayecto de regreso a la casa de los De la Vega fue un desfile de sombras. Cuando el coche se detuvo frente a la mansión, Elena sintió que el corazón se le salía del pecho. Alexander se giró hacia ella, su mirada gris escaneando su rostro pálido.

—Baja —dijo él—. Mañana a primera hora vendré por ti.

Elena asintió sin palabras, bajó del vehículo y caminó hacia la puerta principal como quien se dirige al cadalso. Escuchó el motor del coche alejarse y se sintió repentinamente desamparada. Al entrar, la casa estaba en un silencio sepulcral, pero cargado de una electricidad malvada. Subió a su habitación, se encerró y se permitió llorar. Lloró por el bebé, por el miedo al futuro y por la extraña forma en que su vida se había convertido en una transacción comercial.

Sin embargo, la paz no duró mucho. Apenas veinte minutos después, un sonido agudo y persistente rompió el silencio de su llanto: el timbre.

Elena se limpió las lágrimas con la manga de su blusa y, movida por una mezcla de curiosidad y temor, bajó las escaleras. Al abrir la puerta, el aire frío de la noche volvió a golpearla, pero esta vez venía acompañado del aroma a sándalo. Alexander Blackwood estaba allí, de pie bajo la luz del pórtico, luciendo impecable incluso después de una jornada agotadora.

—¿Señor Blackwood? —balbuceó ella, con los ojos aún enrojecidos—. Pensé que se había ido.

Alexander dio un paso hacia el interior, invadiendo el recibidor con su presencia física. Su expresión era firme, pero sus ojos no tenían la dureza de la oficina.

—Vengo a decirte qué tienes que preparar —dijo él, bajando el tono de voz, casi con una suavidad que Elena no conocía—. Mañana iremos a ver a mis padres. Necesito que lleves algo elegante, pero cómodo. No quiero que nada te fatigue.

Elena iba a responder, pero el sonido de unos tacones golpeando el mármol de las escaleras la interrumpió. Sus padres, Ernesto y Leonor, bajaban las escaleras. Estaban vestidos de gala: él con un traje oscuro de corte impecable y ella con un vestido de cóctel que gritaba aristocracia rancia. Sus rostros eran máscaras de impaciencia.

—¿Qué es este ruido, Elena? Ya deberías estar lista —dijo Ernesto, sin notar la presencia de Alexander que quedaba parcialmente oculto por el ángulo de la puerta—. El señor Gutiérrez nos espera en el club privado. No vamos a permitir que llegues tarde a tu propia cena de compromiso.

Elena se quedó sin habla, atrapada entre el jefe que le ofrecía un contrato y los padres que la llevaban al matadero. Sus pies parecían clavados al suelo. Leonor llegó al final de la escalera y, al ver a Alexander, frunció el ceño con desdén.

—¿Y este quién es? —preguntó su madre con tono despectivo—. Elena, dile a tu amigo que se retire. No tenemos tiempo para visitas de baja categoría.

Alexander no se inmutó ante el insulto. Por un segundo, pareció que iba a retirarse; se dio media vuelta y salió hacia la oscuridad del porche. Elena sintió que el mundo se le caía encima. "Me ha dejado sola", pensó con amargura.

—¡Muévete, Elena! —rugió su padre, tomándola del brazo con fuerza—. ¡Coge tu abrigo y vamos al coche! ¡No me obligues a llevarte a rastras!

—¡Suéltame, papá! ¡No quiero ir! —Elena forcejeó, pero la fuerza de su padre era superior. Leonor la miraba con asco, ajustándose los guantes.

Fue en ese momento cuando la puerta se abrió de nuevo con un estruendo. Alexander regresó. No venía con las manos vacías. En su mano derecha sostenía una pequeña caja de terciopelo que acababa de recoger de su coche. Su aura había cambiado; ya no era solo el jefe, era un guerrero reclamando su territorio.

Sin decir una sola palabra, Alexander ignoró por completo a los señores De la Vega. Caminó con paso pesado y seguro directamente hacia Elena. Ernesto, sorprendido por la audacia del extraño, soltó el brazo de su hija.

Alexander tomó la mano derecha de Elena. Estaba fría y temblorosa. Él la sostuvo con una firmeza que parecía querer transmitirle toda su fuerza. Abrió la caja, extrajo un anillo con un diamante cuya pureza hacía que las joyas de Leonor parecieran baratijas de cristal, y lo deslizó en el dedo anular de Elena.

