Início / Mafia / LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO / CAPÍTULO 6: YA SABEMOS QUIÉN ES

Compartilhar

CAPÍTULO 6: YA SABEMOS QUIÉN ES

last update Data de publicação: 2026-04-10 11:41:56

El despacho estaba en silencio. Un silencio denso, elegante, apenas interrumpido por el leve tintinear del cristal cuando Fabien giró la navaja entre sus dedos.

La observaba con detenimiento. Como si no fuera un arma… sino un objeto digno de estudio.

El metal reflejaba la luz tenue del lugar con un brillo frío, casi hipnótico. La hoja, finamente trabajada, mostraba un patrón ondulado que parecía moverse al ritmo de la luz.

Pero lo que más llamaba la atención no era la hoja. Era el mango.

Pulido, elegante, con incrustaciones en un rojo profundo que parecía casi sangre líquida bajo la iluminación. Como si encerrara algo vivo en su interior. Un contraste perfecto con el acero plateado que lo rodeaba, formando líneas suaves, casi orgánicas.

Fabien deslizó el pulgar por el borde, hasta llegar a tocar el filo, especialmente la zona donde un nombre estaba grabado en el metal: Madeleine.

—¿Acaso ese es tu nombre, muñequita? —murmuró.

Su mente regresó, inevitablemente, a ese instante. A la presión del acero contra su cuello. A su mirada. No temblaba. No dudaba.

Luego recordó lo que le hizo a la muñequita con esa navaja y la forma en que su cuerpo se estremeció debajo de él cuando alcanzó la cima del clímax.

«Y eso que solo fue una navaja manipulada por mi mano —pensó—. Si me hubiera tenido dentro de ella...»

Una sonrisa perversa se dibujó en su boca mientras imaginaba cómo debía ser estar enterrado bien profundo dentro de ella, mientras se deshacía de placer bajo su cuerpo.

Un golpe suave en la puerta lo sacó de sus pensamientos.

—Adelante.

La puerta se abrió. Rainier entró con paso firme, una carpeta en la mano.

—Señor.

Fabien no levantó la vista de inmediato.

—¿Y bien?

Rainier avanzó unos pasos más hasta detenerse frente al escritorio.

—Tenemos la información que pidió sobre la chica del club.

Eso sí captó su atención.

Fabien alzó la mirada. Lenta. Precisa.

—¿Quién es?

Rainier extendió la carpeta.

—Será mejor que lo vea usted mismo.

Fabien dejó la navaja sobre el escritorio, aunque sus dedos permanecieron un instante más sobre ella, como si no quisiera soltarla del todo.

Luego tomó la carpeta. La abrió y lo primero que vio fueron fotografías.

Varias de la misma mujer. En distintos lugares. En la playa de Saint-Tropez. Caminando descalza sobre la arena, el viento moviendo su cabello, ajena a la vigilancia. Con un traje de baño que le hizo sentir a Fabien un calor en la entrepierna.

Otra imagen. Más cercana. Riendo con otra chica, una copa en la mano.

Fabien entrecerró los ojos y pasó a otras imágenes.

Inmediatamente reconoció dónde era allí: Luxemburgo.

Su expresión cambió. Se detuvo. Observó con más atención. No era cualquier sitio. No era cualquier casa.

Su mirada se afiló y tomó la siguiente hoja, en la que estaban los datos.

Nombre completo.

Sus ojos se detuvieron allí.

[[Madeleine Éléonore Le Roy de Beaumont.]]

Fabien enarcó una ceja. Una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.

—Así que es una Le Roy…

—Así es, jefe —respondió Rainier—. La chica pertenece al extinto ducado de Valmont, Casa Le Roy... los enemigos de los Lacroix.

El aire en la habitación cambió. No era sorpresa. Era… una confirmación.

Fabien volvió a las fotografías y encontró otra.

Madeleine estaba en un jardín amplio, perfectamente cuidado. Hablando con un hombre… y una mujer. Inmediatamente Fabien reconoció a Claudine Le Roy y su hijo mayor, Rainier Le Roy de Beaumont.

No necesitaba que se lo explicaran. Lo entendió al instante.

Observó la imagen unos segundos más y luego apoyó la carpeta sobre el escritorio. Pero no apartó la mirada.

—Así que por eso querías matarme, muñequita… —murmuró, más para sí mismo que para Rainier.

La pieza encajaba.

El odio. La intención. La audacia. Las ganas de cortarle el cuello.

Todo tenía sentido ahora.

Pero eso no borraba lo otro.

Esa mirada. Esa forma de enfrentarlo. El hecho de que había subido… sabiendo que podía morir en el intento.

Una risa baja escapó de los labios de Fabien. Peligrosa. Satisfecha.

Fabien tomó de nuevo la navaja y la giró entre sus dedos.

Como si ya no fuera un simple trofeo, sino una promesa.

—Bueno, muñequita… —murmuró— vamos a darte otra oportunidad para intentarlo.

