Compartir

2 | Es temporal

Autor: Agnes Blanco
last update Fecha de publicación: 2025-05-19 23:29:14

La mansión de Hywell se alzaba imponente contra el cielo plomizo de la tarde, en una silueta oscura y masiva que parecía absorber la luz. Las nubes, bajas y pesadas, prometían una lluvia inminente, y el aire estaba cargado con la humedad fría que precede a la tormenta. Morgan detuvo el coche frente a las enormes verjas de hierro forjado, su corazón latiendo un ritmo enfermo contra sus costillas. A su lado, Jade lo miraba, el rostro pálido, pero con una quietud que a él le resultaba aún más dolorosa que si llorara o le gritara que era un estúpido.

—Papá, ¿qué es este lugar? —preguntó la jovencita.

La voz de Jade era baja, teñida de una extraña curiosidad que pugnaba con la ansiedad que no podía ocultar. Llevaba una pequeña maleta de viaje, su vida contenida en unas pocas prendas y un par de libros. Morgan no pudo mirarla a los ojos. Se limitó a apretar el volante, con los nudillos blancos por la presión.

—Es… un lugar donde estarás segura, Jade —mintió—. Unos socios de negocios… me deben un favor. Es temporal.

La mentira se le atascó en la garganta, amarga como la hiel. Se sentía miserable, cada fibra de su ser gritando su traición.

En ese instante, la verja se abrió con un chirrido metálico, revelando un camino de grava que serpenteaba hasta la entrada principal de la mansión. De entre las sombras del pórtico, un hombre alto y corpulento emergió. Vestía de negro, con una presencia que irradiaba autoridad y una frialdad casi palpable. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijaron en Jade con una intensidad que la hizo estremecerse. Era Nick, el escolta principal de Hywell.

Nick se acercó al coche; su rostro una máscara inexpresiva.

 —Señor Morgan —saludó—. La señorita Jade, asumo.

Su voz era grave y carecía de toda calidez.

Morgan asintió, incapaz de articular palabra. Sentía el peso de la decisión como un yunque en el pecho. Jade abrió la puerta del coche y salió, irguiendo la espalda a pesar del escalofrío. La premonición de la noche anterior se solidificó en una punzada fría cuando su padre le contó lo que hizo y porque ella estaba allí. Miró a Nick, y sus ojos de un verde intenso encontraron los suyos.

—Soy Jade. ¿Y usted es…?"

—Nick —respondió él, su mirada escudriñándola de arriba abajo, deteniéndose un instante en la pequeña maleta que Jade sostenía con firmeza. Miserable vida que no necesitaba.

Sin decir una palabra, Nick extendió una mano y, con un movimiento brusco y sorprendente, le arrebató la maleta. No fue un acto gentil; fue una afirmación de poder. La maleta cayó a la grava con un golpe sordo, esparciendo algunas de sus pertenencias por el suelo. Los ojos de Jade se ensancharon un instante por la sorpresa y la indignación al ver su ropa y libros.

—¡Oiga! ¿Qué hace?

Se inclinó para recogerla, la sangre hirviendo en sus venas.

Nick no parpadeó. Su voz era una losa de piedra.

—No será necesario. El señor Hywell proveerá todo lo que necesite. Su vieja vida se queda aquí.

Jade se enderezó, la indignación dándole fuerza. Su mirada de era desafiante. No era una persona que se amedrentara fácilmente.

—Mi “vieja vida”, como usted la llama, es todo lo que tengo, y dentro de esa maleta hay cosas que significan algo para mí, que tienen valor. ¿Por qué decide usted lo que es necesario para mí?

Nick la estudió un momento, y por primera vez, una chispa de algo parecido a la sorpresa cruzó por sus ojos inexpresivos. No estaba acostumbrado a ese tipo de réplica, ni que jovencitas como ella pudieran desafiar su autoridad de esa manera.

—Sus comentarios son irrelevantes —dijo finalmente, aunque su tono era ligeramente menos contundente. No recogió la maleta. Se limitó a señalar la puerta de la mansión—. Entre.

Morgan había observado la escena, encogido en el asiento del coche, sintiendo una vergüenza abrasadora y una impotencia que le desgarraba el alma. Cada palabra de Jade, cada gesto desafiante, era un recordatorio de la valentía que él no poseía en ese momento. Quería salir, gritar, recuperar a su hija. Pero el miedo, la deuda y la amenaza velada de Hywell lo paralizaban.

