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Capítulo 3

last update Data de publicação: 2026-07-22 05:18:30

El silencio que siguió al diagnóstico del doctor William era asfixiante.

Nadie se atrevía siquiera a respirar, como si el peso de aquellas palabras pudiera destruir la frágil esperanza a la que la familia Hunt todavía se aferraba.

Kayden dio un paso al frente con una expresión imposible de descifrar.

Por primera vez, permanecía al lado de su abuelo en lugar de mantenerse apartado como una sombra.

—Doctor, ¿qué opciones de tratamiento existen? —preguntó con voz baja, pero firme—. ¿Hay alguna forma de que mi hermano vuelva a ser el de antes? ¿Hay algo que debamos...?

—¡Basta! —la voz de Audrey Hunt cortó el aire como un látigo.

Sus ojos ardían de furia mientras fulminaba con la mirada a su hijo mayor.

—Deja de fingir que te importa. ¿Crees que no sabemos que tú estás detrás de todo esto? Si no, ¿cómo explicas que Jayden sufriera un accidente justo después de reunirse contigo?

—¡Audrey! —la reprendió Austin Hunt.

—¡Nuera! —la voz del viejo señor Hunt resonó cargada de autoridad.

Audrey cerró la boca, pero el odio que reflejaban sus ojos se volvió aún más intenso.

Jamás había perdonado a Kayden por lo ocurrido en el pasado.

Cuando, veintisiete años atrás, aquel sacerdote aseguró que Kayden era el gemelo "maldito", debieron haberlo enviado muy lejos.

Años de resentimiento la habían convertido en una mujer incapaz de mirar a su propio hijo sin ver un presagio de desgracia.

La mandíbula de Kayden se tensó, pero no respondió.

¿Fingir?

Aquella palabra le supo a cenizas.

Había regresado del infierno...

Tres años en prisión por culpa de su "querido" hermano.

Y esa era la bienvenida que recibía.

Incluso ahora, cuando Jayden luchaba entre la vida y la muerte...

Para todos ellos, el villano seguía siendo él.

El doctor se aclaró la garganta con incomodidad antes de continuar.

—Dentro de poco podremos trasladar al joven señor Jayden a una habitación VIP. Necesitará apoyo psicológico, un largo proceso de rehabilitación y una vigilancia constante. Cualquier alteración emocional podría empeorar su estado, así que les recomiendo tener mucho cuidado con lo que digan delante de él.

Una vez que el doctor se marchó, el viejo señor Hunt dirigió su mirada hacia Kayden.

Sus ojos reflejaban el peso de la duda.

—Cuéntanos exactamente de qué hablaron tú y tu hermano antes del accidente.

Kayden sostuvo la mirada de su abuelo sin vacilar.

Por dentro, una sonrisa amarga cruzó fugazmente su mente.

Hasta el viejo señor Hunt sospechaba de él.

—Quería disculparse por lo que ocurrió hace tres años —respondió con calma, sin entrar en detalles.

—¿Eso fue realmente todo lo que pasó? —insistió el anciano.

La mandíbula de Kayden volvió a endurecerse.

Ya que todos estaban tan convencidos de que él era el culpable...

Perfecto.

Sacó una pequeña grabadora del bolsillo y se la entregó a Robert, el mayordomo.

—Aquí tienen. Escúchenla ustedes mismos. No tengo nada que ocultar.

Sin decir una palabra más, dio media vuelta y se alejó por el pasillo con la espalda erguida y los hombros rígidos.

Podía sentir las miradas clavadas en él.

Miradas llenas de curiosidad.

De juicio.

De desprecio.

Pero no era nada nuevo.

Durante veintisiete años había sido la aberración.

El maldito.

La oveja negra que jamás debió haber nacido.

Mientras se alejaba, el resto de la familia entró en una sala privada para escuchar la grabación.

Audrey Hunt insistió en acompañarlos.

