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Capítulo 2

مؤلف: Rina Vega
last update تاريخ النشر: 2026-07-09 22:48:16

—¿Casarme... con Mateo?

Lucía casi se olvida de respirar. Sus ojos iban y venían del cheque con una cifra astronómica sobre la mesa al rostro imperturbable de Javier Vargas. Su mente, que solía ser súper rápida, se quedó totalmente en blanco, como una computadora colapsada por un error fatal.

—Un momento, señor Vargas —dijo Lucía levantando una mano para detener aquella locura—. ¿Cómo es que usted... quiero decir, de dónde sacó la información sobre la disputa legal de mi fundación? ¿Y por qué tiene que ser un matrimonio por contrato? ¡Esto no tiene ni pies ni cabeza!

Javier esbozó una sonrisa profesional y gélida. Acomodó su tablet antes de responder.

—Para la directiva del Madrid Royale FC, rastrear el historial de alguien es pan comido, señorita Vega. Además, usted es una influencer con una imagen impecable. En cuanto la foto de El Retiro se hizo viral hoy, nuestro equipo de analistas se puso en marcha. Sabemos que su fundación está contra las cuerdas. Y sabemos que al público le encantan las historias de heroínas.

Javier se inclinó hacia adelante, mirando a Lucía fijamente. —Vitality Milk quiere proyectar la imagen de Mateo como un tipo comprometido y cercano. Casarse con una trabajadora social guapa y querida por todos como usted es el escenario perfecto. Usted necesita el dinero para salvar a esos niños, y Mateo necesita de usted para salvar su carrera. Es un negocio que beneficia a los dos.

Negocio, ese tipo se refería al matrimonio como un negocio.

Lucía se dejó caer en el sofá, agotada. Su corazón latía a mil por hora. Casarse con Mateo Torres, el tipo más arrogante y al que más había odiado desde el instituto, era una pesadilla. Pero, la imagen de las caras preocupadas de los niños, pensando en que podrían echarlos a la calle en Madrid, le estrujaba el corazón de una forma mucho más dolorosa.

Por los niños. Solo por ellos.

Lucía cerró los ojos un instante, respiró hondo y, al abrirlos, su mirada destilaba determinación.

—Está bien. Acepto. Pero tengo unas condiciones que quiero que queden por escrito en el contrato.

Javier sonrió satisfecho, esta vez con un gesto un poco más sincero. —Una elección muy sabia, señorita Vega. Nos vemos mañana por la mañana.

***

A la mañana siguiente, el sol de Madrid brillaba con fuerza sobre la imponente fachada del edificio de gestión del Madrid Royale FC, en la zona exclusiva de Paseo de la Castellana.

Lucía entró en la sala de juntas principal, con sus enormes paredes de cristal y vistas a la ciudad. Sin embargo, el ambiente dentro era tenso. Al fondo de la mesa de mármol, Mateo Torres estaba sentado con los brazos cruzados, la mandíbula tensa y una mirada capaz de fulminar a cualquiera que se acercara.

Nada más abrirse la puerta y entrar Lucía, Mateo se levantó de un salto y golpeó la mesa con brusquedad.

—¡¿Estás loco, Javier?! De todas las mujeres que hay en España, ¡¿tenía que ser esta bruja?! —rugió Mateo, con una voz que hizo temblar la habitación. Señaló a Lucía con un dedo que le temblaba de pura rabia.

—¡Cuida tu lenguaje, Torres! ¡¿A quién llamas bruja?! —respondió Lucía, sin dejarse amedrentar. Su faceta maternal y dulce de ayer había desaparecido, sustituida por ese modo defensivo que Mateo conocía tan bien.

—¡A ti! ¡¿A quién si no?! —Mateo dio un paso al frente, acortando la distancia entre ambos hasta que Lucía pudo oler su perfume caro, pero también sentir el calor de su ira—. Javier dijo que encontró a una mujer con alma de ángel para salvar mi imagen. ¡Pero en cuanto vi los documentos, resulta que eres tú! ¡Lucía Vega! ¡La jefa de clase pesada que se dedicaba a buscarme las cosquillas en el instituto!

Lucía se cruzó de brazos y levantó la barbilla, desafiando sus ojos de halcón. —¡Si no fueras tan fan de saltarte los entrenamientos, de venir a clase con la camiseta sucia y de copiar en los exámenes de mates, jamás hubiera tenido que apuntar tu nombre en la lista de castigos cada día, Mateo! ¡Fuiste un cabeza dura entonces y lo sigues siendo ahora!

—¡Soy un atleta! ¡Mi tiempo lo paso en el campo!

—¡Eso no es excusa para ser un patán!

—Oye, escucha —Mateo dio otro paso adelante, bajando la voz pero cargándola de énfasis; los restos del rencor adolescente que nunca terminaron de cerrar explotaron de repente—. Nunca voy a olvidar cómo me castigaste limpiando los baños del colegio yo solo un viernes por la tarde, ¡hasta que llegué tarde a mi cita!

—¡Y yo tampoco voy a olvidar cómo chutaste un balón de fútbol a propósito contra mi lienzo hasta destrozarlo en la semana cultural! —respondió Lucía, con los ojos echando chispas y la respiración agitada.

Javier, que estaba sentado en medio, solo pudo masajearse las sienes, sintiendo cómo le empezaba a doler la cabeza al ver a aquellos dos adultos comportándose como adolescentes peleándose por el patio del recreo.

—¡Basta! ¡Los dos, callaos! —gritó Javier finalmente, cortando la discusión.

Mateo y Lucía se sobresaltaron, luego giraron la cara en direcciones opuestas y soltaron un resoplido de fastidio al mismo tiempo.

Javier soltó un suspiro largo y deslizó dos gruesos fajos de documentos al centro de la mesa. —Les guste o no, ahora mismo se necesitan. Mateo, si te niegas, Vitality Milk se retira esta misma tarde y el club congelará tu puesto en el primer equipo. Tu carrera se acaba. Y señorita Vega, si usted se echa atrás, el terreno de su fundación será embargado la semana que viene.

Un silencio pesado se apoderó de la sala. La amenaza de Javier no era un farol. Era la cruda realidad que le daba una bofetada al ego de ambos.

Mateo miró los documentos, luego miró a Lucía de reojo. Había un destello de resignación en los ojos del feroz delantero. Perder el fútbol era como perder su propia vida. Con brusquedad, Mateo arrastró la silla, se sentó y agarró la pluma dorada de la mesa.

—Un año. Solo un año delante de las cámaras —siseó Mateo, firmando el documento con un trazo tan fuerte que casi rompió el papel. Luego empujó el contrato y la pluma hacia Lucía—. Cuando esto termine, volvemos a ser dos extraños.

Lucía miró la pluma frente a ella. Era un acuerdo de locos. Estaba firmando un contrato para vender su soltería a su archienemigo. Pero, por la sonrisa de los huérfanos que la habían abrazado la noche anterior, Lucía se armó de valor.

Agarró la pluma y puso su firma justo al lado de la de Mateo Torres.

¡Zas!

El sello estaba puesto, la firma los ataba. Sobre aquel papel legal, estos enemigos jurados del instituto empezaban oficialmente la mayor farsa de sus vidas, convertirse en la pareja más romántica de España.

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