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Mía

last update Fecha de publicación: 2025-12-14 19:04:07

POV Alejandro 

Las galas benéficas eran una de esas obligaciones que me tocaban los cojones, pero que eran inevitables, salones llenos de gente fingiendo que les importaba el sufrimiento de otros, inversores dándome palmadas en la espalda como si fuéramos amigos, y periodistas sacando fotos, acosandome, eran el tipo de noches que parecían interminables.

Esa noche sería una de esas, le envié un vestido a Sofía, lo elegí con cuidado, quería que llamara la atención, aunque debo admitir que desde que lo vi, no podía esperar a verla con él puesto, cuando bajó, la recorrí con la mirada, estaba perfecta para las cámaras.

Cuando llegamos al evento, la tomé de la mano, caminamos por la alfombra, ella tomada de mi brazo, la tomé por la cintura y la besé en la frente, todo para las fotos que nos estaban tomando.

La noche pasó como lo planeé, nos tomaron fotos sin parar para los medios, parecíamos una pareja real, mi ego estaba satisfecho al ver que todos los hombres en el lugar deseaban lo que yo tenía, podía verlo en sus miradas, estaba bien mientras no se le acercaran.

Disfruté clavando la mirada sobre cada cabrón que la miraba, viendo como se acojonaban, a nuestro paso escuchábamos murmullos, comentarios, “la pareja perfecta”, eramos buenos actores, al final la felicité, Sofía había hecho un buen trabajo, la fachada que mostrabamos  funcionaba y eso me agradaba.

Al día siguiente me levanté como siempre a las seis, me di una ducha rápida, cuando bajé. Raúl mi chófer ya me estaba esperando, llegué a la oficina a las siete, mi secretaría ya estaba ahí, enseguida me ofreció un café negro sin azúcar, como todos los días.

—Buenos días, señor Ruiz, las fotos de la gala ya se han publicado salieron perfectas, tienen muchos comentarios positivos en las redes sociales —asentí.

—¿Qué tengo en la agenda? —pregunté, aunque ya sabía que sería lo de todos los días,

reuniones y más reuniones.

—Reunión de finanzas a las ocho, con los ejecutivos de Dubai a la una y con proveedores a las tres.

Empecé a trabajar, impuse mi voluntad y llegué a buenos acuerdos en las reuniones, después revisé emails y números, el trato con los árabes avanzaba, aceptaban mis condiciones, solo necesitaban la prueba de que yo estaba estable.

Decidí que lo mejor era que me mostrara en público con Sofía eso haría más creíble que nuestra relación parecía ir mejor que nunca, así que organicé salidas a comer en las que nos portamos como cualquier pareja normal, reímos y hablamos tonterías, después dimos un paseo por el Born y le compré algunas cosas para que ella se sintiera bien conmigo y le hiciera creer a los demás que la consentía.

Ella recibía constantes llamadas de hombres que pedían que los acompañara, ella las rechazaba, bien, eso era parte de nuestro trato, nada de clientes mientras estuviera conmigo, él dinero que ella recibiera en este tiempo, tenía que salir de mí.

Mi padre seguía llamándome constantemente para ver cómo iba el trato con los árabes, pidiéndome que no lo jodiera, le dije que todo iba bien, por la mañana me habían llamado de Dubai, habían visto las fotografías con Sofía, dijeron que la propuesta de negocios  les gustaba, pero firmarían cuando demostrara que era una persona estable, hasta ahora se habían creído que iba en serio mi relación con Sofía.

Todo iba perfecto, pero había algo con lo que no contaba, los celos empezaron poco a poco, sin darme cuenta, me molestaba cuando alguien la miraba en la calle, era una mujer hermosa que no pasaba desapercibida, pero en una cena con inversores fue el colmo, el mesero, un niñato de unos veinte, se acercó con la botella de vino para servirle una copa y le dedicó una sonrisa de m****a.

Sentí calor dentro de mi pecho, rabia, no fue solo porque la mirara, fue que ella le devolvió la sonrisa, aunque fuera por educación, aunque duró solo un segundo, sentí que la sangre me subía a la cabeza. 

Nadie le sonríe a lo que es mío, me quedé callado toda la cena, asintiendo a los inversores, hablando de porcentajes y plazos, pero por dentro imaginaba agarrar al chaval por el cuello y decirle que si volvía a mirarla, lo dejaba sin dientes, sin trabajo, sin futuro, sin nada. 

Me contuve, y es que siempre me contengo en público, pero cuando entramos al ascensor y las puertas se cerraron, no pude más, exploté y la estampé contra la pared, le agarré la barbilla con fuerza, y le reclamé, eso era algo que jamás había hecho antes con nadie.

Le dije que nadie debía mirarla, que nadie debía tocarla, que era mía, la besé hasta dejarle los labios hinchados, eso no era parte del contrato, pero sentí la necesidad de marcarla, ella no se apartó, y eso me gustó, me gustó demasiado.

La llevé al penthouse, en la habitación le quité el vestido, comencé a besarla, a acariciarla, le dije que me pidiera parar, no lo hizo, ella también lo quería, la tomé con furia, le dí órdenes, ella obedeció, sumisa, hasta que entré en ella y sentí esa resistencia, algo que no esperaba, no podía creerlo, todo se detuvo por un segundo.

¡DEMONIOS! Era virgen, joder, estaba seguro de que no lo era, era una escort, una acompañante, no le creí el cuento de que no llegó más allá con algún cliente, pensé que era mentira, un cuento para venderse mejor, pero no, era real, nadie la había tocado antes, solo yo.

Me inundó una gran sensación de triunfo, seguí moviéndome más fuerte sin delicadeza, estaba demasiado excitado como para contenerme, quería que sintiera que me pertenecía, cuando terminé me quedé un segundo dentro, sintiéndola, después me levanté y me fui al baño sin voltear a verla.

Cuando salí, ella se había quedado dormida, la observé por un momento, era realmente bella, miré la mancha oscura en la sábana blanca, sentí el impulso de acostarme a su lado, de abrazarla, pero no, Sofía solo era el medio para cumplir un fin, teníamos un contrato, así que necesitaba hacer algo para que ella no confundiera las cosas, para marcar distancia.

Pensé por un momento, y decidí la mejor manera de hacerlo, dejé veinticinco mil euros como bono por ser virgen, y una nota que le haría ver que para mí lo que ocurrió no fue importante, jamás admitiría que me había impactado, que ser el primero entre sus piernas me hizo obsesionarme más.

Cuando llegué a la oficina, mi secretaría me informó que las acciones habían subido, me mostró los encabezados de los periódicos, hablaban sobre nosotros, la pareja perfecta, de lo enamorados que estábamos, mi plan estaba funcionando.

Se estaban tragando el cuento del hombre enamorado, todos esperaban que de un momento a otro me convirtiera en un hombre de familia, no sentía remordimiento alguno por lo que estaba haciendo, lo merecían, mi habilidad en los negocios no dependían de si tenía o no familia.

Pronto obtendría el contrato con los árabes, y mi padre estaría tranquilo, durante las reuniones del día traté de no pensar en Sofía, pero fue imposible, mi mente solo repetía una sola palabra, “Mía.”

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Último capítulo

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