Share

CAP. 7 - EL PRECIO DE LA PERFECCIÓN

Author: Nanda Érica
last update publish date: 2026-10-09 05:30:27

POV: ROCCO BLACKWOOD

La puerta de la antesala finalmente chirrió, y el equipo de Lacerda Enterprise desfiló hacia afuera. Tenían esa cara de quien recibió un puñetazo en el estómago, pero, en cuanto nos vieron, forzaron una sonrisa burlona que no habría engañado ni a un niño.

Su líder, Sérgio Lacerda, era la personificación de la mediocridad: un sujeto redondo, siempre sudado, que se acomodaba la carpeta bajo el brazo como si escondiera un tesoro. Lacerda era una broma de mal gusto que había salido bien. Mi abuelo, en uno de esos raros momentos de descuido en que la edad le pesó, decidió validar su tecnología de IA años atrás. ¿El resultado? Se enriquecieron vendiendo arquitectura de catálogo, algoritmos baratos que entregan edificios sin alma a quienes no saben distinguir entre una columna y un poste. El problema ni siquiera era la tecnología, sino la falta de talento; parecía que ninguno sabía sostener un compás sin pincharse.

—Ah, miren nada más... están devolviendo a los vendedores de algoritmos a su hábitat natural —comenté, sin descruzar los brazos, mientras el gordito pasaba junto a nosotros desprendiendo un perfume barato mezclado con sudor de ansiedad.

—No creas que la vida es así de fácil, Blackwood —murmuró Lacerda, deteniéndose un segundo—. Hoy no fuimos los elegidos, pero el juego es largo.

Solté una risa breve, de esas que reservaba para los chistes realmente malos.

—Tu problema, Lacerda, es creer que estás jugando. Blackwood no juega; domina. La próxima vez, intenta contratar ingenieros que entiendan de cálculos y revestimientos, no solo de código.

Salió resoplando. Nathan y Diego, que estaban justo detrás de mí, intercambiaron miradas mientras contenían la risa.

—Está demasiado confiado —susurró Nathan, pasándose la mano por los rizos rubios—. Escuché que están participando en nuestro concurso Blackwood Horizon.

—Que lo intenten —respondí, sin darle importancia—. Con sus proyectos sin alma ya tenemos suficiente. Pero ahora, concéntrense. No vine aquí a perder el tiempo con aficionados mientras el alcalde decide nuestro futuro.

—Yo seré el elegido —soltó Nathan, sacando pecho—. Al alcalde le encantó mi propuesta para la plaza.

—Si tiene una pizca de buen gusto, elegirá mi proyecto —repliqué, mirando el techo de la alcaldía, que necesitaba urgentemente una remodelación—. El tuyo parece una decoración de pastel de bodas y, sobre esa estatua, ni siquiera tengo comentarios suficientes.

—¿Apostamos, Rocco? —Nathan se inclinó, con la mirada castaña desafiante—. Si el alcalde elige tu proyecto modernito, pago la cena y me convierto en tu pasante durante un mes. Hasta te compro el café.

—Dejen eso y compórtense como adultos, por favor —refunfuñó Diego, sin apartar los ojos azules de la pantalla.

—¿Y si elige tu error con forma de plaza? —pregunté, ignorando el sermón del "bajito".

—Entonces tú pagas la cuenta de la noche —intervino Diego, guardando por fin el celular y cruzándose de brazos—. Y te conviertes en nuestro mesero oficial. Sin el apellido Blackwood para salvarte, sin arrogancia. Solo tú, una bandeja y un paño al hombro, sirviendo cada trago y aguantando nuestros caprichos.

—¿No se suponía que debíamos ser maduros? —le pregunté.

—Es que, si Nathan gana, todos ganamos.

Miré al traidor de ojos azules durante un segundo. La idea de ver la cara de derrota de Nathan era demasiado tentadora.

—Trato hecho. Porque yo no pierdo contra plazas con estatuas doradas.

La secretaria finalmente abrió la puerta. Me senté en la silla de cuero de la alcaldía y empecé a golpear la mesa con mi pluma Montblanc, siguiendo el ritmo de mi paciencia, que se estaba agotando. Porto Alegre era un horno, y el aire acondicionado de esa sala no daba abasto.

El alcalde se aclaró la garganta, secándose la frente con un pañuelo mugriento.

