MasukEl hombre de negocios continuaba fijando la vista en Elisa una y otra vez, incluso cuando Gael le hablaba directamente. Elisa, totalmente indiferente a lo que ocurría, no parecía percibir la situación. Sus manos proseguían sus movimientos sobre el teclado mientras anotaba cada detalle crucial. Para ella, este encuentro no se distinguía de cualquier otra negociación que hubiera tenido que documentar como asistente. —Sí, por supuesto. . . comprendo —contestó Ricardo sin prestar mucha atención. Gael cesó de hablar. Por unos instantes, hubo un breve silencio. Elisa levantó ligeramente la vista al notar que Gael se había detenido, pero él mantenía la mirada fija en Ricardo. Su semblante se había vuelto severo de una manera que ella reconocía muy bien. —He determinado que no concretaremos este acuerdo —declaró finalmente. Ricardo parpadeó, notablemente confundido, solo hasta Enticnes puso su completa atención sobre Gael. —¿Cómo dice? ¿Que no cerraremos el trato? —preguntó, incorporá
Por un par de segundos, pareció debatir si debía preguntar o no, hasta que finalmente giró ligeramente su cara hacia él. —¿Sucede algo? Si es del trabajo puedo ayudarlo con lo que sea. Gael volvió a enfocar la vista en los papeles que reposaban sobre el escritorio, no era capaz de mirarla tan fijamente como ella lo hacía. —Nada en particular, todo está muy bien. Continúa con tu trabajo. Elisa lo observó durante unos instantes, visiblemente escéptica ante su respuesta. No obstante, optó por no insistir. Si Gael prefería mantener su estado de ánimo sin dar explicaciones, ella no sería quien permaneciera allí intentando investigar el motivo. —Está bien —contestó al final. —Procederé entonces con el horario y a reagendar lo necesario Elisa salió de la oficina y cerró la puerta tras de sí, Gael permaneció unos momentos contemplando los documentos sin examinarlos. Finalmente, levantó la vista hacia la puerta por donde Elisa acababa de salir y arrugó el rostro de descontento
A la mañana siguiente, Gael se presentó en la oficina con un semblante más sombrío de lo usual. Al ingresar a su oficina, depositó varios papeles en el escritorio y se sentó sin siquiera quitarse el saco de tela fina. Adrián, que entró después de él, lo contempló por unos instantes y comprendió al punto de que algo no andaba bien. —¿Qué ocurre? —indagó Adrián con interés. —Llegaste con una expresión que tal que parece ahuyentaras a cualquier persona que intente aproximarse a tu escritorio. No me digas que sucedió algo anoche, pues después de esa cena en la mansión, creí que como mínimo estarías de buen humor. Gael levantó la vista fugazmente y acto seguido retomó la revisión hacia los folios que tenía enfrente. —No me sucede nada —respondió con desinterés. —Únicamente estoy cansado. La comida se extendió más de lo previsto y hoy tengo incontables trabajos pendientes como para desperdiciar tiempo conversando sobre asuntos poco irrelevantes. Adrián no pudo evitar reírse. Conocía
Después del brindis, Elisa tuvo que seguir actuando hasta el final, sonriendo cada vez que alguien mencionaba su vínculo con Gael. Cuando por fin llegó el momento de irse, se despidió de Teresa, Don Héctor y Alicia con una sonrisa. —Fue un placer estar con ustedes esta noche —comentó Elisa. —Gracias por acogerme tan cálidamente y por hacerme sentir en casa desde el primer instante. Espero que podamos repetir una cena como esta después de la boda. Teresa la abrazó con cariño. —El placer fue nuestro, querida. Ya eres parte de la familia, así que espero verte de nuevo pronto. Alicia también la abrazó antes de que se marchara. —Cuídate y recuerda que ahora tienes una nueva familia deseando verte otra vez. Nos vemos el sábado, querida. Elisa sonrió y se despidió antes de salir junto a Gael. Una vez que llegaron al auto, se subieron y permanecieron unos momentos en silencio antes de que Gael arrancara. Elisa exhaló un profundo suspiro y se dejó caer contra el respaldo del asiento.
El rostro de Don Héctor mostró un ligero cambio, como si de repente hubiera recordado algo que había estado oculto en su mente por un largo tiempo. —Hay algo inusual —dijo—. Tu cara me recuerda mucho a alguien que conocí cuando eras una niña. No estoy seguro del motivo, pero siento que ya te he visto en alguna ocasión. Elisa sintió un ligero sobresalto, pero antes de que pudiera decir algo, Gael intervino con naturalidad. No quería que su padre comenzara a hacer preguntas que pudieran complicar las cosas. —Padre, si la cena está lista, creo que sería mejor que nos trasladásemos al comedor —comentó con calma. —Podemos continuar con la charla y preguntas durante la cena. Alicia sonrió y señaló en dirección al comedor. —Todo ha estado preparado desde hace un buen tiempo —declaró. —Así que dejemos las charlas para la mesa. No quiero que la comida se enfríe después de todo el trabajo que hicieron para estar noche aquí. Todos se movieron hacia el comedor. Las sirvientas comenza
Para Elisa ese comentario había sido algo irritante, sabía perfectamente que las mujeres siempre estaban detrás de él, y sería algo que fácilmente sus padres creerían sin ser cierto.—Sería mejor que no lo mencionaras —advirtió. —Lo más fácil será decir que nos conocimos en el trabajo. Colaboramos juntos, nos fuimos conociendo poco a poco y, con el tiempo, desarrollamos sentimientos el uno por el otro. No es una historia complicada y no necesitaremos recordar demasiados pormenores. Gael pensó por unos instantes y finalmente accedió. —Estoy de acuerdo. Diremos que nuestra relación empezó en la oficina y que, después de mucho tiempo juntos, nos fuimos enamorando. Es una historia suficientemente simple para que ambos podamos mantener sin cometer equivocaciones. Elisa miró hacia la entrada de la casa grande y respiró hondo. Luego tomó su bolso y abrió la puerta del coche. —Vamos. Cuanto más pronto entremos, más rápido podremos concluir con esta actuación. Gael salió del auto y caminó







