Compartir

Capítulo 3

Autor: EugeMD
last update Fecha de publicación: 2024-01-27 07:06:35

Samantha

La atmósfera pesaba mientras dejábamos atrás las mazmorras. Octavia caminaba a mi lado, pero su presencia era como un espectro, un eco lejano de la mujer que una vez conocí. El recuerdo de lo que habíamos presenciado entre esas paredes húmedas se aferraba a nosotros, una sombra oscura que oscurecía nuestros pensamientos.

No podía permitir dejar a Octavia sola en ese estado. La conocía demasiado bien, y estaba claro que la dejadez de su alma la empujaría hacia la locura. Así que, esa noche, la llevé a mi casa, tratando de ofrecerle un refugio temporal en medio de la tormenta que se avecinaba.

El dolor emanaba de Octavia en oleadas palpables, como si cada fibra de su ser estuviera siendo desgarrada. La carga emocional de la situación pesaba sobre nosotros, y la incertidumbre sobre el destino de Orión, mi hermano, colgaba en el aire como una espesa niebla.

Mi hogar, que solía ser un refugio acogedor, ahora se veía invadido por la sombra de la tragedia. Octavia se desplomó en el sofá, sus ojos reflejando una mezcla de dolor y desconcierto. No necesitábamos palabras para comprender el tormento que la consumía; las líneas de su rostro contaban historias de angustia y pérdida.

A pesar de mis esfuerzos por ofrecer consuelo, me sentía impotente ante la magnitud de la tragedia que se cernía sobre nosotros. La idea de que Samuel hubiera orquestado el secuestro de Orión, sumada a la brutalidad que presenciamos en las mazmorras, oscurecía cualquier destello de esperanza.

Lucas tomó las riendas de la situación. Organizó patrullas para rastrear pistas sobre Samuel y Orión. El aire vibraba con la urgencia de la misión, y cada lobo en la manada se sumergió en la tarea con determinación. La lealtad hacia Orión y la necesidad de desentrañar el oscuro entramado que nos envolvía impulsaron nuestras acciones.

—Sam, estoy tan perdida. No sé qué hacer —murmuró, su voz temblorosa cargada de desesperación.

—Estaremos aquí contigo, Octavia. Pero necesitas descansar, enfrentar esto mañana. Nadie espera que tengas todas las respuestas ahora mismo —respondí, tratando de ofrecer algún consuelo.

Nos sumimos en la oscuridad de la noche, abrazadas en el sofá, compartiendo la carga del dolor y la incertidumbre. El lamento de la manada resonaba en la distancia mientras buscaban desesperadamente a su Alfa perdido. El sofá se convirtió en nuestro refugio temporal, un lugar donde la fuerza de nuestra unión era un bálsamo para las heridas emocionales que la tragedia nos infligía.

El abrazo, aunque físico, trascendía la mera conexión corporal. Era un pacto silencioso entre dos almas heridas, un compromiso de apoyo mutuo en medio de la tormenta. Cada lágrima derramada se convertía en un tributo a la intensidad de la pérdida que compartíamos.

La penumbra de la noche cedía ante la luz del sol naciente, revelando un nuevo día marcado por la incertidumbre. Nos despertamos en el sofá, entrelazadas en un abrazo que había resistido las sombras de la noche. El consuelo que encontramos en el sueño compartido era un respiro momentáneo en medio del caos que nos rodeaba.

El chirrido de la puerta anunció la llegada de Lucas, portador de las noticias que tanto ansiábamos. Mi mirada se encontró con la suya, llena de esperanza y temor. El sol iluminaba su rostro, pero la tristeza que cargaba dejaba una sombra imborrable.

La puerta se abrió, y Lucas ingresó con pasos pesados, como si llevara consigo el peso de un mundo quebrantado. Mis ojos buscaron desesperadamente señales en su expresión, anhelando cualquier indicio de que la búsqueda de Orión hubiera llegado a su fin.

La tristeza en su rostro se intensificó, y su cabeza se inclinó en un gesto de negación. La esperanza que había florecido en mi pecho se desvaneció como una llama que se apaga en la oscuridad. Las palabras no fueron necesarias; la expresión de Lucas contaba la historia que no queríamos escuchar.

Me quedé en el sofá, sintiendo la angustia vibrar en el aire mientras Octavia se levantaba tambaleándose. Su grito desgarrador llenó la casa, resonando en las paredes como un eco desesperado. Sus manos se aferraban a su cabeza, como si intentara contener el torbellino de emociones que la consumía.

—Octavia, espera, ¿qué estás haciendo? —exclamé, pero mis palabras se perdieron en la vorágine de su desesperación.