Tras unos segundos de silencio, el viejo señor Hunt aceptó de mala gana.

~~~♡♡♡~~~

—Hermano...

La voz de Jayden brotó de la grabadora y llenó la habitación.

Aunque las voces de los gemelos eran muy parecidas, cada una tenía un matiz inconfundible.

La de Jayden transmitía calidez y alegría.

La de Kayden, en cambio, sonaba distante, fría y carente de emoción.

Bastaba con escucharlos para comprender que Jayden había crecido rodeado de amor y afecto, mientras que Kayden había pasado su vida aislado. Hablaba poco, y esa soledad había vuelto su voz rígida e inexpresiva.

—Di lo que tengas que decir. No hace falta que me abraces.

—Eres un amargado, hermano —respondió Jayden con una risa ligera—. Sé que quizá ya sea demasiado tarde para decir esto, pero...

Durante unos instantes solo se escuchó silencio, como si la grabadora hubiera dejado de funcionar.

El viejo señor Hunt estaba a punto de volver a presionar el botón cuando el audio continuó.

—Lo siento... En aquel entonces no debí dejar que cargaras con la culpa por mí. Tampoco debí arrebatarte a la mujer que amabas. El abuelo quiere que seas el nuevo director ejecutivo de Hunt Corporation, y creo que te lo mereces. Después de todo, eres el mejor candidato.

—¿Por qué me dices todo esto? Jayden, ¿por qué habría de creerte? ¿Crees que no sé que intentaste matarme en prisión? Dime... ¿qué clase de teatro estás montando ahora? —gruñó Kayden con una frialdad escalofriante.

—Hermano, yo jamás haría algo así...

—No me llames "hermano", Jayden. Tengo pruebas, y uno de los guardias de la prisión está dispuesto a testificar. Así que no pienses que ese falso arrepentimiento va a engañarme.

—Lo siento... De verdad lo siento. Créeme, hermano —dijo Jayden con aparente sinceridad antes de añadir—. Admito que, por un momento, perdí la cabeza y quise deshacerme de ti... pero después cambié de opinión. Mira, desde aquella vez nadie volvió a ir tras de ti, ¿verdad?

—Eso fue porque conseguí aliados que me protegieran dentro de la prisión. Aunque lo hubieras intentado otra vez, tus lacayos te habrían informado de que ya no podían tocarme.

—Kayden... De verdad lamento todo lo que pasó. Mira... voy a dejar libre a Aria.

El sonido de unos documentos al ser colocados sobre la mesa se escuchó con claridad.

—¿Vas a divorciarte de ella? —preguntó Kayden, con una voz aún más helada que antes.

—El abuelo quiere enviarme a África para que reflexione sobre todo lo que hice, y creo que tiene razón. Pero no puedo llevarme a Aria conmigo. Por favor... la dejo a tu cuidado. Cuida de ella por mí.

—¿Qué demonios crees que es ella? ¿Un objeto que puede pasarse de un hermano a otro? Sabías que era la única luz que existía en mi oscuro mundo, pero la manipulaste y me la arrebataste. ¿Y ahora qué? ¿Pretendes devolvérmela? ¿Qué demonios te pasa, Jayden? —rugió Kayden, incapaz de contener la furia.

—Kayden... hermano... lo siento. Entonces, ¿qué quieres que haga? Ir a África sin el respaldo de la familia Hunt será muy difícil. No creo que Aria pudiera adaptarse a una vida así.

—Entonces nunca la conociste de verdad. Si ella te eligió, habría permanecido a tu lado en las buenas y en las malas. Y ahora, si no tienes nada más que decir, me voy.

Un fuerte portazo puso fin a la conversación.

La grabación terminó.

Un pesado silencio envolvió la habitación mientras todos intercambiaban miradas cargadas de emociones contradictorias.

El viejo señor Hunt y Austin Hunt cruzaron una breve mirada.

No hicieron falta palabras.

Ambos se estaban haciendo la misma pregunta.

*¿Hablaba Jayden en serio?*

—¿Dónde está Aria? —preguntó finalmente el viejo señor Hunt.

—Quién sabe dónde se habrá metido mientras su marido supuestamente lucha entre la vida y la muerte —respondió Audrey Hunt con evidente desprecio.

—¿La llamaste? —insistió el anciano.

Sabía perfectamente cuánto detestaba su nuera a Aria.

—Sí, la llamé, pero no contestó —mintió con absoluta naturalidad—. Siempre dije que esa mujer no era buena para nuestra familia.

Tanto el viejo señor Hunt como Austin guardaron silencio.

Algo en aquella respuesta les resultaba extraño.

Sin embargo, decidieron no insistir.

Audrey Hunt jamás imaginó que, al ocultarle la verdad a Aria, acababa de desencadenar una tormenta...

...y de empujarla directamente hacia el ojo del huracán. 

