Compartir

MALAS PRINCESAS

Autor: Tatty G.H
last update Fecha de publicación: 2022-01-08 09:48:33

Como me ordenó la Reina, hablo con Emma, la dejo preguntarse quién será su cuñada hasta que obligo a mi boca a decir que seré yo. El perfume me asfixia, la cercanía de la mujer me inquieta mientras balbuceo como una muchacha enamorada y me finjo alegre, pero, aun así, Emma tarda largos minutos en tomarme en serio. Y cuando no logro convencerla de mi jovialidad, la Reina me arrebata el teléfono y me despide con una mirada cruel.

En mi habitación por la noche, enciendo mi pequeño televisor y me veo a mí misma en cada canal; yo con el sencillo vestido plata que usé en el décimo octavo cumpleaños de la Princesa, sonriéndole al Príncipe en una foto fuera de contexto, ¿por qué no ponen la mueca de fastidio que le dirigí después? Empequeñezco al ver mi nombre y datos privados aflorar para todo Pangea, incluso mis tres profesiones saltan como corchos sin ningún pudor, se supone que la última era estrictamente confidencial. Los conductores de todos los programas televisivos dicen cosas estupendas de mí, la mayoría son exageradas y muchas ni reales; hablan justo lo que la Reina y el Príncipe predijeron, sobre la excelente posición que tomaré y cómo beneficiará a las clases bajas mi unión con el próximo Rey de Pangea. 

Es gracioso cómo de la noche a la mañana me he convertido en una herramienta, un payaso que entretendrá a las masas toda la vida.

—No.

Lágrimas de rabia nublan mi visión, respiro profundamente para no derramarlas. Sí lloro ahora, no podré parar, y cuando amanezca estaré avergonzada por ser tan débil. Si llego a ver al Príncipe con los ojos hinchados, él sabrá que fue por su culpa, y eso lo complacerá.

—No seré una buena esposa—le prometo a mi foto en la televisión.

Los días pasan y pasan, convirtiéndose en un borrón a mis ojos, por suerte todos transcurren en la soledad del palacio; aunque acompañada en todo momento por la Reina, claro. Silvana Creel afina detalles de la boda conmigo a su lado, desde los invitados hasta la supuesta y penosa falta de presencia de su única hija, quien aún no está en condiciones de presentarse a eventos; según dice a los periodistas y más importantes cadenas televisivas. Y viene el día esperado, y también pasa sin que yo lo note demasiado; hago los gestos y expresiones ensayadas, y miro cada cosa sin verla realmente. El vestido para la ceremonia civil es de falda amplia de tul y gasa, diseñado en pliegues que concluyen en una larga cola y cuya parte superior es un ajustado corpiño recto decorado con encaje; todo la prenda contiene suficiente pedrería para iluminar toda Pangea, además de que es pesado y enorme, elegido al gusto de la reina Silvana Creel.

Cuando el Príncipe me besa con sus helados labios, me cuido de no dejar traslucir mi desagrado, tampoco le devuelvo el beso con el ánimo esperado de una novia, pero a nadie le importa, al fin y al cabo; todos admiran el voluminoso vestido, diseñado exclusivamente para mí. Y la corona sobre mi cabeza absorbe la poca atención que pude haber tenido, sus diamantes rojos destellan y me eclipsan de forma tan conveniente.

La celebración después de la ceremonia civil es íntima, según la misma Reina; sólo trescientos invitados de las más altas cunas y relacionados directamente a la familia real. Además de un manojo de fotógrafos profesionales contratados por Silvana Creel en persona.

—Toma, cielo. 

La empalagosa voz de la Reina me trae al presente. Algo confusa acepto la copa que me ofrece, pero no pienso beber el contenido, no confío en ella; aunque fuera agua, no tomaría nada que viniera de ella. 

—Bebe—la orden del Príncipe es dura y muy baja. 

