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La tensión en la casa se puede notar. Mi familia, reunida en la sala desde el momento en que dimos la noticia, no ha hecho otra cosa más que esperar nuevos avances de los hombres que fueron a buscarla. No soy partícipe de esto, tampoco me agrada demasiado, pero tiene que rendir cuentas por sus actos y no quiero verme involucrado en sus porquerías si resulta que mi abuelo está en lo correcto y quiere usar este embarazo para joderme. Realmente no me importa quién se atrevió a meterse con ella a sabiendas de que es mi esposa todavía, pero espero que su nombre salga de su boca para darle su merecido por haberse metido con algo que tiene mi nombre. Pensativo, molesto, ofuscado e incluso un poco aterrado de lo que vaya a pasar, la familia de esa mujer cruza la puerta observándonos a todos con el ceño fruncido, principalmente su padre. —Dime que no es cierto, hijo—me pide aterrado—, dime que esa mujer no se atrevió a aparecer. Inhalo profundo, sacudiendo la cabeza. —No. En realidad, ella no apareció. —¿Entonces? ¿Cómo es que nos llaman para decirnos esa noticia tan terrible si en realidad no apareció? Mi padre se pone de pie, estrechando la mano de su consuegro. —Por favor, señor Dante, tome asiento, ahora le contaremos todo. Mientras su esposa se acerca en silencio como siempre, su hermana me observa cabizbaja, acercándose de a poco. Nunca tuvimos una comunicación constante, de hecho, mientras estuve casado con su hermana pocas veces le dirigí la palabra. De no ser porque nuestras familias siguen empecinadas con mantener nuestros nombres unidos no habría forma alguna de que la considere para ser mi esposa, sin embargo aquí estamos. Todos reunidos como una gran familia feliz. —¿Es cierto lo que nos dijeron? ¿Mi hermana regresó? Suelto un suspiro, sacudiendo la cabeza. Ambos nos alejamos un poco del resto para poder hablar en privado pues sé que si hay alguien en esta casa que esté preocupada por ella, esa es su hermana. —La encontré y necesitamos su firma. Por eso la traerán. Ella frunce el ceño. —¿Cómo que la traerán? ¿No vendrá por su propia voluntad? Me río con ironía, negando al mismo tiempo. —¿De verdad crees que sería capaz de poner un pie dentro de esta casa por propia voluntad? Por favor. Nos detesta. —Cuando te pedí que la buscaras no era necesariamente que la trajeras de regreso a tu casa—menciona en cierto tono acusatorio. La miro al ver que por un momento tiene un pequeño toque de valentía la cual se esfuma cuando me mira a los ojos—. Yo... a papá no le agradó la noticia. —Lo que tu padre quiera o no no es de mi incumbencia. Aquí lo importante es qué pasará cuando venga y... Las ruedas chillando de la camioneta que ingresa en la propiedad deja todas las conversaciones al aire pues la atención de cada persona dentro de esta casa va hacia la entrada. Nuestros guardias bajan del auto, abren la parte trasera y a rastras sacan a esa mujer quien luce tan molesta cuando sus ojos se clavan en los míos, seguido de la persona que tengo al lado, que hasta podría ponerme incómodo aunque no tengo tiempo. Se abalanza sobre mí con intenciones de golpearme, pero no llega. Los guardias no se lo permiten y yo no menciono ni una sola palabra. —¡Maldito seas, Jude Harrigan!—grita alterada—. ¿Era necesario enviar a tus matones por mí? ¡Tengo un teléfono, podrías haber llamado! Me encojo de hombros. El mal sabor de boca que me deja el saborear sus groseras palabras en ese tono tan agrio no me permite responder. —Así que era cierto—dice su padre entonces, tomando el frente con una expresión de desprecio, escupiendo a sus pies logrando que su hija se burle en su cara—. ¡Maldita zorra! Te apareces campante luciendo el bastardo que cargas. Megan entonces se acaricia el vientre con una sonrisa descarada. —Veo que no solo mi presencia los incomoda sino también mi hijo. Qué bien. Dante levanta la mano con intención de golpearla cuando la voz de mi abuelo lo detiene. —¡Suficiente!—grita, apareciendo a un lado de las escaleras—. Llévenla al despacho enseguida. Yo hablaré con ella a solas. Doy un paso al frente. —Si me lo permites, me gustaría estar ahí abuelo. Clava su mirada en mí. —¿Quieres protegerla? Sacudo la cabeza. —Quiero escuchar de su boca el nombre del hombre que le hizo eso. Es una cuestión de honor. Megan rueda sus ojos y es obligada a caminar hacia el despacho de mi abuelo mientras yo los sigo. Su hermana no deja de mirarme y la entiendo porque está en una situación complicada donde no puede entrometerse o decir cualquier cosa. A medida en que caminamos hacia el despacho no puedo evitar ver su vientre abultado mientras las preguntas rondan por mi cabeza siendo incapaz de poder hilar un pensamiento coherente a la vez ya que solo puedo pensar en que