—Bueno, señores, es un placer recibir a Blackwood. Hoy el día es una locura, mi sobrino se casa en unas horas y no puedo llegar tarde, pero insistí en recibirlos. Tenemos un presupuesto que asignar y necesitaba decidir cuál de los dos proyectos de la firma vamos a utilizar antes de salir hacia la ceremonia.

—Está bien, alcalde... Pero, ¿sinceramente? Cualquier firma pequeña aceptaría este proyectito. No tenía que ser Blackwood —solté, directo al grano.

Nathan y Diego pusieron los ojos en blanco, y el alcalde solo se rascó la garganta, incómodo.

—Pero, ya que estamos aquí, mire esta pantalla gigante.

Abrí mi proyecto: una obra maestra de concreto que dejaba pasar la luz, líneas modernas que respetaban la orilla del río y que generaba su propia energía. Sería un parque infantil y un museo de nuestra ciudad al aire libre. Sería hermoso, la cumbre de la ingeniería.

Después, Nathan se levantó y mostró el suyo: una plaza circular común, con una estatua dorada de él de cinco metros justo en el centro, algunos juegos infantiles y césped sintético. Un monumento de mal gusto.

El alcalde se levantó con los ojos brillantes, señalando la pantalla gigante.

—¡Eso es! ¡Magnitud! ¡Oro! ¡Una estatua que la gente vea desde lejos y sepa quién la construyó! ¡El proyecto oficial será el suyo, Nathan Beaumont! Felicidades. Ahora, con permiso, tengo que correr a la boda.

El mundo pareció detenerse. Sentí que la sangre me subía al rostro mientras Nathan y Diego celebraban en silencio, victoriosos.

—Tiene que estar bromeando, alcalde... —murmuré, incrédulo—. ¿Cambió tecnología de punta por... una estatua de bronce? ¡Eso es un crimen contra el buen gusto!

El alcalde solo me dio una palmadita condescendiente en el hombro, un gesto que casi me hizo estrenar antecedentes penales, y salió de la sala apresurado. Nathan, por su parte, estalló en una carcajada que resonó por las paredes de mármol de la alcaldía.

—¡Perdiste, estirado! —Diego también se burló, acomodándose los lentes con un placer sádico—. El Gre-Nal es hoy, aprobaron el presupuesto y nuestra celebración empieza en dos horas. ¿Adónde vamos? Espero que sea un lugar con bebidas muy caras para que nuestro mesero oficial las sirva con elegancia.

Unos minutos después, mientras salíamos del edificio, saqué mi celular y sentí que vibraba. El idiota de Diego ya había difundido en el grupo de la empresa que Blackwood ganó la licitación e invitó a todos los del departamento de proyectos a ver el partido, beber y comer por mi cuenta.

Entre las notificaciones, vi una de Ravi, mi hermano menor: "Vi en el grupo que la firma ganó la licitación. ¿Dónde va a ser la reunión? ¡Quiero ir!".

Respondí: "Estudia para el examen de cálculo, Ravi. Si por mí fuera, nunca entrarías adonde voy hoy". Bloqueé la pantalla y miré a los dos vencedores. Me cerré el saco dejando algunos botones abiertos, sintiendo la rabia arder en el pecho y unas ganas de estrangularlos con mi corbata.

—¿Quieren un lugar para celebrar? Ya que voy a pagar y a servir, yo elijo el escenario. Conozco un refugio muy específico en Quarto Distrito.

—¿Quarto Distrito? —Diego frunció el ceño—. Pensé que iríamos a alguna terraza elegante. Algo que combine con nuestra nueva estatua dorada.

—No. Les enviaré la ubicación en una hora. Vayan a arreglarse —esbocé una sonrisa de lado, imaginando ya sus caras de idiotas—. Voy a ser el mejor mesero que ese lugar haya visto, solo para demostrar que, incluso sirviéndoles cerveza a dos o más idiotas, sigo siendo el mejor ingeniero de esta ciudad.

Subí al auto y le envié un mensaje a Arthur, el dueño de un establecimiento muy específico. Me debía favores de la época de la preparatoria. En esos años, cuando la presión de la familia se volvía insoportable, a nadie se le ocurriría buscarme en un burdel masculino. Era mi refugio. Hoy sería el escenario de mi venganza.

