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005. Arruinar a la mujer que le robó a su compañero.

작가: June
last update 게시일: 2026-04-03 02:54:25

POV de Ivory

Estaba sentada al borde de un acantilado escarpado, con las piernas colgando sobre el precipicio mientras el viento helado agitaba los mechones sueltos de mi cabello.

El inmenso cielo azul lucía completamente tranquilo, una cruel burla al vacío que llevaba dentro del pecho.

Muy por debajo, los campos de entrenamiento de la manada estaban llenos de actividad. Filas de tiendas de cuero se extendían sobre la tierra, mientras los guerreros realizaban ejercicios de combate.

Entonces vi a Draven salir de la tienda de mando, con un enorme arco recurvo colgado sobre el hombro.

Una amarga punzada atravesó mi pecho al recordar su rechazo.

Habíamos roto nuestro vínculo de almas y acordado seguir caminos separados como simples colegas. Quizás nunca fui suficiente para él, susurró mi loba con amargura. Él quería una pieza política perfecta y hermosa, no una soldado cubierta de cicatrices.

—Contrólate, Ivory —murmuré para mí misma mientras me levantaba de la roca para marcharme.

El crujido de la grava sonó detrás de mí.

Giré de inmediato, llevando la mano al puñal de mi cinturón por puro instinto.

—Rodrigo —exhalé, relajándome ligeramente.

Mi hermano menor se quedó quieto. Su mano subió automáticamente hasta la mandíbula para rascarse la perilla, su señal más evidente cada vez que estaba nervioso.

—Deberías estar abajo, en el pabellón, hermana. ¿Qué haces aquí arriba?

Crucé los brazos y entrecerré los ojos.

—Tú deberías estar corriendo. ¿Por qué sigues por aquí?

Parpadeó fingiendo inocencia.

—¿Qué quieres decir?

—Sabes perfectamente a qué me refiero. ¿Dónde estabas anoche, Rodrigo?

—Haciendo recados comerciales para el Gamma —respondió encogiéndose de hombros, aunque su mirada se desvió hacia los árboles—. ¿Y a qué viene este interrogatorio?

—Porque el Alfa está organizando un equipo privado para interrogar a todos los guardias y rastreadores que entraron en la residencia interior anoche —dije mientras me acercaba—. Dejemos las tonterías. Dime la verdad.

Los ojos de Rodrigo se abrieron de golpe y el color abandonó su rostro.

—¿Cómo lo descubriste?

—Saliste por la puerta trasera con demasiada prisa. Un guardia del perímetro reconoció tu complexión.

Mentí con total naturalidad.

Era inquietantemente fácil leer a mi hermano.

Y, sin embargo, aquella misma intuición había sido incapaz de advertirme sobre mi propia pareja destinada.

—No menciones ni una sola palabra de lo que viste en ese corredor anoche. Ni a Zane, ni a tus amigos. ¿Entendido?

Rodrigo se quitó la capucha de cuero.

El pánico era evidente en sus ojos.

—Pero, Ivory, los rastreadores del Alfa ya están registrando todos los sectores. Si encuentran mi rastro...

—Yo me encargaré del Alfa —lo interrumpí con una voz de acero—. Me aseguraré de que detenga la búsqueda.

Rodrigo estudió mi rostro.

—¿Cómo? Los dos parecen estar a punto de matarse. ¿Acaso... se reconciliaron?

—Se acabó entre nosotros, Rodrigo. Profesional y personalmente —respondí con frialdad—. Eso hace que nuestras responsabilidades sean... más sencillas. Lo he superado por completo.

La mentira me dejó un sabor amargo en la boca.

—Vamos —murmuré, indicándole que me siguiera por la empinada ladera rocosa.

—Ivory...

Rodrigo se aclaró la garganta.

—Hay algo que debo decirte.

—¿Sí?

Me volví para mirarlo.

Mi hermano tragó saliva antes de soltar la bomba.

—Diez cachorros desaparecieron del Sector Este durante la ceremonia de anoche.

Un frío estremecimiento recorrió mis venas.

