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Capítulo 3

Autor: Remolacha
Ricardo me miró de soslayo y dijo:

—Si tú no te hubieras comportado de forma indecente primero, los demás ni siquiera habrían tenido oportunidad de inventar rumores.

A un lado, Josefina esbozó una sonrisa burlona.

—Tiene razón. Ella fue la que se comportó de forma indecente primero, y luego todavía nos estafó con la cuenta de la comida. Yo solo publiqué eso porque estaba demasiado enojada. Ahora, si nos pagas los seis mil dólares de la cuenta, borro la publicación de inmediato.

Yo defendí mi postura con firmeza.

—Ustedes fueron las que comieron. ¿Por qué tendría que pagar yo?

Ricardo habló con gesto severo:

—Ya basta. Delante de mí, Inés le va a transferir a Josefina los seis mil dólares de la cuenta y luego le va a ofrecer una disculpa formal. Josefina borrará la publicación. Este asunto termina aquí y nadie vuelve a mencionarlo.

Josefina tenía una sonrisa de triunfo en el rostro y me miraba con evidente satisfacción.

Con razón ella había podido ver mi expediente de admisión. Resultaba que los dos estaban compinchados.

Me hervía la sangre de rabia.

—¿Por qué tendría que disculparme con ella? Usted, como coordinador, recibió a una estudiante que vino a reportar un problema, pero ni siquiera sabe distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. Eso es negligencia de su parte. Usted no merece ocupar ese puesto.

Ricardo me miró con frialdad.

—El día que ocupes mi puesto, entonces podrás venir a juzgar si estoy bien o mal. Por ahora, eres solo una estudiante, y lo más importante para una estudiante es obedecer. Mañana el señor Sergio Rosales vendrá a nuestra universidad a hacer una donación para becas de manutención. Estamos hablando de dos millones de dólares. En estos días, quien me cause problemas se llevará una sanción disciplinaria grave, sin excepción.

Sus palabras me hicieron recordarlo de golpe. Mañana era el día en que mi papá vendría a hacer la donación.

Josefina y las demás venían de familias con pocos recursos. Yo temía que ayudarlas directamente dañara su autoestima, así que le pedí a mi papá que, a través de su empresa, entregara cada semestre una ayuda de dos mil dólares para gastos de manutención a cada estudiante de bajos recursos de la universidad.

Pero ahora, pensándolo bien, parecía que ellas ya no merecían ese dinero.

Al ver las miradas cómplices entre Josefina y Ricardo, entendí que no iba a conseguir justicia ahí.

Respondí con voz fría:

—¿Quieren que le transfiera el dinero? Ni en sueños. Si no borra su publicación, voy a presentar una denuncia contra ella por difamación.

Después de decir eso, me di la vuelta y salí de la oficina. Luego llamé a mi papá.

Cuando colgué, vi que la publicación de Josefina en el foro universitario ya había sido borrada. Pero en su lugar había aparecido otro texto todavía más manipulador:

"Solo soy una chica de familia humilde. No puedo meterme con esas ‘señoritas’ que tienen a alguien poderoso que las respalda. Sobre lo de esta mañana, mejor hagan como si no lo hubieran visto. Quien entendió, entendió. No hace falta que diga más."

En cuanto publicó eso, muchísima gente salió a defenderla.

—¿Y qué tiene ser pobre?

—Josefina, no tengas miedo. Detrás de ti hay miles y miles de estudiantes de familias humildes apoyándote.

—¡Echen de la universidad a esa lacra! ¡Inés fuera de la universidad!

—¡Fuera de la universidad!

Apreté el celular con fuerza y lo apagué.

Regresé a la habitación para recoger mis cosas y prepararme para mudarme a mi departamento.

Pero al llegar, vi que Josefina y las demás habían tirado todas mis pertenencias al pasillo.

Corrí a recoger mis cosas y las encaré.

—¿Qué creen que están haciendo? ¿Quién les dio permiso de tocar mis cosas?

Josefina se sacudió las manos y me miró.

—Hace mucho que no soportamos esa pinta de cualquiera que traes encima. ¿No dijiste que te ibas a mudar? Pues ahora te estamos haciendo el favor.

La miré con odio.

Josefina sonrió con desprecio.

—¿Qué? ¿No te gusta? Entonces ve a quejarte con esos viejos asquerosos que te mantienen. A ver si de verdad puedes traerlos aquí y cerrarle la boca a toda la universidad.

Miré mis cosas tiradas por el suelo, hechas un desastre. Luego levanté la vista hacia la cámara del pasillo.

—Espero que mañana todavía tengas esa misma arrogancia.

Recogí mis cosas y salí directamente del campus.

Al día siguiente, los directivos, profesores y estudiantes beneficiarios estaban listos, esperando la ceremonia de donación de mi papá.

Apenas llegué a mi asiento, antes de que pudiera sentarme, Josefina se plantó frente a mí.

—¿Sabes qué día es hoy? Alguien como tú todavía tiene el descaro de venir aquí.

Yo ya no quería seguir discutiendo con ella. De todos modos, cuando mi papá llegara, todo se aclararía y él se encargaría de defenderme.

La aparté con la mano.

—Quítate.

Al verse apartada, Josefina se giró y empezó a incitar a todos los presentes.

—Hoy es el día en que se formaliza la donación para las becas de manutención. Todos los que estamos aquí y recibimos esa beca venimos de familias con dificultades y necesitamos esta ayuda. Una interesada sin vergüenza como ella, vestida de pies a cabeza de marcas de lujo, solo va a manchar la imagen de nuestra universidad. ¡Sáquenla de aquí!

Por lo que Josefina había publicado ayer en el foro, todos ya estaban furiosos conmigo. Y ahora, tras escuchar su provocación, la tensión explotó de golpe.

—¡Aquí nadie te quiere! ¡Lárgate!

—¡Lárgate!

Levanté las manos para cubrirme y retrocedí paso a paso.

En medio del caos, Josefina me agarró del cabello y empezó a arrastrarme hacia afuera.

—Perra, no creas que no sé lo que estás planeando. ¡Ni sueñes con acusarme frente a los directivos! ¡Lárgate de una vez!

El tirón me provocó un dolor terrible en el cuero cabelludo. Alcé las manos para apartarla y empecé a forcejear con Josefina.

Al ver eso, algunos estudiantes de alrededor se acercaron de inmediato para ayudarla. Me sujetaron con fuerza y empezaron a golpearme entre varios. Sentí golpes por todo el cuerpo.

Justo entonces escuché un grito ronco.

—¡Suelten a mi hija!

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