LOGINTequila, sal y limón.
Seattle
Natalia
La voz de mi madre taladra mis oídos mientras se queja de todo y de nada, es un martirio constante y eterno en el que lucho a diario para poder sobrevivir. Su discurso sobre que ya estoy en edad para casarme me hace desear nunca haber nacido. ¿Quién dijo que debíamos casarnos antes de los veinte para poder ser consideradas parte de la sociedad?
Siglo veintiuno y una m****a. Hay cosas que nunca cambian.
Suspiro dirigiendo mi atención hacia otra parte, ignoro voluntariamente su parloteo cuando el nombre de mi hermana sale de sus labios. Creo que nunca podrán perdonar que Eva haya salido embarazada de un mortal sin haberse casado, aunque nunca he entendido que es lo que más le enfada si el hecho de que el chico del que se enamoró mi hermana no fuese de nuestro círculo social, que la haya abandonado cuando se enteró del bebe o que al final no se haya casado.
Sea cual sea el motivo, Eva siempre será la deshonra de la familia, al menos no la mía. A mí me dan igual todos esos códigos absurdos con los que mi mamá pretende someternos y yo sí estoy muy feliz de que mi hermana haya tomado la decisión de tomar el control de su vida.
Yo no soy tan valiente.
—¿Natalia, me estás escuchando? —Levanto la vista y me encuentro con la mirada enfadada de mi madre, su entrecejo se contrae formando una arruga en medio de su frente.
Creo que ya le toca una retocadita de bótox.
—¿Eh? Si, mamá.
—¡No has prestado atención a nada de lo que he dicho! ¡Esto es insólito, Natalia! —grita histérica mientras la miro sin ningún interés.
Suspiro resignada y mantengo mi atención en ella aunque mi mente divaga. ¿Por qué los payasos usan una nariz roja?
—¿Qué quieres que te diga mamá? Siempre que vengo a casa es la misma historia: tu hermana esto y aquello, tú ya estás en edad de casarte, tengo el pretendiente adecuado y bla, bla, bla —repito con fastidio el guión de cada semana—, nunca dices nada nuevo y me da la impresión de que mi visita te pone más histérica de lo que normalmente eres. —Su cara se transforma de la histeria a la ira a medida que hablo, luce ofendida y a punto de un derrame cerebral, pero en vez de eso, aprieta los labios y fuerza una sonrisa tensa, con la que pretende aparentar calma.
—Lo único nuevo que tengo para contarte es el cumpleaños del bastar…
—¡Tu nieto, mamá, es tu nieto! ¿Cuándo lo vas a aceptar? Además, a mi hermana no le ha hecho falta el padre de mi sobrino para nada —interrumpo cortante, odio que ella desprecie de esa forma a un niño que no tiene la culpa de que su padre sea un imbécil.
—No le ha hecho falta nada porque aquí lo tiene todo, sin tan solo ese niño no fuese tan parecido al irresponsable de su padre. —Se deja caer en el sofá pesadamente.
—Al menos tiene algo muy distintivo de nuestra familia —aclaro y ella rueda los ojos—, tiene unos hermosos ojos verdes, creo que en ninguno de nosotros hay un verde tan hermoso como el de él. —Sonrío ampliamente pese a la cara de disgusto que pone mi madre.
Caleb, es el bebe más hermoso que he visto en mi vida. No lo digo porque sea mi sobrino, sino porque es la verdad. Sus ojos son muy expresivos, tiene el cabello castaño claro, casi como si fuese oro y cada vez que me ve me extiende sus pequeños y regordetes bracitos. Amo a mi sobrino con todas mis fuerzas, lástima que mis padres renieguen tanto de él, por no ser cien por ciento sangre azul.
A la m****a el color de la sangre.
