ANMELDENLa imagen de Gabriel muerto sigue apareciendo detrás de mis ojos cada vez que intento concentrarme en otra cosa. Recuerdo sus manos cubiertas de sangre, el suelo blanco bajo su cuerpo y la expresión de Adrián cuando me rodea desde atrás. Hay algo en ese recuerdo que me resulta insoportable, una sensación de pérdida que no consigo relacionar con lo que vi, porque en ningún momento aparece el rostro de la persona que yace en el suelo con la claridad suficiente para reconocerla.Me aferro a la camisa de Adrián y escondo el rostro contra su pecho.—Necesito salir de acá.Él me acaricia la espalda.—Vamos a salir.—No quiero volver a ver esa imagen.—Entonces no tenés que hacerlo ahora.Levanto la cabeza para mirarlo.—¿Y si vuelve?—Me lo decís.—¿Y si no puedo distinguir un recuerdo real de algo que todavía no pasó?Adrián guarda silencio unos segundos antes de responder.—Vamos a aprender a distinguirlos.—¿Y si no podemos?—Entonces vamos a buscar otra manera.Su seguridad me hace sonr
La frase sigue resonando en mi cabeza incluso después de que la pantalla se apaga. Tengo seis años en esa grabación, quizá menos, y estoy hablando de la muerte de Gabriel con una tranquilidad que me resulta imposible de aceptar. No recuerdo haberlo dicho, no recuerdo aquella habitación y, sin embargo, una parte de mí reconoce la escena con una certeza que me hace apretar la mano de Adrián hasta que él entrelaza los dedos con los míos.—Decime que vos también escuchaste eso —murmuro.—Lo escuché.—Yo dije que Mateo iba a matar a Gabriel.Adrián me acaricia el dorso de la mano.—Sí.—¿Por qué diría algo así una nena de seis años?—No lo sé, pero vamos a averiguarlo.Lo miro con una mezcla de miedo y frustración.—¿Y si no fue una predicción? ¿Y si vi algo que ya había pasado?Adrián tarda un instante en contestar.—Entonces vamos a descubrir qué pasó de verdad.—¿Y si Mateo hizo algo horrible?—También vamos a descubrirlo.—Podrías mentirme un poco para variar.Su expresión se suaviza.
Tengo miedo de lo que hay detrás de esa puerta, aunque todavía no sé qué estamos a punto de encontrar. La inscripción de FASE CERO me resulta familiar por alguna razón que no consigo explicar, y cuando apoyo la mano sobre la superficie metálica, una punzada me atraviesa la cabeza con tanta fuerza que tengo que cerrar los ojos.Veo una habitación blanca.Una mesa pequeña.Un dibujo hecho con lápices de colores.Y a un hombre agachado frente a mí, sosteniendo una fotografía.—¿Te acordás de él, Silvia?La imagen se desvanece antes de que pueda verle la cara.—¡Silvia!Abro los ojos y encuentro a Adrián sujetándome por los hombros. Tiene el rostro muy cerca del mío y me observa con una preocupación que me obliga a concentrarme en él, en sus ojos, en sus manos sobre mis brazos.—¿Qué pasó?—Tuviste otro recuerdo.—Vi una habitación. Había un hombre conmigo, pero no pude verle la cara.Mi hermano se acerca a la puerta y examina el panel de seguridad.—¿Qué te preguntó?Lo miro.—Me pregunt
Durante unos segundos nadie se mueve.Adrián permanece a mi lado, pero siento cómo todo su cuerpo cambia al escuchar esa palabra.Mamá.La mujer frente a nosotros tiene los mismos ojos que recuerdo de las fotografías que alguna vez vi en casa de Adrián. Más cansados, quizá. Más marcados por los años. Pero son los mismos.Ella también lo reconoce.Lo mira como si quisiera memorizar cada detalle de su rostro antes de acercarse.—Adrián...Él da un paso.Se detiene.—¿Sos vos?La pregunta me rompe algo por dentro.Su madre asiente.—Sí.Adrián la mira durante varios segundos.—Estabas muerta.Ella cierra los ojos.—Lo sé.—Todos pensaban que estabas muerta.—Lo sé.—Yo también.Su voz se quiebra.Ella avanza otro paso.—Lo siento.Adrián retrocede.Eso me sorprende.No porque no quiera acercarse, sino porque parece no saber qué hacer con todo lo que siente.Me mira.No dice nada.Yo le aprieto la mano.—Andá —susurro.—¿Y vos?—Voy con vos.Eso parece ser suficiente.Adrián camina hacia
La imagen de la pantalla sigue congelada frente a nosotros, pero yo ya no estoy mirando la grabación.Estoy mirando a Adrián.No sé qué decirle. La mujer que aparece en esa pantalla es su madre y, por la forma en que él la observa, entiendo que durante años tuvo que aprender a vivir con la certeza de que estaba muerta. Ahora la ve hablando con Gabriel, caminando por el mismo lugar donde nuestras vidas fueron destrozadas, y la expresión de su rostro me hace sentir que todo lo que descubrimos hasta ahora acaba de cambiar de significado.Me acerco.—Adrián.Él no responde.Le tomo la mano.Sus dedos están helados.—Miráme.Tarda unos segundos, pero finalmente lo hace.—Es ella.—Lo sé.—Está viva.—Sí.Se pasa una mano por el rostro y respira profundamente.—Durante años pensé que había muerto.No sé qué responder a eso.Entonces hago lo único que puedo.Lo abrazo.Adrián se queda rígido al principio, sorprendido quizá porque estamos frente a mi hermano y en medio de una sala llena de cá
La mano de Adrián sigue apretando la mía cuando Gabriel desaparece detrás de los árboles y los hombres que lo acompañan empiezan a alejarse con él.No me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración hasta que Lucía cierra la puerta del vehículo y el sonido seco del seguro me hace reaccionar.—¿Estás bien?La pregunta de Adrián llega demasiado cerca.Giro la cabeza y lo encuentro mirándome desde el asiento de al lado. Tiene una pequeña herida junto a la ceja y una mancha de sangre seca en el cuello de la camisa. Ni siquiera sé cuándo se lastimó. Hace unos minutos todo era correr, esconderse, recordar, descubrir a mi padre vivo y escuchar a Gabriel decir que piensa destruir lo único que todavía siento completamente mío.Ahora estoy sentada junto al hombre que amo, intentando entender cómo puede seguir pareciéndome extraño que esté tan cerca después de todo lo que hemos vivido.—Sí.Adrián me mira unos segundos.—Mentís bastante mal.—Y vos preguntás demasiado.Una sonrisa pequeña







