INICIAR SESIÓNLuna Villamonte es una estafadora experta que vive bajo identidades falsas. Su único objetivo es vengar la muerte de su hermana, asesinada por un hombre que desapareció sin dejar rastro. Matías Russell es un hombre que parece pertenecer al círculo de millonarios de la ciudad, elegante, carismático y misterioso. Nadie sabe realmente de dónde salió, pero todos confían en él. Cuando ambos se encuentran por casualidad en una cafetería, surge una atracción instantánea… y peligrosa. Lo que ninguno sabe es que el otro también está mintiendo. Mientras Luna se acerca a Matías con la intención de destruirlo, él comienza a sospechar que la mujer que lo cautiva podría ser más peligrosa que cualquier fantasma de su pasado. Pero dos meses después, la policía encuentra un cadáver irreconocible en un lujoso departamento. El cuerpo está tan descompuesto que es imposible saber si es hombre o mujer. Solo hay dos personas desaparecidas. Luna Villamonte. Matías Russell. Y uno de ellos podría ser un asesino.
Ver másRivas levantó la mirada.—No sabes todo lo que pasó.—Lo suficiente.No retrocedió.Nunca lo hacía.—¿Crees que tiene que ver con esto?Pausa.—¿Con lo de ahora?Rivas no respondió.Pero no hizo falta.La forma en que evitó mirarla.La tensión en su cuerpo.El silencio.Todo lo dijo.El pasado no estaba atrás.Estaba metido en esto.Y no pensaba soltarlo.Horas después, cuando la tarde comenzaba a ceder ante la noche y las luces de la ciudad se encendían una a una, Salgado seguía frente a la pantalla de su portátil. El archivo de Luna continuaba abierto, un recordatorio frustrante de su vacío.Vacío. Otra vez.—No existes, ¿verdad? —murmuró para sí misma, la voz teñida de una mezcla de admiración y exasperación. Era como intentar atrapar humo.Intentó otra ruta, una búsqueda lateral, poco convencional. Registros médicos. Nada. Universidades.Nada. Bancos. Absolutamente nada. Era una fantasma digital, una sombra sin huellas.Con un suspiro, cerró el portátil. El clic de la tap
Luna deja de soñar.Se lo repitió a sí misma aquella mañana mientras observaba la espalda de Matías desaparecer por el pasillo. El clic de la puerta principal al cerrarse terminó de quebrar el silencio del departamento y, durante un instante incómodamente largo, todo volvió a sentirse demasiado claro.Había conseguido el dinero.No directamente de él, pero sí gracias a él. A su verdadero apellido, a la familia que llevaba años construyendo poder detrás de nombres impecables y cuentas imposibles de rastrear. Había encontrado una grieta mínima, apenas suficiente para meter la mano y sacar una pequeña fortuna antes de que alguien notara el faltante.Y con eso bastaba.Bastaba para pagar la operación de su madre. Bastaba para garantizarle años tranquilos sin volver a preocuparse por hospitales, tratamientos o cuentas atrasadas. Bastaba para desaparecer antes de que las cosas se complicaran más de lo debido.Porque ese siempre había sido el plan.Entrar.Tomar lo necesario.Irse antes de q
Rivas no conciliaba el sueño de verdad. No era insomnio, no ese mal moderno que se calma con pastillas, café cargado o una noche especialmente mala. Lo suyo era otra cosa. Algo más silencioso. Más profundo. Más difícil de explicar sin sentir que estaba exagerando.Dormía, sí.Pero descansar era distinto.Era como si el cuerpo se apagara unas horas mientras la cabeza seguía funcionando en algún lugar oscuro al que él no podía entrar ni controlar.Cada mañana despertaba con la sensación incómoda de haber llegado tarde a algo importante. Como si el mundo siguiera avanzando mientras él permanecía atrapado en una pausa extraña, viendo cómo todo se movía apenas un segundo delante de él.Siempre un paso atrás.Y esa sensación, constante y pegajosa, comenzaba a desgastarlo más de lo que estaba dispuesto a admitir.Esa mañana, sentado en la cafetería frente a la comisaría, el café tampoco ayudó.Ni siquiera un poco.Estaba caliente, sí, pero sabía vacío. Muerto. Como si el sabor se hubiera que
No pasó de golpe.Nadie lo habló.Pero dejó de sentirse como algo temporal.Luna ya no dejaba el bolso listo junto a la puerta.Ya no doblaba la ropa como si fuera a irse al día siguiente.Y, aunque tenía su propio cuarto…cada vez cruzaba menos esa distancia.El departamento seguía igual.Frío.Ordenado.Demasiado limpio.Pero ya no se sentía ajeno.Y eso…le molestaba más de lo que quería admitir.El sonido del café rompía apenas el silencio.Luna apoyó la cadera contra la encimera, mirándolo sin disimulo.Matías ya estaba listo.Como siempre.Impecable.Como si el día no pudiera tocarlo.—Siempre estás listo antes que yo.—Siempre te despiertas tarde.—No es tarde.—Para mí sí.Luna dio un sorbo.—Entonces es tu problema.Matías levantó la mirada.Se quedó ahí un segundo más de lo normal.Como si midiera algo.—Podría ser.Silencio.—Entonces cámbialo.—No cambio cosas que funcionan.Pausa.—Aunque últimamente…No terminó la frase.Luna alzó una ceja.—Yo no soy “cosas”.Matías sos
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