fue tan idiota como para deshonrarme sin importarle el apellido que aún carga. Entonces llegamos. Los guardias la sueltan con agresividad dentro del despacho. Mi abuelo en vez de caminar hacia su lugar detrás del escritorio, se queda mirándola de frente unos minutos hasta que le suelta una bofetada que la desestabiliza. —Siempre supe que tu honor era cuestionable, pero cuando me pediste que te dejara ir pensé que ibas a respetar tu palabra de mantener nuestro apellido por lo alto hasta que te divorciaras. Lentamente Megan regresa a su lugar, manteniendo esa mirada altiva. —Usted es el menos indicado para hablar de honor cuando planean la boda de su nieto, que aún está casado, y para colmo con mi hermana. ¿De qué honor me habla? Mi abuelo se ríe. —Digamos que estamos enmendando el error que cometimos al escogerte en vez de tu hermana en primer lugar. —Sigue siendo una acción cuestionable para alguien que tiene tan presente el asunto del honor. Mi abuelo se ríe a carcajadas. —¿Quieres hablar de honor cargando el hijo de otro hombre en tu vientre? Arruinaste el apellido, nuestro nombre, todo por lo que he trabajado, pero no me sorprende porque nunca fuiste una mujer honorable. Inhalo profundo, levantando el mentón. —Esto se terminará pronto si nos dices quién es el padre. —¡Ah! ¡Tonterías! Esto se terminará cuando firmes el maldito divorcio y desaparezcas para siempre de nuestras vidas—grita mi abuelo—. Trae los papeles, Jude. No quiero ver a esta mujer de nuevo en mi vida. Trago grueso, mirando por primera vez a mi esposa a los ojos después de tanto titempo. Tengo un torbellino de emociones, algo que no puedo controlar, sin embargo me mantengo bajo control por mi propio bien. —Firma los papeles, Megan. Ella sacude la cabeza, logrando que me enfurezca. —No lo haré. —¿Planeas continuar casada cargando un bastardo contigo? ¡Porque no lograrás que le demos nuestro apellido! Ella rueda los ojos ante las palabras de mi abuelo, logrando que vea por primera vez ese brillo malicioso en sus ojos, lo que me desconcierta porque al menos ahora no finge ser una blanca paloma como antes. —Dime que pretendes, Megan. ¿Quieres un nuevo salario de esposa?—digo, dando un paso al frente—, ¿acaso quieres un apartamento? ¿un nuevo coche tal vez? Megan suelta un suspiro, logrando que su aliento choque en mi rostro debido a la cercanía que tenemos lo que me desconcierta de cierto modo. No pensé que alguna vez volveríamos a estar así. —Estás muy emocionado por casarte con mi hermana, ¿cierto?—dice, en un tono burlón—. ¿Quién seguirá después? ¿Mi madre tal vez? Aprieto los dientes con fuerzas. —No sabes lo que dices. —No. Tú no sabes lo que haces porque no pienso firmar el divorcio para que te cases con mi hermana—se cruza de brazos—. De hecho, no firmaré para que te cases con ninguna persona. Me río, negando con mi cabeza. —Estás demente. Sabes que puedo solucionarlo con un juez si tú no cooperas, ¿cierto? Se encoge de hombros. —Lo sé, pero no lo harás. —¿Por qué estás tan segura? Ella da un paso al frente, sin quitar la mirada de mis ojos, riéndose de mí. —Porque ningún juez te divorciará de mí mientras espero a tu primogénito. Una vez más logra sacar una carcajada de mí. —Eres absurda. —Jude, ¿qué dice esta mujer? Prometiste que no se habían vuelto a ver. Miro a mi abuelo, asintiendo, dándole la razón. —Y así es, abuelo. No tengo idea de qué dice, pero miente. —No miento, Harrigan—dice ella entonces con total seguridad, acariciando su vientre frente a nosotros—. Les guste o no, este bebé de aquí lleva tu sangre. Felicidades, es un niño.JUDE Han pasado tres años y todavía me sorprende lo silenciosas que pueden ser las montañas al amanecer. Nada se mueve salvo la neblina, que se enrosca entre los pinos como si respirara. Nuestro pequeño refugio —una casa de madera que cruje al menor cambio de temperatura— se despierta justo después de mí. Escucho, desde la cocina, el murmullo suave y difuso de la vida que construimos: los pasos torpes de Wyatt bajando de la cama, la risa somnolienta de Holly llamando a su madre, el balbuceo entrecortado de palabras que apenas empiezan a ser frases. Megan sigue acostada, aunque sé que está despierta. Tiene esa quietud extraña de quien escucha antes de moverse, como si el silencio fuera un animal al que no quiere espantar. Nunca habla de ello, pero sé que todavía observa el mundo en busca de amenazas invisibles. También sé que cada día le pesa un poco menos. Me sirvo café, y el sonido atrae a Wyatt, que entra arrastrando su manta azul y con el cabello revuelto, como si hubiese pasado
