Sorpréndeme

Sorpréndeme

last updateLast Updated : 2026-09-15
By:  Nico R. JiménezUpdated just now
Language: Spanish
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Vanessa Smith lucha día a día por sacar adelante a su pequeña hija tras el amargo abandono del único hombre que amó. Entre la rutina, el cansancio y su trabajo nocturno bajo la atmósfera secreta del bar Sensations, busca apagar el estrés y los fantasmas del pasado mediante acuerdos sin ataduras. ​Klaus Hoffmann lo tiene todo: éxito como abogado, lujo, encanto y una vida desenfrenada donde las emociones no tienen lugar. Sin embargo, un casi accidente en las calles de Nueva York conecta sus mundos por primera vez de forma caótica. ​Atrapados entre tentaciones prohibidas, secretos ocultos y heridas dolorosas que ninguno ha logrado sanar, Vanessa y Klaus se verán arrastrados a una atracción inevitable donde el deseo desafiará sus defensas, demostrando que existe un amor capaz de superarlo todo.

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Chapter 1

Capitulo 1. Vanessa Smith

​El cielo estaba hermoso.

​ Era uno de esos días en los que disfrutaba salir con mi pequeña al parque a respirar aire puro. Entre el trabajo, los quehaceres del hogar, las cuentas por pagar y dedicarle tiempo a mi hija... De broma tenía un poco de tiempo para mí.

​ Venir al parque me ayudaba a despejar un poco mi mente, me ayudaba a liberarme de muchas tensiones con las que batallaba a diario sola. Es que, por muy dramático que suene, parece que mi segundo nombre siempre iba a ser «estrés».

​ Hoy precisamente no era un día libre para mí; simplemente me tomé la tarea de salir y no asfixiarme dentro de la casa.

​ Desde que Leandro se fue sin decir una palabra y dejándome embarazada, me como la cabeza imaginando miles de escenarios posibles del porqué demonios se fue. Pero la realidad es que no tengo la más mínima idea.

​ Cada día que pasa lo extraño más, siempre lo recuerdo y no hay un solo día en que no pare de realizarlo; pero es solo eso. Leandro fue mi primer hombre y mi gran amor, su partida me marcó, pero seguí adelante.

​ Por mi hija tuve que hacerlo.

​ Dejé de pensar cuando vi que mi hija me llamaba desde lejos; quería subirse a la rueda que estaba en el parque. La ayudé y empecé a girarla; sus risas estallaron rápidamente y, con su felicidad, la mía.

​ Así estuve varios minutos con ella, jugando y tratando de generarle los mejores recuerdos que pudiera en su niñez. Quería asegurarme de que ella me recordara como una mamá presente.

​ Cuando vi la hora en mi teléfono tuve que parar: tenía que hacerle la cena a Valery y dejarla lista para que, cuando llegara Sofía, solo se encargara de jugar con ella y meterla a la cama.

​ Mi hija Valery tiene cuatro añitos, pero es curiosa y tierna. No es una niña que demande demasiado, pero hay que dedicarle tiempo.

​Me apresuré en recoger sus cosas, la cargué y caminé lo más rápido que pude para llegar a casa, pero no contaba con que un idiota se comería la luz del semáforo y casi me lleva por el medio.

​—¡Eres idiota o qué! —exclamé, estaba furiosa.

​ El auto color burdeos convertible que estaba enfrente de mí era lujoso, podría decirse de último modelo al lado de mi Volkswagen color pistacho, pero un irresponsable manejaba aquel auto de lujo.

​ Gracias a Dios mis piernas seguían pegadas a mi cuerpo, porque no faltaban muchos centímetros como para que me atropellara... No quería pensar en eso porque tenía a mi hija en brazos.

​ Los vidrios no estaban polarizados y podía ver quién estaba ahí. El hombre estaba sorprendido, tiró algo dentro del auto y abrió la puerta del piloto, bajó y pide apreciar a un hombre alto, rubio, atlético y muy bien vestido. Cabe resaltar que sus facciones eran muy varoniles, maduras y sensualmente devastadoras.

​ Pero eso no me hizo perder la cabeza. Me descolocó cuando dijo:

​—¿Está usted bien? —su voz era grave y sexy.

​—En una pieza —dije, y él me observó serio de arriba abajo—. ¿No vio el semáforo? —pregunté.

​—Me disculpo, señorita. Bien dicen que no se deben atender llamadas mientras manejas —se rascó la nuca.

​—Muy sabio, pero no lo aplica —dije sin pensar, y él sonrió.

