INICIAR SESIÓNEl aire entre ellos chisporroteaba con una electricidad que no era del todo placentera.
Como el preludio de una tormenta.Matías no se había movido desde que Luna lo soltó. Seguía erguido, impecable, salvo por la corbata ligeramente torcida por el tirón de ella segundos atrás. Un pequeño desorden en una figura demasiado perfecta.Sus ojos ámbar estaban fijos en ella.No era una mirada casual.Era una evaluación.La forma en que algunos homRivas levantó la mirada.—No sabes todo lo que pasó.—Lo suficiente.No retrocedió.Nunca lo hacía.—¿Crees que tiene que ver con esto?Pausa.—¿Con lo de ahora?Rivas no respondió.Pero no hizo falta.La forma en que evitó mirarla.La tensión en su cuerpo.El silencio.Todo lo dijo.El pasado no estaba atrás.Estaba metido en esto.Y no pensaba soltarlo.Horas después, cuando la tarde comenzaba a ceder ante la noche y las luces de la ciudad se encendían una a una, Salgado seguía frente a la pantalla de su portátil. El archivo de Luna continuaba abierto, un recordatorio frustrante de su vacío.Vacío. Otra vez.—No existes, ¿verdad? —murmuró para sí misma, la voz teñida de una mezcla de admiración y exasperación. Era como intentar atrapar humo.Intentó otra ruta, una búsqueda lateral, poco convencional. Registros médicos. Nada. Universidades.Nada. Bancos. Absolutamente nada. Era una fantasma digital, una sombra sin huellas.Con un suspiro, cerró el portátil. El clic de la tap
Luna deja de soñar.Se lo repitió a sí misma aquella mañana mientras observaba la espalda de Matías desaparecer por el pasillo. El clic de la puerta principal al cerrarse terminó de quebrar el silencio del departamento y, durante un instante incómodamente largo, todo volvió a sentirse demasiado claro.Había conseguido el dinero.No directamente de él, pero sí gracias a él. A su verdadero apellido, a la familia que llevaba años construyendo poder detrás de nombres impecables y cuentas imposibles de rastrear. Había encontrado una grieta mínima, apenas suficiente para meter la mano y sacar una pequeña fortuna antes de que alguien notara el faltante.Y con eso bastaba.Bastaba para pagar la operación de su madre. Bastaba para garantizarle años tranquilos sin volver a preocuparse por hospitales, tratamientos o cuentas atrasadas. Bastaba para desaparecer antes de que las cosas se complicaran más de lo debido.Porque ese siempre había sido el plan.Entrar.Tomar lo necesario.Irse antes de q
Rivas no conciliaba el sueño de verdad. No era insomnio, no ese mal moderno que se calma con pastillas, café cargado o una noche especialmente mala. Lo suyo era otra cosa. Algo más silencioso. Más profundo. Más difícil de explicar sin sentir que estaba exagerando.Dormía, sí.Pero descansar era distinto.Era como si el cuerpo se apagara unas horas mientras la cabeza seguía funcionando en algún lugar oscuro al que él no podía entrar ni controlar.Cada mañana despertaba con la sensación incómoda de haber llegado tarde a algo importante. Como si el mundo siguiera avanzando mientras él permanecía atrapado en una pausa extraña, viendo cómo todo se movía apenas un segundo delante de él.Siempre un paso atrás.Y esa sensación, constante y pegajosa, comenzaba a desgastarlo más de lo que estaba dispuesto a admitir.Esa mañana, sentado en la cafetería frente a la comisaría, el café tampoco ayudó.Ni siquiera un poco.Estaba caliente, sí, pero sabía vacío. Muerto. Como si el sabor se hubiera que
No pasó de golpe.Nadie lo habló.Pero dejó de sentirse como algo temporal.Luna ya no dejaba el bolso listo junto a la puerta.Ya no doblaba la ropa como si fuera a irse al día siguiente.Y, aunque tenía su propio cuarto…cada vez cruzaba menos esa distancia.El departamento seguía igual.Frío.Ordenado.Demasiado limpio.Pero ya no se sentía ajeno.Y eso…le molestaba más de lo que quería admitir.El sonido del café rompía apenas el silencio.Luna apoyó la cadera contra la encimera, mirándolo sin disimulo.Matías ya estaba listo.Como siempre.Impecable.Como si el día no pudiera tocarlo.—Siempre estás listo antes que yo.—Siempre te despiertas tarde.—No es tarde.—Para mí sí.Luna dio un sorbo.—Entonces es tu problema.Matías levantó la mirada.Se quedó ahí un segundo más de lo normal.Como si midiera algo.—Podría ser.Silencio.—Entonces cámbialo.—No cambio cosas que funcionan.Pausa.—Aunque últimamente…No terminó la frase.Luna alzó una ceja.—Yo no soy “cosas”.Matías sos
El sobre no pesaba.Pero no se le iba de la cabeza.Rivas lo sostuvo un segundo más de lo normal, como si al soltarlo fuera a pasar algo. Como si todavía pudiera decidir no meterse más.Pero ya estaba dentro.Lo guardó en la chaqueta. Demasiado cerca del cuerpo.Salgado cerró la puerta del coche de un golpe seco.El eco rebotó en el estacionamiento vacío.—Nos están marcando.No sonó como duda.Rivas siguió mirando al frente. El parabrisas devolvía el reflejo del edificio… las ventanas… sombras que no terminaban de quedarse quietas.Como si algo estuviera ahí… pero no quisiera dejarse ver.—No.Se tomó un segundo.—Nos están midiendo.Salgado giró hacia ella, tensa.—¿Y eso te tranquiliza o qué?Rivas encendió el motor.—Que todavía no saben qué hacer con nosotros.Peor.Mucho peor.El aire dentro del coche se volvió pesado.—Pues más nos vale movernos antes —murmuró Salgado—. Antes de que decidan.Rivas asintió, pero no arrancó enseguida.Sus dedos se quedaron sobre el volante.—Vamo
No pasó de golpe.Nadie lo dijo en voz alta.Pero dejó de sentirse temporal.Luna lo notó en detalles que no pedían permiso.Su bolso ya no estaba listo junto a la puerta.Su ropa dejó de doblarse como si fuera a irse al día siguiente.Ya no preguntaba dónde estaban las cosas.Las encontraba.Como si siempre hubieran sido suyas.El departamento no cambió.Seguía siendo frío.Ordenado.Demasiado limpio.Pero algo sí lo hizo.Ella.Y eso…no le gustaba.—Aquí no suena nada —murmuró una noche, apoyada en la encimera, mirando el vacío como si pudiera romperlo con la voz.Matías no levantó la vista.—Es la idea.—Debe ser insoportable.—No lo es.Luna giró apenas la cabeza.Lo observó sin disimulo.—El silencio siempre dice algo.Matías pasó la página.—Solo