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App

Último capítulo

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 70: CAMBIO DE PLANES

    Madeleine cerró los ojos y sacudió la cabeza. No quería escuchar aquello. No después de todo lo que había ocurrido desde que Fabien le mostró aquella maldita grabación. No después de haber pasado horas intentando reconstruir la confianza en su familia y de acabar de prometerles a Romain y a Claudine que no volvería a dejarse influenciar contra ellos. —No —repitió—. Romain no pudo decirte algo así. —Lo hizo. Me dijo que si vuelvo a colmarle la paciencia se deshará de mí porque ya no me necesita. Madeleine abrió los ojos y miró nuevamente la mejilla amoratada de Victoirie. Aquella marca estaba allí. El labio partido también. Podía negar las palabras porque no las había escuchado, pero no podía fingir que no estaba viendo las consecuencias de algo que había sucedido. Victoirie aprovechó su vacilación. —Romain y Claudine te están utilizando, Madeleine. Aquello consiguió que Madeleine reaccionara. —No. —Sí. —No sabes de qué estás hablando. —Sé mucho más de lo que crees. —Los ojo

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 69: TÚ NO LO CONOCES REALMENTE

    Madeleine terminó de acomodar las últimas pertenencias dentro de la única maleta que había llevado consigo desde Córcega y cerró la cremallera de un tirón. No había necesitado desempacar demasiado durante su estancia en Luxemburgo. Ni siquiera había tenido intención de quedarse tantos días. Había regresado a la casa de su familia buscando una respuesta que esperaba encontrar con facilidad y ahora se marchaba con más preguntas de las que tenía cuando llegó. Se quedó unos segundos frente a la cama, contemplando la maleta cerrada mientras sus dedos se movían casi inconscientemente hacia el collar que descansaba sobre su pecho. La piedra roja quedó atrapada entre sus dedos y las palabras de Claudine volvieron a resonar en su cabeza. «Eres una Le Roy.» Su madre había insistido tanto en ello que debería haber bastado para devolverle la seguridad que necesitaba, pero no lo había conseguido. Fabien decía una cosa. Su familia aseguraba otra. Y Madeleine sentía que cuanto más intentaba des

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 68: MIENTRAS SE LO CREA

    Las sonrisas satisfechas que aparecieron en los rostros de su madre y de su hermano hicieron que Madeleine necesitara salir de allí cuanto antes.No podía seguir escuchando aquello. No podía seguir prometiendo cosas que no sabía si iba a poder cumplir.Unos días atrás lo habría hecho sin dudar, pero ahora, después del tiempo que había pasado junto a Fabien, todo en lo que creía se había resquebrajado.—Tengo que marcharme —dijo, casi agobiada por el peso de todo con lo que cargaba—. Debo regresar a Córcega.Romain levantó ambas cejas, interesado en la información que escuchaba.—¿Córcega? —repitió—. ¿Están en Córcega y no en Mónaco?—Así es. Fabien me llevó allá después de la boda y no a Mónaco, como suponíamos.Romain mantuvo las cejas levantadas durante unos segundos antes de asentir lentamente y sonrió.—Entonces es allí donde los Lacroix siguen teniendo su base de operaciones —murmuró, más para sí mismo que para las dos mujeres.Madeleine volvió a fruncir el ceño.—¿Base de operac

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 67: JOYA FAMILIAR

    Madeleine tardó varios minutos frente a la puerta del despacho antes de decidirse a entrar. Había pasado demasiado tiempo encerrada en su habitación, repasando una y otra vez todo lo que había escuchado desde que regresó a Luxemburgo, intentando decidir qué parte de aquello podía ser verdad y cuál era una mentira cuidadosamente construida para manipularla. No había llegado a ninguna conclusión. Seguía teniendo las mismas dudas, solo que ahora se sentía mucho más cansada, confundida y con la desagradable sensación de estar atrapada entre dos familias que esperaban algo de ella. Finalmente abrió la puerta. Romain estaba sentado detrás del escritorio y Claudine permanecía frente a él, sentada en una de las sillas. Ambos voltearon a verla cuando Madeleine entró, y una sonrisa ligeramente burlona apareció en el rostro de su hermano. —Finalmente decidiste salir —comentó—. Empezaba a pensar que pensabas quedarte encerrada para siempre en esa habitación. Madeleine ignoró el comentario. N

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 66: A SUS ÓRDENES

    Victoirie se había alejado de la casa buscando precisamente lo que parecía imposible encontrar bajo aquel techo: unos minutos de paz. Había caminado hasta una parte apartada de la propiedad, suficientemente lejos de las ventanas principales y del constante ir y venir del servicio, y se había sentado en uno de los bancos del jardín. Allí, donde esperaba que nadie fuera a buscarla, finalmente había dejado caer las lágrimas que llevaba conteniendo desde el día anterior. Lloraba en silencio, con la cabeza inclinada y las manos apretadas sobre su regazo, sintiéndose estúpida por hacerlo después de haberse prometido tantas veces que Romain no volvería a verla quebrarse. El labio partido todavía le ardía y el moretón que cubría parte de su mejilla había adquirido una tonalidad más oscura con el paso de las horas, convirtiéndose en un recordatorio imposible de ignorar de lo que había ocurrido. Había pasado toda la noche intentando asimilar no solo el golpe, sino las palabras de su esposo

  • LA TENTACIÓN DE MI ENEMIGO   CAPÍTULO 65: QUIZÁ PUEDA SONSACARLE INFORMACIÓN

    Apenas salió de la casa, Rainier recorrió con la mirada los alrededores hasta localizar a uno de los hombres de su equipo. Le hizo una señal para que se acercara y esperó hasta tenerlo frente a él. —¿Estás completamente seguro de que la princesa no ha salido de la propiedad? El hombre asintió con seguridad. —Completamente. Tenemos hombres apostados en diferentes puntos del perímetro, vigilando, y nadie ha visto a la princesa abandonar la casa o siquiera asomarse al jardín. Rainier asintió. Aquello coincidía con lo que él mismo había comprobado durante las últimas horas, pero prefería asegurarse. Madeleine había demostrado tener suficiente carácter como para intentar cualquier locura con tal de salirse con la suya. En ese momento su teléfono vibró dentro de su chaqueta. Rainier lo sacó, miró la pantalla y reconoció inmediatamente el nombre de Fabien. —Gracias. Sigan vigilando sin pestañear y, si ocurre cualquier cosa, me informan de inmediato. —Sí, señor. El hombre se alejó y

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status