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Capitulo 40

last update Tanggal publikasi: 2025-11-18 06:37:16

La oficina de Jimena estaba sumida en un silencio pulcro, interrumpido solo por el zumbido grave del aire acondicionado y el tic-tac de un reloj minimalista colgado en la pared. Desde el ventanal panorámico, la ciudad amanecía con un cielo despejado, teñido de un azul limpio que contrastaba con el gris metálico de los edificios.

Era el tercer día desde que había despedido a Tiago. El tercer día en que la ausencia de su voz, de sus pasos seguros por los pasillos, se había convertido en una prese
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  • La CEO del Placer    Epílogo

    Un año después.El sol bañaba el jardín con una luz dorada y suave, como si quisiera bendecir cada rincón de aquella mañana de primavera. El aire olía a flores frescas, a césped recién cortado y a la fragancia ligera que desprendían las macetas de lavanda alineadas a lo largo del sendero de piedra. La brisa era cálida, pero juguetona, movía las hojas de los naranjos y hacía que los pétalos blancos que caían de los rosales se mecieran en el aire como copos de nieve de verano.Jimena, vestida con un vestido largo de algodón color crema, caminaba lentamente por el jardín. Su cabello, más largo y con algunas ondas naturales, caía sobre sus hombros, y el brillo en sus ojos delataba que la felicidad se había vuelto costumbre en su vida. Sobre su vientre, redondeado y tierno, descansaban sus manos con un cuidado instintivo, como si con ese simple gesto pudiera proteger el tesoro que crecía dentro de ella.Tiago la acompañaba, su mano derecha entrelazada con la de ella, y en la izquierda llev

  • La CEO del Placer    Capitulo 59

    El salón de eventos estaba vestido de gala. Un aroma sutil a rosas blancas flotaba en el aire, mezclándose con el perfume cálido de las velas que iluminaban cada rincón con una luz dorada y suave. Las paredes, cubiertas por cortinas de seda marfil, reflejaban un brillo tenue, como si todo el lugar estuviera suspendido en un instante de ensueño. Sobre las mesas redondas, los centros de flores blancas se elevaban elegantes, acompañados de pequeñas velas flotantes que parecían respirar al ritmo de la música en vivo.El cuarteto de cuerdas afinaba sus instrumentos, dejando escapar notas suaves que acariciaban el corazón. El murmullo de los invitados llenaba el aire, mezclando risas discretas, saludos y el crujir de las copas al brindar. Entre la multitud, se podía percibir la expectación, ese cosquilleo colectivo que sucede cuando todos saben que están a punto de presenciar un momento irrepetible.En la entrada, Juan ajustaba su corbata con una ligera sonrisa. Él sería quien caminaría jun

  • La CEO del Placer    Capitulo 58

    El sol se ocultaba lentamente, tiñendo el cielo de tonos ámbar y carmesí.Tiago bajó del coche con una ligera sonrisa en los labios y el cuerpo aún vibrando por la jornada que había tenido junto a Gabriel. El día había estado cargado de pruebas, conversaciones con sastres y largas comparaciones de telas, cortes y detalles que parecían insignificantes, pero que, para él, formaban parte de algo mucho más grande: su promesa de estar impecable para el día en que uniría su vida a la de Jimena.No había sido fácil elegir. Gabriel, con su ojo crítico y su humor sarcástico, había opinado sobre cada corbata y cada hilo de la costura, y al final habían encontrado el traje perfecto: un conjunto de corte clásico en azul noche, con una caída impecable y un chaleco gris perla que resaltaba la amplitud de sus hombros. Cuando el sastre hizo el último ajuste, Gabriel había asentido con aprobación, y Tiago había imaginado el instante en que Jimena lo vería con él.Ahora, al atravesar el camino que cond

  • La CEO del Placer    Capitulo 57

    La mañana se filtraba por los ventanales de la mansión como una caricia dorada.El aroma del café recién hecho y de panecillos tibios llenaba el comedor, mezclándose con el perfume tenue de las flores que Tiago había mandado traer la noche anterior y que ahora adornaban la mesa.Jimena estaba sentada junto a la ventana, con el cabello recogido en una coleta alta y un vestido ligero color crema. Tenía en la mano una taza de porcelana, y sus ojos, todavía brillantes por lo vivido la noche anterior, se posaban una y otra vez en el anillo que captaba los rayos del sol.Tiago, de camisa blanca arremangada y un aire relajado, le servía jugo de naranja. Cada gesto suyo era pausado, como si quisiera que esa mañana se estirara eternamente.—No me acostumbro a verte así —dijo él, apoyando los codos en la mesa y sonriendo—. Tan… mía.Jimena le devolvió la sonrisa, con ese rubor que él siempre lograba provocarle.—Y yo no me acostumbro a que ahora todos sepan lo nuestro.Él se inclinó para robarl

  • La CEO del Placer    Capitulo 56

    La mansión de Jimena estaba envuelta en un silencio sereno cuando llegaron.El eco suave de sus pasos sobre el mármol de la entrada se mezclaba con el murmullo distante del viento, que agitaba las copas de los árboles del jardín. El evento había quedado atrás, pero la energía y el vértigo de lo vivido seguían vibrando en sus cuerpos.Tiago cerró la puerta con cuidado, como si temiera romper ese delicado hechizo que aún los envolvía. Se quitó el saco y lo dejó sobre el respaldo de una silla cercana, mientras sus ojos no dejaban de seguirla. Jimena, todavía con su vestido de gala, se soltó lentamente los pendientes, dejando que la luz tenue de la lámpara del vestíbulo acariciara su piel.—¿Estás cansada? —preguntó Tiago, acercándose.Ella sonrió, con esa mezcla de cansancio físico y plenitud emocional que solo se siente después de un día extraordinario.—Cansada… sí. Pero feliz. Muy feliz. —Su voz era baja, como si pronunciara un secreto.Tiago deslizó una mano por su cintura y la atraj

  • La CEO del Placer    Capitulo 55

    El salón de eventos seguía envuelto en un halo de emoción y asombro. Las luces cálidas acariciaban cada rincón, mientras las flores frescas desprendían ese aroma sutil que parecía envolver a todos en una burbuja de intimidad colectiva.Ella dejó escapar una risa nerviosa, ahogada por las lágrimas. Bajó la vista otra vez al anillo, y, con un suspiro, dejó que sus hombros se relajaran.—Sí —dijo, apenas audible, pero suficiente para que Tiago la escuchara.La sala estalló en aplausos. Las luces volvieron a subir lentamente, y la música se elevó, ahora con un tono más brillante. Tiago, aún arrodillado, tomó su mano y deslizó el anillo en su dedo. Le quedaba perfecto.Se puso de pie, la abrazó, y el público se levantó, algunos grabando con sus teléfonos, otros sonriendo con ternura.Jimena cerró los ojos un instante, apoyando la frente en el hombro de Tiago. Sentía su perfume, esa mezcla de madera y notas cítricas que siempre lo acompañaba, y por primera vez en mucho tiempo, sintió que es

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