—¿Qué significa esto? —exclamó Leonor, escandalizada—. ¿Quién se cree que es usted para entrar así en mi casa?

Alexander finalmente se giró hacia ellos. Su mirada era tan gélida que Ernesto dio un paso atrás de forma instintiva.

—Significa —dijo Alexander con una voz que retumbó en las paredes del recibidor— que esta mujer no va a ninguna parte con ustedes. Elena es mi prometida.

—¡Eso es ridículo! —gritó Ernesto—. ¡Ella está embarazada! ¡Lleva el bastardo de un tipo que la dejó! Ningún hombre de prestigio querría...

—Cierre la boca —lo cortó Alexander, y su tono fue tan peligroso que el aire pareció congelarse—. El bebé que ella espera es mío. Y si vuelvo a escuchar que alguien en esta casa se refiere a mi hijo o a mi futura esposa con esos términos, me encargaré personalmente de que el nombre de los De la Vega no sirva ni para pedir crédito en una tienda de comestibles.

El silencio que siguió fue absoluto. Leonor se llevó la mano a la boca, ahogando un grito. Ernesto palideció, reconociendo finalmente el rostro del hombre que tenía delante: Alexander Blackwood, el titán de la industria del que todos hablaban.

Alexander volvió a mirar a Elena. No le pidió permiso, no le pidió explicaciones. Simplemente le dio un apretón suave en la mano, un mensaje silencioso que decía: "Te tengo".

—Mañana a las nueve —dijo él, ignorando de nuevo a los padres que se habían quedado como estatuas de sal.

Alexander se quedó allí, con la mano de Elena firmemente sujeta, enfrentando a Ernesto y Leonor con una mirada que exigía sumisión. El silencio en el recibidor era tan denso que se podía escuchar el tictac del reloj de pared, marcando el fin de la vida de Elena tal como la conocía.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
LULÚ y BETY Cardozo
Bien Alexander ese par se merecen lo peor Leonor y Ernesto son unos desgraciados que solo ven estatus y no a su hija
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 304

    Marcó el número directo del consultorio de Julieta y activó el altavoz. El tono sonó dos veces antes de que la voz inconfundible, suave y profesional de Julieta respondiera desde la línea.—¿Diga? Consultorio de la doctora Blackwood.Sofía moduló su voz al instante, adoptando un tono cálido, amistoso y sumamente natural.—¡Hola, Julieta! Qué gusto saludarte. Soy Sofía Valdés.Al otro lado de la línea, la sorpresa en la voz de Julieta fue evidente.—¿Sofía? Hola... Qué sorpresa escuchar tu llamada. ¿Todo bien?—Todo de maravilla, Julieta. Discúlpame que te llame en horas de consulta, pero quería hacerte una invitación muy especial —continuó Sofía con una fluidez impecable, mientras Taylor contenía la respiración a escasos centímetros con las manos sudorosas—. Como te comenté en nuestro último encuentro, estoy cerrando el lanzamiento de un proyecto comunitario muy bonito para la fundación familiar. Para celebrarlo, organizamos una pequeña velada náutica, un cóctel sumamente íntimo y tra

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 303

    La conspiración de Cupido y una cita en altamarEl sol de media mañana inundaba los ventanales de la oficina ejecutiva de Taylor, situada en el último piso de una de las torres financieras más exclusivas del distrito corporativo. Sobre el escritorio de cristal y acero descansaban varios planos arquitectónicos y reportes de inversión inmobiliaria, pero Taylor apenas les prestaba atención. Permanecía recostado en su sillón de piel, con la vista fija en una pequeña fotografía enmarcada que guardaba celosamente en el cajón interior: Julieta, cinco años atrás, sonriendo bajo los cerezos en flor durante un viaje de primavera, con los ojos llenos de una devoción que él mismo se había encargado de destruir al huir cobardemente una semana antes de llegar al altar.El sonido rítmico de unos tacones sobre el parqué pulido anunció la llegada de Sofía. La mujer ingresó a la estancia sin anunciarse, cerrando la puerta con el codo mientras sostenía dos vasos térmicos de café en las manos y una sonr

