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Él También Recuerda

Autor: Abdielq
last update Fecha de publicación: 2026-09-04 23:48:21

Isabella dejó de respirar.

Adrian estaba frente a ella.

El mismo rostro.

Los mismos ojos.

La misma voz que había escuchado antes de morir.

Pero ahora no llevaba la corona.

No había sangre en sus manos.

No era el rey que había firmado su sentencia.

Era el joven príncipe que todavía no sabía lo que el futuro le tenía preparado.

O al menos eso debería haber sido.

—Isabella —repitió.

Ella retrocedió un paso.

—No te acerques.

Adrian se detuvo.

Sus ojos recorrieron su rostro.

—Entonces es verdad.

Isabella sintió un nudo en el estómago.

—¿Qué es verdad?

Él cerró la puerta detrás de sí.

La habitación quedó en silencio.

—Que regresaste.

El corazón de Isabella golpeó con fuerza.

—¿De qué estás hablando?

Adrian soltó una pequeña risa, pero no había humor en ella.

—Sigues haciendo lo mismo.

—¿Qué?

—Fingir que no sabes.

Isabella lo observó con cautela.

—No sé de qué estás hablando.

Adrian caminó lentamente hacia ella.

—Moriste frente a mí.

Isabella sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

Él continuó:

—Vi caer la espada.

Ella palideció.

—Vi tu cuerpo en el suelo.

Isabella apretó los puños.

—Cállate.

—Vi a Elena sonreír.

Aquello fue suficiente.

Isabella levantó la mano.

—¡Cállate!

Adrian se detuvo.

Por primera vez, Isabella vio algo diferente en su rostro.

Culpa.

—Así que tú también lo recuerdas —susurró ella.

Adrian asintió.

—Todo.

Isabella sintió una mezcla de miedo y rabia.

—¿Desde cuándo?

—Desde que desperté esta mañana.

Ella soltó una amarga sonrisa.

—Entonces sabes lo que hiciste.

Adrian bajó la mirada.

—Sí.

—Sabes que me traicionaste.

—Sí.

—Sabes que permitiste que me ejecutaran.

—Sí.

Cada respuesta hacía que Isabella sintiera más rabia.

—Entonces dime por qué.

Adrian levantó los ojos.

—Porque no fui yo quien empezó todo esto.

Isabella se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Yo también fui manipulado.

Ella negó con la cabeza.

—No.

—Isabella…

—¡No! —gritó—. Te vi.

Su voz tembló.

—Te vi sentado en aquel trono mientras me condenaban.

—Lo sé.

—Te pedí que dijeras que me amabas.

Adrian cerró los ojos.

—Lo sé.

—Y dijiste que lo sentías.

—Lo sé.

—Entonces no me digas que no tuviste elección.

Adrian permaneció en silencio.

Isabella se acercó a él.

—Tú elegiste.

Él recibió aquellas palabras sin defenderse.

—Sí.

Por alguna razón, aquella respuesta la desarmó.

Esperaba excusas.

Mentiras.

Pero no encontró ninguna.

Adrian levantó lentamente la mirada.

—Y por eso quiero cambiarlo.

Isabella soltó una carcajada amarga.

—¿Cambiarlo?

—Sí.

—¿Quieres que confíe en ti otra vez?

—No.

Ella frunció el ceño.

—Entonces, ¿qué quieres?

Adrian dio un paso hacia ella.

—Quiero que vivas.

Silencio.

—Eso es todo.

Isabella lo observó.

—¿Y qué ganarías tú?

—Nada.

—No te creo.

—No tienes que hacerlo.

Adrian se dirigió hacia la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—Hay algo que debes saber.

Isabella no respondió.

—En nuestra primera vida, descubrí la verdad demasiado tarde.

Ella sintió un escalofrío.

—¿Qué verdad?

Adrian la miró por encima del hombro.

—Tu ejecución nunca fue el objetivo final.

—¿Entonces qué querían?

Su expresión se volvió sombría.

—Tu muerte era solo el comienzo.

Isabella sintió que la piel se le erizaba.

—¿De qué?

Adrian abrió la puerta.

—De una guerra.

Y salió.

Isabella permaneció inmóvil.

Una guerra.

En su primera vida había pensado que todo se trataba de poder.

De una corona.

De Elena.

De Adrian.

Pero ahora entendía que había algo mucho más grande detrás.

Se acercó lentamente al espejo.

—¿Qué demonios está pasando?

Entonces escuchó tres golpes en la puerta.

Toc.

Toc.

Toc.

—Señorita Isabella.

Era su padre.

El corazón de Isabella se aceleró.

Su padre estaba vivo.

En su primera vida, él había muerto dos años después de su ejecución.

Isabella abrió la puerta.

Su padre entró y la abrazó.

Ella cerró los ojos.

Durante unos segundos, simplemente disfrutó de aquel abrazo.

—Papá…

—¿Estás bien? —preguntó él.

Isabella se separó.

—Sí.

Su padre la observó con atención.

—Estás pálida.

—Solo tuve una pesadilla.

Él sonrió.

—¿Una pesadilla?

Isabella asintió.

—Sí.

Su padre tomó sus manos.

—Entonces olvídala. Hoy comienza una nueva etapa para ti.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué etapa?

Su padre sonrió.

—Hoy conocerás al hombre con quien probablemente te casarás.

Isabella se quedó helada.

No.

No podía ser.

Su padre continuó:

—El príncipe Adrian vendrá esta tarde.

Isabella sintió que el corazón se le detenía.

Adrian.

Otra vez.

Pero antes de que pudiera responder, su padre añadió:

—Y hay algo más.

—¿Qué?

Su padre sacó una pequeña caja de madera de su bolsillo.

—Esto perteneció a tu madre.

Isabella tomó la caja.

—¿Por qué me la das ahora?

—Porque ella me pidió que te la entregara cuando cumplieras veinte años.

Isabella abrió la caja.

Dentro había un antiguo anillo de oro.

En su centro había una piedra roja.

Pero lo que hizo que Isabella se quedara sin respiración no fue el anillo.

Fue la inscripción grabada en el interior.

“Cuando regreses, no confíes en el rey.”

Isabella levantó lentamente la mirada.

Su padre palideció.

—¿Qué ocurre?

Ella no respondió.

Porque acababa de comprender algo terrible.

Su madre había escrito aquel mensaje antes de morir.

Mucho antes de que Isabella fuera ejecutada.

Mucho antes de que ella regresara al pasado.

Entonces…

¿Cómo sabía su madre que Isabella regresaría?

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Último capítulo

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