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Capítulo 6. No estas sola

last update Fecha de publicación: 2023-12-27 02:12:06

NAÍN

—¡Que NO! No me voy a casar con un lobo, y menos con un Alpha... y mucho menos si no es mi mate.

—Solo sería hasta que todo esto pase...

—¿Y qué clase de Alfa sería si delego mis obligaciones a otro? ¿Te has puesto a pensar en eso? Ya de por sí, no soy bien vista por liderar una manada tan grande y fuerte. Ahora imagina cómo me verán con un matrimonio arreglado —rebatí, cruzándome de brazos.

—Ya has demostrado que eres una excelente líder...

—Sí, pero si me caso solo por los ataques, perderé toda credibilidad. No, gracias. Si estás tan ansioso por bodas, ¡cásate tú! —me giré y salí del comedor, encerrándome en mi despacho.

Quizá aliarme con otro Alpha me daría una ventaja para encontrar al responsable... pero una alianza no es lo mismo que un matrimonio.

Dos días después, las alarmas rompieron el silencio. Otro ataque. Esta vez, cazadores, vampiros y lobos armados hasta los dientes. Algunas cabañas ardían mientras nos enfrentábamos al enemigo.

—¡Alpha Naín, cuidado! —Edril me empujó justo a tiempo. El estruendo del disparo me ensordeció.

—¡Edril! Maldición, ¿por qué lo hiciste?

—Jur... juré que la protegería... con mi vida —susurró, sangrando. Mi visión se tiñó de rojo.

Liberé a mi lobo Alpha.

Y entonces, todo fue sangre, furia y destrucción. No di tregua, no di piedad. Vampiros, cazadores, traidores… ninguno salió ileso. Ellos tampoco la tuvieron con los míos.

Terminamos cubiertos de sangre —la suya y la nuestra. Los pocos enemigos con vida huyeron.

—¿Cómo está mi Beta? —pregunté al entrar.

—Perdió mucha sangre. Ya extraje la bala, ahora todo depende de él. Déjame revisarte.

—No. Primero veré a las familias afectadas.

—Naín...

Ignoré a Yaren. A cada paso mi pecho se oprimía. Vi familias arrastrando pertenencias chamuscadas, niños asustados, padres en silencio.

—Alfa, ¿cuándo terminarán los ataques? Yo solo quiero vivir en paz —me dijo Nabil.

Me agaché a su altura.

—No lo sé, Nabil... pero te juro que haré todo lo posible por acabar con esto.

—Perdone, Alfa... —intervino su madre, avergonzada.

—Descuida —le respondí. Y como Nabil, había muchos más. Mi deber era protegerlos. Darles paz. Darles seguridad.

Pero no podía.

Me sentía impotente. Esto me sobrepasaba. Era como si todo el odio estuviera dirigido solo a mí.

Esa noche, recorrí sola el territorio. Mis pasos me llevaron al risco. Allí, donde solía venir a hablar con mi padre.

—Madre mía, guíame. La carga es cada vez más pesada. Siento que nado contra la corriente... ayúdame a mantenerme fuerte, te lo pido —susurré al cielo.

Ser Alfa no es fácil, menos aún cuando solo unos cuantos luchan a tu lado. He tratado de ser la mejor, pero cinco guerreros no bastan. No así.

Me dejé caer y lloré.

—No puedo sin ti, padre —gemí, rota.

Entonces, unos brazos rodearon mis hombros.

—No está sola, Alfa. Me tiene a mí.

Giré. Y luego escuché más voces.

—Y a nosotros, Alfa.

Cincuenta guerreros. Edril. Mi Delta. Mi corazón se llenó de esperanza.

—Gracias...

—Usted dirá qué procede, Alfa. No la dejaremos sola. No somos muchos, pero entrenaremos día y noche para estar a la altura —dijo mi Beta.

—Desde mañana entrenaremos en las noches. No volverán a tomarnos por sorpresa. Seremos la manada más fuerte, aunque seamos pocos —dijo mi Delta.

—Así es. Lucharemos hombro a hombro con usted —dijeron al unísono los guerreros.

—Regresemos a casa. Mañana será un día largo y tenemos mucho por reconstruir.

Regresamos. Cada quien fue a su cabaña, excepto mis dos fieles.

Al día siguiente.

—Naín, por favor. Piénsalo una vez más. La propuesta que te hice...

—Estoy ocupada, tío. No tengo tiempo para andar buscando un esposo.

—Déjamelo a mí —dijo con una sonrisa, como si hubiera recibido mi aprobación.

Suspiré con frustración.

Ahora no estoy para esas tonterías...

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Begoña Martínez Saez
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