LOGIN~EMILIANO~ Seguí a Valentina con la mirada hasta que desapareció de mi vista.Nadia, mi hermana, aprovechó para acercarse a mí y abrazarme.—Felicidades, hermano —dijo y me soltó, para ver sobre su hombro hacia la dirección en la que Valentina desapareció—. Aunque no sé si sentirme feliz por ti realmente. Mi cuñada no ha cambiado ese carácter y parece que en cualquier momento te cortará la cabeza, o los huevos en el mejor de los casos.Le lancé una mirada de advertencia.—Cállate la boca, Nadia.Soltó una risita y se encogió de hombros, despreocupadamente.—Yo solo digo.Tensando la mandíbula y haciendo rechinar mis dientes, me alejé de ella y empecé a caminar por el pasillo y entre los invitados a la ceremonia.Conocía a todos porque había crecido en medio de ellos, así que les dediqué una sonrisa lo más cortés posible a quienes me felicitaban, pero no me detuve a hablar con ninguno de ellos.No me interesaba.De hecho, lo que quería realmente era agarrar a Valentina y largarme de a
~VALENTINA~ Estaba hecho. Contra todo pronóstico, Emiliano y yo nos habíamos vuelto esposos. No había duda de que el maldito destino tenía unas formas bien raras de complicar las cosas.Lanzándole una última mirada de odio a mi flamante maldito esposo, giré sobre mis talones y me alejé de él lo más que pude, agarrando una botella de champán de una cubitera por el camino.Abrí la botella y me la empiné, lanzando a la mierda la delicadeza y elegancia que normalmente me caracterizaba. En ese momento no me importaba nada. Únicamente quería quemar el mal sabor de boca que me estaba provocando todo lo que estaba sucediendo.Esa maldita boda con Emiliano. Tener que soportarlo de ahora en adelante. Pero, lo que más me dolía era la traición de mis padres al hacerme caer en aquella trampa.Otra vez me empiné la botella, tomando un largo trago, y casi derramé el líquido sobre mi vestido cuando escuché la voz de mi padre detrás de mí.—Valya.Me giré, mirándolo con el mismo odio con el que aca
~VALENTINA~ Escuché la voz del funcionario sin prestarle demasiada atención. Sabía lo que estaba diciendo. Sabía qué significaban aquellas palabras, qué documentos estaban sobre la mesa y qué iba a ocurrir en cuanto termináramos de firmarlos. Aun así, lo único que de verdad conseguía mantener mi atención estaba justo frente a mí: Emiliano. No Emiliano Sokolov. Emiliano Montalvo. Todavía me costaba asociar ese apellido con él. Durante demasiado tiempo había sido el niño que corría conmigo, el adolescente que me enseñó cómo se sentía un primer beso, el muchacho con el que alguna vez imaginé un futuro que entonces me parecía tan obvio que jamás creí que pudiera romperse. Ese hombre ya no existía. O al menos no para mí. El que tenía delante era otro. Más duro. Más frío. Mucho más parecido a alguien acostumbrado a que los demás obedecieran cuando él daba una orden. Seguía teniendo rasgos que conocía de memoria y, sin embargo, todo en él parecía distinto. Quizá porque ahora
~EMILIANO~ Valentina estaba discutiendo con sus padres al otro lado del salón. No necesitaba escucharla para saberlo. La forma en que mantenía los hombros tensos, la mandíbula apretada y una mano apoyada en la cintura mientras miraba a Maksim Volkov decía suficiente. Alessia estaba a su lado, mucho más calmada, aunque por la expresión de Valentina estaba claro que ninguna explicación estaba consiguiendo suavizar lo que acababan de contarle. La observé durante unos segundos más de los que debía. Habían pasado años desde la última vez que la tuve frente a mí, pero había cosas que seguían siendo exactamente iguales. La manera en que echaba ligeramente la cabeza hacia atrás cuando alguien intentaba imponerle algo. La forma en que clavaba la mirada sin retroceder. Esa costumbre de mover apenas una mano cuando estaba lo bastante molesta como para querer interrumpir a quien estuviera hablando, aunque todavía se contuviera. También había cambiado. Ya no era la adolescente que re
~VALENTINA~Durante unos segundos me limité a mirar a mi padre, convencida de que en cualquier momento iba a decirme que se trataba de una broma de pésimo gusto.No lo hizo.Mamá tampoco.—¿Mi boda? —repetí lentamente.Papá sostuvo mi mirada.—Sí.Sentí cómo la incredulidad se convertía en furia.—¿Acaso se volvieron locos?—Vale...—No, mamá. ¿Qué significa esto? —miré a ambos, cada vez más enfadada—. ¿Decidieron casarme sin preguntarme siquiera si quería hacerlo?Papá endureció la expresión.—No es tan simple.Solté una risa sin humor.—Claro que sí. Se llama usarme como moneda de cambio.Eso sí consiguió que su gesto cambiara.—Cuidado con lo que dices.—¿Por qué? ¿Porque no es verdad? —di un paso hacia él—. Tú le prometiste a mamá que nunca más permitirías que las mujeres de la Bratva fueran utilizadas para cerrar alianzas. Lo dijiste. Y ahora resulta que haces exactamente lo mismo conmigo. Y tú, mamá —la miré—, ¿también lo estás apoyando en esta locura?Mamá intervino antes de qu
Diez años después... ~VALENTINA~ El retroceso del arma me sacudió los brazos, pero apenas moví los hombros. Respiré, mantuve la vista fija al frente y volví a apretar el gatillo. Una vez. Otra. Y otra más. Cuando el último disparo retumbó en el campo de tiro, bajé el arma, activé el seguro y observé la silueta a varios metros de distancia. Las agrupaciones estaban exactamente donde quería: pecho, garganta y cabeza. Ningún tiro perdido. Ninguno lo bastante desviado como para molestarme. Bien. Dejé escapar el aire lentamente y retiré el cargador. Llevaba casi dos horas entrenando y podría haber seguido otras dos sin problema. Disparar siempre me ayudaba a concentrarme. No importaba cuánto ruido tuviera alrededor ni cuántas cosas estuvieran ocurriendo dentro de mi cabeza; en cuanto sujetaba un arma, todo se reducía a respiración, postura, distancia y objetivo. Tal vez por eso me gustaba tanto. O quizá porque desde pequeña había sabido que algún día tendría que ser buena en aq