Me gustaría ser tan valiente y decidida como mis hermanos. Eva hace su vida y vive en paz a pesar de las críticas de nuestros padres, tiene una casita anexada a esta, pero con entrada independiente, a pesar de lo humillada que hizo sentir a nuestra madre, no pudo echarla a la calle del todo y agradezco que haya sido así, porque puedo convivir con mi sobrino cada vez que quiera. Max… Maximiliano, mi hermano mayor, hace muchos años que tomó la decisión de largarse para no tener que sufrir las imposiciones de papá quien quería que se casara con una dama de la alta sociedad y la candidata que le eligieron le llevaba casi quince años de edad.
—Ese mocoso es una deshonra. —Salgo de mis pensamientos para volver al infierno—. Pero tú, Natalia, tú eres la única que puede quitarnos el lodo de encima —afirma con entusiasmo.
Ruedo los ojos.
Cada semana es lo mismo, un nuevo pretendiente, una nueva cita y de nuevo yo mandando a la m****a sus planes.
—¿Yo? ¿Segura? —inquiero frunciendo el ceño del mismo modo en el que ella lo hace—. No tengo intenciones de casarme, al menos no por ahora, primero quiero graduarme y ser exitosa en mi carrera —alego con una amplia sonrisa en el rostro.
Sé que le da en la madre que siempre ponga mis intereses por sobre los de ella. Pero es mi vida y quiero tener cierto control sobre ella.
—Estudias fotografía, Natalia —dice con obviedad—, no vivirás de eso, nadie puede hacerlo, tu única solución es casarte con un hombre rico para poder mantener tu estatus social. —Suspiro pensando en si van a desheredarme solo por no querer casarme, claro que no planifico depender de su dinero en el futuro, pero lo que sea que me dejen, de seguro me ayuda.
—Casarme no está en mis planes y menos hacerlo con uno de tus candidatos. Si algún día llego al altar será con el amor de mi vida. —Me pongo de pie.
—¡El amor no paga tus lujos ni esa cámara fotográfica de cincuenta mil dólares que compraste el mes pasado! —La vena en su cuello está por reventar.
—Adiós mamá, nos vemos luego. —Me acerco a ella y le doy un beso en la mejilla ignorando sus objeciones. Salgo de la casa con la sinfonía sobre el estatus social resonando estridentemente a mi espalda.
Mis padres siguen atrapados en un mundo donde las apariencias lo son todo, ellos se casaron por conveniencia y según ellos, les ha ido bien, sin embargo, mis padres no son la pareja más amorosa de todas ni comparten tanto como deberían. De hecho, mi padre tiene un romance bien conocido e ignorado por todos con su secretaria y a mi mamá le encanta ir a clases de tenis, sobre todo desde que se enteró de que el nuevo instructor tiene veinticinco años y no le dice que no a ningún suculento plato.
Mientras no existan los escándalos y todo se haga con el mayor disimulo posible, todo bien. En fin, no es la vida que quiero para mí, aunque tampoco he pensado mucho en el amor. Mi estado civil actual es el que más me gusta: soy independiente, cuento con la herencia que me dejaron mis abuelos al morir, no despilfarro el dinero y, aparte, tengo trabajo a medio tiempo en una cafetería. No es la gran cosa, pero al menos respiro con cierta libertad.
De ser más atrevida hace mucho, me hubiese ido lejos, a otro país, a vivir con mi hermano y olvidarme de mis padres, tal como lo hizo él. Pero ser la menor de todos me mantiene anclada a esta ciudad. El sol está por ocultarse del todo y, si soy sincera, no tengo ánimos de ir a mi departamento a estar sola y aburrida. Entro en un bar sin fijarme en el nombre y voy directo a la barra para pedir una cerveza, me empino la botella y bebo todo el contenido de un solo trago.
Pido otra.
Y otra.
Y otra.
—Por favor, sírveme un tequila —pido luego de mi sexta cerveza.
Las emociones se empiezan a arremolinar en mi interior, la frustración, la falta de coraje, las ganas de gritarles a mis padres que con mi vida hago lo que se me venga en gana. El deseo de desaparecer del todo y ya nunca volver.