~~~♡♡♡~~~

Aria permanecía sentada en el asiento trasero del automóvil, con el corazón convertido en una masa dolorida que latía con fuerza dentro de su pecho.

Las palabras de la recepcionista seguían resonando en su mente una y otra vez.

"Se marchó alrededor de las diez de la mañana."

¿Dónde estaba?

¿Por qué le había enviado los documentos de divorcio?

¿Y por qué aquel silencio?

Su teléfono emitió un sonido justo cuando el vehículo cruzaba la intersección frente a Hunt Corporation.

Aria bajó la vista de inmediato, sintiendo renacer una pequeña chispa de esperanza.

Era un mensaje de Sophie, una conocida de ambos.

"Esta tarde vi el automóvil del señor Hunt dirigiéndose a la mansión principal de la familia Hunt. Deberías buscarlo allí."

El corazón de Aria dio un vuelco.

—Llévame a la mansión principal de la familia Hunt —ordenó al chofer con urgencia—. Jayden debe estar allí.

El conductor giró bruscamente el volante y cambió de dirección siguiendo las instrucciones de su señora.

Aria apoyó una mano sobre el pecho, intentando controlar los frenéticos latidos de su corazón.

Siempre había odiado visitar aquella mansión.

Ese lugar jamás había sido un hogar para ella.

Era un campo de batalla.

Audrey Hunt nunca había ocultado el desprecio que sentía hacia ella.

"Cazafortunas."

"Chica de los barrios bajos."

"Un error temporal."

Aquellas palabras aún permanecían grabadas en su memoria.

La única razón por la que Audrey la había tolerado era porque Jayden había insistido en casarse con ella.

Su Jayden.

El hombre que siempre la había protegido con fiereza.

El esposo que la eligió incluso cuando todos estaban en su contra.

De pronto, todo comenzó a tener sentido.

Si Jayden estaba en la mansión principal, eso explicaría por qué tenía el teléfono apagado.

Audrey Hunt tenía la costumbre de imponer una absurda regla de "prohibido usar teléfonos" cada vez que su hijo la visitaba.

Cualquier excusa era válida si servía para cortar la comunicación entre ellos.

Aquella mujer era capaz de cualquier cosa con tal de hacerle la vida imposible.

Quizá había interceptado a Jayden.

Quizá estaba detrás de los documentos de divorcio.

—Por favor... que todo esto sea obra de Audrey Hunt —rezó en silencio mientras observaba las luces de la ciudad desfilar tras la ventana—. Jayden todavía debe amarme.

La enorme mansión apareció ante ella mucho antes de lo que habría deseado.

Sus imponentes portones se alzaban como una advertencia silenciosa.

Fríos.

Majestuosos.

Nada acogedores.

Cuando el automóvil se detuvo, Aria alisó su vestido con manos temblorosas y borró las últimas huellas de lágrimas de su rostro.

No permitiría que la vieran destrozada.

Todavía no.

Respiró profundamente y descendió del vehículo.

El aire fresco de la noche acarició su piel mientras reunía el valor necesario para enfrentar lo que la esperaba al otro lado de aquellas puertas.

Lo que Aria no sabía...

era que el esposo al que buscaba desesperadamente se encontraba postrado en una cama de hospital.

Y que el hombre que estaba a punto de encontrar no era Jayden.

Era otra persona.

Alguien que llevaba el rostro de su marido.

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