INICIAR SESIÓNPOV: ElaraNo lo dudé ni un segundo. Corrí de regreso a la cabaña con el corazón latiendo desbocado en mi garganta.En el instante en que llegué, la escena que se desarrollaba en el claro frente a mi puerta me robó el aliento.Flynn ya se había transformado en su enorme lobo plateado. Estaba enfrascado en una pelea brutal y salvaje contra Cassian, Orion y Nikolai.Nikolai empuñaba una daga de plata, con los ojos inyectados en sangre por los celos y la furia. Mientras Flynn usaba sus fauces y garras para defenderse de los embates de los otros dos, Nikolai aprovechó el caos para rodearlo por la espalda. La hoja metálica brilló con frialdad bajo la luz, a escasos segundos de clavarse a traición en la columna de mi Alfa.—¡Basta! —grité, con el miedo tragándome por entero.En ese instante, todos se quedaron quietos.La daga de Nikolai quedó suspendida en el aire, a centímetros del pelaje de Flynn.El inmenso cuerpo de mi compañero dio una sacudida y volvió a su forma humana en un p
POV: ElaraCerré la puerta en sus caras. Luego volteé para ver el interior de mi antigua cabaña.La habitación estaba impecable, casi de forma antinatural. No quedaba ni una sola mota de polvo sobre la madera del suelo. El escritorio estaba perfectamente ordenado y las sábanas de la cama lucían unos pliegues inmaculados, estirados al detalle. Sobre el estante, junto a la pared, reposaba un cuenco rebosante de bayas frescas y una jarra de leche tibia.No necesitaba ser una genio para adivinar quién se había atrevido a entrar. Cassian, Nikolai u Orion. Seguramente habían corrido a toda velocidad para limpiar su propio desastre antes de mi llegada, ignorando mi orden directa de mantenerse alejados.Pero el gesto no me conmovió. Ni un poco.Les di la espalda a sus estúpidas ofrendas, agarré un trapo húmedo de la esquina y comencé a limpiar cada superficie que ellos habían tocado. Con lentitud. Con un cuidado obsesivo. Borré hasta el último rastro de su aroma para que no contaminara mi
POV: ElaraLa puerta de roble se abrió de golpe y Nikolai irrumpió en el salón.Su rostro se veía más maduro en comparación con hace tres años, pero la delgadez extrema de su cuerpo daba lástima. Tenía los ojos rojos, lo que le daba un aspecto enfermizo, casi aterrador.Cassian y Orion entraron detrás de él. Ambos parecían igual de demacrados. No quedaba ni un rastro del fuego salvaje de lo que eran antes. Traían los ojos hundidos, la piel pálida como el papel y un silencio extraño que los seguía a todas partes. Parecían tres muertos en vida.Sus miradas se fijaron en mi cuerpo y los tres comenzaron a temblar de pies a cabeza. La incredulidad les desfiguró las caras, pero en el fondo de sus ojos brillaba un anhelo desesperado.Me quedé sentada en el sofá. Serena y quieta. Tres años de felicidad al lado de mi Alfa se encargaron de borrar cada cicatriz de mi pasado. Yo ya había enterrado a estos idiotas. Ahora mi vida era estable. Yo estaba en paz.Y esa misma frialdad me convirtió
POV: ElaraTres años después...—Sé que llevan un buen rato siguiéndome el paso. Salgan de su escondite.Dos figuras diminutas asomaron la cabeza por detrás de los troncos con cautela antes de correr directo hacia la luz.Mis cachorros.Se lanzaron contra mí y se aferraron a mis piernas con quejidos adorables.—Mami, llévanos contigo. No queremos estar lejos de ti, ni por un segundo —dijo uno de ellos.Me agaché a su altura y les alboroté el cabello oscuro con una sonrisa.—No me queda la menor duda de que su papá les enseñó a decir eso —aseguré.Tres años desde mi exilio voluntario de la manada de Mooncrest. El hielo y las ventiscas del norte en el territorio Frostfang se encargaron de moldearme hasta hacerme fuerte. Ya no era la misma loba débil de antes.Enterré para siempre a la vieja Elara. Esa loba mimada que soltaba lágrimas de cristal al primer problema, rogando por la protección de tres idiotas. En el norte aprendí a pelear mis batallas. A proteger mi territorio con
POV: Tercera personaLa plaza central ya estaba llena de lobos.Las hembras solteras se apilaban unas contra otras, con el miedo deformando sus rostros. Entrelazaban los dedos hasta dejarlos blancos y le suplicaban a la Diosa Luna entre susurros ahogados: «Por favor, que sea cualquiera menos yo».Nikolai, Orion y Cassian irrumpieron en la plaza como una tormenta. La ansiedad se los estaba comiendo vivos. Sus ojos barrieron a la multitud de un extremo al otro. Cada rostro. Cada rincón. Pero no había ni un solo rastro de Elara.La sensación de que algo andaba mal le provocó una punzada en la cabeza a Orion. Se acercó con pasos erráticos a la multitud y agarró al lobo más cercano por el cuello de la camisa.—¿Has visto a Elara? —le gruñó con desesperación.El lobo se encogió bajo su mirada furiosa y negó con la cabeza a toda prisa. Orion lo soltó y agarró a otro. Recibió la misma respuesta.Entonces, alguien soltó una risa burlona a sus espaldas.—Tranquilos. Con ustedes tres lami
POV: Tercera personaEl amanecer apenas despuntaba sobre el territorio de Mooncrest.Cassian se acercó por el sendero y divisó a Nikolai a lo lejos. Estaba hecho un ovillo contra la puerta de Elara, aplastado por el cansancio. Una caja de madera pulida descansaba a sus pies, estaba llena de obsequios nuevos. Unas ojeras oscuras le magullaban el rostro y las venas rojas le surcaban los ojos.Había montado guardia toda la noche.—¿Te quedaste tirado aquí afuera hasta el amanecer? —preguntó Cassian con tono suave.Nikolai levantó la cabeza a un ritmo doloroso. Sus ojos lucían opacos, pero una chispa de esperanza aún parpadeaba en el fondo.—Quería ser el primero en verla.Acarició la tapa de la caja de madera.—Compré todo esto para Elara —dijo con voz suave—. Elegí cada pieza yo mismo. Necesito compensar todo el daño que le hicimos.Cassian guardó silencio y sacó su propio regalo del bolsillo de su chaqueta. Una piedra de río lisa en forma de corazón, pulida hasta brillar, con e







