LOGIN~VALENTINA~ Mi padre ya llevaba dos días intentando llamarme. Al principio había ignorado las llamadas con bastante facilidad. Después comenzaron a llegar los mensajes, primero uno preguntándome si estaba bien, luego otro diciéndome que al menos podía tener la decencia de responderle para que supiera que seguía viva. No contesté ninguno: ni las llamadas ni los mensajes. Todavía estaba demasiado enojada. No solo por la boda, sino por la forma en que habían hecho todo. Sin avisarme. Sin preguntarme. Usando precisamente aquello que más había deseado durante años para convencerme de aceptar un matrimonio que nunca habría elegido. Aquella tarde mi teléfono volvió a vibrar. Miré la pantalla, encontrándome con un mensaje suyo: *[[No puedes estar enojada conmigo para siempre, Valya.]] Fruncí los labios. Claro que podía. Podía estar enojada muchísimo tiempo si me lo proponía. Ni siquiera había terminado de dejar el teléfono sobre la cama cuando comenzó a sonar otra vez.
~VALENTINA~ El encierro comenzaba a resultar todavía más insoportable cuando Emiliano no estaba en el rancho para poder fastidiarlo. Había terminado el libro que estaba leyendo, ya había recorrido prácticamente cada rincón de la casa y, después de comprobar en repetidas ocasiones que ninguno de los hombres de Emiliano estaba dispuesto a ayudarme a cruzar los portones, había tenido que aceptar que, al menos por ahora, tendría que buscar otras formas de entretenerme. Aquella tarde terminé entrando a la cocina con hambre, esperando encontrar cualquier cosa que pudiera comer sin tener que pedirle nada a nadie. Una mujer de unos cincuenta años estaba frente a una de las encimeras cortando verduras. Levantó la cabeza cuando entré y enseguida me dedicó una sonrisa amable. —Buenas tardes, señora. ¿Busca algo? —Comida —respondí, abriendo el refrigerador—. Preferiblemente algo que no requiera que yo cocine. La mujer soltó una pequeña risa. —Siéntese. Le preparo algo. —No tienes que hac
~EMILIANO~Me ajusté la chaqueta frente al espejo, dándole vueltas a todos los compromisos que tenía pendientes para el día. No solo compromisos del cártel Montalvo, sino también con mis patrocinadores de la Fórmula Uno.En pocas palabras, tenía un día bastante ocupado.Alguien golpeó a la puerta.—¿Sí?Gael asomó la cabeza por la puerta.—Ya está listo su coche, patrón —informó.Asentí y cerró la puerta.Segundos después salí de la casa con las llaves del automóvil en una mano y el teléfono en la otra.No había dado ni diez pasos cuando algo me hizo detenerme.Varios de mis hombres estaban demasiado distraídos con algo que yo todavía no había visto.Uno fingía revisar algo cerca de una camioneta. Otro tenía una caja entre las manos y llevaba varios segundos sin moverse. Dos más hablaban cerca de las caballerizas laterales, aunque ninguno parecía estar prestándole demasiada atención al otro y los que vigilaban en los diferentes puntos, no estaban vigilando lo que se suponía tenían que
~VALENTINA~Más tarde empecé a comprobar que Emiliano no había estado exagerando cuando dijo que no me permitiría salir del rancho.Esperé al momento en el que se marchó acompañado por Mateo, y entonces salí de la casa con toda la tranquilidad del mundo. No tenía intención de pedir permiso. Bastante ridículo me parecía ya tener que pensar en estrategias para abandonar una propiedad en la que técnicamente ni siquiera estaba presa.Me acerqué a uno de los hombres que vigilaba cerca de los vehículos.—Necesito que me lleves a la ciudad.El hombre se puso tenso inmediatamente.—No puedo hacerlo, señora.—Claro que puedes. Emiliano me dio permiso antes de irse.Esperaba que aquello bastara.Pero no lo hizo.—El patrón nos advirtió que usted podría decirnos eso.Me quedé mirándolo.Maldito hijo de puta.—¿También te dijo que podía haber cambiado de opinión?—Dijo que, si cambiaba la orden, él mismo nos avisaría.Apreté los labios.—¿Y si te digo que acaba de hacerlo?—Tendría que confirmarl
~VALENTINA~Habían pasado varias horas desde que regresé del hotel, pero seguía de pésimo humor. No solo por el ridículo que había hecho al interpretar completamente mal lo que ocurría con aquellas mujeres, sino por todo lo que Emiliano y yo habíamos terminado sacándonos en cara después.Siete años de resentimiento, acusaciones y heridas que ninguno de los dos parecía dispuesto a dejar morir. Y, para empeorar las cosas, ahora estaba atrapada en su maldito rancho, rodeada de hombres que obedecían cada orden suya como si fuera ley.Había salido al exterior porque necesitaba aire y un poco de distancia de aquella casa. Caminaba por uno de los senderos del jardín, todavía intentando ordenar mis pensamientos, cuando escuché pasos acercándose detrás de mí.No tuve que girarme para saber quién era.—Valentina —me llamó.Cerré los ojos un segundo, irritada porque tal parecía no iba a poder descansar de él.Me volví despacio.Él venía hacia mí con esa expresión seria y autoritaria que empezaba
~EMILIANO~Llegué al rancho cuando el cielo empezaba a aclararse, porque la campaña había terminado mucho más tarde de lo previsto y, aunque llevaba prácticamente toda la noche despierto, el cansancio era lo último que tenía en la cabeza.Había pasado horas conteniendo el mal humor frente a cámaras, modelos, asistentes y representantes de una marca que no tenía por qué enterarse de los problemas de mi vida privada.Ahora ya no tenía que contenerme.Apenas bajé del automóvil, encontré a Mateo cerca de la entrada principal, esperándome.—Reúne a todos los hombres —ordené.Frunció ligeramente el ceño.—¿Ahora?Lo miré.—Ahora. No me importa si están durmiendo, cogiendo o lo que putas sea que estén haciendo. Los quiero delante de mí para ajustar algunas cuentas No preguntó nada más.Unos minutos después, cerca de treinta hombres, encargados de la seguridad del rancho, se encontraban reunidos en una parte amplia del jardín. Algunos acababan de levantarse, otros estaban terminando sus turn







