Mag-log inIsabella lo tenía todo. Era la reina de un poderoso reino, esposa del hombre que amaba y una mujer respetada por miles de súbditos. Hasta que una noche, todo le fue arrebatado. Acusada de asesinar al rey, Isabella fue abandonada por sus aliados, traicionada por su propia familia y condenada por el hombre al que había amado más que a su propia vida. Antes de morir, hizo una última promesa: Si alguna vez volvía a tener otra oportunidad, jamás volvería a confiar en nadie. Entonces ocurrió lo imposible. Isabella despertó diez años en el pasado. Volvió a ser la joven que todavía no conocía la traición. El reino aún estaba intacto. Su familia seguía a su lado. Y el hombre que algún día firmaría su sentencia de muerte todavía no se había convertido en su enemigo. Pero esta vez, Isabella conoce el futuro. Sabe quién la traicionará. Sabe quién morirá. Sabe quién intentará destruirla. Y está decidida a cambiarlo todo. Sin embargo, hay algo que no estaba preparado para cambiar con ella. Sus sentimientos. Porque el hombre que Isabella juró odiar comienza a acercarse nuevamente a su corazón. Y mientras intenta descubrir quién estuvo realmente detrás de su muerte, descubre un secreto todavía más peligroso: alguien más recuerda su primera vida. Esta vez, Isabella no sabe quién es la víctima… y quién está esperando una segunda oportunidad para matarla. En un reino donde todos esconden secretos, ¿podrá una reina descubrir la verdad antes de ser traicionada por segunda vez?
view moreLa primera vez que Isabella murió, lo hizo como una reina.
De rodillas. Con las manos atadas a la espalda y una multitud gritando por su sangre. La lluvia caía sobre el patio del palacio mientras los soldados la obligaban a mantener la cabeza inclinada. —¡Asesina! —¡Traicionó al rey! —¡Que muera la reina! Isabella levantó lentamente el rostro. Tenía el cabello empapado, el vestido real cubierto de barro y una herida abierta sobre el labio. Pero no lloraba. Había llorado demasiado durante los últimos días. Ya no le quedaban lágrimas. Al otro lado del patio, sentado en el trono temporalmente instalado frente a la multitud, estaba el hombre que había sido su esposo. El rey Adrian. El hombre que una vez le había prometido que moriría antes de permitir que alguien le hiciera daño. Ahora ni siquiera podía mirarla a los ojos. A su lado estaba la princesa Elena, hermana menor de Isabella. La misma mujer que había llorado abrazándola apenas una semana atrás. La misma mujer que ahora sostenía el brazo de Adrian mientras observaba la ejecución con una expresión de falsa tristeza. Isabella sintió que algo dentro de ella se rompía. —Adrian… Su voz apenas salió. El rey finalmente levantó la mirada. Sus ojos se encontraron. Durante unos segundos, ninguno habló. Isabella buscó desesperadamente al hombre que conocía. Al hombre que la había amado. Al hombre que solía besarle la frente antes de dormir. Pero no encontró nada. Solo frialdad. —Majestad —dijo uno de los consejeros—. El tribunal ya ha presentado las pruebas. La reina fue encontrada en la habitación del rey con el veneno que acabó con su vida. Isabella soltó una risa amarga. —Yo no lo maté. Nadie respondió. —¡No lo maté! —gritó esta vez. El eco de su voz recorrió el patio. —Elena, tú sabes que no lo hice. La princesa bajó la mirada. —Lo siento, hermana. Isabella sintió un escalofrío. —¿Lo sientes? Elena levantó los ojos. Y entonces Isabella lo vio. Una pequeña sonrisa. Apenas un movimiento en sus labios. Pero suficiente. Fue en ese instante cuando Isabella comprendió. Todo. La copa. El veneno. Las pruebas. Las declaraciones de los sirvientes. La desaparición de sus guardaespaldas. La enfermedad repentina de su madre. La guerra en la frontera. Todo había sido preparado. No había sido una conspiración