Jade se giró hacia el coche. Su rostro, aunque marcado por la tristeza, no mostraba odio hacia su padre. Solo una profunda pena.

—Papá —dijo, su voz casi un suspiro, pero firme—. Estaré bien. Confío en que, sea lo que sea esto, saldré de ello.

No le preguntó por qué, ni lo culpó en voz alta. Su mirada lo perdonaba, y eso, para Morgan, era un tormento aún mayor que cualquier reproche. Morgan asintió, las lágrimas anegando sus ojos, y en un susurro solo pudo decir: lo sé, mi amor, lo sé.

Su voz era un hilo apenas audible. Quería abrazarla, jurarle que la rescataría, pero las palabras se ahogaban en su garganta. Todo lo que pudo hacer fue extender una mano temblorosa en un gesto inútil. Jade le dedicó una última mirada, una mezcla de amor, dolor y una promesa silenciosa de supervivencia. Luego, se volvió y, con la barbilla en alto, caminó hacia la imponente mansión. El viento comenzó a soplar con más fuerza, levantando polvo de la grava y haciendo bailar las hojas muertas.

Justo cuando Jade alcanzó la entrada, las primeras gotas de lluvia cayeron, grandes y pesadas, estrellándose contra el asfalto.

Morgan la vio desaparecer tras las puertas de roble macizo, que se cerraron con un eco sordo, sellando el destino de su hija. La lluvia comenzó a caer con más intensidad, empapando el parabrisas de su coche, mezclándose con sus propias lágrimas silenciosas. Se quedó allí, inmóvil, el corazón hecho pedazos, observando la oscura silueta de la mansión mientras la tormenta se desataba. El dolor de su traición lo envolvió por completo, más frío que la lluvia, más oscuro que la noche que caía, y solo con la certeza de que Hywell si fuese bueno con su pequeña.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App
Comentarios (2)
goodnovel comment avatar
Yose
ya está dentro de la jaula
goodnovel comment avatar
Yose
encantada con los capítulos
VER TODOS LOS COMENTARIOS

Último capítulo

  • Inocencia Peligrosa   Epílogo

    El sol de la tarde, un disco ardiente que se hundía lentamente en el horizonte, pintaba el vasto océano Pacífico con destellos de oro, naranja y púrpura. Cada ola que rompía en la orilla era una pincelada de luz, un lienzo dinámico que reflejaba la inmensidad del tiempo y de todo lo que vivieron. El aire salobre, fresco y familiar, soplaba suavemente desde el mar, trayendo consigo el aroma de la sal y la promesa de la noche, jugando con las canas esparcidas en el cabello antes oscuro de Jade.Cincuenta años habían transcurrido desde la última boda con Hywell, un lapso de tiempo que había esculpido nuevas líneas en su rostro y manos, testimonios silenciosos de una vida plena y vivida con una intensidad que pocos conocían.Sentada en una silla de madera frente al mar, con una manta de lana suave cubriendo sus rodillas, un regalo de Lucy que la protegía de la brisa vespertina, contemplaba las olas que se deshacían en la orilla, cada una trayendo y llevándose consigo los ecos de innumerabl

  • Inocencia Peligrosa   132 | Eternidad

    Jade miró a Hywell, sus ojos brillando con una mezcla de adoración y deseo. La conversación con Liam, las reconciliaciones tácitas y las promesas de un futuro, todo se desvanecía ante la urgencia de su presencia y de esa necesidad de tocarlo y sentirlo.Sus manos se posaron en los hombros anchos de Hywell, sintiendo la solidez de su cuerpo, la familiaridad de su piel bajo la tela del traje. Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, una sensación inconfundible que le indicaba lo mucho que lo deseaba en ese preciso instante, en ese lugar que profanarían.Podía sentir el calor que emanaba de él, la conexión palpable que los unía, y cómo su propio cuerpo respondía a esa cercanía, un deseo húmedo que crecía con cada segundo. Quería estar con él, completamente, sin barreras ni interrupciones.Con una determinación que encendía sus ojos, tiró suavemente de su mano y le sonrió, invitando a Hywell a pecar con ella.—Vamos.Hywell entendió al instante, una sonrisa ladeada, llena de picardía y

