로그인~VALENTINA~Habían pasado varias horas desde que regresé del hotel, pero seguía de pésimo humor. No solo por el ridículo que había hecho al interpretar completamente mal lo que ocurría con aquellas mujeres, sino por todo lo que Emiliano y yo habíamos terminado sacándonos en cara después.Siete años de resentimiento, acusaciones y heridas que ninguno de los dos parecía dispuesto a dejar morir. Y, para empeorar las cosas, ahora estaba atrapada en su maldito rancho, rodeada de hombres que obedecían cada orden suya como si fuera ley.Había salido al exterior porque necesitaba aire y un poco de distancia de aquella casa. Caminaba por uno de los senderos del jardín, todavía intentando ordenar mis pensamientos, cuando escuché pasos acercándose detrás de mí.No tuve que girarme para saber quién era.—Valentina —me llamó.Cerré los ojos un segundo, irritada porque tal parecía no iba a poder descansar de él.Me volví despacio.Él venía hacia mí con esa expresión seria y autoritaria que empezaba
~EMILIANO~Llegué al rancho cuando el cielo empezaba a aclararse, porque la campaña había terminado mucho más tarde de lo previsto y, aunque llevaba prácticamente toda la noche despierto, el cansancio era lo último que tenía en la cabeza.Había pasado horas conteniendo el mal humor frente a cámaras, modelos, asistentes y representantes de una marca que no tenía por qué enterarse de los problemas de mi vida privada.Ahora ya no tenía que contenerme.Apenas bajé del automóvil, encontré a Mateo cerca de la entrada principal, esperándome.—Reúne a todos los hombres —ordené.Frunció ligeramente el ceño.—¿Ahora?Lo miré.—Ahora. No me importa si están durmiendo, cogiendo o lo que putas sea que estén haciendo. Los quiero delante de mí para ajustar algunas cuentas No preguntó nada más.Unos minutos después, cerca de treinta hombres, encargados de la seguridad del rancho, se encontraban reunidos en una parte amplia del jardín. Algunos acababan de levantarse, otros estaban terminando sus turn
~EMILIANO~Me quedé mirando la puerta mucho después de que Valentina desapareciera detrás de ella.No debería haberme afectado nada de lo que acababa de decir. Habían pasado siete años. Siete años desde que todo se había ido a la mismísima mierda, desde que aprendí que incluso la persona en la que más confiaba podía clavarte un cuchillo justo donde sabía que iba a doler más.Había tenido tiempo de sobra para acostumbrarme a la rabia, para enterrarla debajo de carreras, viajes, victorias, negocios y decisiones que terminaron convirtiéndome en alguien muy distinto al muchacho que ella había conocido.Pero sus palabras seguían repitiéndose dentro de mi cabeza.«Pudiste haber elegido ser un simple jardinero y así te habría elegido.»Apreté la mandíbula.Maldita sea.Durante un segundo absurdo, demasiado breve como para querer admitirlo, me pregunté si podía estar diciendo la verdad.Si realmente nunca había pensado que yo era poca cosa para ella.Si había alguna posibilidad de que aquella
~VALENTINA~ Después de escuchar semejantes acusaciones, miré a Emiliano de la única forma en que podía verlo: como si hubiera perdido la cabeza. —¿De qué demonios estás hablando, Emiliano? Yo jamás le he dicho nada a nadie, mucho menos algo sobre tu vínculo con los Montalvo. —Deja de hacerte la inocente, Valentina, que el papel no te queda. —No me estoy haciendo la inocente —me defendí—. Yo no le he dicho nada a nadie. Es más, hasta ayer, cuando llegué a ese hotel en el que nos casamos, ni siquiera sabía que habías tomado el apellido Montalvo y que ahora eras el líder del cártel, porque, según yo, tú habías jurado a los cuatro vientos que no querías tener nada que ver con esa gente. Lo vi apretar los labios, como si hubiera tirado de una fibra sensible. —Ya basta —gruñó malhumorado—. No quiero escuchar más de tus mentiras. Reí por lo bajo. —¿Sabes qué, Emiliano? Piensa lo que se te dé la regalada gana y haz también lo que te dé la regalada gana. Si quieres revolcarte c
~VALENTINA~Emiliano me arrancó el arma de la mano con un movimiento brusco y la aseguró antes de apartarse apenas lo suficiente para mantenerme fuera de alcance.—¿Qué mierda te pasa? —espetó.—¡Devuélveme la pistola ahora!—Ni lo sueñes —gruñó y luego me miró como si yo fuera una desquiciada, lo cual era probable—. ¿Qué mierda te pasa, Valentina? ¿Te has vuelto loca o qué?—¿Loca? —solté una risa amarga y negué—. Lo que estoy es demostrándote que a mí se me respeta y que aunque este matrimonio sea una maldita farsa a mí no me vas a estar engañando con cualquier vagabunda que se te ponga enfrente.Emiliano frunció el ceño.—¿De qué hablas? Yo no te estoy engañando con nadie, maldita sea.—¡Ja! ¿Te piensas que soy la misma chiquilla estúpida de hace siete años o qué? ¿Te piensas que otra vez me voy a creer tus mentiras, como lo hice años atrás?Tensó la mandíbula y gruñó.—Definitivamente estás loca. Yo no te he engañado con nadie ni lo he hecho antes.—¿Y cómo demonios llamas a esto?
~VALENTINA~Esperé hasta estar completamente segura de que Emiliano se había marchado del rancho antes de ponerme de pie.No había conseguido averiguar a qué hora exactamente volvería, pero tampoco lo necesitaba. Sabía dónde estaría a las siete, con quiénes y en qué habitación. Información suficiente para lo que tenía pensado hacer.Entré a la casa, subí a mi habitación y me cambié con calma. No necesitaba arreglarme demasiado ni pretendía impresionar a nadie, pero tampoco iba a presentarme en aquel hotel pareciendo una esposa despechada que había salido corriendo detrás de su marido.Porque no lo era.Cuando terminé, bajé y fui directamente hacia la entrada principal, donde uno de los hombres de Emiliano permanecía cerca de los vehículos.—Necesito que me lleves al Hotel Real.El hombre me miró con evidente incomodidad.—No puedo hacer eso, señora.Entorné los ojos.—¿Por qué no?—El patrón dejó instrucciones de que usted no saliera del rancho.Ah.Así que el imbécil también había de