—¿Desaparecieron? Eso es imposible. El Sector Este está fuertemente protegido.

La mandíbula de Rodrigo se tensó.

—¿Lo está? Los rastreadores acaban de encontrarlos. Están junto al sauce llorón, cerca de la frontera.

Fruncí el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Están muertos...

—¿Qué has dicho?

Lo agarré del brazo.

—Muertos —repitió sacudiendo la cabeza.

La incredulidad me golpeó con fuerza.

Tiré de él y ambos comenzamos a correr cuesta abajo.

—Tienes que prepararte mentalmente, hermana —susurró Rodrigo mientras corría a mi lado hacia el sauce llorón.

—Porque sus cuerpos... no parecen normales. No tienen marcas de garras. Están marchitos. Como si algo hubiera drenado la vida directamente de sus cuerpos.

Cada palabra me revolvía más el estómago.

Mis botas resbalaron sobre la tierra húmeda cuando atravesamos la última línea de árboles y llegamos al huerto aislado.

Lo que vi hizo que mis rodillas cedieran.

Diez cachorros.

Tendidos en círculo.

Tal como Rodrigo había dicho, no había sangre ni heridas visibles.

Sus pequeños cuerpos estaban completamente marchitos y su piel había adquirido un inquietante tono gris ceniza.

Un fuerte olor químico, dulzón y sofocante flotaba en el aire húmedo.

Lo reconocí al instante gracias a mi entrenamiento táctico avanzado.

Belladona Nocturna.

Un arma química fabricada por los alquimistas reales de la Manada Shadowmoon.

El territorio natal de Dolores.

Mi corazón golpeó con fuerza contra mis costillas cuando una terrible revelación me atravesó.

Aquello no había sido el ataque de un animal salvaje.

La nueva Luna apenas llevaba seis horas dentro de nuestras fronteras y el arma característica de su manada ya estaba causando estragos en la nuestra.

—Hermana... —susurró Rodrigo.

—Por favor, dime que no crees que la Luna hizo esto.

—Fue ella —espeté entre dientes—. No existen las coincidencias.

—No, no.

Intentó detenerme.

—¡Podría haber sido cualquiera! Acusar a la nueva Luna de sabotaje ahora mismo es un suicidio. Piensa en tu reputación. ¿Qué dirá la gente si te equivocas?

—Pero el hecho sigue siendo que tengo razón.

Me giré hacia él.

—¿Podrías escucharme por una vez? —suplicó desesperado.

—Rodrigo...

Solté un suspiro.

—Es un monstruo. Así que me apoyas o te apartas.

Por fin tenía una oportunidad de destruir a la mujer que me había arrebatado a mi compañero.

Y no pensaba dejarla escapar.

Le di la espalda y avancé directamente hacia el círculo de cuerpos grisáceos.

Necesitaba pruebas.

Pruebas sólidas e irrefutables que obligaran a Draven a ignorar todas las excusas políticas del consejo.

El olor de la Belladona Nocturna me revolvió el estómago mientras me arrodillaba junto al viejo sauce.

Entonces lo vi.

Algo brillaba bajo una capa de musgo húmedo en el centro del círculo.

Me incliné y lo saqué.

Era un vial roto.

El corazón empezó a latirme con fuerza.

Aquello no era un recipiente común.

Era un contenedor especializado para dispersar Belladona Nocturna.

Durante un instante, todo el huerto pareció quedar en absoluto silencio.

Diez cachorros muertos.

Un arma de Shadowmoon.

Y una Luna de Shadowmoon que había llegado menos de un día antes.

—Hermana... —susurró Rodrigo detrás de mí.

Cerré lentamente los dedos alrededor del vial roto.

A lo lejos llegó el sonido de la música.

La celebración de la boda seguía en marcha.

Levanté la vista hacia las luces brillantes del gran salón y sonreí.

Rodrigo me agarró del brazo.

—Hermana, espera. ¿Qué vas a hacer?

Apreté con fuerza la evidencia entre mis dedos.

—Iré a felicitar a la novia.

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