contra el rey. Había sido una conspiración contra ella. —Fuiste tú… Elena no respondió. Isabella miró a Adrian. —¿Tú también lo sabías? El rey apretó la mandíbula. Silencio. Ese silencio fue su respuesta. Isabella sintió que su corazón se apagaba. —¿Por qué? Adrian finalmente habló. —Porque el reino necesita una reina que pueda mantener la paz. Isabella lo miró sin comprender. —¿Y esa mujer es ella? Elena se acercó un poco más al rey. —El pueblo ya no te quiere, Isabella. —Porque ustedes hicieron que me odiaran. —Porque eras débil —respondió Elena. Aquella palabra dolió más que cualquier espada. Isabella había sacrificado todo por aquel reino. Había firmado tratados. Había alimentado ciudades durante el hambre. Había enviado sus propios soldados para proteger las fronteras. Había amado a Adrian. Y todo lo que recibió a cambio fue una sentencia de muerte. Un verdugo se acercó. Isabella escuchó el sonido metálico de la espada al ser desenvainada. Por primera vez, sintió miedo. No de morir. Sino de morir sin haber descubierto la verdad. —Adrian. El rey volvió a mirarla. —Si alguna vez me amaste… Isabella respiró profundamente. —Dime que al menos una vez fue real. El rostro de Adrian cambió. Durante un instante, algo parecido al dolor apareció en sus ojos. Pero desapareció rápidamente. —Lo siento. Dos palabras. Nada más. El verdugo levantó la espada. Isabella cerró los ojos. Y en aquel último instante recordó algo. Una noche. Diez años atrás. Antes de convertirse en reina. Antes de conocer a Adrian. Antes de conocer la traición. Una voz misteriosa le había dicho: “Cuando llegue el momento, tendrás una segunda oportunidad.” Isabella nunca había entendido aquellas palabras. Hasta ahora. La espada cayó. El dolor atravesó su cuerpo. Y el mundo desapareció. ⸻ Isabella abrió los ojos. Respiró desesperadamente. Se incorporó de golpe. Sus manos buscaron su cuello. No había sangre. No había herida. No había soldados. No había verdugo. Solo una habitación. Su habitación. La luz del amanecer entraba por las enormes ventanas. Isabella miró sus manos. Eran jóvenes. Demasiado jóvenes. Se levantó de la cama y corrió hacia el espejo. Su reflejo la dejó sin respiración. Tenía veinte años. El cabello largo. La piel intacta. Los ojos llenos de vida. —No… Retrocedió. —No puede ser. La puerta se abrió. Una joven sirvienta entró llevando un vestido sobre los brazos. —Señorita Isabella, debe prepararse. Su padre la espera. Isabella se quedó inmóvil. —¿Qué año es? La sirvienta frunció el ceño. —¿Señorita? —¡¿Qué año es?! La joven palideció. —El año 1423. Isabella sintió que las piernas dejaban de sostenerla. Diez años. Había regresado diez años. Antes de su matrimonio. Antes de la muerte del rey. Antes de la conspiración. Antes de la traición. Antes de convertirse en reina. Isabella volvió a mirar su reflejo. Y esta vez no vio a la mujer que había muerto. Vio a una joven que todavía tenía tiempo. Tiempo para descubrir la verdad. Tiempo para salvar a su familia. Tiempo para destruir a sus enemigos. Y, sobre todo… Tiempo para evitar enamorarse del hombre que algún día la mataría. Isabella apretó los puños. —Esta vez —susurró— nadie decidirá mi destino. Pero entonces escuchó una voz detrás de ella. Una voz masculina. Una voz que conocía demasiado bien. —Isabella. Su cuerpo se congeló. Se giró lentamente. Y allí estaba él. Adrian. Diez años más joven. Mirándola fijamente. Pero había algo extraño en sus ojos. Algo que hizo que el corazón de Isabella se detuviera. Porque aquella mirada no era la de un hombre que acababa de conocerla. Era la mirada de alguien que… también recordaba.Isabella permaneció inmóvil después de escuchar las últimas palabras de Azrael.Está dentro de ti.No podía dejar de pensar en ellas.La reina que todos habían traicionado.Evelyne.No era simplemente un recuerdo.No era una historia antigua.Estaba dentro de ella.