MasukPOV/ ROCCOEn la época en que pertenecía a Adrian Cavallieri, el enfoque era el consumo y la degustación rápida. Pero cuando regresé definitivamente a Brasil a los veintitrés años, después de graduarme de Harvard, transformé el lugar. No quería un burdel de lujo común; quería un sistema de posesión. En Ambrosia, la élite del país no viene solo a tener sexo; viene a ejercer el dominio total bajo la protección del anonimato absoluto.Aprendí nuevas técnicas frecuentando clubes de dominación por todo el mundo, así que, cuando tomé las riendas, introduje el Contrato de Degustación y el Documento de Consentimiento de Paladar. Ahora nadie simplemente "entra y usa". Mis clientes se convierten en Doms vinculados a sumisas exclusivas, "Reservas Particulares", con cuyo cuerpo y mente hacen lo que quieren a cambio de una buena suma de dinero, y esa relación de posesión muchas veces se extiende más allá de las paredes del club.Allí, todo funciona bajo la fachada de una Importadora de Vinos Raros
POV: ROCCO BLACKWOODLa puerta de la antesala finalmente chirrió, y el equipo de Lacerda Enterprise desfiló hacia afuera. Tenían esa cara de quien recibió un puñetazo en el estómago, pero, en cuanto nos vieron, forzaron una sonrisa burlona que no habría engañado ni a un niño.Su líder, Sérgio Lacerda, era la personificación de la mediocridad: un sujeto redondo, siempre sudado, que se acomodaba la carpeta bajo el brazo como si escondiera un tesoro. Lacerda era una broma de mal gusto que había salido bien. Mi abuelo, en uno de esos raros momentos de descuido en que la edad le pesó, decidió validar su tecnología de IA años atrás. ¿El resultado? Se enriquecieron vendiendo arquitectura de catálogo, algoritmos baratos que entregan edificios sin alma a quienes no saben distinguir entre una columna y un poste. El problema ni siquiera era la tecnología, sino la falta de talento; parecía que ninguno sabía sostener un compás sin pincharse.—Ah, miren nada más... están devolviendo a los vendedore
POV/ SKYMe quedé allí, sentada en el taburete, viendo el espectáculo. Él cruzó el salón, les sirvió a los hombres y echó la cabeza hacia atrás al reírse de algún chiste. Era demasiado guapo para ese lugar. Debía de costar una fortuna.—¿Qué hago, Alex? —susurré—. Nunca he contratado a nadie. ¿Cómo se pregunta el precio de un ser humano?—¿El precio? —Alex se encogió de hombros, terminando su trago—. Pues, te acercas y preguntas. Es una transacción, Sky. Igual que comprar un revestimiento para un edificio, solo que ese de ahí es mármol importado.Me rasqué la cabeza, confundida. No sabía por dónde empezar. Mi cuerpo necesitaba quedar completamente adormecido para que me atreviera a abrir la boca. Miré al barman.—Sirve otros dos shots —pedí, alzando un poco la voz para competir con los gritos del partido.—¿Dos? ¿De una vez? —Alex arqueó una ceja.—Nunca he hecho esto en mi vida, Alex. Si no apago mis sentidos, no voy a poder ni decir "hola", mucho menos preguntarle cuánto cobra por
POV/ SKY)Asentí y me quedé allí, observando aquel mar de testosterona y sudor. En el fondo, esperaba que estallara una pelea generalizada; sería reconfortante ver a alguien más salir con la cara destrozada.—¡Amiga! —Alex apareció de la nada, con una sonrisa que le ocupaba todo el rostro—. ¡Tenías que verlo! ¡Sofia se desplomó en el suelo de la iglesia, parecía un charco de luto fingido, un charco de durazno podrido! ¿Y Paulo Gouveia? ¡La vena de su cuello parecía una manguera de jardín a punto de reventar! El video se reprodujo tres veces. ¡El sacerdote lloró, Sky! ¡Fue el caos más hermoso de la historia de Porto Alegre!Solté una carcajada que se convirtió en una tos seca, quemándome los pulmones. Alex ya me había puesto el celular frente a la cara, con los dedos volando sobre la pantalla para mostrarme los fotogramas de la destrucción.—Qué lugar tan animado, ¿eh? Cuánta testosterona concentrada —comentó, recorriendo el salón con la mirada.—Yo también pensé que aquí solo encontra
( POV Sky)El sonido crudo de la oficina invadió la iglesia. El video de Victor con Sofia apareció en la pantalla gigante, y sus gemidos resonaron por las paredes sagradas, superponiéndose a la marcha nupcial. El horror fue instantáneo. El alcalde se atragantó con su propia risa, y doña Eliana soltó un grito ahogado, llevándose las manos al rostro. Comenzó el murmullo: susurros indignados y el sonido metálico de cientos de cámaras disparándose frenéticamente.—¡Detengan el video! ¡Detengan esta mierda ahora! —tartamudeó Victor, girándose, buscando desesperadamente al culpable en la cabina técnica.Aplaudí, lenta y firmemente, mirándolo primero a él y después a Sofia. Todas las miradas de la iglesia estaban sobre mí. Siempre es así: el hombre ensucia el altar y los reflectores apuntan a la mujer, esperando nuestra reacción, como si la culpa fuera nuestra.—¡Amor, puedo explicarlo! ¡Fue un error, una debilidad, lo juro! —Victor intentó sujetarme del brazo, con los ojos desorbitados.—No
(POV Sky)Unos golpes violentos en la puerta me arrancan del sueño. Mediodía. Mi cabeza parece un bloque de concreto y el olor de la habitación es una mezcla agria de vodka y pintura fresca. Me levanto con dificultad, con el mundo dando vueltas, y termino tropezando con el vestido pintarrajeado que descansa en el suelo.Abro la puerta y Alex se queda paralizado en el pasillo. Es mi mejor amigo, diseñador en Gouveia y la única persona que me hace reír cuando el mundo se está derrumbando. Alex es negro, tiene una piel muy oscura impecable y un corte de cabello perfectamente delineado que siempre envidio. Me mira de arriba abajo, con los ojos casi saliéndosele de la cara.—Vaya, amiga... estás hecha un desastre —suelta, sin filtro.Entra, esquivando las botellas esparcidas, y se detiene ante la zona de guerra: manchas de pintura en las paredes y mi cabello rojo, que parece un nido de pájaros.—¿Qué clase de despedida de soltera fue esta, criatura? ¿Te peleaste con un oso?—Más o menos —r