Una hora después, tras darme una ducha y responder algunos correos, estacioné mi auto frente al club y me quedé apoyado en el capó, observando la flota de autos importados que me seguía. Nathan y Diego bajaron como si estuvieran entrando en una zona de guerra, seguidos por veinte personas de mi departamento de Desarrollo de Proyectos.

Era una comitiva curiosa de ver allí: mis mejores especialistas en cálculo estructural, arquitectos y diseñadores de interiores, todos amontonados sobre el asfalto agrietado de Quarto Distrito. Gente que se pasa el día decidiendo entre mármol importado y tecnología de automatización, ahora parecía completamente perdida fuera de sus oficinas con aire acondicionado.

—¿Qué es este lugar, Rocco? —Nathan miró las grietas del suelo, ajustándose el saco de tres mil dólares—. ¿Qué hay aquí? ¿Un club de pelea?

—¿Quizá un restaurante que sirve platos afrodisíacos? —aventuró Diego, nervioso—. Pensé que nos llevarías al Ambrosia Club... a tu club de BDSM, para que viéramos dónde los "dioses se alimentan" y quizá consiguiéramos unas rondas gratis para azotar a alguien.

Miré la fachada barata y sonreí por dentro. La ironía era deliciosa. No entendían que Ambrosia Club —mi santuario de BDSM y placeres eróticos, donde las mujeres son los platos principales, los postres y la única atracción que importa— está en un nivel que sus mentes limitadas jamás alcanzarían. Conquisté ese lugar con un jaque mate de maestro: hace tres años, cambié el proyecto millonario de la "Ciudad del Futuro" que diseñé para los árabes por la escritura de ese imperio.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 80 - Que el MUNDO se las Arregle

    POV: SKY BITTENCOURTA la hora de salir de la empresa, terminé pidiéndole disculpas a Gael por el beso impulsivo en medio del sector. Él, con esa manera tan tierna y sonriente, dijo que solo me perdonaría si le daba otro. Y me lo dio él. Fue un buen beso, tranquilo... pero completamente diferente.¡Mierda, mi cerebro imbécil y traicionero insistía en volver a Rocco en esa misma milésima de segundo!¡Mierda!Rocco besaba infinitamente mejor porque tenía muchísima experiencia. La tenía porque era un dominante del club; seguramente había visto a tantas mujeres sin ropa que dominaba cada milímetro del arte de desarmar a una mujer...¡¿Pero por qué carajos estoy pensando en eso?! ¡Mierda! Recordé lo que le había comentado a Sakura días atrás, y ella me dijo que, con el tiempo y la convivencia en la empresa, aquello mejoraría, que la obsesión se pasaría. Recé para que tuviera razón, porque mi cordura pendía de un hilo.Me despedí de Gael y entré en casa. Las chicas todavía no habían llegado,

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 78/79 - El Juego de los Errores

    POV : SKY BITTENCOURTEl lunes y el martes pasaron volando y nos concentramos por completo en la presentación de nuestro proyecto de revitalización. Mi estómago parecía lleno de mariposas mutantes tailandesas, pero a la hora de la verdad, todo salió bien. Nathan evaluó todo y dio luz verde al presupuesto. Incluso nos felicitó, diciendo que nuestro equipo había quedado tan bien como el equipo Garcia, que era el favorito de la empresa. Salí de la sala flotando de felicidad.La dirección había dividido a los equipos en sectores y proyectos muy distintos para aquella semana. Mi equipo quedó a cargo del proyecto de revitalización de la costanera del Guaíba, mientras que Gael y su grupo asumieron el plan de revitalización de una plaza céntrica. Por su parte, los equipos Lacerda y Gouveia fueron enviados a encargarse de proyectos al otro lado de la ciudad.Como estábamos trabajando en sectores y horarios completamente separados, no me crucé con Victor ni con Sofia en los pasillos. ¿Y, sincer

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 77 - Los Miembros del Equipo