​—Puedo llevarla a que la revisen para quedarme tranquilo.

​—No es necesario, tengo prisa —suspiré—. Para la próxima tenga más cuidado.

​—Seguro que sí.

​ Escuché y continué mi camino; necesitaba llegar cuanto antes a casa.

​ Me las apañé para dejar a Valery con Sofía. Estaba llegando tarde por tercera vez en la semana al trabajo; seguro mi jefe pondría el grito en el cielo.

​ Cuando llegué a Sensations estaba a reventar. Trabajaba en este bar por su buen ambiente laboral y, por supuesto, la excelente paga.

​ Adriano, cuando me vio, me dijo:

​—Llegas tarde otra vez, cariño. ¿Qué pasa contigo?

​—Lo siento, honey. Un auto casi me atropella con mi hija... —sus ojos se abrieron desmesuradamente.

​—¿Estás bien? Dime que a la niña no le pasó nada porque me muero muerta.

​—Tranquilo. Solo fue un susto y nada más, Valery está perfecta.

​—Uff, me muero muerta de verdad si algo le pasa a la peque.

​—Lo sé, quieres demasiado a mi hija. Gracias por eso —lo abracé.

​—La quiero como si la hubiera parido yo —reímos.

​ Adriano se convirtió en mi amigo cuando llegué nueva a este bar, pasó a mejor amigo cuando estuvo para mí en momentos difíciles y se convirtió en mi familia con el tiempo. Él y Orlando, su esposo, son lo máximo.

​ Cuando vi que Paul, mi jefe, venía caminando a paso rápido en mi dirección, quise correr, pero fue demasiado tarde para reaccionar.

​—Vanessa, estás llegando tarde otra vez.

​—Si quiere me regreso a mi casa —dije despreocupada.

​—¿Y que me vuelvan loco los clientes preguntando por ti? —me encogí de hombros—. Prefiero que llegues tarde todos los días a que faltes, eso sí es un dolor de cabeza. Apresúrate, que la nueva bartender está nerviosa y todo se le cae.

​—Ya mismo, jefecito.

​ Con el mejor de los ánimos me cambié. Adriano me pasó un short de cuero negro, un top de espalda descubierta en azul intenso, escote en V y amarrado al cuello y espalda. Me coloqué los botines, batí mi cabello ondulado, me maquillé un poco y me puse mi antifaz a juego con el short.

​ Caminé en dirección a la barra y escuché que Adriano dijo:

​—Uff, niña, estás que matas.

​ Mientras caminaba escuchaba miles de piropos a los que hacía casi caso omiso; no negaré que me suben el ego un poco, para tener una niña de cuatro años, a mis treinta me veía fabulosa. Quizás gracias a mi genética y buen humor, no lo sé.

​ Entré a la barra y todo se volvió un caos; había muchos pedidos y todos estábamos de un lado a otro. Sí noté cómo Teresa, la chica extranjera, empezaba a tener problemas con los tragos. No es que ella no supiera prepararlos, sino que los hombres y los chicos jóvenes eran muy exigentes, demandantes y algunos, un poco groseros.

​ Llegué a un acuerdo con ella: yo me encargaría de preparar los tragos y ella de decorar los vasos y entregarle al cliente correspondiente en la barra, mientras que los tragos que iban a las mesas tenían que corroborarlos porque no tenía tiempo para eso.

​ La noche no fue generosa como alguna otra noche con mis pies. Estaba muerta, aunque hacíamos buen equipo de trabajo y nos ayudábamos, eso no impedía que saliera menos cansada.

​ Tenía estrés y necesitaba quitármelo antes de irme a casa. Me despedí de mis compañeros de trabajo e hice como si me iba; me metí por un pasadizo oscuro que podía llevarme a la oficina de Paul. Si tenía suerte, quizás nadie me vería.

​Así fue. Cuando llegué a la oficina, di dos toques en la puerta para que supiera que era yo.

​Una vez dentro, dije:

​—Estoy estresada y no tengo mucho tiempo.

​—También estoy estresado y no me vendría mal un poco de cariño.

​—Sabes que en mí no encontrarás eso —dije firme—. Solo necesito sexo sin complicaciones, ya sabes, como siempre.

​—Está bien, estoy listo para generarte el máximo placer, Elena —sonreí.

​—Estaba esperando por ti, Leandro.

​ Paul y yo éramos personas rotas, personas que recordaban un pasado y lo tenían demasiado presente.

​ Como si llamarnos por nuestros ex...fuera a mejorar la situación.

​ Como si llamarnos por nuestros ex ... cambiara las cosas.

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