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Capítulo Cinco

Author: Faizah Abdul
last update publish date: 2026-05-21 17:11:12

Capítulo Cinco

A la mañana siguiente desperté más temprano de lo habitual.

Me duché y me puse un pantalón negro de vestir, femenino y ajustado, junto con una camisa a juego.

Tomé mi bolso y la laptop antes de salir.

Afuera encontré a Adrian esperándome dentro del auto.

Estaba sentado en el asiento del conductor.

Con expresión neutra, abrí la puerta del copiloto y me senté. Me coloqué el cinturón y giré la vista hacia la ventana.

Sin mirarlo ni una sola vez.

Durante varios minutos sentí sus ojos sobre mí antes de que el motor rugiera y el auto comenzara a avanzar.

Necesité toda mi fuerza de voluntad para no girarme a verlo.

Siempre había querido verlo conducir… y ahora ahí estaba, llevándome al trabajo.

Todo el trayecto hacia la empresa transcurrió en silencio.

En cuanto estacionó, bajé del auto y entré al edificio sin esperarlo, algo que normalmente hacía.

Dentro, todo era un caos.

La gente corría de un lado a otro y el ambiente estaba cargado de tensión.

Los empleados lucían agotados y sin dormir.

Caminé hacia el elevador y presioné el botón del último piso.

En cuanto las puertas se cerraron, recordé lo que Marcus y yo habíamos hecho en el elevador del bar.

El simple recuerdo hizo que el calor se extendiera dentro de mí.

Mi cuerpo reaccionó de inmediato.

Solo pensar en él bastaba para afectarme.

Cuando llegué al último piso fui directamente a mi oficina.

Ya estaba sudando.

Mis pensamientos eran un desastre.

Abrí rápidamente mi computadora y me obligué a concentrarme en el trabajo.

Pero no podía sacar aquellas imágenes pecaminosas de mi cabeza.

—Buenos días, señora —saludó mi asistente.

—Buenos días —respondí sin apartar la vista de la pantalla.

—El mayor rival empresarial del señor Adrian está en la ciudad y…

Antes de que pudiera terminar, el director general irrumpió en la oficina.

—La reunión de emergencia ya comenzó.

Las dos salimos rápidamente hacia la sala de juntas, olvidando por completo lo que ella iba a decir.

Adrian estaba sentado en la cabecera de la mesa mientras los demás ocupaban sus lugares según el rango.

Mi asiento quedaba a su derecha.

La reunión comenzó y coloqué frente a él todos los archivos en los que había trabajado.

—Señor, Marcus Blackwell está en la ciudad —anunció el director general.

Y yo me atraganté al instante.

Todas las miradas se dirigieron hacia mí.

Mis ojos comenzaron a arder mientras intentaba recuperar el aire.

—Llévala a su oficina —ordenó Adrian con firmeza.

Mi asistente asintió enseguida.

Me entregó un vaso de agua y me ayudó a salir de la sala.

Ya en mi oficina respiré con dificultad.

Después de unos minutos logré calmarme.

—¿Se encuentra bien, señora? —preguntó mi asistente, claramente preocupada.

—Estoy bien. Puedes retirarte.

La despedí con un gesto de la mano.

No podía ser.

Marcus Blackwell.

El mismo hombre con el que me acosté toda una noche.

Tomé el teléfono y, con las manos temblorosas, escribí su nombre en el buscador.

Marcus Blackwell.

La búsqueda pareció eternamente lenta.

Y entonces apareció.

Esos ojos verdes que no habían dejado de perseguirme desde aquella noche.

Seguí leyendo información sobre él y cada dato hacía que el peso sobre mi pecho aumentara.

Habíamos coincidido exactamente la noche en que llegó a la ciudad.

La cabeza comenzó a darme vueltas.

Necesitaba aire.

Salí apresuradamente de la oficina y choqué accidentalmente con Adrian en el pasillo.

Lo ignoré por completo.

Caminé sin rumbo hasta encontrar una cafetería.

Entré, tomé asiento y pedí un café helado.

Mi mente era un completo desastre.

Y sinceramente me sorprendía no haberme desmayado todavía.

Marcus Blackwell era el mayor rival de mi esposo.

Y yo me había acostado con él.

No podía dejar de pensar en Marcus.

Incluso en ese momento… lo deseaba demasiado.

Me levanté para ir al baño y me eché agua fría en el rostro intentando calmarme.

No funcionó.

—Benny baby.

Aquella voz.

La misma que llevaba noches enteras desarmándome.

Me giré de inmediato y lo vi allí.

Alto.

Impecable en un traje negro hecho a medida.

—Marcus… —balbuceé.

Ver su rostro otra vez hizo que tragara saliva con dificultad.

