FAZER LOGIN~VALENTINA~ Después de escuchar semejantes acusaciones, miré a Emiliano de la única forma en que podía verlo: como si hubiera perdido la cabeza. —¿De qué demonios estás hablando, Emiliano? Yo jamás le he dicho nada a nadie, mucho menos algo sobre tu vínculo con los Montalvo. —Deja de hacerte la inocente, Valentina, que el papel no te queda. —No me estoy haciendo la inocente —me defendí—. Yo no le he dicho nada a nadie. Es más, hasta ayer, cuando llegué a ese hotel en el que nos casamos, ni siquiera sabía que habías tomado el apellido Montalvo y que ahora eras el líder del cártel, porque, según yo, tú habías jurado a los cuatro vientos que no querías tener nada que ver con esa gente. Lo vi apretar los labios, como si hubiera tirado de una fibra sensible. —Ya basta —gruñó malhumorado—. No quiero escuchar más de tus mentiras. Reí por lo bajo. —¿Sabes qué, Emiliano? Piensa lo que se te dé la regalada gana y haz también lo que te dé la regalada gana. Si quieres revolcarte c
~VALENTINA~Emiliano me arrancó el arma de la mano con un movimiento brusco y la aseguró antes de apartarse apenas lo suficiente para mantenerme fuera de alcance.—¿Qué mierda te pasa? —espetó.—¡Devuélveme la pistola ahora!—Ni lo sueñes —gruñó y luego me miró como si yo fuera una desquiciada, lo cual era probable—. ¿Qué mierda te pasa, Valentina? ¿Te has vuelto loca o qué?—¿Loca? —solté una risa amarga y negué—. Lo que estoy es demostrándote que a mí se me respeta y que aunque este matrimonio sea una maldita farsa a mí no me vas a estar engañando con cualquier vagabunda que se te ponga enfrente.Emiliano frunció el ceño.—¿De qué hablas? Yo no te estoy engañando con nadie, maldita sea.—¡Ja! ¿Te piensas que soy la misma chiquilla estúpida de hace siete años o qué? ¿Te piensas que otra vez me voy a creer tus mentiras, como lo hice años atrás?Tensó la mandíbula y gruñó.—Definitivamente estás loca. Yo no te he engañado con nadie ni lo he hecho antes.—¿Y cómo demonios llamas a esto?
~VALENTINA~Esperé hasta estar completamente segura de que Emiliano se había marchado del rancho antes de ponerme de pie.No había conseguido averiguar a qué hora exactamente volvería, pero tampoco lo necesitaba. Sabía dónde estaría a las siete, con quiénes y en qué habitación. Información suficiente para lo que tenía pensado hacer.Entré a la casa, subí a mi habitación y me cambié con calma. No necesitaba arreglarme demasiado ni pretendía impresionar a nadie, pero tampoco iba a presentarme en aquel hotel pareciendo una esposa despechada que había salido corriendo detrás de su marido.Porque no lo era.Cuando terminé, bajé y fui directamente hacia la entrada principal, donde uno de los hombres de Emiliano permanecía cerca de los vehículos.—Necesito que me lleves al Hotel Real.El hombre me miró con evidente incomodidad.—No puedo hacer eso, señora.Entorné los ojos.—¿Por qué no?—El patrón dejó instrucciones de que usted no saliera del rancho.Ah.Así que el imbécil también había de
~EMILIANO~Salí del despacho acompañado por Gael y Mateo, todavía repasando mentalmente algunos de los asuntos que acabábamos de discutir. Los dos se quedaron atrás cuando crucé el pasillo principal y, justo antes de llegar a las escaleras, me encontré con una de las empleadas de la casa.—¿Mi esposa ya se despertó?La mujer asintió.—Sí, señor. Pidió algo para comer hace un rato. Está en el jardín.Asentí y seguí caminando sin decir más.Encontré a Valentina pocos minutos después, sentada bajo una zona de sombra, frente a una mesa con un plato casi intacto y una taza de café en las manos.Llevaba unos shorts bastante cortos, una blusa pegada que marcaba demasiado bien cada curva de su cuerpo y un escote que consiguió que mi vista bajara antes de que pudiera impedirlo. Unas gafas oscuras cubrían sus ojos y tenía el cabello suelto sobre los hombros.Me detuve y... mierda.Habían pasado siete años y aun así mi cuerpo seguía reconociéndola demasiado bien.Odié darme cuenta.Odié todavía
~VALENTINA~Cuando el automóvil atravesó los portones del rancho, el cielo empezaba apenas a aclararse.Había dormido poco o nada durante el vuelo. No porque Emiliano me hubiera molestado, sino porque todavía tenía demasiadas cosas dando vueltas dentro de mi cabeza como para conseguir descansar, además de que todavía no terminaba de confiar en él.Apoyé la cabeza contra el respaldo y observé por la ventanilla mientras avanzábamos por un camino largo, bordeado por árboles y extensiones de terreno que apenas alcanzaba a distinguir con aquella luz tenue.El lugar era enorme. No ostentoso de una forma ridícula, pero sí lo bastante imponente como para dejar claro que aquello no era simplemente una casa en medio del campo.Era territorio Montalvo.Solo pensarlo me provocó una sensación desagradable.El vehículo se detuvo frente a la casa principal y bajé sin esperar a que Emiliano hiciera nada. El cansancio me pesaba en los hombros, pero todavía me quedaba suficiente energía y orgullo para
~VALENTINA~ Estaba sentada en un rincón solitario y alejada de todos. La botella de champán ya se había acabado y la única razón por la que no me levantaba para ir a buscar otra era porque no quería hablar con nadie. Todo mi cuerpo temblaba y mis ojos y garganta ardían de estar conteniendo las ganas de llorar que me provocaba el dolor de la traición y de ver ilusiones destruidas. Fue en ese momento cuando escuché el sonido de unas llantas crujir contra la madera del suelo y levanté el rostro, encontrándome con la mirada de Kate. Rápidamente fruncí el ceño y endurecí el gesto. —¿Tú también sabías esto? —le reclamé. Ella me miró, contrariada, y rápidamente negó, sin dejar de rodar su silla de ruedas hacia mí. —¡No! Yo más bien venía a reclamarte porque no me habías contado que habías vuelto a reconciliarte con Emiliano y hasta habías planeado una boda con él, sin incluirme en lo más mínimo. Exhalé un aliento frustrado y eché la cabeza hacia atrás cuando su silla se detuv







