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Capitulo 4

last update Tanggal publikasi: 2026-07-03 16:04:22

Punto de vista de Elena

Todavía temblaba por los dos orgasmos que Matteo me había arrancado en el ascensor cuando Dante me tendió en el centro de la gran cama y me quitó el resto del vestido del cuerpo de un solo movimiento suave. El aire fresco de la habitación tocó mi piel solo un segundo antes de que los cuatro estuvieran en el colchón conmigo y el peso de su atención dejó claro que la noche estaba lejos de terminar.

Dante se colocó entre mis piernas primero, de la forma en que siempre parecía reclamar el primer movimiento, y la gruesa cabeza de su polla presionó contra mí mientras yo seguía mojada y abierta por todo lo que ya había pasado.

Empujó dentro en una sola embestida larga que me arrancó un sonido roto de la garganta y el estiramiento de él después del trayecto en el ascensor hizo que mis dedos se clavaran en las sábanas. Matteo se acomodó a un lado de mí y Enzo al otro mientras Nico se arrodillaba cerca de mi cabeza y, en el momento en que Dante empezó a embestir, los demás pusieron las manos y las bocas sobre mí como si ya hubieran planeado cada segundo de ello.

La boca de Matteo se cerró sobre uno de mis pechos y su lengua trabajó el pezón en círculos lentos mientras Enzo hacía lo mismo en el otro lado y Nico guió mi cara hacia su polla para que pudiera tomarlo entre los labios mientras su hermano mayor me follaba.

La doble sensación de estar llena por ambos extremos mientras dos bocas trabajaban mis pechos me arrancó otro gemido que vibró alrededor de la longitud de Nico. Dante mantuvo un ritmo constante y duro que me mecía contra el colchón y cada vez que llegaba hasta el fondo sentía el sonido húmedo de ello mezclarse con los sonidos húmedos más suaves de las bocas sobre mi piel. Me corrí la primera vez con Dante enterrado profundamente y la polla de Nico deslizándose sobre mi lengua y la forma en que mi cuerpo se apretó a su alrededor le hizo gruñir bajo en el pecho.

Se retiró solo el tiempo suficiente para que Matteo ocupara su lugar. Las embestidas de Matteo eran más lentas y más profundas y la forma en que inclinaba las caderas hacía que cada embestida rozara el punto dentro de mí que convertía mis pensamientos en estática.

Enzo se desplazó para poder alcanzar entre nosotros y frotar mi clítoris en círculos apretados mientras Nico seguía usando mi boca y la combinación me forzó un segundo orgasmo antes de que Matteo hubiera siquiera terminado. Él le siguió unas embestidas después y el calor de su corrida me inundó mientras yo todavía pulsaba a su alrededor.

Enzo fue el siguiente y me volteó sobre las manos y las rodillas con una fuerza fácil que me dejó abierta para él desde atrás. Empujó dentro mientras yo todavía estaba llena de Matteo y el deslizamiento húmedo de ello nos hizo gemir a los dos.

Nico se movió delante de mí otra vez para que pudiera volver a tomarlo en la boca y Dante y Matteo aprovecharon el tiempo para recuperarse poniendo las manos y las bocas en todas partes que podían alcanzar.

Enzo me folló con un ritmo más rápido que hacía que mis pechos se balancearan y los sonidos húmedos de ello llenaron la habitación hasta que me corrí una tercera vez con su nombre rompiéndose en mi lengua alrededor de la polla de Nico.

Cuando Enzo terminó y se retiró, el desastre combinado de ellos se derramó por mis muslos y Nico tomó eso como su señal. Me levantó como si no pesara nada y me acomodó sobre su regazo de modo que me hundí sobre él en una sola caída suave que me sacó el aire de los pulmones.

Los demás nos rodearon de inmediato. Dante se movió detrás de mí y la gruesa cabeza de su polla presionó contra mi culo mientras Matteo y Enzo se turnaban para alimentarme sus longitudes todavía a medio endurecer para que pudiera saborearlos a todos.

Dante empujó hacia adelante despacio y con cuidado hasta que estuvo asentado profundamente junto a su hermano y el estiramiento completo de ambos dentro de mí al mismo tiempo me arrancó un largo grito roto de la garganta.

Se movieron juntos en un ritmo que no dejaba espacio para el pensamiento. Cada vez que Nico embestía hacia arriba Dante lo igualaba desde atrás y la doble penetración hizo que mi visión se borrosa en los bordes. Los dedos de Matteo encontraron mi clítoris otra vez y la boca de Enzo se cerró sobre uno de mis pezones y el cuarto orgasmo me golpeó tan fuerte que todo mi cuerpo se trabó entre ellos.

Siguieron a través de ello hasta que Nico terminó primero con un sonido áspero contra mi cuello y Dante le siguió unas embestidas después inundándome desde ambos lados a la vez.

Me desplomé hacia adelante sobre el pecho de Nico mientras los demás se retiraban y la evidencia de todo lo que me habían hecho se filtraba sobre su estómago y las sábanas. No me dejaron descansar mucho. Las manos me giraron y las bocas me encontraron otra vez y la siguiente ronda empezó con menos urgencia pero con la misma posesión.

Dante me tomó de espaldas mientras los otros besaban y lamían y acariciaban cada parte de mí que podían alcanzar. Matteo me tuvo de lado con una pierna enganchada sobre su brazo para poder embestir profundo mientras Enzo usaba mi boca y Nico se recuperaba lo suficiente para volver a poner la lengua entre mis piernas. Enzo terminó esa ronda subiendo me encima de él y dejándome cabalgar mientras los otros tres miraban y se masturbaban hasta volver a la dureza completa.

Para cuando el último orgasmo me atravesó había perdido la cuenta de cuántas veces me habían hecho correr y mi cuerpo se sentía marcado en lugares que no sabía que podían sentirse tan usados. Terminaron uno tras otro dentro de mí o sobre mi piel hasta que fui un desastre de sus corridas y de las mías y las sábanas debajo de nosotros estaban más allá de salvarse. Dante fue el último en retirarse y miró la forma en que yo yacía extendida y goteando entre los cuatro con algo oscuro y satisfecho en los ojos.

Ninguno se movió a limpiarme. Simplemente se acomodaron a mi alrededor en la cama arruinada con las manos todavía apoyadas en mi cuerpo como si se estuvieran asegurando de que me quedara exactamente donde me habían puesto. Estaba dolorida y llena y todavía goteando sobre el colchón y el único sonido en la habitación era el borde áspero de nuestra respiración combinada mientras la noche por fin empezaba a asentarse alrededor de la reclamación que acababan de escribir en cada parte de mí.

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