Ella se dirigió directamente a mi habitación y cerró la puerta con fuerza detrás de ella, dejándome sola en el silencio interrumpido por su llanto. Cada sollozo era como un corte en el corazón, y la impotencia se apoderó de mí al no poder aliviar su sufrimiento.

El sonido de su llanto resonaba por toda la casa, creando una sinfonía desgarradora de dolor y pérdida. Me acerqué a la puerta de mi habitación, mi mano vacilando antes de tocarla. La barrera física parecía insignificante en comparación con la brecha emocional que se había abierto entre nosotras.

—Octavia, por favor, háblame. No estás sola en esto —murmuré, sabiendo que mis palabras apenas llegarían a través del tumulto de sus emociones.

El tiempo pareció estirarse en la agonía del desconcierto. Me apoyé contra la puerta, esperando en el silencio, mientras el eco de su dolor reverberaba en el espacio que compartíamos. Cada minuto era una eternidad, y mi preocupación por Octavia se transformaba en una impaciencia ansiosa.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el llanto de Octavia se desvaneció lentamente. La casa quedó sumida en un silencio frágil, como si la tormenta emocional hubiera pasado, dejando a su paso un rastro de desolación. Abrí la puerta con precaución, encontrándola en un rincón, con los ojos hinchados y rojos por el llanto.

—Octavia, ¿estás bien? —pregunté con cautela, temiendo la respuesta. Su mirada, antes llena de vida, ahora estaba opaca, como si una parte de ella se hubiera desvanecido.

Nos encontrábamos en la cocina después de varios intentos de hablar con ella, testigos mudos de su dolor. Cada sollozo era como un puñetazo en el pecho, y el sonido de su desconsuelo se fundía con el eco de mi propio sufrimiento. Las lágrimas de Octavia, saladas como el mar, marcaban el adiós a la mujer que una vez conocí.

En ese primer día, las lágrimas de Octavia fluían sin restricciones, trazando caminos salados por sus mejillas como afluentes desbordados durante una tormenta implacable. Cada sollozo era un eco que resonaba en las paredes, creando una sinfonía de tristeza que envolvía la casa, transformándola en un reflejo tangible del dolor compartido.

Me sentía impotente, observándola sumirse en la tristeza. El lamento llenaba la sala, creando una sinfonía de dolor que resonaría en mi memoria mucho después de que las lágrimas se hubieran secado. El aroma de la tristeza saturaba el aire, y mi propio corazón se sumergía en la oscuridad compartida.

Los sollozos de Octavia resonaban como una melodía melancólica, llevándonos a todos a un lugar donde la desolación reinaba. Cada lágrima que caía parecía llevar consigo fragmentos de su alma, desgarrando las fibras más profundas de su ser. Miré a los demás miembros de la manada, y en sus ojos encontré reflejada la misma impotencia y pesar que yo sentía.

El tiempo perdía su significado mientras Octavia se sumergía en un abismo de desesperación. Sus hombros se encorvaron bajo el peso del dolor, y su rostro, antes iluminado por la alegría, ahora estaba ensombrecido por la tormenta emocional. Cada intento de consuelo parecía disolverse en el océano de su tristeza, como gotas de agua en un mar sin fin.

El segundo día trajo consigo un silencio pesado. Octavia, congelada en su dolor, se volvía una estatua en la silla. Sus ojos, ventanas vacías al alma, exploraban el infinito sin realmente ver. El mundo continuaba girando, ajeno a su existencia estática.

La vitalidad que una vez brilló en sus ojos había sido sustituida por un vacío estático. El tiempo parecía haber perdido su significado para ella, y cada intento de romper el silencio era como un susurro perdido en un abismo sin fin.

Era como si el mundo se hubiera desvanecido, dejándola sola en su propio rincón de la existencia. Yo me movía con precaución, temiendo perturbar la fragilidad de su mente. Cada segundo era un eco silencioso de su desapego, y la habitación se convirtió en un santuario de la soledad compartida.

El sol avanzaba por el cielo sin que Octavia mostrara señales de reacción. Sus ojos, antes llenos de vida, ahora eran ventanas opacas que miraban más allá de la realidad tangible.

Ese día se arrastraba como una sombra interminable, y en la penumbra de su desapego, Octavia se convirtió en un misterio insondable. Las sombras danzaban a su alrededor, acunando el eco de su silencio. Intenté hablarle, pero mis palabras se perdieron en el vasto vacío que la envolvía.

Cada intento de contacto era como arrojar piedras en un pozo profundo, sin esperanza de obtener respuesta. El mundo exterior continuaba su marcha, ajeno a la quietud que se había apoderado de Octavia. La casa, una vez llena de risas y actividad, estaba sumida en un silencio sepulcral que reflejaba la paleta gris de su estado de ánimo.

