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Author: Shinee
last update Petsa ng paglalathala: 2026-09-26 22:19:46

—¿Lograste conseguir todas las hojas de sus bocetos de diseño?

Axelion rompió el silencio en cuanto Bianca se deslizó dentro de su despacho.

Ella no respondió de inmediato. Con pasos coquetos, se acercó al hombre y se sentó con afecto sobre su regazo, rodeando su cuello con ambos brazos. Su mirada era seductora, cargada de deseo.

—Dame primero un regalo dulce —susurró—. Conseguí todos los documentos y bocetos de esa chica de pueblo.

Sin perder tiempo, ambos se fundieron en un beso apasionado. D
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    —¿Lograste conseguir todas las hojas de sus bocetos de diseño?Axelion rompió el silencio en cuanto Bianca se deslizó dentro de su despacho.Ella no respondió de inmediato. Con pasos coquetos, se acercó al hombre y se sentó con afecto sobre su regazo, rodeando su cuello con ambos brazos. Su mirada era seductora, cargada de deseo.—Dame primero un regalo dulce —susurró—. Conseguí todos los documentos y bocetos de esa chica de pueblo.Sin perder tiempo, ambos se fundieron en un beso apasionado. Después, Bianca recostó la cabeza en el pecho de Axelion con una sonrisa satisfecha.—También traigo algo que creo que te interesará aún más.Axelion frunció el ceño.—¿Qué cosa?Bianca jugueteó con el borde del cuello de su camisa, como si sopesara si valía la pena darle la noticia.—¿De verdad no viste el grupo de mensajes de la oficina hoy?—Dilo de una vez. No me gustan los rodeos.Bianca soltó una risita suave.—Está bien. Solo me da pena que seas el último en enterarte.Axelion la miró con

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    —¿Mandaste cambiar mi silla a propósito?Sexiola lo preguntó nada más cruzar el umbral de su despacho.Damien, que revisaba documentos, detuvo el movimiento de sus manos y la miró con calma.—Sí, porque la anterior estaba rota —respondió con sencillez.—¿Pero por qué esta es distinta a las de los demás? —reclamó ella, con un gesto de desagrado que le resultaba entrañable.—Una pasante con tu rendimiento merece las mejores condiciones —dijo él con naturalidad.Sexiola se sentó frente a él y soltó un suspiro. No tenía sentido discutir: Damien siempre encontraba razones impecables.—Bien, volveré a mi puesto. Que sigas trabajando, Damie —se levantó.—¿Viniste solo para preguntarme por la silla? —Su voz la detuvo en seco.Ella se giró confundida. —Sí, claro. ¿Qué otra cosa esperarías?—Como esposo, espero algo mucho más agradable que un tema de muebles —susurró Damien con una leve sonrisa.Sexiola chasqueó la lengua y puso los ojos en blanco. —Vas pidiendo más y más.Damien soltó una risa

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    —¡Suéltame, Axel! —chilló Sexiola, tratando de zafarse del firme agarre en su muñeca.Axelion ignoró por completo la advertencia, y en cambio apretó aún más los dedos. —Acompáñame un momento, no protestes tanto.El hombre siguió arrastrando a Sexiola por el pasillo principal hasta obligarla a entrar en el ascensor privado. Damien, que pasaba casualmente por la zona, alcanzó a sorprender aquel forcejeo justo por la rendija de la puerta a punto de cerrarse.—¿Necesita que intervenga y lo verifique personalmente, señor Vance? —preguntó Alex con presteza, susurrando a su lado.Damien se quedó completamente inmóvil, su expresión endureciéndose con frialdad. —No hace falta.Damien retomó su andar con calma. Apenas dio dos pasos, se detuvo de golpe.—Averigua exactamente a dónde se llevó a Sexiola —ordenó Damien con voz directa, sin darse la vuelta.Alex contuvo una leve sonrisa que estuvo a punto de asomar. —Entendido, señor.Unos minutos antes de que ocurriera el incidente en el pasillo, e

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