Masuk~EMILIANO~ Rafael Ordóñez llevaba casi quince minutos sentado frente a nosotros y todavía no había dicho una sola cosa que me sirviera. Tenía las manos atadas a la espalda, el labio partido y un corte sobre la ceja provocado por el golpe contra el volante cuando Valentina le había reventado la llanta de la camioneta. Mateo y Gael permanecían cerca de la puerta, mientras Valentina estaba a unos pasos de mí, observando al hombre con una expresión que dejaba bastante claro que su paciencia se estaba agotando incluso más rápido que la mía. —Te lo voy a preguntar otra vez —dije, apoyando ambas manos sobre la mesa que nos separaba—. ¿Quién te contrató? Ordóñez escupió sangre hacia un costado antes de mirarme. —Ya te dije que no lo sé. —Y yo ya te dije que esa respuesta no me sirve. —Pues vas a tener que conseguirte otra, porque nunca me dio su nombre. Lo observé durante unos segundos. No esperaba que quien estuviera detrás de todo aquello hubiera aparecido frente a Rafael
~VALENTINA~ —Es ahí —informó Gael desde el asiento delantero. Levanté la mirada hacia el viejo taller situado unos doscientos metros más adelante, al otro lado de un camino polvoriento rodeado de maleza y terrenos prácticamente vacíos. Desde afuera no parecía gran cosa: una construcción de lámina gris, un portón cerrado y tres vehículos estacionados junto a uno de los costados. Sin embargo, según la información que habían conseguido hacía menos de una hora, Rafael Ordóñez había entrado allí aquella mañana y nadie lo había visto salir. Comprobé el cargador de mi pistola antes de asegurarla nuevamente, mientras Emiliano observaba el lugar a través del parabrisas con una expresión seria que me decía que estaba calculando todas las formas posibles en que algo podía salir mal. —Tres vehículos —murmuré—. Si todos llegaron ocupados, puede haber bastantes hombres adentro. —Por eso no vamos a entrar disparando a quemarropa —respondió él—. Necesitamos a Ordóñez vivo. Volteé a mira
~VALENTINA~El silencio de Emiliano fue suficiente para que comprendiera que la respuesta no me iba a gustar en absoluto.—Habla, maldita sea —demandé.Tomó aire y finalmente respondió.—Desde antes de que nos casáramos.La ira se encendió en mí como una llamarada.No pensé ni medí absolutamente nada, solamente me dejé llevar por el impulso de lo que estaba sintiendo y lo que sentía era ganas de matarlo.Alcé la mano, tomando impulso, y mi puño impactó contra su nariz con tanta fuerza que su cabeza se fue hacia atrás.—¡Mentiroso hijo de puta!—Puta madre —soltó y se llevó una mano al rostro, cubriéndose la nariz.Cuando volvió a mirarme, tenía sangre en los dedos, pero ni siquiera eso consiguió apagar la furia que acababa de estallar dentro de mí.—¡Todo este tiempo lo sabías! —grité histérica—. Me trajiste aquí, me encerraste, mentiste cada vez que te pregunté qué estaba pasando y mientras tanto querías que jugáramos a los perfectos esposos, como si pudiéramos volver a ser felices.
~VALENTINA~ No esperaba que Emiliano fuera a buscarme tan pronto. Después de nuestra discusión me había alejado de él con la intención de no volver a dirigirle la palabra hasta que estuviera dispuesta a hacerlo sin querer golpearlo, así que cuando lo vi aparecer en el corredor exterior que daba al jardín, pensé que venía a continuar la pelea o a intentar convencerme de que estaba haciendo todo por mi bien. No estaba de humor para ninguna de las dos cosas, así que me crucé de brazos para detenerlo. —Si vienes a repetirme que tengo que quedarme quieta mientras tú decides qué puedo saber y qué no, puedes ahorrártelo dando la vuelta desde ya. Emiliano se detuvo frente a mí y sostuvo mi mirada. —No vengo a hacer eso —refutó. —¿No? Entonces ¿a qué? —pregunté con ironía y fastidio—. ¿A decirme que quieres que sea tu mujer para meterme en tu cama? —Mucho menos. Vine por algo que te interesa. —¿Qué? —Vine a confesarte que tenías razón en una cosa. Te estoy ocultando información
~EMILIANO~El pecho se me apretó y me sentí tan incompetente por no poder hacer algo mejor para poder ayudarles.Me apreté el puente de la nariz y cerré los ojos, soltando un gruñido de frustración.—Joder, Maksim.—Por eso mandamos a los muchachos lejos —continuó—. No porque quisiéramos tenerlos dispersos, sino porque ya no podemos protegerlos como siempre lo hemos hecho y tememos que puedan sufrir lo mismo y no queremos eso.Hizo otra pausa y lo escuché chasquear la lengua.—Además, esto es demasiado grande para ellos —agregó—. Bruno y Viktor son capaces, pero todavía están jóvenes. Enzo y Mikhail mucho más. Ninguno está preparado para cargar con algo así.—Valentina sí.—Exactamente —respondió de inmediato—. Y ese es el problema.Entendí por dónde iba antes de que terminara.—Si ella se entera...—Va a venir directo hacia nosotros. No importa lo que le digamos. No importa cuántos hombres pongamos delante. Esa hija mía es capaz de atravesar medio mundo sola si cree que su familia es
~EMILIANO~Apreté la mandíbula sintiendo que Valentina me acababa de dejar entre la espada y la pared.Joder.No quería que ella pensara que solamente la miraba como un pedazo de carne bueno para calentar mi cama. No. Las cosas no eran así.Valentina realmente me importaba y sabía el tipo de mujer que ella era; lo capacitada que estaba gracias al entrenamiento que había recibido durante años, lo fuerte, inteligente y astuta que era.Sabía que no era una damisela en apuros esperando que un caballero de armadura blanca la salvara. Ella podía defenderse sola e incluso podía ser de gran ayuda para resolver toda esta mierda, pero yo le había hecho una promesa a su padre y no podía romperla tan fácilmente.Sin embargo, tampoco podía seguir ignorando lo que acababa de decirme. La noche anterior había visto con mis propios ojos de lo que era capaz. No necesitaba que nadie le sostuviera la mano ni que le indicara dónde esconderse mientras otros peleaban por ella.Había reaccionado más rápido q