JUDEJamás pensé que el bebé de Isabella acabaría robándome el corazón de esta manera y creo que se debe a que en cuanto lo vi, no lo sentí como el hijo de ella, sino como nuestro.No sé si alguna vez tendrá sentido algo de lo que sentí en el momento en que lo vi, pero ese bebé es tan nuestro que no imagino la vida sin él ahora que lo conozco.Megan tiene razón. No podemos tener el corazón de abandonar a este pequeño a su suerte así que mientras hacemos los papeles para poder llevarnos el cuerpo de Isabella, también hacemos los papeles para concretar la adopción de su bebé.—¿Qué nombre le pondremos?—pregunta Megan entonces, con el ceño fruncido—. Tiene que tener un nombre.—Lo sé... pero no tengo idea. No vine a Illinois con la idea de adoptar a un niño así que no pensé nada en el camino.Mi pequeña burla la hace reír en medio de la tristeza que siente su corazón, porque está bastante triste con la noticia de Isabella, sin embargo es como si este pequeño niño hubiera sido un obsequi
MEGANHe cuidado de mi hermana desde que tengo uso de razón. De hecho, creo que no podría recordar nunca un evento en específico donde comencé a cuidarla porque nunca hubo un tiempo, es como si lo hubiera hecho desde que mamá la trajo a casa del hospital.Desde entonces nunca me detuve.La protegí en casa culpándome a mí misma después de que ella rompiera los adornos preferidos de mamá y los cigarrillos de papá cuando creía que eran lápices blancos para dibujar.Protegí a Isabella cuando ingresó en la primaria y sus compañeros solían burlarse de ella por sus dientes chuecos. Eran de leche. Siempre le dije que iban a cambiar, pero ni siquiera la promesa de que se le caerían y tendría unos nuevos y hermosos dientes dejaba de lado su dolor cada que sus compañeros se burlaban de que no tenía el dinero suficiente para arreglárselos.La protegí cuando entró en secundaria y nuestros compañeros solían detestarla por creerse demasiado. Me topé con muchas peleas por defenderla después de que ab
JUDENo lo puedo creer. Miro la fotografía que tengo en las manos, luego el vientre de mi esposa y finalmente recuerdo el latido de su corazón y no puedo creer que esté viviendo este momento.Pasé dos putas semanas pensando en cómo me iba a sentir en caso de que el bebé no estuviera ahí, o si estaba y Megan decidía no continuar con el embarazo, o si simplemente ambos nos hicimos falsas ilusiones y al final no había nada, y todas y cada una de esas veces, me sentía una mierda.No podía demostrar nada ante ella. Pasé todas las noches de estas dos semanas previas acompañándola, acariciando su vientre sin que lo notara, rogando a Dios que cambiara sus ideas y se permitiera ser feliz porque dentro de mí lo sabía. Sabía que estaba ahí y... no me falló mi instinto.Mi primer instinto de padre.La emoción que siento ahora mismo me recorre cada uno de los poros logrando que sonría como un idiota mientras caminamos hacia la camioneta de regreso a casa, ya con todas las píldoras y los cuidados n
MEGANDos semanas se pasan en una maldita volada,, pero al menos tengo la tranquilidad de haber pasado todo ese tiempo viviendo en paz.Como nunca, la mansión se vió envuelta todos estos días en una tranquilidad que hasta llegó a ser preocupante los primeros días ya que todos nos sentíamos igual de confundidos. No podíamos creer que después de todo lo que pasamos al fin las cosas se hayan calmado, y por lo tanto nos pasamos los primeros días pensando en que de la noche a la mañana el caos se iba a desatar en nuestras vidas de nuevo, pero gracias a Dios no fue así.Lentamente, todo comenzó a caer en sintonía, como debió ser desde un principio.El abuelo al fin está recuperado lo suficiente como para caminar libremente por la casa y aunque ahora lo tenemos aquí, no será por mucho tiempo ya que planea un viaje de retiro el cual está próximo a comenzar y le va a llevar más de cinco meses de viaje.Está decidido a disfrutar de su retiro y todos lo hemos apoyado en su decisión. Quiere tener
JUDEDar malas noticias nunca fue lo mío, mucho menos tener que dárselas a mi esposa quien por toda la mierda que tenemos que cargar ahora se está pensando sobre si tener a nuestro bebé o no. Y aunque podría guardarme todo lo que pasa a nuestro alrededor, le prometí una vez que no lo haría nunca porque no quiero sorpresas luego.Quiero que nos llevemos bien. Construir una relación basada en confianza que es lo que siempre faltó en esta puta casa, sin embargo mi familia no lo hace fácil.—¿Cómo que Dana escapó?—pregunta Megan, toda horrorizada—. ¿Es que acaso todos perdieron la cabeza? ¿Quién mierda pagó su fianza?Me encojo de hombros, sintiendo cómo el aire comienza a tensarse enttre nosotros.—No lo sé. Me hice la misma pregunta y por insistir demasiado me pusieron en una celda—digo, logrando que abra grande sus ojos—. Una celda donde también estaba el oficial que te secuestró ese día.El silencio que gano de su parte no me hace sentir bien en absoluto. No dejo de mirarla en ningún







