FAZER LOGINUy, ya se puso caliente la cosa!! Qué creen que pasará? Les está gustando la historia? Gracias por leer!
El silencio que siguió a mis palabras fue absoluto, pesado y cortante como el filo de una navaja. Los ruidos de la cocina parecían haberse apagado en el aire; lo único que se escuchaba era el eco resonante de mi propia respiración desbocada rebotando contra mis oídos.—¿Irnos a tu casa? —repitió Félix, con una voz tan baja, tan peligrosamente pausada, que apenas era un susurro rasposo que cargaba con toneladas de plomo y peligro—. ¿Crees de verdad, Abigail, que después de todo lo que ha pasado, después de cruzar la línea que cruzamos y de atar tu vida a la nuestra, te vamos a dejar marchar a un departamento olvidado en los suburbios como si fueras una turista que decide cancelar sus vacaciones en medio de un viaje?Luca soltó una risa seca, sin un solo gramo de humor, y se cruzó de brazos, bloqueando con su cuerpo ancho y tenso la única salida de la cocina. Sus ojos brillaban con una mezcla de incredulidad y una posesión tan feroz que asustaba.—Estás delirando por completo, ángel —es
El caos blanco de la cocina se había disipado, dejando paso a una tregua silenciosa y áspera mientras los restos de harina quedaban atrás. Sin embargo, el aire seguía cargado de esa electricidad inconfundible, de esa estática peligrosa que dejaban los gemelos cuando decidían bajar la guardia a medias... o cuando exigían respuestas que yo no estaba lista para dar.Estábamos sentados alrededor de la isla de mármol. El pan había quedado a medio hacer, una masa deforme y estúpida olvidada sobre la mesada como un recordatorio mudo de mi patético intento por escapar de la realidad mediante la cocina. Frente a mí, Félix y Luca compartían una botella de vino tinto que habían abierto apenas terminamos de besarnos entre risas y marcas en la piel, como si la pasión salvaje de hacía unos minutos pudiera borrar el muro invisible que se alzaba entre nosotros. Pero la diversión había quedado suspendida, evaporada bajo el peso de la sospecha.Félix apoyó los codos en la superficie fría del mármol, en
Estaba sola. Absolutamente sola. Los guardias se mantenían a raya en los perímetros exteriores, y el personal de servicio parecía caminar sobre plumas, evaporándose apenas sentían el eco de mis pasos. Y ese fue el problema: la soledad, de repente, se convirtió en una trampa mortal para mi cabeza.Intenté sentarme frente a la computadora en la suite principal. Quise escribir. Quise retomar el hilo de la historia que había dejado pausada la noche en que el mundo se me había venido abajo. Pero el cursor titilaba en la pantalla blanca con una burla rítmica. Nada. Bloqueo absoluto. Mis dedos se negaban a teclear una sola palabra de ficción mientras la realidad me pesaba como una piedra en el pecho. Las palabras de Marco “Eso es lo que sigues queriendo creer”, seguían rebotando en mis sienes, mezclándose con la culpa de saber que estaba durmiendo en la cama de los hijos de la mujer que mi familia había destruido indirectamente.Para colmo, la nueva dinámica de la casa me estaba volviendo lo
El abrazo compartido en la penumbra del despacho privado de Félix se prolongó hasta que los primeros rayos del sol, fríos y neblinosos, empezaron a teñir de un gris ceniza el retrato de Bianca en la pared. Estábamos allí, envueltos en un silencio que se sentía casi sagrado, pero que para mí era una soga que se iba apretando milímetro a milímetro alrededor de mi garganta.Mi llanto había cesado, dejando atrás una estela de espasmos sordos y un vacío helado en el estómago. Félix, con una delicadeza que contrastaba de forma dolorosa con la brutalidad de sus puños ensangrentados horas antes, usó las yemas de sus dedos para secar el rastro húmedo de mi rostro. No dijo nada. No hacían falta palabras. Luca, al notar el temblor errático que sacudía mis hombros, pasó sus brazos por debajo de mis rodillas y mi espalda, levantando mi cuerpo de curvas pronunciadas con la facilidad de quien sostiene un suspiro.Apoyé la cabeza en el hueco de su cuello, aspirando su aroma a tabaco, mientras nos esc
El peso del cuerpo de Luca sobre mi cadera y el brazo de Félix rodeándome la cintura con una posesividad de hierro deberían haberme devuelto la paz tras la tormenta de la noche. La suite principal estaba sumida en una penumbra gélida, apenas iluminada por la luz azulada y neblinosa que se filtraba antes del amanecer por los ventanales del balcón. La cama era un desorden de sábanas revueltas, impregnada con el aroma a sexo, sudor y fluidos que marcaban mi piel como un pacto invisible de pertenencia.Pero en mi cabeza no había paz. Había un nido de víboras que se retorcían con cada uno de mis latidos.“Vas a descubrir lo que realmente quieren de ti y de dónde viene su maldita obsesión”.Las palabras de Marco en el ala norte me golpeaban las sienes con la fuerza de un martillo. Intenté respirar despacio, conteniendo el aire para no alterar el ritmo pausado de los gemelos. Félix respiraba con una regularidad magnética contra mi nuca, su aliento cálido me rozaba la piel del hombro, y la ma
El frío de la noche no se comparaba con la fuerza con la que Félix me aferró del brazo. No hubo delicadeza. Me arrastró fuera de la habitación, obligándome a seguir sus zancadas furiosas por el estrecho pasillo del ala norte. Detrás de nosotros, Luca cerró la puerta de madera con un golpe que resonó como un trueno, dejando a Marco y sus advertencias en la penumbra.—¡Suéltame, Félix! ¡Te dije que me sueltes! —forcejeé, clavando los talones en el suelo, pero era como intentar mover una montaña.Mis curvas se sacudían contra su costado, y la chaqueta de cuero crujía bajo la presión de sus dedos de acero. Luca nos escoltaba desde atrás, con los ojos fijos en mi nuca, respirando como un toro embravecido. No dijeron una sola palabra en todo el trayecto. Cruzamos la mansión en un silencio sepulcral que solo se rompía por mis protestas y el roce de nuestra ropa, hasta que llegamos a la suite principal.Félix me empujó con suavidad hacia el interior de la habitación. Luca entró de inmediato,