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 302

    —No digas nada todavía, por favor... Déjame terminar —le pidió él con una mirada tan limpia y sincera que desarmó cualquier intento de interrupción—. He pasado muchas noches de patrullaje pensando en nosotros dos. En la cena que tuvimos, en las diferencias de nuestros mundos, en mis horarios imposibles... Y he llegado a la conclusión de que debemos ponerle fin a esta relación antes de que nos hagamos un daño innecesario. Esta dinámica no nos está llevando a ningún puerto seguro, Julieta. Tú perteneces a otro círculo, mereces a un hombre de tu altura, alguien que no viva con el teléfono pegado a la oreja esperando una emergencia de homicidios, alguien que tenga el tiempo de sentarse contigo a desayunar, de viajar los fines de semana y de complacerte en cada detalle de tu vida como realmente te lo mereces.Una lágrima solitaria y silenciosa brotó de los ojos de Julieta, deslizándose lentamente por su mejilla izquierda. No era una lágrima de despecho ni de ira; era el llanto conmovido de

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 301

    Cuentas claras y un adiós necesarioEl reloj de péndulo del despacho privado de Alexander Blackwood marcaba las cinco de la tarde con un tictac pausado y solemne. Tras el ventanal, el cielo comenzaba a teñirse de tonos cobrizos anunciando la caída inminente del crepúsculo. Alexander permanecía de pie frente a su escritorio de caoba, con los brazos cruzados y una expresión sombría que no auguraba nada bueno. Al otro lado de la mesa, el oficial Carlos Mendoza, todavía vistiendo su uniforme de servicio pero sin la gorra reglamentaria, terminaba de relatar los pormenores de la llamada clandestina que había recibido desde el penal de mujeres.—Entonces Matías lo sabe todo... —Sentenció Alexander con una voz sorda, apretando la mandíbula hasta que los músculos de sus mejillas se tensaron como cuerdas de violín—. Sabe lo de La Cobra, sabe de los pagos y sabe exactamente cómo presionar.Carlos asintió con gravedad, manteniendo la compostura firme que lo caracterizaba.—Así es, señor Blackwoo

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   300

    El rostro de la reclusa estaba desencajado, transformado en una máscara de terror y odio homicida.—¡¿Quién demonios te habló de mi hija?! —bramó La Cobra, escupiéndole las palabras en la cara mientras le clavaba los dedos en la garganta hasta cortarle el aire—. ¡Habla, maldita zorra! ¡¿Quién te dio esa información?!Flor, ahogándose por la presión en su cuello, sintió el pánico de estar al borde de la muerte, pero la certeza de haber tocado el punto débil de su verdugo le dio una última pizca de crueldad. Dejó escapar una risa ahogada, mostrando sus dientes manchados de escarlata.—Tengo... tengo mucha gente afuera... —Susurró Flor con un hilo de voz quebrado—. Gente con dinero y contactos... que sabe exactamente en qué convento está metida tu mocosa... Si algo me pasa a mí... ella no llegará a cumplir los quince años...El mundo se volvió rojo para La Cobra. Levantó el puño diestro y le propinó un segundo golpe demoledor en el pómulo, haciendo que Flor se desplomara cuán larga era s

  • GORDiTA Y EMBARAZADA. LA ELEGIDA DEL CEO   Capítulo 299

    Amenazas entre rejas y el grito de una madreEl olor rancio a humedad, óxido y cloro barato impregnaba cada rincón del área de lavandería del pabellón B del Centro Penitenciario Femenino. A esa hora de la tarde, cuando la mayoría de las reclusas se encontraban en el patio de recreo bajo la vigilancia somnolienta de las custodias, el sector de calderas permanecía en una penumbra cómplice. El ruido ensordecedor de los tambores de secado metálicos girando a toda velocidad amortiguaba cualquier sonido que pudiera alertar a los guardias de la entrada.Flor Valentí se encontraba acorralada contra una de las enormes pilas de concreto. Vestía el overol gris manchado de jabón industrial, pero su cuerpo entero temblaba de fatiga y terror. Apenas podía sostenerse en pie; los golpes que había recibido durante los últimos días le habían dejado las costillas inflamadas y un dolor punzante en la espalda que le robaba el aliento en cada respiración.Frente a ella, La Cobra avanzaba con la lentitud pa

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status