—Tiene que ser muy grave lo que te sucede para beber así. —Me meto la rodaja de limón en la boca y cierro los ojos con fuerza, sintiendo la garganta arder.
Cuando pasa, miro al extraño a mi lado y por un instante me quedo hipnotizada. Sus ojos son azules y transmiten una mirada muy profunda, tiene la barba en forma de candado y su cabello es casi del mismo color del mío, como un castaño miel. A simple vista se nota un cuerpo trabajado, aunque lo que más llama mi atención es el sentimiento de frustración que se refleja en su rostro.
—Otro y uno para el desconocido —le indico al bartender antes de sonreírle al hombre que me observa con tanta profundidad.
—¿Vas a contarme qué es eso que te hace beber como camionera? —Sonrío, reprimiendo la carcajada que pugna por salir.
—Te reirías de mí. —Eleva una ceja retándome a contarle—. Mi madre quiere que me case por conveniencia y yo me resisto. —La sonrisa que adornaba sus labios se borra y la expresión de sorpresa se dibuja en su rostro.
Si, lo sé, es absurdo que en este siglo aún se mantengan ese tipo de ideología absurdas, pero existen y yo estoy atrapada en medio de una. Ya ni recuerdo a cuantas citas a ciegas, mi madre me ha obligado a asistir con la esperanza de que alguno de esos hombres se convierta en mi esposo.
Pensar en tu piel desnuda excita a mi alma, me nubla la razón y pierdo el control.TristánEl silencio que nos envuelve pesa sobre mis hombros. Los pies de Natalia se tambalean a cada paso; desde anoche las cosas se complicaron entre los dos y ahora no sé cómo darle apoyo. No encuentro las palabras correctas para decirle. Ni siquiera yo mismo sé si todo va a estar bien. Al llegar a la pesada puerta que separa los aposentos privados de los reyes del resto, me detengo un segundo. No porque lo necesite, sino porque noto cómo a ella le cuesta respirar.Aspira hondo. Se cuadra de hombros y adopta una expresión de serenidad que realmente no tiene. Alzo la mano y toco un par de veces. Desde adentro, la voz de mi madre se oye con claridad, dulce y cálida. No sabía cuánto la había extrañado hasta ahora. Abro la puerta y le doy paso a mi esposa; entro detrás de ella y cierro. El aroma del perfume dulce y suave de mi madre flota en el aire, haciendo que mis labios se curven involuntariamente.—M
Un corazón muerto es lo que late en mi pecho. Pero tus manos, tu voz, tu mirada…TristánEl eco de sus palabras todavía flota en el aire mientras salgo de la cama y busco mi ropa. No quiero irme sin antes hablar con ella, saber qué es lo que la molestó y pedirle disculpas, pero algo muy dentro me dice que lo mejor es dejarla sola y esperar a que la tensión se calme. Cuando salgo de su alcoba, estoy a medio vestir. De camino a mi habitación, me cruzo con Eve y Eli; la mayor clava una mirada asesina en mí y apresura el paso, ignorando por completo a la amiga de Natalia, que se detiene a saludarme mientras me recorre con la mirada.Paso de ella y sigo hasta mi habitación. Cierro la puerta detrás de mí con un golpe seco que retumba en el silencio."Espero que no vuelvas a entrar en mi habitación".Sacudo la cabeza para intentar desaparecer el espiral de desesperación y dudas que no me deja pensar con claridad. Entro al baño y me quito la poca ropa que llevo puesta. Me paso una mano por el
