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CAP. 8 - EL NUEVO EMPERADOR

Penulis: Nanda Érica
last update Tanggal publikasi: 2026-10-09 05:32:58

POV/ ROCCO

En la época en que pertenecía a Adrian Cavallieri, el enfoque era el consumo y la degustación rápida. Pero cuando regresé definitivamente a Brasil a los veintitrés años, después de graduarme de Harvard, transformé el lugar. No quería un burdel de lujo común; quería un sistema de posesión. En Ambrosia, la élite del país no viene solo a tener sexo; viene a ejercer el dominio total bajo la protección del anonimato absoluto.

Aprendí nuevas técnicas frecuentando clubes de dominación por todo el mundo, así que, cuando tomé las riendas, introduje el Contrato de Degustación y el Documento de Consentimiento de Paladar. Ahora nadie simplemente "entra y usa". Mis clientes se convierten en Doms vinculados a sumisas exclusivas, "Reservas Particulares", con cuyo cuerpo y mente hacen lo que quieren a cambio de una buena suma de dinero, y esa relación de posesión muchas veces se extiende más allá de las paredes del club.

Allí, todo funciona bajo la fachada de una Importadora de Vinos Raros & Gastronomía Exótica. Seguimos el lema: "Donde los Dioses vienen a alimentarse". En Ambrosia Club no vendemos solo sexo. Vendemos experiencias gastronómicas sensoriales, psicológicas y físicas para paladares muy específicos.

Empieza en el salón principal, donde ofrecemos el Couvert Artístico. Es nuestra degustación estética: danza, pole dance, shibari suspendido. Nadie toca a nadie. Los clientes observan, admiran la “comida”, evalúan textura, color, provocación… pero la cosecha no ocurre allí. Es solo la presentación del plato. Es donde las personas poderosas van a relajarse y a tratar negocios dudosos. El club es un lugar donde las personas podían mostrar sus verdaderos rostros y sus gustos secretos.

Algunos clientes, los Veganos, pagan fortunas precisamente para permanecer en ese territorio de la mirada. No consumen carne. Buscan voyeurismo, contacto superficial, detalles sensoriales sin penetración. Los Carnívoros, en cambio, vienen hambrientos. Buscan carne, sudor, cuerpo. Quieren saciedad inmediata. Para ellos, ofrecemos el Plato Principal en suites privadas equipadas para servir el placer en su punto exacto. Aquí, el cliente elige el nivel de cocción de su experiencia:

El "A Punto" es la elección clásica, la Girlfriend Experience. Es la ilusión de intimidad para hombres casados y solitarios. El "alimento" no ofrece solo el cuerpo; ella ofrece el teatro del afecto. Sexo servido tibio y tradicional.

El "Poco Hecho", en cambio, es para quien tiene hambre de violencia controlada. Es el plato brutal. Aquí, la etiqueta se queda en la puerta. Es para el cliente que busca el lado primitivo: tirones de cabello, marcas de dedos en la piel, palmadas sonoras y la fricción intensa de carne contra carne. Es el sexo sucio, crudo e instintivo.

Y, por último, tenemos el "Con Picante". Es caliente, rápido y específico. Es para el hombre que no tiene tiempo para el teatro. Quiere la explosión inmediata. Es la cogida rápida contra la pared. Una inyección de adrenalina pura.

Pero existe un tercer paladar. Los Sommeliers, apreciadores del BDSM refinado. Para ellos reservé el Sótano. Allí servimos el menú completo de la depravación humana. Juegos sensoriales, psicológicos, control absoluto. El orgasmo era solo un detalle.

En Ambrosia, todo es un menú metafórico. Y, para que funcione, existen tres reglas inquebrantables: el anonimato es sagrado (máscaras con modulador de voz), nombres en clave obligatorios y el contrato de confidencialidad: lo que ocurre aquí, muere aquí.

Mi adicción a ese lugar empezó temprano, por una chica que conocí precisamente aquí, en Erotic’s Boys.

—¿Qué m****a es esto, Rocco? —tartamudeó Nathan al mirar la fachada donde un vaquero vestido de cuero posaba—. ¿Un burdel masculino? ¿Te volviste loco? ¡Tenemos una imagen que cuidar!

No lo sabían, pero Erotic's Boy fue mi refugio mucho antes de Harvard. A los dieciséis años, mi vida implosionó con la muerte de mis padres; mi hermano, Ravi, quedó destrozado físicamente y yo quedé destrozado por dentro, bajo la tutela de un abuelo que solo veía en mí a un sucesor, nunca a un nieto. La presión era aplastante. Necesitaba desaparecer.