    POV: SKY BITTENCOURT—¡Pero estás loca, Bittencourt! Una completa chiflada que invade mi oficina —replicó, acomodándose el cinturón con todo el descaro del mundo.Ni siquiera respondí, solo lo miré como si pudiera fusilarlo allí mismo. Las manos todavía me temblaban ligeramente, sin saber si era por el susto de haber visto a la secretaria salir corriendo mientras se limpiaba la boca o porque Rocco conseguía mantener su pose de CEO intocable incluso después de que lo pillaran con los pantalones abajo. Literalmente.—Necesitas aprender a tratar mejor a tus superiores. Somos miembros del mismo equipo. Tenemos que velar por el bien del grupo —dijo, sacando pecho, con la voz desbordando esa arrogancia que me daba urticaria.Seguí mirando ese rostro hermoso e hipócrita a partes iguales. Si existiera un premio mundial al cinismo, el trofeo sería suyo. Fijé los ojos en la bragueta de sus pantalones, que acababa de cerrar con una prisa ridícula, solté una risa muy sarcástica, lo bastante audib

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 76 - Reunión de la secretaria con Big Black

    POV: SKY BITTENCOURTEl fin de semana en mi casa fue una mezcla de alivio económico y agotamiento físico. En cuanto el dinero de Ambrosia llegó a mi cuenta y los ojos casi se me salieron de las órbitas al ver la cantidad de cinco mil reales fijada por el Nivel Cero, no perdí tiempo.Pagué el cambio inmediato del cilindro de oxígeno medicinal de mi padre, garantizando que tuviera el mejor soporte posible durante las próximas semanas sin que necesitáramos suplicar asistencia pública. Con lo que sobró, le di una sorpresa a mi hermana. Llevaba tiempo usando un ratón viejo que se trababa para los proyectos de la universidad, así que compré una tableta gráfica con pantalla interactiva que llevaba meses mirando en la tienda en línea y que ya me había dicho que necesitaba. Ver sus ojos brillar y el llanto de gratitud que soltó al abrazar la caja hizo que cada segundo de pánico en la habitación Tártaro valiera la pena. Pasé el sábado y el domingo pegada a ella, ayudándola a organizar sus archiv

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 74/75 - El Sabor del Caos

    POV: SKY BITTENCOURTMe quedé acostada en medio de esa cama de seda negra durante largos minutos, mirando la oscuridad detrás de la venda, esperando que mi alma se dignara a volver a mi cuerpo. El sonido de la puerta al cerrarse todavía resonaba en mi mente junto con esa voz metálica, ronca y absurdamente autoritaria del tal Dom de Nivel Cero.Cuando por fin reuní valor, me quité la venda de seda y parpadeé varias veces, intentando acostumbrarme a la luz tenue de la habitación 404.—¡¿Pero qué mierda fue eso?! —le susurré al techo, todavía con el corazón en la garganta.Estaba allí, solo con la lencería de encaje rojo, tirada sobre el colchón como si me hubiera alcanzado un rayo. El hombre prácticamente no había hecho nada. No hubo látigo, no hubo esposas, no hubo dolor. Pero cuando miré mi muslo blanco, tragué saliva. La marca exacta de sus dedos estaba allí, dibujada en mi piel.¿Y lo peor? Sentía una vergüenza monumental, porque tenía las bragas completamente mojadas. Todo mi cuerp

  • LA VIRGEN TRAICIONADA CONTRATÓ A UN GIGOLÓ MILLONARIO   CAP. 73 — No. Tomé una decisión

    POV: ROCCO BLACKWOODPor primera vez en mi vida, no tenía el control de nada. Era un rehén. Por primera vez, no estábamos discutiendo, ella no me estaba gritando sobre ética ni sobre mi ego. Si hubiera sabido que el secreto para tener a Sky Bittencourt dócil en mis manos era una venda de seda y un nombre en clave, habría abierto este club mucho antes.—¿Tú... puedes quitarte el vestido para mí, Fox? —mi voz salió más ronca de lo que pretendía, incluso con el modulador.Se paralizó. Apretó las piernas una contra otra en un reflejo defensivo que casi me hizo gruñir de frustración.—No vas a hacer nada extraño con mi cuerpo, ¿verdad? —preguntó, con el miedo volviendo a asomar en su voz.—Prometí que no haría nada que no quisieras —mentí descaradamente, mientras en mi cabeza ya imaginaba mil formas de explorar cada centímetro de esa piel blanca.En realidad, Bittencourt, voy a hacer de todo con ese cuerpo en mis fantasías eróticas de ahora en adelante. No tienes idea de que acabas de conv

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status