Mi brazo entrelazado con el suyo se tensa, quiero zafarme y largarme. Pero hay varios fotógrafos cerca de nosotros, como cuervos ansiosos por sacar un poco de carne del cadáver agonizante. Sí bebo de la copa que me ha dado la Reina, básicamente estaré aceptando que ya les pertenezco, que soy una de ellos y que haré todo lo que me ordenen. ¿Y mi rebeldía donde quedaría? Tenso la mandíbula, detestando la presencia de todos esos nobles en mi “funeral”.  

Los cuervos están hambrientos, pienso de pronto, debo alimentarlos. En cuanto se me ocurre la idea, mi cuerpo se pega al de mi marido y sonriendo como loca, extiendo el brazo y le ofrezco el vino. 

—Querido, sabes que a mí no me gusta beber—miento con naturalidad, usando la misma fastidiosa voz de su madre como burla. Gian mira la copa con sorpresa a los ojos de todas las cámaras e invitados—. ¿Por qué no bebes tú? Es tu cosecha favorita, ¿verdad? 

Me observa con recelo y al instante estrecha sus lindos ojos verdes, se ha dado cuenta. Pero dado nuestro público, no le queda otra que aceptar y beber el contenido, al terminar su bebida sonríe encantadoramente a todos y deposita un beso en mi coronilla. La Reina se aleja sonriendo falsamente, y con discreción su hijo me aprieta el brazo con fuerza. 

Ya está, lo he retado. Forzarlo a beber una copa de vino y con ello exponer su problema con el alcohol es una pequeñez, lo sé, pero para mí ya supone un delicioso triunfo. 

Y luego de una farsa de boda, viene lo peor.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   EPÍLOGO.

    Me aferro con las uñas al lustroso cuero del asiento, mi respiración es rápida y mis jadeos se han convertido en fuertes gemidos que no puedo controlar. Cierro los ojos con fuerza mientras siento como mi orgasmo se aproxima a lo lejos, igual a una enorme ola en la lejanía. Esta limusina es muy parecida a la que transportaba a los hermanos Creel el día del atentado, de un color blanco hueso, al gusto del caprichoso príncipe de Pangea. Una lágrima se desliza por mi mejilla y un quedo grito escapa de mis labios cuando siento el golpe de su palma contra mi trasero; no ha sido una suave nalgada, sino la viva expresión de la agresión. Pero el doloroso escozor en la piel viene acompañado de un inexplicable placer en mi entrepierna, de una deliciosa descarga que me recorre todo el cuerpo hasta concentrarse en mi sexo. —¡Oh, Gian...! ¡Por favor! Vuelvo a gritar y abro los ojos de golpe, las piernas me tiemblan y estoy a punto de correrme. —Por favor, ¿qué? —dice en mi oído, aprisionando mi

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   MONSTRUOS Y CORDEROS

    Cuando Gian volvió de su expedición y tuvimos sexo en su oficina, yo estaba muy borracha, pero recuerdo vagamente oírlo decir que él había hecho cosas que me pondrían los pelos de punta. Ese día él habló de pecados y placeres; dijo que no me gustaría conocerlo de verdad. Ahora lo recuerdo, también recibí una especie de amenaza de su parte, Gian dijo que de mí depende que él se convierta en un monstruo o no. Julieta asiente y se toma su tiempo para continuar. —Gian me llevó hasta su habitación, hizo que sus criados me ataran de manos y pies, y abusó de mí. Confiesa muy despacio, con la voz rota. Y yo siento como mi alma cae a mis pies, rompiendose en incontables trozos. Esto es lo que más temía escuchar. —Lo hizo repetidas veces, hasta hartarse. Me habló y trató como si yo fuera la peor de las mujeres. Mis ruegos, llantos y disculpas no sirvieron de nada, él ya no era el mismo Gian de siempre, y yo no lo conocía ni un poco. Los oídos comienzan a zumbarme, creo que me voy a hiper

