首頁 / Hombre lobo / LUNA DE SANGRE Y SAL / Cuando el control deja de ser suficiente

分享

Cuando el control deja de ser suficiente

作者: Vicenta Soler
last update publish date: 2025-12-26 14:34:33

Los instintos tomaron el control. Me lancé hacia un lado, mis nuevos reflejos mucho más rápidos que cualquier cosa humana. Sus garras rozaron donde había estado un segundo antes.

—¡Estás loco! —grité, esquivando otro golpe.

—¡Estoy entrenándote! —Rió, el sonido salvaje y libre—. ¡Deja de huir y ataca!

Algo primitivo despertó en mí ante esas palabras. El desafío, la burla implícita.

Gruñí y me lancé hacia él.

Fue un error. Dante tenía siglos de experiencia sobre mí. Me atrapó en el aire, girándome y clavándome contra el suelo del claro. Su peso me inmovilizó, su aliento caliente contra mi cuello.

—Demasiado directo. —Murmuró—. Usa tu tamaño menor como ventaja. Sé más rápida, más impredecible.

Pero no se movió, y de repente me hice consciente de cada punto donde su cuerpo presionaba el mío. El calor entre nosotros no era solo de la transformación.

—Dante... —Mi voz salió más como ronroneo que protesta.

Lo sentí tensarse, luego maldecir en un idioma que no reconocí. Se apartó abruptamente, poniendo distancia entre nosotros.

—Suficiente por hoy. —Su voz era tensa—. Deberías descansar antes de que otra ola de transformación te golpee.

—¿Qué fue eso? —Me senté, sintiendo el cambio retroceder ahora que no lo estaba dirigiendo activamente—. ¿Por qué te apartaste así?

—Porque si no lo hacía, iba a romper mi promesa. —Se volvió hacia mí, y había algo oscuro y hambriento en su mirada—. Dije que esto no tenía que ser real entre nosotros. Pero maldita sea, Lucía, estás haciendo que sea muy difícil recordar eso.

Mi aliento se atascó.

—El vínculo...

—No es solo el vínculo. —Dio un paso hacia mí, luego se obligó a detenerse—. Eres valiente, compasiva, más fuerte de lo que deberías ser. Y cuando te transformas... cuando te veo reclamar tu poder así... —Se pasó una mano por el rostro—. Me recuerdas por qué vale la pena luchar por mi gente. Me recuerdas que todavía hay belleza en este mundo.

Las palabras me golpearon como un puñetazo físico. No era una declaración de amor, era algo más crudo, más honesto.

Era deseo mezclado con respeto mezclado con desesperación.

Y respondí a ello de una forma que me sorprendió completamente.

—¿Y si yo no quiero que lo recuerdes? —Me puse de pie, acercándome a él con una confianza que la loba me prestaba—. ¿Y si yo también te deseo?

Sus ojos se oscurecieron, las pupilas dilatándose hasta casi tragarse el ámbar.

—No sabes lo que estás diciendo.

—Sí lo sé. —Alcé mi mano, rozando los músculos de su pecho—. Estoy cansada de que la gente me diga lo que siento, lo que quiero. Sebastián decidió por mí. Morrison decidió por ti. Pero esto... nosotros... esto lo decido yo.

—Lucía...

—Dejé que mi mano se deslizara más abajo, viendo cómo se estremecía bajo mi toque—. Y decido que te deseo, Dante Salvatore. Tal vez es el vínculo, tal vez son las hormonas de la transformación. Tal vez es simplemente que estoy cansada de negarme lo que quiero.

Él me agarró la mano, deteniéndola.

—Si hacemos esto, no hay vuelta atrás. El vínculo se profundizará. Te reclamará de formas que ni siquiera puedo explicarte. —Su voz era un gruñido áspero—. Podrías terminar odiándome por ello.

—Podrías terminar odiándome a mí cuando recuerdes que soy solo una humana asustada jugando a ser lobo. —Devolví—. Pero al menos será nuestra elección. No la de ellos.

