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Epílogo. Parte I.

Autor: N.Mordon
last update Fecha de publicación: 2026-10-25 08:26:21

James Spencer – Reed.

Cuatro años después.

Mi hermana gobierna un reino con cinco reyes y una rosa de los vientos en el antebrazo. Mi madre, que gobernó ese mismo reino durante casi diecisiete años, ahora pasa las tardes en el jardín discutiendo con papá Peter sobre dónde plantar los rosales. Hannah tiene dieciséis años, magia de sobra y ningún respeto por el protocolo. Samara sigue en su torre blanca de la frontera oeste, custodiada por el aquelarre de Géminis. A Wilma le queda un año de silen
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  • La Princesa Lycan Perdida.   Epílogo. Parte II.

    James Spencer – Reed. Santino se quedó en silencio durante un largo rato. —Eso es —dijo al fin—. Ese es el nudo. —¿Los Ecos? —preguntó Maddie. —Los Ecos. —Santino asintió despacio—. Esa noche el vínculo ni siquiera había despertado. Eran demasiado jóvenes. Solo existía el hilo, dormido, esperando a que crecieran. Pero pasaron junto a ella justo cuando los Ecos llenaban el pasillo. Los Ecos buscaban amor para torcerlo. Encontraron un hilo dormido que todavía no era amor y lo cubrieron igual, como ceniza sobre una brasa. Por eso se pelearon entre ustedes. Por eso nunca pensaron en ella. Y cuando cumplieron dieciocho, el vínculo tenía que despertar y no pudo. Quedó enterrado. —Nadie se dio cuenta —murmuró Maddie—. Ni siquiera yo. Teníamos una guerra encima. —¿Y ahora? —pregunté. —Ahora el Caos está sellado, Samara está en su torre y los Ecos ya no tienen quién los alimente. La ceniza se está cayendo sola. —Santino sonrió—. Por eso no duermes desde hace semanas, James. Por eso a Geo

  • La Princesa Lycan Perdida.   Epílogo. Parte I.

    James Spencer – Reed.Cuatro años después.Mi hermana gobierna un reino con cinco reyes y una rosa de los vientos en el antebrazo. Mi madre, que gobernó ese mismo reino durante casi diecisiete años, ahora pasa las tardes en el jardín discutiendo con papá Peter sobre dónde plantar los rosales. Hannah tiene dieciséis años, magia de sobra y ningún respeto por el protocolo. Samara sigue en su torre blanca de la frontera oeste, custodiada por el aquelarre de Géminis. A Wilma le queda un año de silencio.Y nosotros tres, por fin, tenemos manada.Una sola. Compartida. Mamá tardó años en aceptarlo y Maddie tardó un solo consejo. “Nacieron juntos, crecieron juntos y pelean mejor juntos”, dijo frente a los ancianos. “No voy a separar lo que el destino quiso unido”. Nadie se atrevió a discutirle. Nadie le discute nada desde que la rosa se encendió frente a todo el reino.Así que la semana pasada, el día en que cumplimos veinte años, nos entregaron el Valle del Este, entre el río y las montañas.

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 101. ¡Todos son míos!

    Maddison Spencer – Bennett.No dormí mucho. Cuando abrí los ojos, la habitación seguía a oscuras y las velas se habían consumido hasta la mitad. No había pasado ni una hora. Me quedé quieta, mirando el techo, intentando entender qué me había despertado.Entonces lo sentí.La rosa latía en mi antebrazo. No con la calma de la coronación ni con la tranquilidad que me había acompañado al dormirme. Latía rápido, inquieta, como un corazón que ha corrido demasiado. Y no era solo la rosa. Eran los cinco vínculos. Los sentía tirando de mí desde distintos puntos del palacio, uno por uno, como si ninguno de ellos hubiera logrado dormir tampoco.Alonso, en el ala este, dando vueltas en su despacho. Santino, en el jardín, con la piedra de luna en la mano, mirando el cielo. Sokaris, todavía en el balcón donde lo había dejado, inmóvil como una estatua. Elijah, en la biblioteca, con un libro abierto que no estaba leyendo. Y Vladimir, en el pasillo de la enfermería, sentado en el suelo, con la corona

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 100. Coronación.

    Maddison Spencer – Bennett.La primera vez que me pusieron una corona fue en un patio de armas, con sangre en las botas y un ejército del Caos golpeando las puertas. Fue una corona de guerra, sencilla, de metal oscuro, y la recibí con las manos temblando y el corazón en la garganta.Esta vez fue distinto.La gran sala del palacio unificado había sido construida hacía casi diecisiete años, cuando los reinos del norte y del sur dejaron de ser dos y se convirtieron en uno. Mamá me había contado muchas veces cómo era aquel día: el miedo, la esperanza y la sensación de estar sosteniendo algo demasiado grande con las manos todavía heridas. Yo tenía cinco años y apenas lo recordaba.Ahora estaba de pie en la misma sala, bajo las mismas vigas talladas, frente a las mismas puertas abiertas al jardín. Y esta vez lo iba a recordar todo.La sala estaba llena hasta las paredes. Los alfas de cada manada, con sus colores y sus emblemas. Los ancianos del consejo, en las primeras filas. Los Escudos de

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 99. Mis Reyes.

    Maddison Spencer – Bennett.La mañana de la coronación me desperté antes que el sol. No por nervios… o no solo por nervios. Me desperté porque la rosa latía en mi antebrazo con un ritmo distinto, más lento y más profundo, como si ella también supiera qué día era. Me quedé un rato acostada, mirando el techo, escuchando la respiración de Alonso a mi lado y el silencio del palacio, que por primera vez en semanas no sonaba a amenaza.—No vas a poder dormir más —dijo Kallie—. Admítelo.—Lo admito.—Bien. Entonces levántate, Maddie. Hoy coronas a nuestros hombres.—Hoy coronamos a nuestros reyes.—Es lo mismo. Pero dicho más elegante. Además… es el día en que comenzaremos a “dormir” todos juntos… ¡Que divertido será eso!Me reí sin hacer ruido. Alonso abrió un ojo.—¿Estás hablando con tu loba otra vez, pequeña?—Siempre estoy hablando con mi loba.—Lo sé. —Me atrajo hacia él y me besó el hombro—. Dile que hoy no se le ocurra morder a nadie.—Dice que no promete nada.Kate llegó una hora de

  • La Princesa Lycan Perdida.   Libro 2. Capítulo 98. Cuentas Pendientes.

    Maddison Spencer – Bennett.Dos días después de que Vladimir despertara, el reino empezó a pedir cuentas. No lo hizo con gritos ni con protestas frente a las puertas del palacio. Lo hizo como lo hacen los pueblos cansados: con cartas, con preguntas de los alfas de cada territorio, con el silencio expectante de los consejeros cada vez que yo entraba en una sala.Todos querían saber lo mismo. Qué iba a pasar con la bruja que casi destruye el mundo. Qué iba a pasar con la mujer que la había ayudado desde adentro.Esa mañana, Vladimir me esperaba en el pasillo de la enfermería, apoyado en el marco de la puerta, todavía pálido, pero de pie. Los doctores le habían prohibido levantarse y como era de esperarse, no les hizo caso.—Tú deberías estar en la cama —le dije.—Y tú deberías dormir más de tres horas por noche, mia regina. Ninguno de los dos hace lo que debe.—Yo soy la reina.—Y yo soy el rey idiota que se tragó el Caos por ti. Creo que eso me da derecho a acompañarte.Alonso, que cam

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