  • Inocencia Peligrosa   131 | Cabos sueltos

    El sol se filtraba a través de los altos ventanales de la capilla militar, bañando el altar con una luz dorada que realzaba los estandartes y las banderas desplegadas con precisión marcial.La arquitectura sobria del lugar, de piedra clara y líneas limpias, contrastaba con la vibrante anticipación que llenaba el aire. Los bancos de madera oscura estaban ocupados por una mezcla de uniformes impecables, adornados con medallas que brillaban sutilmente, y trajes de gala que iban desde el elegante negro hasta los tonos pastel, planchados e inmaculados.Un murmullo bajo de conversaciones y risas contenidas flotaba en el ambiente, una mezcla única de la disciplina castrense y la tierna expectativa de un compromiso amoroso.Liam, de pie en el altar, se veía imponente. Su uniforme de gala, perfectamente ajustado a su figura atlética, destacaba su postura firme, sus hombros anchos, símbolos de la fortaleza adquirida en años de servicio, pero en sus ojos, más allá de la disciplina, brillaba una

  • Inocencia Peligrosa   130 | ¿Quieres ir a una boda conmigo?

    La tenue luz de la lámpara de noche bañaba la habitación de Lucy con un resplandor ámbar. Jade, sentada al borde de la pequeña cama, terminaba de contar el cuento favorito de su hija.Su voz era un arrullo suave, tejiendo palabras de dragones valientes y princesas curiosas. Lucy, con sus ojos verdes brillantes y su cabello negro extendido sobre la almohada, escuchaba con la misma devoción que ponía en recoger flores silvestres.Al llegar al "y vivieron felices para siempre", Jade cerró el libro con una sonrisa y suspiró por lo bonita que era, aunque la leía todas las noches sin falta. Le gustaba, pero a su hija más.—Y así fue como el dragón encontró su verdadero hogar —dijo Jade, inclinándose para darle un tierno beso en la frente a Lucy.Lucy se acurrucó más bajo las sábanas, su voz era un murmullo soñoliento pero lleno de curiosidad infantil.—Mami… ¿ese señor de la cafetería era amigo tuyo?Jade acarició el cabello de su hija, el tacto suave y familiar.—Sí, mi amor. Es un amigo m

  • Inocencia Peligrosa   129 | ¿Qué hubiera?

    El bullicio de la cafetería era un telón de fondo vibrante para el reencuentro de Jade y Liam.Se sentaron en una mesa exterior, la luz del sol de la tarde filtrándose a través de los toldos, proyectando sombras danzantes sobre el pavimento. El aroma a café recién molido y bollería recién horneada flotaba en el aire, mezclándose con las risitas ocasionales de Lucy, que se dedicaba a su helado con la concentración de un pequeño gourmet.La escena, tan sencilla en su superficie, estaba cargada de años de historia, dolor y esperanza.Jade observó a Liam, sus ojos recorriendo los contornos de su rostro, las líneas que el tiempo y las batallas habían grabado. Notó las cicatrices, no solo las visibles en su piel, sino también las invisibles que adivinaba en su mirada.La prótesis, apenas disimulada bajo el pantalón, era un recordatorio constante del sacrificio. Liam había madurado, endurecido por la experiencia, por el fragor de la guerra, pero sus ojos conservaban la misma calidez y sincer

  • Inocencia Peligrosa   128 | Las damas primero

    Cinco años después **Cinco años.Cinco amaneceres y atardeceres.Cinco ciclos de la vida. Los días se habían convertido en semanas, las semanas en meses, y los meses en años, tejiendo una nueva realidad alrededor de la herida abierta.En los campos apartados de California, bajo un sol resplandeciente que teñía el cielo de un azul puro, Jade caminaba sobre las flores. El paisaje era un abrazo verde, un lienzo de vida silvestre. La hierba alta se mecía con una brisa suave, susurrando secretos antiguos. Flores silvestres, de pétalos vibrantes en tonos de amarillo, púrpura y rojo, salpicaban el verdor, un tapiz natural que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.De la mano de Jade, una niña saltaba con una ligereza etérea, sus risas claras como cascabeles. La pequeña era un reflejo de su madre, con los ojos verdes de Jade que brillaban con una curiosidad inocente, y un cabello liso, negro como el ébano, que danzaba alrededor de su rostro con cada brinco.Recogía las flores silvestr

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status