Vi el momento en que su control se quebró.

—Maldita sea. —Me atrajo hacia él, sus labios estrellándose contra los míos con una ferocidad que robó mi aliento.

No fue un beso gentil. Fue una reclamación, una rendición, dos personas desesperadas aferrándose a algo real en medio del caos.

Respondí con igual ferocidad, mis dedos enredándose en su cabello, mis dientes mordiendo su labio inferior lo suficientemente fuerte para sacar sangre.

Él gruñó en mi boca, y el sonido hizo que algo líquido y caliente se derramara por mi vientre.

—Última oportunidad. —Jadeó contra mis labios—. Dime que pare y lo haré.

—No. —Tiré de él más cerca—. No pares.

Y no lo hizo.

在 APP 繼續免費閱讀本書
掃碼下載 APP

最新章節

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   Ceniza en la boca

    El mar los persiguió hasta la lengua de roca. Lucía corría con el agua a las rodillas, la manta empapada pegándosele a las piernas, el segundo latido golpeándole las costillas como un puño desesperado. Detrás, los linajes tropezaban en los charcos, cargando armas y cuerpos. Henrik iba en la camilla, con el agua lamiéndole los tobillos, los ojos cerrados, los labios moviéndose.Llegaron a la costa. Se derrumbaron sobre las rocas negras, jadeando, empapados, vivos. El mar rugió detrás, reclamando la isla, cubriendo el círculo, borrando la sal muerta y la sal antigua por igual. Cuarenta minutos. Exactos.Lucía se arrodilló en la grava. El agua le escurría del pelo, del abrigo, de las manos. El segundo latido se fue calmando. Un golpe. Dos. Un golpe. Dos. Vivo. Intacto. No había recibido el rebote. No directamente. Pero algo había cambiado. Lo sentía como un cambio de temperatura: no frío ni calor, solo diferencia. Como si el aire dentro de ella tuviera un sabor nuevo. Metálico. Lejano. A

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   La nota

    La mujer entró en el círculo sin mirar a nadie. Caminó descalza sobre la sal muerta, dejando huellas grises, y se detuvo en el centro exacto. En la depresión de roca. En el molde. Se arrodilló. Apoyó las palmas contra la piedra. El pelo blanco le cayó sobre la cara como una cortina.Lucía no se movió. Estaba en la séptima puerta, con las manos vacías y el corazón latiéndole de una manera que no tenía nada que ver con el esfuerzo físico. La mujer la había mirado. La había reconocido. Y el segundo latido había respondido. Y eso no estaba en el plan. Eso no estaba en ningún plan.—Posiciones finales —dijo Nadia desde la puerta norte. Su voz sonó lejana, amortiguada por el viento.Dante caminó hacia la octava puerta. Se detuvo en el borde del surco exterior. Miró al sur. Al continente. Al punto donde Ariel dormía o esperaba o acechaba. Luego cerró los ojos. Y el hilo dorado apareció. Débil al principio, una chispa en el iris izquierdo. Luego más fuerte. Más constante. El canal despertaba.

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   La marea

    El agua se retiró como una sábana que alguien arranca de un cuerpo. Lenta al principio, luego con una urgencia repentina, dejando al descubierto rocas negras cubiertas de algas y charcos poco profundos donde la luz del amanecer se rompía en fragmentos naranjas.Y debajo del agua, el círculo.Lucía lo vio desde la orilla y sintió que el estómago se le caía a los pies. No era un dibujo. No era la representación en tinta sobre tela que Nadia había copiado. Era una herida en la roca. Tres surcos concéntricos tallados en la piedra viva, profundos como antebrazos, cubiertos de sal cristalizada que el tiempo había vuelto gris y opaca. Sal antigua. Sal de origen. Sal que llevaba siglos esperando.Y que mañana sería reemplazada por sal muerta.—Vamos —dijo Nadia.Cruzaron. No en bote. A pie. La marea baja dejaba un camino de rocas resbaladizas que conectaba la costa con la isla en una lengua de piedra que solo existía unas horas al día. Lucía caminó con los brazos extendidos para mantener el e