El miedo a lastimarte me oprime el pecho y me roba el deseo de seguir.Tristán Siento el calor de su cuerpo contra el mío, el rastro de nuestra primera noche juntos aún húmedo sobre su vientre. Natalia se acomoda en mi pecho buscando un refugio que no sé si puedo darle. Al rodearla con mi brazo, noto cómo mi propio cuerpo se contrae, incapaz de relajarse. Sé que siente mi tensión; la conozco lo suficiente para saber que ya está sacando sus propias conclusiones, pensando que esto fue un error. Pero no es arrepentimiento lo que me congela, es el pánico a lo que pueda sentir. La he arrastrado a un lugar desconocido para ella y ahora he sembrado en su piel una ilusión que no estoy seguro de poder hacer realidad. He cruzado la línea.Con la mejilla apoyada en mi pecho, siento su respiración relajarse. Está dormida o finge estarlo. Su cercanía me quema la piel y al mismo tiempo no quiero que se aleje. Es demasiado contradictorio esto que estoy sintiendo. La forma en la que se aferró a mí h
Me embebo de ti y me vuelvo adicta a la promesa de tus caricias.NataliaEl éxtasis explota en mi cabeza mientras sus manos me desgarran la ropa con agilidad. Me pierdo por completo en el recorrido de sus dedos sobre mi piel desnuda, jadeo y mi espalda se despega del colchón cuando su boca se cierra alrededor de mi pezón. Me aferro a su pelo como si eso pudiera evitar que mi cuerpo caiga al vacío.Sus manos… oh sí, sus benditas manos, me recorren sin ningún pudor, incrementando mi excitación; la piel me arde y mi centro palpita ansioso por sentir su toque cálido. De pronto su boca vuelve a la mía a la vez que una de sus manos desciende lentamente por mi abdomen, dejando un hormigueo delicioso en su recorrido.—¡Dios! —Sus dedos se posan sobre mi clítoris con firmeza y ejercen presión al tiempo que dibujan pequeños círculos que me cortan el aliento.Mis pensamientos se mezclan entre sí, llenando mi cabeza de confusión y de una sensación adictiva que no quiero dejar de sentir. Su mano l
La vida pierde color mientras lucho por conservar su sabor.NataliaLlegar a Dublín no fue para nada parecido a lo que Cillian había dicho. Fue estresante tener que pasar por en medio de un mar de cámaras y periodistas haciendo cientos de preguntas mientras sus micrófonos amenazan con hacernos una lobotomía. Desde el beso que Eve interrumpió, fue la primera vez que Tristán se acercó a mí. Me protegió con su cuerpo al tiempo que su mano no soltaba la mía.Quiero creer que lo que sentí fue real y no solo una actuación delante de los medios. Pero cuando los flashes se apagaron detrás de los cristales oscuros de las ventanillas, el frío se volvió a instalar entre nosotros. No debería sentirme tan mal por su actitud, por la indiferencia con la que me trata; después de todo, desde un principio dijimos que esto solo sería un timo, una estúpida farsa.Que no habría sentimientos entre nosotros, pero… ese beso despertó demasiadas cosas dentro de mí como para poder ignorarlas. Y me duele que me
Dar un paso atrás no siempre es cobardía; a veces es evitar el incendio para no quemar a quien tienes enfrente.TristánMe retiro a un extremo del avión junto con mi hermano luego de haber dejado instaladas a Natalia y sus hermanas. Después de la conversación con Eve, decidí mantener distancia con Natalia, es decir, soy cortés con ella, pero evito a toda costa cualquier tipo de acercamiento; no quiero que la situación en mi habitación se vuelva a repetir. Con todas las cosas que tengo en la cabeza, que ella no se haga ilusiones conmigo es lo único que puedo controlar en este momento.Aunque no voy a negar que me ha dolido ver cómo la tristeza se asienta en sus ojos cada vez que intenta hablar y yo solo la evado, sin excusas, sin aviso, solo callo sus palabras antes de que pueda pronunciarlas. No quiero sentirme así, ni hacerle daño; hago lo mejor para ella. Dentro de un año ya no seremos nadie en la vida del otro.El avión despega. Cillian habla sin parar, pero mi atención está puesta