—Quiero que todos salgan —dijo Isabella.Los guerreros se miraron entre sí.—Majestad…—Ahora.Uno por uno abandonaron el salón.Adrian permaneció junto a ella.Victoria fue la última en moverse.—Tú también.Victoria la miró.—Isabella…—Necesito estar sola.Victoria bajó la cabeza y salió.Cuando las puertas se cerraron, Isabella respiró profundamente.—Evelyne.Nada ocurrió.—Si realmente estás dentro de mí… quiero hablar contigo.Silencio.Isabella cerró los ojos.—No voy a luchar contra ti.Una lágrima cayó por su mejilla.—Pero tampoco permitiré que vuelvas a controlar mi vida.Entonces escuchó una respiración.No provenía de la habitación.Provenía de ella.—No quiero controlarte.Isabella abrió los ojos.Su reflejo
Las puertas del castillo comenzaron a temblar.Isabella permanecía frente a ellas sin retroceder.Adrian se colocó a su lado.—No sabemos cuántos son.—No importa.Victoria la observó con preocupación.—Isabella, ellos no vienen a negociar.—Lo sé.—Entonces debes dejar que nos encarguemos de esto.Isabella negó lentamente.—Toda mi vida otros han peleado por mí.Miró sus propias manos.—Esta vez no.Un estruendo sacudió el castillo.Las puertas se abrieron de golpe.Decenas de guerreros vestidos de negro entraron en el salón.Pero ninguno atacó.Todos se detuvieron.Uno de ellos levantó la mirada hacia Isabella.Sus ojos se abrieron con incredulidad.—No puede ser…El hombre cayó de rodillas.Después otro.Y otro.En cuestión de segundos, todos estaban arrodillados.Adrian miró a Isabella.—¿Qué está pasando?Ella tampoco lo sabía.El guerrero que parecía ser el líder inclinó la cabeza.—Majestad.Isabella sintió un escalofrío.—No me llames así.El hombre levantó lentamente la mirad
Isabella no podía respirar.El nombre que había escuchado seguía resonando dentro de su cabeza.Evelyne.No sabía por qué ese nombre le provocaba tanto miedo.O quizá sí.Porque cuando Victoria lo pronunció, algo dentro de ella había despertado.Algo antiguo.Algo que no pertenecía a Isabella.—¿Quién soy realmente? —preguntó con la voz temblorosa.Victoria no respondió de inmediato.La mujer que siempre parecía tener una respuesta para todo ahora evitaba mirarla a los ojos.Eso fue suficiente para que Isabella comprendiera que la verdad era mucho peor de lo que imaginaba.—Victoria.—No estás preparada.—¡Estoy cansada de que todos decidan cuándo estoy preparada!Su voz retumbó por la habitación.Las velas se apagaron al mismo tiempo.Adrian dio un paso hacia ella.—Isabella…—No. —Ella levantó una mano—. Tú también lo sabías.Adrian se quedó inmóvil.Isabella sintió que algo se rompía dentro de su pecho.—Sabías quién era Evelyne.—Sabía algunas cosas.—¿Y nunca me dijiste nada?—Qu
Capítulo 13El Nombre que el Mundo Temía—Evelyne…El nombre volvió a escucharse.Una vez.Después otra.Y otra.Miles de voces.Isabella permaneció inmóvil frente a las puertas de la cripta.No podía entender lo que estaba sucediendo.—¿Por qué me llaman así? —preguntó.Nadie respondió.Adrian seguía de rodillas.Tenía la mirada perdida, como si estuviera atrapado entre dos vidas.—Adrian.Él levantó lentamente la cabeza.—Yo recuerdo…Isabella se acercó.—¿Qué recuerdas?Adrian respiró profundamente.—Tu nacimiento.El corazón de Isabella se detuvo.—¿Estabas allí?—Sí.—¿Cómo?Adrian cerró los ojos.—Porque yo fui quien te sacó del palacio.Isabella retrocedió.—¿Qué?La Reina de la Oscuridad bajó la mirada.Adrian continuó:—La noche en que tu reino cayó, todos creían que la reina había muerto.Miró a Isabella.—Pero tú eras apenas una niña.Isabella sintió que sus manos comenzaban a temblar.—¿Quién destruyó el reino?Adrian miró a Azrael.—Él.Azrael no negó la acusación.—Tenía












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