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   Vigilia

    El fuego se redujo a brasas y Lucía seguía despierta. No era el frío. No era la rodilla, que le palpitaba con un ritmo sordo, ni el barro seco que le tiraba de la piel. Era el segundo latido. No dormía. No se calmaba. Golpeaba desde dentro con una insistencia nueva, como si supiera que el amanecer traía algo irreversible.Se incorporó. La manta térmica crujió. A su alrededor, los cuerpos de los cinco linajes formaban bultos oscuros sobre la piedra, respirando al unísono. Nadia dormía con un ojo abierto, literal: el izquierdo, una rendija plateada bajo el párpado. Dante estaba a tres metros, boca arriba, los brazos cruzados sobre el pecho. Sin el hilo dorado, su sueño parecía más profundo. Más vulnerable. Como un soldado sin arma.Lucía se puso de pie. Las piernas le ardieron. Caminó hacia la orilla, donde las rocas se volvían negras y resbaladizas. El mar respiraba. Subía y bajaba con una calma que no tenía nada que ver con lo que vendría en seis horas. La isla era una mancha apenas v

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   La costa

    El mar apareció sin aviso. Un paso entre dos riscos de piedra negra y de golpe el gris del cielo se abrió en un gris más ancho, más hondo, más vivo. El viento cambió. Ya no olía a tierra podrida ni a raíces. Olía a sal. A sal de verdad. A sal que no estaba muerta ni contaminada ni mezclada con ceniza de hueso. Sal que llevaba millones de años disolviéndose y rehaciéndose.Lucía se detuvo en el borde del risco. Abajo, la costa se extendía en una curva de piedras oscuras y espuma blanca. Y más allá, visible apenas entre la bruma, una silueta baja, chata, sin vegetación. Isla Decepción. Un nombre que ahora sonaba a burla.—Ahí está —dijo Nadia, deteniéndose junto a ella.Lucía no respondió. El viento le azotaba la cara y le llenaba los ojos de lágrimas. O quizá no era el viento. El segundo latido se había acelerado de nuevo. No de miedo. De reconocimiento. Como si lo que crecía dentro de ella supiera algo que ella aún no sabía. Un tirón hacia el sur. Hacia la isla. Hacia el círculo.No.

  • LUNA DE SANGRE Y SAL   Barro y geometría

    El dibujo le llevó a Henrik cuarenta minutos. Lo hizo con un trozo de carbón sobre una corteza de árbol que Nadia peló con el cuchillo. Trazó los tres círculos concéntricos con una precisión que desmentía el temblor de sus manos: líneas firmes, proporciones exactas, marcas en los puntos cardinales que Lucía no reconoció pero que Nadia verificó una por una con los labios apretados.—El círculo exterior tiene siete entradas —dijo Henrik, señalando con el carbón—. Una por linaje. Más dos.—¿Dos para quién?—Para la loba blanca y para el canal.Lucía miró a Dante. Él sostuvo la mirada. Sin el hilo dorado, sus ojos eran solo ojos: marrones, cansados, con ojeras profundas. Pero seguían siendo los ojos que la habían mirado a través del vínculo fracturado durante meses. Los ojos que ahora no podían ver a Ariel.—El canal entra por la octava puerta —continuó Henrik—. Si Dante sostiene el canal abierto durante el ritual, la energía de Ariel fluye por esa entrada. Directo al círculo interior. Di

更多章節
探索並免費閱讀 優質小說
GoodNovel APP 免費暢讀海量優秀小說,下載喜歡的書籍,隨時隨地閱讀。
在 APP 免費閱讀書籍
掃碼在 APP 閱讀
DMCA.com Protection Status