Y odié lo mucho que deseaba volver a perderme en él.

Él avanzó lentamente hasta quedar pegado a mi cuerpo.

Entonces, de un movimiento rápido, me sentó sobre el lavabo.

Sus dedos recorrieron mi mejilla hasta bajar lentamente hacia mi clavícula.

—Debiste usar falda… y sin ropa interior, Benny —murmuró mientras desabotonaba mi camisa.

—¿Qué haces aquí? —pregunté con la voz temblorosa.

No respondió.

Tampoco dejó de torturar mi cuerpo.

Apretó uno de mis pechos con fuerza y un gemido escapó de mis labios.

—Así de mucho te extrañé —susurró junto a mi oído mientras seguía acariciándome.

Después sus labios chocaron contra los míos en un beso salvaje.

Profundo.

Intenso.

Sus manos recorrieron cada rincón de mi cuerpo mientras mi mente comenzaba a nublarse.

Hasta que finalmente reuní fuerzas para apartarlo.

Marcus me observó durante unos segundos antes de entrar en uno de los cubículos del baño.

Cuando salió unos minutos después, había recuperado completamente aquella apariencia fría y compuesta.

Como si nada hubiera ocurrido.

—No podía dejar de pensar en ti. Tenía que venir a verte —dijo.

Lo miré fijamente.

—Sabías que estaba casada con Adrian… y aun así viniste a buscarme.

Una sonrisa leve apareció en sus labios antes de inclinarse hacia mi oído.

—Él no sabe valorarte. Sigue atrapado en su pasado. Tú deberías disfrutar.

Su teléfono comenzó a sonar y miró la pantalla.

—Nos vemos luego, Benny.

Y se marchó.

Mientras yo seguía intentando recuperarme del beso… y de la dolorosa verdad que acababa de dejar dentro de mí.

Volví a echarme agua en el rostro una y otra vez.

Mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho y sabía que no podía volver al trabajo en ese estado.

Me até el cabello en un moño desordenado y salí del baño.

Cuando regresé a la empresa, el caos parecía haberse calmado.

La situación estaba siendo controlada.

—El señor Adrian preguntó por usted —me informó mi asistente.

Mi expresión se endureció al instante.

Asentí y caminé directamente hacia la oficina de Adrian.

—¿Me llamaste? —pregunté con frialdad.

—¿Cómo te sientes? —preguntó él, sorprendiéndome.

Fruncí ligeramente el ceño.

Jamás se había preocupado por mí.

¿Qué demonios había cambiado?

—Bien —respondí secamente, sorprendida incluso por mi propia calma.

Parecía querer decir algo más, pero lo interrumpí antes.

No estaba de humor para sus juegos.

No hoy.

—Tengo asuntos urgentes que atender.

Vi el desconcierto cruzar su rostro cuando me giré para marcharme.

Esto apenas comienza, Adrian Whitmore.

De regreso en mi oficina, me dejé caer en la silla, intentando procesar todas las sorpresas que no dejaban de caer sobre mí.

Desde una aventura de una noche… hasta la repentina preocupación de mi esposo.

Mi teléfono vibró sobre el escritorio.

Era un archivo P*F.

Pensando que se trataba de algo relacionado con el trabajo, lo abrí sin prestarle demasiada atención.

Y sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

El documento contenía todas las actividades ilegales de Whitmore Industries.

Drogas.

Armas.

Operaciones criminales.

Todo estaba detallado allí.

Me puse de pie de golpe antes de volver a sentarme.

Comencé a leer desesperadamente, como si mi vida dependiera de ello.

¿Cómo podía Whitmore Industries estar involucrada en algo así?

Marcus.

Tenía que haber sido él.

No había nadie más capaz de enviar algo así.

Otro mensaje apareció segundos después, confirmando mis sospechas.

Eso es solo una pequeña parte de todo lo que Whitmore Industries oculta.

Nos vemos mañana en el baile, Benita.

Definitivamente era Marcus.

¿Había un baile mañana?

¿Cómo era posible que no lo supiera?

Solté el teléfono y pasé una mano por mi cabello.

¿Cómo estaba ocurriendo todo esto?

Necesitaba respuestas.

Justo entonces, el sobre rojo sobre mi escritorio llamó mi atención.

Lo abrí rápidamente y encontré dentro una invitación para asistir al baile como acompañante de Adrian.

Más bien… como su carga.

Si Whitmore Industries realmente estaba involucrada en todas esas cosas, necesitaba descubrir la verdad.

Mis pensamientos viajaron inevitablemente hacia Adrian.

Él jamás haría algo así.

¿Verdad?

En ese punto, me sentía completamente confundida… y perdida.

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