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   TRAICIONES SOBRE LEALTAD

    —Alteza, aunque mi familia era noble, nosotros no teníamos lazos familiares con la familia real y papá tuvo que mover muchas de sus influencias para que me permitieran estudiar con los hijos de las más importantes casas de Laured. Recuerdo que, cuando llegué por primera vez al ahora castillo Cianí... Me lanza una mirada triste, yo me remuevo incómoda en mi lugar. —Me sentí importante y, sobre todo, llena de seguridad. Pero eso no duró mucho, pocos minutos después llegó una caravana de lujosos autos con el escudo de la familia Creel. Sus ojos comienzan a brillar con auténtica emoción y yo escondo una mueca. Puede que sea mi natural recelo como ex agente, pero nadie puede ser tan buena como Julieta parece ser, menos una noble exiliada del glamoroso mundo en el que nació. Julieta no puede tener tan buen corazón como para hablar de su pasado sin sentir rabia hacia quienes se lo arrebataron. —Fue algo muy impresionante verlos aparecer acompañados de los agentes de De Silvanus. Los dos

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   JULIETA VISCONTI

    El adormecedor sonido del motor se detiene bruscamente, adormilada abro los ojos. El paisaje es muy diferente al de De Silvanus, aquí no hay rosas ni majestuosos palacios, solamente una hogareña cabaña en medio de un césped muy bien cortado. Julieta ya ha llegado; hay un coche rojo brillante aparcado frente a la fachada de la pequeña construcción. Me ajusto el abrigo y trato de bajarme el vestido. Estoy nerviosa, aún no la conozco, pero sé que es una mujer despampanante. —Es hora. Jade me muestra su móvil, son exactamente las 12 del día. —Veena, no te preocupes, rondaré cerca y te avisaré si veo algo extraño. Asiento y salgo del auto, me pongo los lentes de sol y tomo mi cartera. Inhalo profundamente antes de encaminarme a la puerta con paso inseguro. Y en cuanto llego a la cabaña, escucho a Jade encender su auto y después el característico sonido de los neumáticos en la gravilla. Es mejor que se vaya, Julieta fue clara en sus condiciones para vernos: asistir sola a la cita. A

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   CORAZONES VACILANTES

    Es verdad que enamorarte te vuelve estúpida, porque aunque estoy encerrada entre 4 paredes, me siento tan feliz que podría gritar de emoción. Por otro lado, la irritación de Fanny emerge en enormes oleadas asfixiantes. Decirle que ya no me interesa saber de Julieta fue una mala idea. —Eres tan conformista, Veena—me reprocha, mirándome desde el espejo con ojos críticos. —¿Qué caso tiene conocerla? Julissa ya me ha dicho todo, ¿o no? Gian la amó y ella lo traicionó, es todo. Él no le hizo nada, no la lastimó ni abusó de ella. Sé que mañana es la cita con Visconti; Gian se marchó hoy justamente al mediodía, tal cual me dijo su asistente. Sí quisiera reunirme con “el gran problema de los Creel”, este es el mejor momento para hacerlo. Pero ya no le veo sentido, no cuando soy completamente feliz. —Indagamos tanto por nada. El Príncipe ha declarado que te ama, y eso ha bastado para hacerte perder el piso. —Fanny, por favor… —Veena, tú no eres así. Tú jamás has sido ciega ni mucho menos

  • LOS PLACERES Y PECADOS DE GIAN   AMOR SOBRE PASADO

    Abandonamos nuestras habitaciones y bajamos hasta el comedor; estoy lista para encontrarme con cualquier noble y enfrentar su falsa amabilidad, incluso estoy preparada para ver a la Duquesa de Ventura y enfrentar sus fastidiosas conversaciones respecto a su hijo y la princesa Emma. No obstante, cuando los criados comienzan a abrirnos las puertas que dan al amplio y majestuoso comedor de De Silvanus, yo empiezo a sentirme impaciente y nerviosa, tan ansiosa que sin querer le clavo a Gian las uñas en el brazo. Y cuando finalmente las puertas se abren por completo, mi corazón se detiene un segundo y mis ojos se humedecen, sin querer un lastimoso gimoteo escapa de mis labios. Me he quedado pasmada, apenas puedo respirar, no siento las piernas, solamente puedo ver a las personas de pie frente a nosotros. —Me dijiste que te sentías sola, ¿recuerdas? —susurra Gian y yo rompo a llorar. Son mi familia, mis tres hermanos pequeños, mis dos hermanas y mis padres. No lo pienso, suelto su brazo

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status