El tercer día, después de dos jornadas de agonía y desolación, un cambio palpable finalmente rompió la quietud. El tiempo se deslizaba con una lentitud insoportable, y en el aire se palpaba una electricidad silenciosa, un presagio de cambio. Cada segundo era como una cuenta regresiva para algo inevitable. Hasta el viento exterior parecía aguardar, sosteniendo la respiración antes de la revelación que alteraría el curso de sus vidas.

La mirada de Octavia irradiaba determinación. Se levantó con una gracia renovada, como si las sombras del pasado hubieran cedido ante una nueva luz. Su figura, ahora erguida y fuerte, marcaba la afirmación de que la desesperanza no la definiría.

Maravillada, observé cómo Octavia se apropiaba de la manada con una autoridad que solo los verdaderos líderes poseen. Cada paso resonaba con la fuerza que surgía no de la resistencia, sino de la aceptación. La sala del consejo se transformó en el escenario de su renacimiento, y su determinación se convirtió en la antorcha que iluminaba el camino hacia un futuro incierto, pero no desprovisto de esperanza.

Las sombras que habían envuelto su corazón parecían disiparse, dando paso a una luz interna que brillaba con intensidad. El cambio no solo era visible en sus ojos, ahora llenos de convicción, sino también en su postura, que reflejaba una fortaleza recién descubierta.

—La manada necesita a su líder en estos tiempos oscuros —dijo Octavia, sus palabras llevando consigo el peso de una responsabilidad ancestral. —Y yo estaré a la altura —agregó, sus ojos reflejando no solo determinación, sino también la carga de liderar en medio de la incertidumbre.

La voz de Octavia resonó en la sala, disipando el eco del dolor pasado. Mientras Octavia proclamaba su compromiso con la manada, reflexioné sobre cómo esta transformación no solo marcaba el surgimiento de una nueva líder, sino también el surgimiento de una nueva era. En sus palabras, encontré no solo la promesa de liderazgo, sino la chispa de esperanza que necesitábamos desesperadamente en este momento.

Su determinación se convirtió en un faro de esperanza, un recordatorio de que incluso en los momentos más oscuros, el espíritu humano puede encontrar la fuerza para alzarse. Octavia, ahora investida como Luna, lideraba con el corazón marcado por la adversidad, forjando un camino que la manada seguiría con confianza renovada. 

El tercer día, Octavia no solo había asumido el cargo de líder, sino que también se había convertido en un símbolo de resiliencia para todos nosotros.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Heredera de la Noche    Epílogo

    Orión El aire en la habitación estaba cargado con el olor a alcohol y desesperación, una oscuridad opresiva reinaba, apenas rota por la débil luz que se filtraba a través de las cortinas cerradas. Cada día se fundía con el siguiente en un ciclo monótono y sin sentido, un reflejo de mi desolación interna. Las botellas vacías se esparcían por el suelo como testigos mudos de mi abandono. En el exterior, la vida de la manada continuaba, liderada ahora por mi Beta. Podía sentir, incluso en mi estado de aislamiento, los murmullos y las discusiones sobre elegir un nuevo Alfa Principal. Pero ese mundo me parecía distante, irrelevante. Mi mente y mi corazón estaban sumergidos en la oscuridad, incapaces de preocuparse por algo más allá de mi propio sufrimiento. —Orión, —la voz firme de Lucas a menudo resonaba a través de la puerta cerrada, intentando sacarme de mi letargo. —La manada te necesita, debemos tomar decisiones importantes. Pero sus palabras se desvanecían en la penumbra que me en

  • Heredera de la Noche    Capítulo 88

    Octavia Inspiré profundamente, aferrándome a la vida, a la luz que Alice había encendido en mi interior. A pesar del dolor que aún me consumía, sentí una determinación creciente. No estaba sola; tenía un propósito, una razón para seguir adelante. Con un esfuerzo que parecía sobrehumano, coloqué una mano sobre mi pecho, justo donde Alice había dejado su toque reconfortante. Mis dedos encontraron algo pequeño y metálico, puntiagudo al tacto. Con mano temblorosa, lo extraje y lo elevé a la altura de mis ojos para examinarlo más de cerca. Era el colgante, la mitad de él. El Sol, ahora irónicamente separado de su contraparte, la Luna. El símbolo de una unión quebrada, de una mitad faltante, resonaba con el eco de soledad y pérdida en mi corazón. Al sentarme lentamente, mi mirada vagó por el entorno. Las nubes oscuras aún dominaban el cielo, amenazadoras y pesadas, mientras el humo negro se cernía sobre mí, como un augurio de desesperanza. El aire estaba cargado de una energía inquietan

