MasukHoras antes...~ARTEM~Odiaba el plan.No porque fuera malo. Precisamente por eso había terminado aceptándolo. Mina conocía a Montalvo mejor que cualquiera de nosotros y estaba convencida de que, si conseguíamos que uno de sus hombres la viera sola en aquella colonia, la noticia terminaría llegando hasta él. Después solo había que confiar en que su obsesión hiciera el resto.Eso no significaba que me gustara verla caminar sola por un territorio controlado por ese hijo de puta.Desde donde estaba podía seguir parte de sus movimientos sin acercarme lo suficiente para llamar la atención. Maksim y yo habíamos repartido a nuestros hombres alrededor de la zona desde mucho antes de que Mina apareciera, manteniéndolos fuera de vista y preparados para moverse en cuanto fuera necesario. No sabíamos quién podía reconocerla ni cuánto tardaría en suceder. Solo necesitábamos que alguien lo hiciera.Mina se detuvo frente a la casa donde había vivido con su familia.La observé desde lejos mientras pe
~EZEQUIEL~Herminia estaba rodeada.La vi mirar a los hombres que empezaban a cerrar el círculo alrededor de ella y sentí una satisfacción oscura extenderse por todo mi cuerpo.Su respiración se había vuelto más rápida y, aunque intentaba mantenerse firme, reconocía perfectamente ese miedo. Lo había visto demasiadas veces durante los años que estuvo conmigo.Podía cambiarse la ropa, esconderse durante meses, fingir que había aprendido a vivir sin mí, pero al final seguía reaccionando igual cuando entendía que ya no tenía salida.Me acerqué despacio, disfrutando cada paso.—Mira nada más que tan pendeja eres —murmuré—. Tanto correr para terminar exactamente donde empezaste.Herminia no respondió. Sus ojos fueron de uno de mis hombres a otro, midiendo las distancias como si todavía creyera que podía encontrar un hueco por donde escapar.Aquello casi me hizo reír. Había seis hombres alrededor y otros más esperando cerca. Si intentaba correr, no avanzaría ni diez metros antes de que algun
~MINA~ La casa seguía ahí. No sabía qué esperaba encontrar cuando doblé la esquina y la vi frente a mí, quizá algo más pequeño, más deteriorado, menos parecido al lugar que conservaba en mis recuerdos. Pero no. Seguía teniendo la misma forma, las mismas ventanas y el mismo pequeño espacio al frente donde mi hermano y yo habíamos jugado tantas veces cuando éramos niños. Me quedé detenida al otro lado de la calle, mirándola durante un largo rato, sintiendo cómo algo se me apretaba dentro del pecho. Allí había sido feliz de verdad. Antes de Ezequiel. Antes de los hombres armados, las amenazas, los gritos, la sangre y todo lo demás. Allí había tenido una familia, una madre que me regañaba cuando dejaba las cosas tiradas, un padre que llegaba cansado pero siempre encontraba fuerzas para sentarse a cenar con nosotros y un hermano que me fastidiaba hasta hacerme rabiar solo porque podía. Ezequiel había destruido todo aquello. Tragué saliva y aparté la vista de la casa. No quería quedar
~EZEQUIEL~—Dile a Salgado que si vuelve a quedarse corto con una entrega, la próxima vez no voy a cobrarle con dinero.El hombre frente a mi escritorio asintió sin hacer preguntas. Mejor así. Últimamente tenía menos paciencia de la habitual para explicar órdenes que cualquier pendejo con dos dedos de frente debía entender a la primera.Revisé las cifras del cargamento que había llegado la noche anterior, marqué con el dedo una cantidad que no cuadraba y empujé la carpeta hacia él.—Y averigua dónde chingados se perdieron esos doscientos mil. No me vengas mañana con que nadie sabe nada.—Sí, patrón.Lo despedí con un movimiento de la mano y esperé hasta que cerrara la puerta antes de recostarme en la silla. Los negocios seguían funcionando, la gente seguía obedeciendo y mi territorio continuaba siendo mío, pero había una sola cosa que desde hacía demasiado tiempo se negaba a volver a su lugar: Herminia Salazar.La muy cabrona se me había escapado.Cada vez que la cicatriz de mi gargan
~MINA~ —¿Una jaula? —repitió Maksim. Asentí. La incredulidad en su rostro no me sorprendió. Alessia también me observaba con los ojos un poco más abiertos, aunque en ella no distinguía rechazo, sino curiosidad. Artem, en cambio, permaneció tranquilo a mi lado.Él ya sabía exactamente lo que quería hacer y por qué; habíamos hablado de ello antes de sentarnos con Maksim y Alessia, así que no necesitaba ninguna explicación. —Sí —respondí—. Una jaula. Maksim apoyó la espalda contra el sillón y cruzó los brazos. —Explícate. Tomé aire lentamente. Decirlo en voz alta no me provocaba miedo ni vergüenza. Al contrario. Había pensado demasiado en aquello desde que se me ocurrió y cada vez me parecía más justo.Ojo por ojo y diente por diente. —Cada vez que Ezequiel se enfadaba conmigo o quería castigarme por algo, me encerraba en una jaula como si yo fuera un animal. A veces eran horas. Otras veces podía dejarme ahí por días. Dependía de lo que hubiera hecho según él, de su humor o simpl
~MINA~ —Valdés dijo que, si Artem no cumple pronto, va a contarle a Ezequiel quién estuvo detrás de Ramiro y de Chuy. También le dirá dónde puede encontrar a esa persona. Maksim dejó de moverse y la expresión de su rostro cambió de inmediato. Hasta ese momento había permanecido recostado en uno de los sillones, escuchando mientras Artem resumía lo ocurrido, pero aquello bastó para que se incorporara y apoyara los antebrazos sobre las piernas. Alessia, sentada a su lado, también se puso seria y dirigió la mirada hacia Artem. —Ese hijo de puta está empezando a pasarse de listo —dijo Maksim. —Sí —respondió Artem—. Pero también está cansado de esperar. Yo estaba sentada junto a él y sentía su brazo rozando el mío. Habíamos decidido reunirnos con Maksim y Alessia porque, después de la amenaza de Valdés, ya no tenía sentido alguno seguir aplazando lo que sabíamos que tarde o temprano tendríamos que hacer. Artem y yo habíamos hablado antes de venir y estábamos de acuerdo, pero aquello







