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Capitulo 6

last update Fecha de publicación: 2026-07-22 15:58:48

Punto de vista de Elena

Entré en la cocina a la mañana siguiente todavía sin llevar nada más que una de las camisas de Dante que me llegaba hasta media muslo y el profundo dolor entre las piernas me recordaba con cada paso exactamente cómo había sido la noche y la madrugada. Los cuatro ya estaban allí. Dante estaba sentado a la cabecera de la larga barra con una taza de café en una mano y el periódico abierto frente a él.

Matteo se encontraba cerca de la estufa terminando un plato de huevos mientras Enzo se apoyaba en la barra opuesta comiendo tostadas con esa misma sonrisa fácil que siempre usaba. Nico había reclamado un taburete y estaba trabajando en un plato propio como si nada inusual hubiera pasado la noche anterior.

El olor a café y comida cocinada llenaba el espacio, pero nada de eso importó una vez que los ojos de Matteo se posaron en mí y se quedaron allí. Dejó el plato sin decir una palabra y cruzó la cocina en tres largas zancadas. Sus manos se posaron en mis caderas y me giraron hacia la barra antes de que pudiera alcanzar una taza propia. La camisa se subió bajo sus palmas y el borde fresco del mármol presionó contra la piel desnuda de mi estómago mientras me inclinaba hacia adelante hasta que mi mejilla descansó contra la superficie lisa.

Oí el sonido de su cinturón y luego la gruesa cabeza de su polla empujó contra mí desde atrás mientras yo todavía estaba dolorida y mojada por todo lo que ya me habían hecho. Se deslizó dentro en una sola embestida constante que me arrancó un sonido bajo de la garganta y el estiramiento de él hizo que mis dedos se curvaran contra el mármol.

Detrás de nosotros los sonidos silenciosos de los demás continuando su desayuno se mezclaban con el ruido húmedo de Matteo empezando a moverse.

—Entra aquí luciendo así y espera que comamos como si no hubiera pasado nada —dijo Enzo y había abierta diversión en su voz—. Mira con qué facilidad todavía lo toma.

Nico hizo un sonido bajo de acuerdo pero siguió comiendo mientras sus ojos permanecían fijos en el lugar donde Matteo desaparecía dentro de mí con cada embestida. Dante pasó una página del periódico como si toda la escena fuera simplemente parte de la rutina matutina y la calma de ello de alguna manera hacía que todo fuera más sucio.

Matteo estableció un ritmo profundo que me mecía contra la barra y cada vez que llegaba hasta el fondo el aire salía de mis pulmones en una corta ráfaga.

Su mano se deslizó alrededor de mi cadera y encontró mi clítoris con la misma presión precisa que había usado en el ascensor la noche anterior. La doble sensación de estar llena y frotada al mismo tiempo hizo que mis muslos empezaran a temblar contra el borde del mármol.

Me corrí la primera vez con la frente presionada contra la superficie fresca y el nombre de Matteo rompiéndose en un gemido que los demás oyeron claramente. No aflojó. Mantuvo el mismo ritmo constante a través de los pulsos de ello y el sonido húmedo de su polla moviéndose a través de mi corrida llenó la cocina junto con el suave tintineo de los tenedores contra los platos.

Enzo se levantó y se acercó para poder mirar desde un mejor ángulo mientras terminaba lo último de su tostada. —Ya está goteando en el suelo. Estás haciendo un desastre de la cocina, Teo.

Matteo respondió embistiendo más fuerte y la fuerza de ello hizo que los platos sin usar del extremo lejano de la barra tintinearan. Su mano libre se mantuvo firme en la pequeña de mi espalda para mantenerme exactamente donde él me quería y la forma controlada en que me follaba se sentía igual de completa que la noche anterior.

Sentí otro orgasmo construyéndose y no había nada que pudiera hacer para detenerlo. El segundo clímax golpeó más fuerte que el primero y todo mi cuerpo se trabó a su alrededor mientras una nueva oleada de humedad se derramaba por la parte interna de mis muslos.

Él le siguió unas embestidas después con un sonido bajo contra la nuca de mi cuello y el calor de su corrida me inundó mientras yo todavía temblaba. Se quedó enterrado profundamente durante un largo momento antes de retirarse y el desastre combinado de ambos corrió por mis piernas en un hilo lento que pude sentir llegar hasta las rodillas. Me quedé inclinada sobre la barra respirando con fuerza mientras la camisa colgaba abierta y la evidencia de lo que acababa de hacerme quedaba a plena vista de los demás.

Dante por fin dejó el periódico a un lado y se levantó. Caminó alrededor de la barra hasta quedar frente a mí y la gruesa longitud de su polla ya estaba dura y libre de sus pantalones. No me pidió que me enderezara. Simplemente pasó la cabeza de su polla por mis labios y dejó un rastro brillante de su propio precum allí mientras su mano libre descansaba bajo mi mentón para mantener mi cara inclinada hacia arriba.

—Límpiala —dijo y la orden era quieta pero absoluta—. Luego decidiremos qué pasa a continuación.

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