  • Heredera de la Noche    Capítulo 87

    Octavia La realidad se desvanecía a mi alrededor, como si el mundo entero se hubiera reducido a un punto ciego en mi percepción. El dolor era insoportable, una tormenta desgarradora desatándose dentro de mí. "¡Darcy!" grité, pero mi voz sonaba distante, ahogada por el estruendo de mi propio corazón. Sentía cada fibra de mi ser rasgándose, desgarrada por la fuerza brutal con la que Darcy fue arrancada de mi alma. Era más que dolor físico; era una agonía espiritual, una herida que trascendía el cuerpo y cortaba directamente en lo más profundo de mi esencia. Estaba tirada en el suelo frío y húmedo del bosque. La tierra debajo de mí parecía girar y contorsionarse, y las lágrimas corrían por mis mejillas sin control, cada una silenciosa acusación contra el universo por permitir tal crueldad. "¡Darcy! ¡Darcy, por favor!" gritaba, mi voz rompiéndose con cada llamado. Pero solo había silencio, un vacío ensordecedor donde antes había una presencia amorosa y reconfortante. El aire a mi al

  • Heredera de la Noche    Capítulo 86

    Orión Las palabras resonaron en mi mente como un golpe devastador. El vínculo que compartía con Octavia, esa conexión profunda y eterna que nos unía, había desaparecido. Era como si una parte de mi alma hubiera sido arrancada, dejando un vacío oscuro y doloroso. —¡No! ¡No puede ser! —grité, negándome a aceptar la realidad. El dolor era insoportable, no solo físico sino también emocional. Sentía que cada latido de mi corazón se desgarraba, cada respiración un reflejo de mi pérdida. Lucas llegó a mi lado, su rostro reflejando el pánico y la confusión. —Orión, ¿qué sucede? ¡Habla conmigo! —Octavia... Darcy... Han desaparecido, —logré decir, mi voz quebrada por el dolor. —No puedo sentirlas, Lucas. Se han ido... Las palabras parecían resonar en el aire, un eco de la tragedia que nos envolvía. Mientras la batalla rugía a nuestro alrededor, dejando huellas de desgaste y desesperación en el barro y en las heridas de mis compañeros, el sentido de nuestra lucha parecía disiparse en la to

  • Heredera de la Noche    Capítulo 85

    Orión El aire a nuestro alrededor se cargó de electricidad, una sensación desconcertante que erizaba cada vello en mi cuerpo. Sentí cómo una oleada de energía invisible nos envolvía, una fuerza tan potente que parecía emanar del mismo corazón de la tierra. —¿Qué demonios fue eso? —exclamó Alfa Zane, su voz teñida de sorpresa y cautela. Los autos se detuvieron bruscamente, como si una mano invisible los hubiera agarrado y los hubiera frenado en seco. Intenté arrancar el motor nuevamente, pero estaba claro que algo más allá de nuestra comprensión estaba en juego. —Esto no es normal, —murmuró Alfa Einar, mirando a su alrededor, tratando de percibir la fuente de aquella energía abrumadora. Salí del auto y me detuve un momento para sentir la tierra vibrar bajo mis pies, pensando en nuestra próxima estrategia mientras observaba cómo la naturaleza misma parecía conspirar contra nosotros, con el viento llevando susurros de una amenaza oculta. El cielo se había oscurecido, como si presagi

  • Heredera de la Noche    Capítulo 84

    Lucien Corrí hacia ella y clave mis colmillos en su cuello, el sabor dulce y embriagador de la sangre de Octavia fluía a través de mí, avivando cada célula de mi ser. La esencia de su vida, su vitalidad, me llenaba de una euforia oscura y poderosa. Mi humanidad, sin embargo, se retorcía en agonía bajo el peso de la culpa y el horror por lo que estaba haciendo. El gruñido que emanó de lo más profundo de mí al sentir a la Diosa Luna acariciando a Octavia era un reflejo de la posesividad salvaje que ahora me dominaba. Ella es mía, pensé con una certeza que iba más allá de la razón, marcando un territorio que ni siquiera sabía que existía dentro de mí. La Diosa, con su voz suave y seductora, se alejó ligeramente, reconociendo mi reacción. —Por supuesto, mi amor, ella te pertenece, —dijo con una sonrisa que no llegaba a sus ojos fríos. A pesar de sus palabras, sentí una corriente de celos y resentimiento hacia ella. Mientras bebía la sangre de Octavia, cada sorbo era una mezcla de éx

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status