Venía aquí porque Arthur, el hijo del dueño, era mi único amigo de verdad. Estudiamos juntos en la preparatoria y, mientras los otros chicos le hacían la vida imposible, yo era el único que usaba los puños para protegerlo. A cambio, me dio el derecho a no ser nadie. Pasaba noches aquí, sentado en mesas de las esquinas, jugando póquer o simplemente mirando el techo descascarado. Nadie buscaría jamás a un Blackwood en un burdel masculino de Quarto Distrito.

Fue en ese escenario de luces baratas y olor a testosterona donde conocí a Isadora Ferreira. En aquel entonces, era solo una chica despreocupada que dividía su tiempo entre la universidad y la barra del club para pagar las cuentas. Isadora era distinta de todo lo que conocía; tenía una libertad y una autoridad sobre su propio cuerpo que me fascinaban.

Fue mi primera conexión real con el submundo. Mientras todavía era menor de edad, la escuchaba hablar de su trabajo de fin de semana en Ambrosia Club con una sed que no sabía explicar. Isadora —o Cereja, como la conocían entre las paredes de terciopelo del club— era la dueña del juego, y yo era solo un chico atrapado en un destino trazado.

Mantuvimos el contacto durante todo mi primer año en Harvard. A los dieciocho años, en cuanto pisé Brasil para mis primeras vacaciones, no quería cenas de gala; quería el abismo que ella me había prometido. Fue Cereja quien me abrió las puertas de Ambrosia.

Y fue con ella, en nuestra primera sesión, cuando sentí por primera vez lo que era tener el control absoluto de una vida en mis manos. En esa habitación, bajo su guía, dejé de ser el heredero huérfano o el alumno prodigio; me convertí en el hombre que marcaba el ritmo. Isadora no fue solo una sumisa para mí; fue quien despertó mi adicción y me enseñó que el poder podía ser mi único y verdadero refugio.

Hoy estamos distanciados. El nombre Cereja quedó en el pasado, e Isadora siguió con su vida en una relación complicada en la que prefiero no interferir. Pero el respeto sigue intacto. Siempre será la mujer que me mostró que podía ser el dueño de mi propio imperio, mucho antes de que comprara Ambrosia.

—¿Qué pasa? ¿El dorado de la estatua no brilla en la oscuridad? —me burlé del grupo atónito—. Querían un mesero, pues aquí estoy. Entren. Hay un televisor de casi cien pulgadas dentro y la transmisión del Gauchão está garantizada.

—Pero, Rocco... ¿un burdel masculino? —Diego intentó protestar—. Es decadente.

—Decadente es el concepto de estética de Nathan. Entra de una vez.

Empujé la puerta y nos recibió el olor a humo y perfume barato. En mi club, el aroma es de vinos raros y gastronomía exótica; allí olía a desesperación y testosterona. Nathan y Diego caminaron con pies de plomo hasta una mesa cerca de la pantalla gigante.

Colgué mi saco caro en un gancho, me arremangué la camisa de lino y desabroché los tres primeros botones. Sostuve la bandeja de metal como si fuera un cetro. Podía ser un Blackwood, pero sabía jugar cualquier juego. En Ambrosia, era el Sommelier que decidía quién comía en el sótano. Aquí sería el mesero que les haría tragarse su propio orgullo.

Esperé a que todos se sentaran.

—Bueno, ¿qué van a querer beber? —pregunté, sacando mi tarjeta Black del bolsillo y golpeándola con fuerza contra la mesa—. Aprovechen. Si quieren divertirse con alguno de los bailarines eróticos, la casa ofrece "paquetes completos" y todo está incluido en mi cuenta. En Ambrosia sirvo el banquete de los dioses bajo contrato, pero aquí... elijan con toda libertad el "plato" que mejor combine con sus carencias.

Todos pusieron una cara extraña; el señor Junior, de diseño, incluso se persignó. Solté una carcajada. ¿Creyeron que podían vencerme con una apuesta tonta? Soy un Blackwood. Siempre salgo ganando, incluso cargando una maldita bandeja.

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Nota de la autora

Este es el segundo libro de una serie que publiqué. También empecé a traducir el primero aquí en la plataforma, El billonario obsesionado con la niñera del club prohibido, pero no continué porque no tuvo el resultado que esperaba.

Los primeros capítulos están disponibles por si quieren leerlos. Si les gusta la historia y me lo cuentan en los comentarios, ¡traeré el resto! ❤️

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